Excmo. Sr. Rector Magnífico
de la Universidad de Alicante,
Dignísimas y Altísimas
Autoridades,
Miembros del Claustro Universitario,
Sras. y Sres.,
Constituye una arraigada tradición
de las universidades la de conceder el Doctorado Honoris Causa a quienes
han destacado por sus aportaciones a las Ciencias, a las Artes, a las Letras
o en cualquier ámbito de la vida social, económica o política.
Si bien es cierto que el Doctorado
Honoris
Causa es una elevadísima distinción para quien lo recibe,
no lo es menos que la propia Institución se beneficia del prestigio
de los investidos. En este caso ese beneficio se multiplica por cuatro,
ya que, en efecto, cuatro son los profesores universitarios que reciben
hoy esta distinción. Cada uno de ellos reúne méritos
más que sobrados, y así ha sido reconocido por otras universidades
que también les han nombrado Doctores Honoris Causa.
Quiero comenzar confesando que me encuentro
abrumado por el hecho paradójico de que un profesor, todavía
relativamente joven, tenga el honor de presentar y exponer los méritos,
tan sobradamente conocidos por toda la comunidad universitaria y por buena
parte de la sociedad española en su conjunto, de los profesores
Gonzalo Anes, Enrique Fuentes Quintana, Luis Angel Rojo y Juan Velarde.
Abrumado por el peso de esta responsabilidad, a la vez que enormemente
satisfecho y un poco desconcertado. Satisfecho porque he sido alumno de
todos ellos y de todos guardo un recuerdo imborrable y desconcertado porque
jamás hubiera soñado, cuando llegué en 1969 a la recién
estrenada Facultad de Económicas en Somosaguas, que un día
yo sería testigo y padrino de un acto como este.
También debo pedir disculpas
al auditorio, a mis compañeros y amigos y a los propios candidatos
a Doctores Honoris Causa porque deslizaré en mis palabras
algunos comentarios y recuerdos personales. Con ello no pretendo, obviamente,
erigirme de ningún modo en protagonista ni siquiera secundario en
este acto. Pero, inevitablemente, puedo y debo hablar en primera persona
en algún momento de mi intervención, porque al hablar de
los méritos docentes de nuestros doctorandos puedo dar testimonio
personal de sus virtudes, al igual que he podido beneficiarme de sus consejos
y ayudas en el campo de la investigación.
No es frecuente la concesión
simultánea del Doctorado Honoris Causa a cuatro profesionales
del mismo campo científico. Hay varias razones que explican esta
ceremonia singular. La primera es que, por nuestra corta historia, la Universidad
de Alicante tenía que cumplir lo antes posible con este obligado
reconocimiento. Sin embargo, hay razones más profundas para este
acto conjunto. Son muchas las facetas y los méritos compartidos
por nuestros candidatos. El más importante es que los cuatro, en
sus respectivos campos de conocimiento, han tenido un protagonismo fundamental
y similar a la hora de impulsar y renovar los estudios y los conocimientos
de Historia Económica, Hacienda Pública, Teoría Económica
y Economía Aplicada, en definitiva de la Ciencia Económica
en España. De igual trascendencia han sido sus aportaciones y servicios
a la sociedad española fuera de las aulas universitarias en puestos
y cargos de la máxima responsabilidad. Además, su actividad
ha coincidido, en gran medida, en el tiempo, en especial la de los profesores
Juan Velarde y Enrique Fuentes Quintana y la de Gonzalo Anes y Angel Rojo.
Debo añadir, además, que sus trayectorias personales y científicas
han sido originalísimas y diversas.
Tres son a mi entender los méritos
o facetas que debemos destacar de nuestros doctorandos: la docente y de
formación de equipos, la investigadora y de creación de escuelas
y la actividad pública. Todo ello, y en los cuatro casos, dentro
de lo que podríamos denominar auténticos servidores públicos.
