Excmo. Sr. Rector Magnífico,
Excmos. e Ilmos. Sras. y Sres.,
Señoras y Señores:
La tradición universitaria demanda
que en el acto de investidura de Doctor Honoris Causa se expongan
las virtudes y méritos de la persona que va a recibir tal distinción
para hacérselos llegar a la Comunidad Universitaria, quien así
puede juzgar y valorar la calidad científica de la persona que va
a integrar en su seno.
Este laudatio debe ser realizado
por uno de los Doctores de la Facultad que ha solicitado la concesión
y a mí me ha correspondido este honor, honor que agradezco, puesto
que exponer los méritos de una persona junto a la que has trabajado
y aprendido no sólo Ciencia, sino una cierta filosofía vital,
es tarea de suyo agradable y que intentaré convertir en objetiva
a pesar de que el cariño que siento por el Dr. Clavilier pudiera
hacerla difícil.
Para recibir el nombramiento de Doctor
Honoris Causa nuestros estatutos exigen al menos una de las siguientes
condiciones: que la persona elegida posea méritos relevantes o que
haya prestado destacados servicios a la Universidad. Ambos requisitos se
cumplen sobradamente en la persona de Jean Clavilier.
En tanto en cuanto los méritos
científicos del Doctorando, debo indicar que hoy en día no
se puede hablar de Electroquímica de Superficies sin citar la gran
labor por él realizada, labor que ha sentado las bases del desarrollo
de esta nueva rama de la Electroquímica y que ha mostrado el camino
a seguir para llegar a la comprensión de lo que se ha dado en llamar
Electrocatálisis -ciencia dedicada al estudio de la relación
existente entre la estructura y composición superficial de un electrodo
y su actividad electroquímica-, y que constituye una de las áreas
más activas y fecundas de la Electroquímica.
El Dr. Jean Clavilier, Directeur
de Recherche del C.N.R.S., realizó su licenciatura en Ciencias
en la Universidad de la Sorbonne ingresando posteriormente en el
Laboratoire d’Electrolyse del C.N.R.S. dirigido por el Profesor
Maurice Bonnemay. Doctor en Ciencias por la Universidad de París
VI, una de las que nacen como consecuencia de la escisión de la
Universidad de la Sorbonne, se ha dedicado desde el comienzo de
su vida científica, al estudio de los aspectos fundamentales de
la interfase formada entre un electrodo sólido y una disolución
electrolítica, intentando, por primera vez a mediados de los sesenta,
extender las teorías existentes en esa época para el tratamiento
de la interfase metal-líquido (mercurio) / disolución, a
esta nueva interfase. Esta extensión ha provocado una auténtica
revolución en la Electroquímica de Superficies a la vez que
de ella se han deducido las condiciones experimentales necesarias para,
preservando la estructura superficial, mantener libre una superficie de
contaminación en un ambiente tan proclive a ella como puede ser
una disolución acuosa.
El empleo de mercurio, metal líquido
cuya superficie a la vez que no posee estructura puede renovarse con facilidad
y por tanto originar fácilmente una superficie limpia, había
conducido a una cierta metodología experimental, que trasladada
a los electrodos sólidos producía invariablemente su contaminación,
y a una filosofía científica que no comprendía la
importancia del orden superficial en el fenómeno electroquímico
y que, por tanto, no podía responder, en muchos casos, a los problemas
presentado por la aplicación industrial de la Electroquímica
en la que el uso de electrodos sólidos es mayoritario.
Sus trabajos pronto le conducen a establecer
una clara similitud en el comportamiento de ambas interfases y a definir
las condiciones para trasladar a la interfase sólido/líquido,
los conceptos desarrollados para la interfase mercurio/ electrolito. Demuestra
que la estructura de una superficie, considerada a escala atómica,
juega un papel fundamental en la determinación de las propiedades
interfaciales. Profundamente interesado en la comprensión de la
reactividad superficial de los electrodos, aplica los conocimientos adquiridos
a la interfase platino /disolución, ya que la mayor actividad de
este metal le hace preveer que su reactividad debe depender fuertemente
de la estructura superficial. Gracias a la originalidad del método
experimental empleado, pone de manifiesto en 1980, la existencia de propiedades
interfaciales de las superficies ordenadas del platino imprevisibles hasta
ese momento.
