Sr. Rector Magnífico,
Excmos. e Ilmos. Sres.,
Claustro Universitario,
Señores y Señoras, Todos.
Es de obligado cumplimiento, que manifieste,
ante todo, mi profundo agradecimiento por el honor, que me ha otorgado
la Universidad de Alicante, con la cual tengo inequívocos vínculos
de carácter científico y de afecto. De ahí que mi
reconocimiento sea por partida doble.
De esta Universidad, si no de modo
administrativo, si en espíritu, formo parte desde hace varios años.
Y esto es para mi motivo de orgullo. La Universidad de Alicante es un fruto
seruendo del desarrollo universitario español; pero pese a su corta
edad ha adquirido un dolage, que la ha puesto en parigual con las más
señeras y de más raigambre de nuestra nación.
Conviene recordar, que no son las instituciones
de por sí las que adquieren solera y prestigio, sino los hombres
que les dan vida. En lo que entra dentro del ámbito de mi dedicación,
esto es, la geografía, la Universidad de Alicante a través
de su Instituto Universitario de Geografía, y en particular de su
Departamento de Análisis Regional, ha adquirido una solidez y un
reconocimiento altamente estimables. Ambas características van unidas
al buen quehacer científico y de organización de las dos
personas, que desde su inicio han hecho una inapreciable entrega a su misión.
Me refiero, en primer lugar, al profesor
A. Gil Olcina -primer rector de esta Universidad al que tanto le debe-;
sus trabajos sobre la historia geográfica de la propiedad, por referirme
a lo mas conspicuo de sus investigaciones, constituyen una de las más
importantes aportaciones a este aspecto tan decisivo y difícil de
averiguar de las relaciones que los hombres han mantenido siempre con la
gleba que les sustenta. Pero no es lo único; igualmente hay que
resaltar sus otras contribuciones al campo del saber geográfico.
No es el momento de enumerarlas; puesto que de todos los que estamos aquí
son de sobra conocidas. Lo que sí quiero destacar son otros rasgos
de su personalidad intelectual: su sindéresis, su acuidad, su preocupación
por conocer, su tolerancia, y hasta la elegancia en sus hábitos
y trato con los demás. Dotes, que unidas al trasfondo científico,
elevan a un profesor a la categoría de maestro. El profesor A. Gil
Olcina es hoy uno de los más relevantes e indiscutibles geógrafos
de España.
De consuno con él hay que resaltar
al profesor A. Morales Gil. Aparte de haber tenido una participación
inestimable en poner unos firmes cimientos a esta Universidad, ha dado
a conocer de un modo apodíctico lo referente a los tradicionales
medios de regadío de esta región; pero sin olvidar los actuales
y sus problemas. Tampoco ha estado al margen de los complejos problemas
de organización del territorio; y sin las alharacas de otros, más
entretenidos en teorizar en una especie de nuevo arbitrismo, los ha abordado
de modo concreto, aportando enjundiosas y atinadas ideas, que hacen comprender
con entera claridad la construcción geográfica de esta región.
Pero, además, hay que señalar su gran capacidad de organización,
su instinto de previsión, su autoridad -entendida ésta como
una sutil mixtura de convicción y de hacer cumplir-; y su magnanimidad
para enfrentarse con los más diversos problemas humanos. Es otro
profesor que ha alcanzado la categoría de maestro.
Nada, pues, tiene que extrañar,
que con estos dos directores, actuando en completa sinergia, el Departamento
de Análisis Regional de la Universidad de Alicante haya adquirido
un puesto señero entre los departamentos de geografía de
las universidades españolas. Hay en él cohesión, una
orientación de las investigaciones, un ambiente de trabajo, y una
completa preocupación por la docencia. Sus frutos van siendo cada
vez más patentes, como lo demuestra toda una colección de
buenas monografías, así como los trabajos que aparecen en
la ya prestigiosa revista "Investigaciones Geográficas".
De este modo el Departamento de Análisis
Regional es una nave que va con firmes y claras singladuras; porque lo
mismo los pilotos que la marinería tienen un rumbo fijo e igual
afán. Constituye un ejemplo a imitar en el piélago de departamentos
descoyuntados y anegados por el marasmo de las mezquinas codicias particulares.