Servidores de lo público. Hoy, en unos momentos en los que algunas
palabras de tanto usarse, y a veces mal usarse, han perdido prestigio,
podemos hablar con satisfacción y esperanza de auténticos
funcionarios públicos que con su esfuerzo y dedicación han
contribuido notablemente a mejorar el bienestar de sus conciudadanos.
Debo advertir que, por razones de tiempo
realizaré una muy breve síntesis del amplísimo currículum
de nuestros homenajeados. Carecería de sentido intentar, en estos
momentos, comentar las decenas de trabajos científicos que han publicado.
Hablar de la labor docente de estos
cuatro grandes maestros es cuestión sencilla. Miles de universitarios
hemos tenido la fortuna de recibir sus enseñanzas y cualquiera de
nosotros puede rememorar sus virtudes como enseñantes. Desde las
más elementales y exigibles, como la escrupulosa puntualidad y la
diaria asistencia a clase, hasta la excelencia docente, que sólo
con unas cualidades y una vocación extraordinarias puede alcanzarse.
Recuerdo, como todos sus alumnos, las
magistrales clases del profesor Rojo, siempre a primerísima hora
de la mañana en el lejano Campus de Somosaguas, ya que tenía
que simultanear su labor docente con la dirección del Servicio de
Estudios del Banco de España. Los alumnos de Teoría Económica
teníamos el privilegio de recibir lecciones del mejor Catedrático
de la materia, que era a la vez el mejor experto práctico desde
su puesto clave en el Banco de España, diseñando la política
monetaria de nuestro país. Recuerdo perfectamente un día
en el que, tras explicarnos los mecanismos teóricos de la devaluación
monetaria, nos contó con la riqueza de detalles que sólo
conoce el protagonista de los hechos, cómo y porqué se había
producido la devaluación de la peseta en España en 1967.
Tuvimos la gran fortuna de recibir en su primera versión a ciclostil
el original del excelente libro Renta, Precios y Balanza de Pagos,
que guardo todavía cuidadosamente.
Recuerdo, igualmente, cómo algunos
alumnos de Estructura Económica del grupo de la mañana, que
recibíamos las también magníficas clases del profesor
García Delgado, nos "colábamos" muchas tardes, como quién
iba al cine, a las siempre atractivas, sugerentes y divertidas clases del
profesor Velarde que daba el grupo de la tarde y que nos hablaba de los
problemas de la economía española, actuales y pasados, y
de sus protagonistas con un detalle y un conocimiento sorprendentes. Sus
libros sobre la Política Económica de la Dictadura,
la Decadencia Económica de España, o sobre
el Pensamiento Económico Español, nos introdujeron,
de forma amena en los problemas de la economía española y
tuvieron una influencia decisiva en la vocación investigadora de
muchos estudiantes.
Con el profesor Fuentes, y con uno
de sus más brillantes discípulos el profesor Victorio Valle,
tuvimos ocasión de penetrar con rigor y de forma sistemática
en el complejo mundo de la Hacienda Pública. Superar las asignaturas
del profesor Fuentes constituía una pequeña reválida
que era garantía de una sólida preparación del alumno
y que suponía una gran satisfacción a la vez que un indudable
alivio. Esta exigencia, por lo demás, se correspondía plenamente
con la dedicación y esfuerzo que el profesor Fuentes dedicaba a
sus alumnos. Sus libros sobre la Hacienda Pública, repetida
y cuidadosamente actualizados eran, en su momento, la mejor visión
de los problemas hacendísticos españoles y constituyen hoy
una referencia fundamental para quien quiera conocer la evolución
histórica de nuestro sistema fiscal. La vocación docente
del profesor Fuentes Quintana se manifiesta, por lo demás, en el
orgullo con el que siempre ha ostentado su condición de Maestro
Nacional.
En relación a la labor docente
de los profesores Fuentes y Velarde, quiero hacer referencia especial a
un libro que todos los estudiantes de Bachillerato de mi época tuvimos
ocasión de leer: Política Económica. Lamentablemente,
este libro se daba en una asignatura considerada "maría", en la
que no resultó posible disponer de buenos profesores para poder
comprender una obra que todavía se puede releer con nostalgia y
satisfacción.
