Nacido en San Sebastián en
el mes de enero de 1924, sus primeros pasos académicos se dirigieron
hacia el mundo de la arquitectura, estudios que abandonó en 1947
al despertarse en él su vocación de escultor. Decide entonces
trasladarse a París, donde impresionado por la escultura griega
arcaica que descubre el Louvre, empieza a crear esculturas en yeso. En
1949 realiza su primera escultura conocida "Torso femenino". Al año
siguiente su trabajo, que ha interesado sumamente a la galería parisina
Maeght, participa en la exposición colectiva "Les mains eblouies".
En 1950 vuelve a España y se
establece en Hernani, población en la que comienza a colaborar con
el herrero José Cruz Iturbe con quien realiza su primera obra abstracta
en hierro "Ilarik". Desde este trabajo, surge una preocupación que
va a ser trascendental en todo su trabajo, la relación entre la
naturaleza y la materia con las raíces. "Ilarik", que significa
"Piedra funeraria" en euskera, unía la escultura contemporánea
con las estelas funerarias que duermen como fantasmas empolvados en el
museo de San Telmo, sus esculturas hablaban en Euskera. Clavada en la tierra,
"Ilarik" irradia la vocación de pertenencia a un suelo que es naturaleza
a la vez que cultura.
En 1958 expone 12 esculturas en el
pabellón español de la Bienal de Venecia, recibiendo el gran
premio internacional de escultura.
Autor que emplea en sus obras diferentes
materiales, comienza a utilizar la madera en el año 59 con "Abesti
Gogora", en la actualidad en el Museo de Cuenca. Si su encuentro con el
hierro tuvo lugar en una fragua, la voz de la madera le vino de una viga
abandonada en Navarra. Es la propia materia la que le cuestiona el espacio
y a cuyas preguntas Chillida no rehuye. Porque no sólo le interesa
el espacio que envuelve la forma, sino aquel que vive en ellas. Por ello,
frente al hierro, la madera –fundamentalmente roble, árbol que simboliza
al pueblo vasco- provoca que sea la masa la que predomine sobre el lugar,
es lo que ha llamado "marca positiva" y que limita mayormente al espacio.
Pocos años después, de nuevo la materia le llama y una mano
de mármol en el Louvre le incita a trabar este material, que por
parentesco, le conducirá al alabastro. El alabastro propicia un
encuentro con la luz y la arquitectura al crear esta gran posibilidad de
espacios internos.
Eduardo Chillida cuenta con innumerables
premios que entre otros destacan, en el año 54, el premio Kandinsky
concedido en 1960 por parte de Nina Kandinsky, la Medalla de Oro del mérito
de las Bellas Artes en el 81 y el Premio Príncipe de Asturias de
las Artes en el 87 (http://www7.uniovi.es/FPA/chillida.html).
Su obra, reconocida internacionalmente, transmite la capacidad creadora
de un genio de las Bellas Artes.
Artista de carácter internacional,
su figura representa el arte contemporáneo español más
actual. A su primera exposición individual, le seguirán más
de doscientas muestras por todos los puntos de nuestro planeta. En 1962
en el Museo de Bellas Artes de Houston organiza la exposición "Three
Spaniards: Picasso, Miró, Chillida". En 1990 la Bienal de Venecia
le dedica un homenaje con una exposición individual en el Palacio
Ca’ Pesaro. Asimismo, ha sido profesor visitante de la Universidad de Harvard,
es miembro honorario de la Sociedad Hispánica de los Estados Unidos
de América, de la Royal Academy of Art de Gran Bretaña,
de la American Academy of Arts and Letters, de la Real Académica
de San Fernando y Senador Académico Honorario de la Academia
Internacional Medicea de Florencia. Es también miembro del Kuratorium
de la Europa Akademie der Künste en Alemania, así como
miembro de la American Academy of Arts and Sciences.
Eduardo Chillida representa con su
obra el Arte en mayúsculas, la sensibilidad creadora de un gran
artista, que transmite con su fuerza la vida en la materia, la belleza
interna que subyace en la naturaleza de las cosas.
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