Sus resultados experimentales y sus
conclusiones son recibidas inicialmente no sólo con escepticismo,
sino incluso con fuerte oposición, pero provocan a la vez el renacimiento
del interés sobre la Electroquímica de Superficies, interés
que tras el fracaso obtenido por las pilas de combustible como sustitutos
de las centrales eléctricas en la década de los setenta,
había decaído considerablemente.
El mundo electroquímico abre
un gran debate sobre sus resultados y poco a poco comienza a aceptar su
validez e interpretación y a adoptar las condiciones experimentales
por él empleados, de forma tal que devienen una metodología
experimental internacionalmente reconocida.
Sus trabajos realizados durante la
década de los ochenta sobre la influencia de la estructura superficial
en el comportamiento electroquímico del platino, y sobre el papel
que juegan las interaciones superficiales de largo y corto alcance, constituyen
hoy en día trabajos clásicos que marcan el comienzo de una
nueva Electroquímica de Superficies que se construye poco a poco
manteniendo los resultados del Dr. Clavilier como piedra angular de este
edificio. Sus trabajos han permitido abrir nuevos horizontes en campos
tales como la relación entre la estructura superficial y actividad
electrocatalítica y la formación de compuestos polimetálicos
superficiales para controlar la reactividad de la superficie. Estos estudios
muestran los caminos por los que debe transcurrir la investigación
que busque proporcionar las bases fundamentales a la investigación
aplicada al desarrollo de nuevos procesos de generación de energía
eléctrica, pilas y baterías, y de materia, síntesis
electroquímica, mucho más eficientes y menos contaminantes
que los actuales.
Sin embargo, y a pesar de la gran importancia
científica del trabajo realizado por el Dr. Clavilier, la labor
más importante llevada a cabo, no ha sido sólo sentar las
bases para el desarrollo de la Electroquímica de Superficies; ha
sido también mostrar que un razonamiento riguroso basado en datos
experimentales precisos sigue siendo hoy en día, en tiempos de la
tecnificación y desarrollo instrumental de la investigación,
el mejor camino para encontrar la verdad científica.
Decíamos antes que una de las
condiciones que el doctorando debía reunir era la de haber realizado
una labor que hubiera favorecido en gran manera a esta Universidad. Este
aspecto también lo cumple, y plenamente, el doctorando. Gracias
en gran parte a la labor de colaboración del Dr. Clavilier, se ha
podido crear en esta Universidad un grupo de investigación muy activo
en Electroquímica de Superficies. Creo que la labor desarrollada
en este sentido por el Dr. Clavilier con su presencia y enseñanza
diaria y con su colaboración en la formación científica
de jóvenes investigadores, sería por sí sola merecedora
de este nombramiento.
Déjenme añadir, sin embargo,
otra característica de la personalidad del doctorando que tanto
ha contribuido a la creación de una atmósfera de entusiasmo
electroquímico en el grupo alicantino. La humanidad del Dr. Clavilier,
su capacidad de discusión y agudeza de sus conclusiones, la rigurosidad
de su razonamiento intelectual, razonamiento que siempre ha expuesto, discutiendo
y aceptando las críticas científicas, han sido una sólida
base en la que el entusiasmo e interés de los más jóvenes
integrantes del grupo electroquímico ha podido siempre apoyarse.
Creo así, que las exigencias
dictadas por nuestros estatutos se cumplen sobradamente y que la concesión,
por tanto, del título de Doctor Honoris Causa de la Universidad
de Alicante al Dr. Jean Clavilier es, sin duda alguna, no sólo el
reconocimiento a una gran labor científica sino también al
magisterio desarrollado en esta Universidad.
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