La labor docente del profesor Gonzalo
Anes tiene un componente muy especial. En mi caso, como en el de la gran
mayoría de los alumnos, sus clases de Historia Económica
nos despertaron verdadera pasión por el conocimiento de la auténtica
Historia de España. El profesor Anes nos descubría una realidad
histórica muy distinta a la de los viejos libros de texto del Bachillerato,
tan repletos de batallas y glorias y tan carentes de los verdaderos elementos
que explican la evolución de las sociedades. Por primera vez se
nos planteaba una historia coherente en la que los grupos sociales y la
actividad económica desempeñaban un papel fundamental. Qué
visión tan diferente del siglo XVIII la que traíamos del
Bachillerato de la que el profesor Anes nos mostraba en sus explicaciones
y en su excelente y premiado libro Las Crisis Agrarias en la EspañaModerna.
Por lo demás, hay que recordar
que los años de la dictadura franquista no fueron fáciles
para la actividad docente nada proclive, como es bien sabido, a respetar
la libertad de expresión y de cátedra. Pues bien, a pesar
de ese marco hostil, los universitarios alumnos de los profesores Rojo,
Fuentes, Velarde y Anes, recibimos siempre enseñanzas rigurosas,
objetivas y críticas, científicas, en definitiva, sobre la
economía y la Historia de España. Con una particularidad.
A veces los alumnos tendíamos a situar en un primer plano el problema
político y la actividad de oposición al régimen. El
consejo, siempre acertado, de estos maestros era el que debíamos
perseverar y esforzarnos en el trabajo personal y en nuestra formación,
a pesar de todas las dificultades y de nuestras legítimas inquietudes
políticas de aquellos momentos. En este objetivo de formar lo mejor
posible a sus alumnos no regatearon esfuerzos. Su despacho, y el de sus
colaboradores, estuvo siempre permanentemente abierto. Incluso, por qué
no decirlo, sus propios domicilios particulares, más cercanos para
nosotros que el lejano Campus de Somosaguas. La cantidad de seminarios,
tutorías, conferencias, trabajos de investigación que nos
proponían, sin regatear ni un minuto de su tiempo, consiguieron
que sus enseñanzas alcanzasen cotas de calidad extraordinarias.
Estoy hablando, en suma, de cuatro
grandes maestros de la Universidad española, de los que, estoy absolutamente
seguro, todos los alumnos conservamos un inmejorable recuerdo.
Esta labor docente individual, y destacadísima,
se ha prolongado en una larguísima pléyade de discípulos
que continúan sus enseñanzas desde todas las universidades
españolas. Hacer referencia nominal a los discípulos de estos
grandes maestros ocuparía mucho más espacio del que es aconsejable
emplear en estos momentos. Sencillamente señalaré que una
gran parte de las Cátedras Universitarias de Teoría Económica,
Economía Aplicada, Hacienda Pública e Historia Económica
están hoy desempeñadas por sus discípulos. Sin embargo
no puedo dejar de hacer referencia a algunos de ellos: los profesores Julio
Segura, José Luis García Delgado, Victorio Valle, Manuel
Jesús González, Rafael Anes y nuestro querido Rector el profesor
Andrés Pedreño. La cantidad y calidad de estos equipos revelan
la capacidad y el entusiasmo con que llevaron a cabo su labor docente y
el tiempo sin límite dedicado a dar continuidad a su magisterio.