La Universidad de Alicante lo sabe; pero yo me creo en la obligación
de destacar, que en este Departamento tiene una de las bases sólidas
de su prestigio. Lo ha conseguido, no por las argucias de una propaganda,
siempre falaz, sino por sus méritos, que es lo mismo que decirlo
de los que lo integran; y en particular de sus hacedores, los profesores
A. Gil Olcina y A. Morales Gil. Y hago tales afirmaciones desde mi experiencia,
y con completa objetividad. No influye en ello mi bienquerencia hacia este
Departamento y a todos los que lo componen, aunque ésta sea grande,
entera. Pero esto es ya otra historia.
Una historia, que comenzó hace
algo más de diez años, cuando fui invitado a dar una conferencia
a finales de febrero de 1984. Previamente había manifestado el deseo
de conocer los "diapiros" de este sector. Deseo que fue atendido por los
profesores Morales y Ramos. Y en los recorridos que hicimos, si di satisfacción
a mi anhelo, me llamaron mucho más la atención esos relieves
turgentes, convulsos, cuyos estratos presentan las más diversas
disposiciones, y que se alzan bruscamente sobre extensos llanos con imponentes
escarpes cortados a cercén, y dominando taludes fuertemente dilacerados
por cárcavas.
En ocasiones anteriores al llegar a
Alicante a través de las vías de comunicación más
usuales -las carreteras nacionales y el ferrocarril- me habían pasado
desapercibidos, mi vista había quedado reducida a más cortos
horizontes: los que se observan desde una ventanilla. Pero al recorrer
una buena parte de la provincia adquirieron toda su perspectiva. Y ésta
me dejó enteramente sorprendido; al proviso me surgió la
idea de poder estudiarlos; ésta se convirtió en una verdadera
recuesta a medida que iba viendo más, cada vez en disposiciones
más inverosímiles para lo que mis ojos estaban habituados
en otras regiones de España, y en particular en las que había
realizado mis trabajos de "geomorfología estructural": las cordilleras
Cantábrica e Ibérica. Mientras contemplaba embelesado, y
con exclamaciones de admiración tales relieves, la mente me llevó
a otra realidad: la lejanía de mi lugar de trabajo, y mis cortos
medios para abordar su análisis con eficacia. Sin duda, el inconsciente
ante la antinomia entre mis deseos y posibilidades me afloró a los
labios, y manifesté con cierto pesar: "¡Si pudiese venir al
menos un mes; podría estudiar estas moles, y comprender a qué
responden!".
Pasadas unas horas mi sorpresa fue
todavía mayor. En los momentos que precedieron a la conferencia
susomentada, el profesor Morales con el asenso del profesor Gil Olcina,
me dijo que si yo quería venir a estudiar estas cuestiones, era
algo que estaba hecho. Pese a la satisfacción, aún quedé
más atarantado. No es habitual, que se confíe en un meteco,
lo que se considera coto propio de una Universidad; y que se subordinen
los intereses generales a los particulares; por no decir, los particularismos
locales. Semejante relación es muestra bien patente de las prendas
que ilustran a los que dirigen ese Departamento, y que los elogios que
he hecho no son vana cortesía.
Sin embargo, la satisfacción
por la fe en mí depositada me hizo ser prudente; y para aceptar
tan generosa y promisoria tarea señalé, que era preciso,
que hiciese una serie de tentones con el fin de aclarar, si era capaz de
abordar el problema. En marzo de 1985 hice una primera estancia de quince
días con varios recorridos, en los que no faltaron largas caminatas
y arriesgadas subidas, acompañado por el propio profesor Morales,
por Margarita Box Amorós y por Fernando Vera Rebollo. Comprobado,
que mis conocimientos eran apropiados para encarar estos complejos relieves,
consideré que su aparente embolismo era cuestión de análisis
minuciosos, de paciencia, y de reflexión. Era posible encetar una
tarea, que tenía el aliciente de lo inédito, el desafío
de lo difícil, y la responsabilidad de responder a una misión,
que con tanta confianza se me encomendaba.