La labor investigadora en general,
y en Economía en particular no gozó tampoco de buenas condiciones
en la posguerra. Es verdad que durante el primer tercio del siglo XX, como
nos ha enseñado el profesor Velarde, España conoció
una generación de buenos economistas, entre los que cabe destacar
las figuras de Germán Bernácer, Antonio Flores de Lemus y
Francisco Bernis. Sin embargo, como en otros muchos campos, la guerra civil,
la represión y el exilio, truncaron, en buena medida, ese incipiente
desarrollo. Gracias al esfuerzo de otros destacados economistas como Sardá,
Stackelberg, Zumalacárregui, Castañeda, Carande, Olariaga,
Valentín Andrés, Perpiñá y Torres, la Facultad
de Económicas de la Universidad de Madrid, creada en 1944, pudo
recoger en su seno lo mejor de esa tradición evitando que se convirtiera
en una estéril institución ligada a las prácticas
económicas autárquicas del primer franquismo. Los profesores
Enrique Fuentes y Juan Velarde discípulos de éstos, desempeñaron
entre otros, la labor de recoger esta tradición, a pesar de todas
las dificultades. Los profesores Angel Rojo y Gonzalo Anes, algo más
tarde, contribuirían de manera decisiva a impulsar y renovar los
estudios de Teoría Económica y de Historia Económica.
Su dedicación fue decisiva para conseguir que, hoy en día,
los estudios de economía en España se encuentren en un nivel
internacionalmente homologable.
La labor investigadora del Profesor
Luis Angel Rojo se podría sintetizar afirmando que fue el introductor
de la macroeconomía moderna en España. Así, la penetración
del keynesianismo en nuestro país está indisolublemente ligada
a la persona del profesor Luis Angel Rojo. Sin embargo, el profesor Rojo,
nunca ha sido un doctrinario. Siempre fue consciente de la importancia
y de las limitaciones de las ideas Keynesianas, como lo es de las demás
teorías competidoras del Keynesianismo, ya se trate del monetarismo
que resurgió a principios de los años setenta o de la nueva
macroeconomía clásica, como puede apreciarse en su magnífico
libro Keynes, su tiempo y el nuestro. La concesión del I
Premio de Economía Rey Juan Carlos, con el aplauso unánime
de toda la profesión, fue el reconocimiento a esta destacadísima
labor investigadora.
No es ninguna exageración afirmar
que el profesor Fuentes Quintana es, sin discusión, el mejor experto
español en temas hacendísticos. Ha estudiado la Hacienda
tanto desde el punto de vista teórico como de la realidad del sistema
fiscal español. Además, y esto es especialmente importante
para quien hace esta presentación, de la historia del sistema tributario
español. Esta indiscutible autoridad en materia hacendística
ha obscurecido, injustamente, las incursiones del profesor Fuentes en el
campo de la Historia Económica y en el estudio de los economistas
españoles. De su extensísima bibliografía destacaré,
de manera muy personal, la edición de algunos de sus trabajos realizada
por el profesor Francisco Comín con el título de Las Reformas
Tributarias en la Historia de España.
El campo de la actividad investigadora
y de la curiosidad intelectual del profesor Velarde es imposible de acotar.
Antes he afirmado que muchas veces acudíamos a sus clases, sin ser
alumnos de su grupo, como quien iba al cine. Los escritos del profesor
Velarde se ocupan de la economía en el más amplio sentido
que pueda darse. Desde sus trabajos de Historia Económica y sobre
los pensadores y economistas españoles del pasado, a sus análisis
sobre la más reciente actualidad económica en cualquier lugar
del mundo. Más de una vez, y lo confieso sin rubor pues no tengo
la capacidad intelectual del profesor Juan Velarde, me ha sorprendido con
referencias a algún autor o alguna obra de mi propio campo científico
cuya existencia yo ignoraba por completo. Si ustedes quieren pasar un rato
agradable y de gran provecho y conocer la personalidad del profesor Velarde
les recomiendo la lectura de su trabajo titulado Mis queridos acreedores
preferentes en la que, junto al análisis de los problemas de
la economía española o de la obra de algún economista,
se encontrará con las más inteligentes y atinadas observaciones
literarias o cinematográficas.
El profesor Anes recoge y sintetiza
de manera brillante varias tradiciones. La de los economistas clásicos
españoles con su paisano Jovellanos a la cabeza, la de sus maestros
economistas e historiadores españoles como los profesores Valdeavellano
y Carande y la de sus maestros franceses los profesores Vilar y Labrousse.