Desde entonces, y a partir de noviembre
de 1985, todos los años he acudido puntual a esta cita. Así,
progresivamente he ido analizando el Ventós, cuyas cumbres,
cubiertas de maraña y salpicadas de madroños, contrastan
con los desnudos y enjutos roquedales de sus laderas. El Maigmó,
que como telón de fondo cierra el Camp d'Alacant, y cuya
acupulada cumbre es el airón que lo engalana. La Sierra del Cid,
que en origen parece ser que debe su nombre a un pajarillo, el çid,
que por semejanza fonética ha hecho que se trasmute por el del
héroe de Cantar, y son varios los topónimos que aluden al
célebre caballero: "La Silla del Cid", y hasta el contrasentido
de la "Mama del Cid", que se aviene mal con la aguerrida hombría
de tal personaje. La Sierra de las Águilas, con su cumbre
el "San Pascual" -nombre que está en relación con la ermita
del caserío de Orito, lugar de peregrinación, en la que se
venera a San Pascual Baylón, escrito con i griega, como nos dijo
el
ermitaño para evitar malévolos
equívocos- en la que resaltan sus descarnadas laderas con sus rocosas
encimeras, que son todo un muestrario de accidentes tectónicos.
La Sierra Mediana, una perforación del sustrato liásico-jurásico,
cuyos espesos estratos se disponen en forma de una imponente cabría,
dividida en dos por una crencha medianera, Hoy toda ella está jalonada
de hitos, que indican que es propiedad de la Sociedad Valenciana de Cementos,
que para obtener la materia prima necesaria ha destruido ya su sector SE.,
y amenaza con acabar, si el tiempo lo permite y la autoridad sigue concediendo
su permiso, con toda ella, como ya ha ocurrido casi con la inmediata Serreta
Llarga.
Del SE. del Camp d'Alacant el
trabajo ha ido discurriendo en estos meses de noviembre al extremo contrario;
a La Moleta, extraño y complejo relieve, que parece lo que
no es, un sinclinal colgado. Hoy cubierto por la pinada; y cuyos
escarpes de pendientes muy acusadas dominan el histórico embalse
de Tibi -el pantano- y que hasta un otraño reciente estuvieron esculpidas
en bancales, que trepan de modo inverosímil hasta donde ya la entera
verticalidad de los espesos estratos de calizas lo impiden. Tras la solución
de continuidad del collado de Ancornia, el Mos del Bou, los estribos
de la presa del pantano de Tibi, que es una estrecha y afilada cresta vertical,
cuya encimera es un simple fastigío, pero que con arriscadas pendientes
se yergue 200 m. sobre los terrenos de enredor. Más al Sur, y pasada
la depresión de Silim, por donde discurre el Riu Vert, que
ya se ha transformado en el Montnegre, está la alineación
de La Escobella, cuyas cumbres moldeadas en forma cónica,
aluden a la forma de esta mata que llevan sus culminaciones -escobella,
escobelleta-, que por su inaccesibilidad y por ser pura roca han sido
siempre el dominio de un denso matorral, que con sus tonos oscuros, junto
con los albazarranos del Keüper, han sido, sin duda, el origen para
que la percepción popular captase, que el río aguas arriba
"vert" pasase a ser "negre".
El color ha sido con toda seguridad
una fuente de inspiracion para singularizar los elementos del relieve.
Tal es el caso de las inmediatas Penyes Roxes hacia Levante. El
bermellón de espesos estratos de calizas dolomíticas es aviniente
por completo con el apelativo que llevan; y el de peñas se
debe verosímilmente al imponente crestón, que por su disposición
estructural hace asomar en su frente una varga de casi cien metros de peña
caliza.
Pero también la veste vegetal
ha sido origen de la toponimia; pero en un antaño que se nos escapa.
Más al Sur la Sierra del Sabinar es una antífrasis
a su denominación. Salvo algunos pinos de reciente plantación,
ni sabinas, ni árboles, ni incluso matorral. Las cortas repetidas
de leña, las explotaciones de los óxidos de hierro para obtener
la calamocha, que tanta importancia ha tenido hasta hace muy poco en la
pintura de las fachadas, han dado al traste con todo vestigio de vegetación.
Hoy es un paisaje aspérrimo en el que la roca asoma por doquier.
Más ahormado con esta realidad está el otro elemento a ella
machiembrado, que lleva el expresivo nombre de Sierra Pelada, y
cuya osamenta calcárea acaba en imponentes ojivas hacia el
barranco y rambla de Cococ.
Es otra solución de continuidad
con respecto a dos destacados relieves más al Este: La Lloma
de Güendo y el Bec del Águila. El primero
es más que una loma; es un conjunto bien erguido, que por su complejidad
es una verdadera abracadabra. Por el Norte las capas de caliza que cimbran
su encimera -otro simple fastigio- se abisman de tal manera hacia una fractura-desgarre
-el enlace con la alineación de la Escobella-, que hendida por un
arroyo, forma una encañada tan angosta, que se conoce como el Barranc
del Infern. Su extremo oriental es el Cap del Montnegre; nombre
que se comprende, porque con laderas rayanas a la vertical domina señero
los llanos de este valle, que están integrados ya en la compleja
fosa de Xixona.
El límite de ésta es
el Cabeço d'Or, otra imponente mole dispuesta de Norte a
Sur; y que, sin duda, ha sido bautizada así, porque a partir de
mediodía, y en particular horas antes de tramontar, el sol a Poniente
la ilumina directamente, y confiere a la masa rocosa un acusado tono flavo.
Se explica tal exaltación del colorido, porque las calizas jurásicas
en disposición vertical afloran en un desnivel de doscientos y hasta
casi cuatrocientos metros sobre los llanos aledaños.
Durante estos nueve años se
han ido analizando los relieves mencionados; a parte de otros menos destacados,
pero igualmente interesantes. Ha sido una labor roncera, como la que requieren
los hechos; de catar y recatar, de tomar notas y hacer apuntes gráficos,
así como reflexionar mucho hasta encontrar un significado a lo que
aparentemente carece de toda lógica. En los dos primeros años,
además de otros ya susomentados, me acompañó en calidad
de aprendiz J. A. Marco Molina, que de discípulo proficiente -el
de mayor aprovechamiento en este aspecto que he tenido, y así lo
atestigua su tesis doctoral de Aitana- pronto pasó a ser colaborador
ya en la Sierra del Cid. Me es muy grato, que hoy sea un digno Profesor
Titular del Departamento de Análisis Regional. Como también
lo es recordar, que en la propia Sierra del Cid se nos unió el Profesor
E. Matarredona Coll.
Desde entonces los tres en estrecha
colaboración hemos ido estudiando el resto de los relieves, haciendo
concordes nuestras observaciones, confrontando los apuntes y discutiendo
los hechos. De todo ello hemos ido dando cuenta en publicaciones, que si
en principio fueron simplemente reprografiadas, la última ha acabado
por ser impresa. También en numerosas ocasiones nos han acompañado
otros más bisoños (becarios, doctorandos, ayudantes), y a
veces en nutrido grupo. En unos casos para hacer los primeros pinitos en
el oficio; en otros por el simple deseo de conocer. Y siempre al trabajo
serio ha sucedido en los descansos y al finalizar las largas jornadas,
el buen humor, las conversaciones interesantes, en las que muy a menudo
cada cual ha dado cuenta de modo informal, pero muy preciso, de sus trabajos.
Han sido aportaciones valiosas en las que he aprendido mucho de otros aspectos
geográficos de la región.
Se ha ido forjando así una amistad
entrañable y un verdadero espíritu de colaboración
científica; y del mismo modo que yo vengo aquí, los geógrafos
alicantinos van a participar en los trabajos que realizo anualmente en
la Cordillera Ibérica. Los lazos con el Instituto Universitario
de Geografía-Departamento de Análisis Geográfico Regional
de Alicante se han ido haciendo cada vez más estrechos. En él
tengo un segundo lugar de trabajo, que justo es decir, que me ha sido más
grato que el propio.
Pero la consecuencia de mis estancias
aquí no sólo ha dado por resultado unos inestimables vínculos
humanos, sino que también ha tenido sus frutos en el conocimiento
geográfico; y de modo concreto en el campo de la geomorfología
estructural. No es el momento de señalar todos ellos; pero sí
cabe resaltar lo que son nuestras más destacadas aportaciones.
En conjunto, y como punto de partida,
hay que indicar que el del Camp d'Alacant se trata de un relieve
fallado. Y en esto hay que poner énfasis; porque las fallas
se vienen considerando únicamente como meros accidentes del relieve;
pero no, como engendradores de él. Y sobre todo, porque siempre
se hace una contraposición entre los zócalos en los que tiene
una cierta importancia la tectónica de fractura, y las coberteras
sedimentarias en las que se manifiesta fundamentalmente en formas de plegamiento.