La labor investigadora del profesor Anes se puede resumir, aún a
costa de dejar de lado aspectos importantes, señalando que es el
mejor conocedor de la España moderna. La concesión del Premio
Nacional de Historia a su obra La España de los Borbones
supuso el reconocimiento de este magisterio. Sus trabajos sobre diversos
aspectos de la economía y la sociedad del Antiguo Régimen
constituyen, en su conjunto, una magna obra científica. Impresiona
y constituye un ejemplo para todos los historiadores la larga y minuciosa
labor realizada por el profesor Anes en las bibliotecas y archivos de toda
España, así como de Francia y Estados Unidos.
Pero además de su personal obra
investigadora se trata de cuatro maestros que han creado escuela. Contrariamente
a lo que se ha señalado tantas veces como rasgo típicamente
español: el individualismo, genial tal vez, pero sin continuidad,
los profesores Velarde, Rojo, Fuentes y Anes han creado sus correspondientes
escuelas en las que nos situamos hoy una parte muy destacada de los equipos
investigadores en Economía que existen en España.
La actividad pública de nuestros
cuatro doctorandos constituye, igualmente, un aspecto muy relevante. No
debe forzarse, como ya he señalado antes, ningún tipo de
paralelismo, aunque siempre hay un denominador común: trabajo constante,
serio y riguroso; generosa disposición a participar en la actividad
pública, aplicando sus valiosos conocimientos a distintos ámbitos
de la Administración, contribuyendo a mejorar el bienestar colectivo
e incurriendo en un importante coste de oportunidad personal. ¿Cuánto
habría podido ganar cualquiera de ellos, prestando sus servicios,
legítimamente, a la empresa privada? La actividad pública
del profesor Fuentes Quintana está en la mente y en el recuerdo
de todos: Vicepresidente del Gobierno e inspirador de los pactos de La
Moncloa, con un papel también destacadísimo en el cambio
de la política económica en 1959 y en el actual proceso de
integración de España en la Unión Europea. El profesor
Luis Angel Rojo, director del Servicio de Estudios del Banco de España,
Subgobernador y finalmente Gobernador de esta crucial institución,
clave también en el proceso de modernización de la economía
española. El profesor Juan Velarde, con una dilatadísima
trayectoria en el Ministerio de Trabajo y miembro del Tribunal de Cuentas.
El profesor Gonzalo Anes desde la Real Academia de la Historia y la presidencia
del Patronato del Museo del Prado.
Sin embargo, esta actividad no se ha
limitado al desempeño de altas funciones. Sus magisterios han tenido
también un componente divulgativo importante. Su actividad como
conferenciantes y como colaboradores en la prensa periódica, con
voz siempre crítica e independiente, ha contribuido, decisivamente,
a elevar el nivel cultural económico general de los españoles.
He hablado del pasado y del presente,
de la ejemplar trayectoria de estos grandes economistas. Sin embargo, afortunadamente
para España y para nuestro futuro, todavía son muchos los
beneficios que seguiremos obteniendo de su trabajo y de su generosidad.
En unos casos, como el de los profesores Rojo y Anes porque todavía
están en activo. En otros, como el de los profesores Fuentes y Velarde,
legalmente jubilados, porque su vitalidad, su capacidad de trabajo y su
ilusión nos provocan admiración y envidia a los que sólo
el Documento Nacional de Identidad nos permite demostrar que somos más
jóvenes que ellos.
Así pues, considerados y expuestos
todos estos hechos, dignísimas autoridades y claustrales, solicito
con toda consideración y encarecidamente ruego, que se otorgue y
confiera a los excmos. Sres. D. Gonzalo Anes Álvarez de Castrillón,
D. Enrique Fuentes Quintana, D. Luis Angel Rojo Duque y D. Juan Velarde
Fuertes, el supremo grado de Doctor Honoris Causa por la Universidad de
Alicante.
Muchas gracias.
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