Pues bien, en este sector de la Cordillera
Bética, como en otros muchos de ella, el relieve deriva de un modo
decisivo de una cobertera sedimentaria mesozoica-cenozoica, que ha sido
intensamente fracturada; y en la que las fallas constituyen las líneas
maestras de su configuración general, y de la enorme complejidad
de detalle de estos relieves convulsos, que fueron un desafío para
mi mente hace diez años. No es que no haya habido pliegues; es que
éstos han quedado elididos por una superficie de erosión
poligénica pre, intra y hasta finimiocena, primero; y posteriormente
por una tectónica de fractura de época pliopleistocena que
ha llegado hasta tiempos geológicos bastante recientes. Nuestra
área de estudio presenta ejemplos verdaderamente paradigmáticos
de lo que se entiende por neotectónica.
Y así como la superficie de
erosión ha hecho perder significado al prístino relieve de
plegamiento, ésta a su vez ha sido enteramente destruida por la
tectónica de fractura. La ha desnivelado de modo muy acusado, y
sobre todo la ha fragmentado al grado máximo; hasta tal punto que
es difícil encontrar elementos, que lleguen a la decena de kilómetros.
Semejante cuarteamiento ha originado contactos verdaderamente incomprensibles,
que para encontrarles significado ha obligado a arriscadas reconstrucciones
de las primitivas estructuras plegadas y de su biselación por la
mencionada superficie de erosión. Sólo de este modo ha sido
posible comprender el relieve del Campo de Alicante.
Sin embargo, en esta jarcia de fallas
las hay de muy diferente importancia. Unas son principales, profundas,
de gran longitud, y acusado desnivel; son las que configuran las líneas
maestras del relieve. Otras, por el contrario, son secundarias, cortas,
de menor alcance y deformación; son las que confieren complejidad
a cada uno de los relieves, que así aparecen triturados en grandes
tarazones rocosos.
Se trata, por lo tanto, de un relieve
fallado; pero en el que los conceptos convencionales resultan tan sólo
una mera aproximación. Pues si está constituido por un conjunto
de horsts y fosas tectónicas, ni éstas son simples,
ni aquéllos se avienen a la idea que generalmente tenemos de ellos.
Son horsts complejos, dispuestos las más de las veces en
una estructura fallada en escalera; pero de forma intermitente. De modo
que alternan los elementos en resalte con los afondados. Esto unido a que
los estratos son de muy diferente resistencia a la erosión, y que
han sido basculados, levantados a la vertical y aun combados, originan
múltiples combinaciones, que hacen de cada uno un conjunto singular.
La variedad de formas es tal, que por emparentarse tanto con las falladas,
como con las plegadas, ha sido necesario acuñar toda una nueva serie
de términos para darles expresividad.
De acuerdo con estos principios el
relieve del Camp d'Alacant en su sentido más lato ha quedado
configurado por una serie de horsts -las sierras- y de fosas tectónicas
-los llanos-, determinados por las fallas principales o líneas maestras.
De éstas, unas tienen dirección meridiana; y otras se disponen
en el sentido de los paralelos, más bien ENE-OSO. Así de
Poniente a Levante se suceden la Fosa de Vinalopó; el horst de la
Sierra del Cid; la fosa de la Rambla de la Zarza; el horst de Ventós-Sierra
del Castellar-Moralet; fosa de la Rambla del Rambuchar; horst del Mos del
Bou-Escobella-Sierra del Sabinar-Güendo-Bec del Águila; fosa
de Xixona y horst del Cabeço d'Or.
Este conjunto, dispuesto de Norte a
Sur, queda cerrado a septentrión por una importante línea
tectónica, que une la fosa del Vinalopó en Petrer con la
de Xixona al Norte del Cap del Montnegre. Ha levantado al Maigmó-Peñas
Montesas en el centro -el telón de fondo de la fosa de la Rambla
de La Zarza- y se prolonga al Este por La Moleta, tras la solución
de continuidad de la fosa del Riu Vert-Castalla, alineada con la de Rambuchar.
Por el SO. otra fosa tectónica -la de Agost-Novelda- establece el
enlace entre la de La Zarza y la del Vinalopó, y separa los horsts
de la Sierra del Cid al Norte y el de la Sierra de Las Águilas-San
Pascual al Sur.
El límite meridional es más
impreciso, porque las fallas de dirección ENE-OSO presentan grandes
esconces, han hundido todo el conjunto hacia la costa por debajo de los
200 m., que ha sido recubierto por depósitos pleistocenos-holocenos,
y sobre él tan sólo destacan aislados algunos estrechos,
cuando no minúsculos, fragmentos de la cobertera mesozoica-cenozoica
(Serreta Llarga, Benacantil-Serra Grossa).
Debido a esta configuración
estructural, los llanos -las fosas tectónicas- ocupan una extensión
bastante mayor que las sierras -los horsts-; y aunque éstos sean
los elementos más relevantes, destacando, y de modo brusco, 200
y hasta 700 m., son aquéllas las que tienen una mayor transcendencia
geográfica. Sin embargo, han sido los horsts con toda su complejidad
los que han constituido la verdadera preocupación de nuestro trabajo.
Es lo que me llamó la atención en un principio; y se ha cumplido
el cometido propuesto de entenderlos. Pero la importancia que tienen las
fosas no nos ha pasado desapercibida; todo lo contrario. No obstante, no
todos los posibles son posibles a la vez. Requieren otro tiempo; porque
al estar colmatada por depósitos pleistocenos y holocenos exigen
también otra dialéctica y métodos distintos -los del
modelado-.
Pese a esta omisión nuestras
preocupaciones, aun insertas en otro contexto, no han estado enteramente
al margen de ellas. Sus bordes han atraído nuestro interés
y se les ha dedicado el tiempo preciso. Las fallas que los han originado,
de tipo normal, han servido de arcaduz para que las litofacies del Keüper
hayan ascendido hasta la superficie. Y su aparición en ésta,
no es como se viene considerando un simple afloramiento, sino que por la
composición que muestra, presenta todos los apatuscos de una perforación
diapírica. Su penetración hacia la superficie más
que a los fenómenos halocinéticos se ha debido a los movimientos
tectónicos, que han originado las fallas, y que han llegado hasta
bien entrado el Pleistoceno, como lo pone de manifiesto la deformación
y desnivelación de glacis, así como de terrazas fluviales.
Semejante dinámica me ha confirmado
la idea -el primitivo aliciente de mi venida a Alicante hace diez años-,
que los diapiros van vinculados a fallas profundas, aunque éstas
a veces sean difíciles de reconocer por la deformación propia
de la perforación. Así estos afloramientos de consuno con
los domos diapíricos, tan característicos del SE.
de España, y las combes diapíricas de la Cordillera
Cantábrica, son otro tipo de diapiros, que por su disposición
alongada en vez de circular o elíptica, se han denominado fajas
diapíricas.
Pero, además, su valor no reside
sólo en su aparición aquí, sino también en
que han contribuido de modo importante a la configuración del relieve.
Al perforar hasta la superficie por las fallas que jalonan los horsts,
la masa diapírica del Keüper ha actuado a modo de gato hidraúlico,
coadyuvando a su levantamiento, y por tanto, a acentuar su desnivel. Pero
igualmente al ensanchar la superficie, y presionar sobre sus bordes han
originado en ellos deformaciones verdaderamente increíbles. Han
contribuido así a conferirles todavía más complejidad.
Estas fajas diapíricas son, por tanto, un factor, al mismo tiempo
que un elemento, de gran significado para el relieve del Campo de Alicante.
Porque, además, nos permiten comprender otro de sus aspectos.
Se trata de fragmentos del sustrato
liásico o jurásico, que han perforado en las litofacies del
Cretácico Superior, y aún del Terciario, que aparecen como
escarpados relieves, destacando varias centenas de metros sobre los espacios
aledaños, en los que se encuentran enteramente aislados, y siguiendo
la dirección de las fallas principales. Unas veces son imponentes
crestas perforantes, como el Fontcalent; otras, por su estructura
se trata de diapiros abortados o en curso de formación, tal es el
caso de la Sierra Mediana; y en otras de un conjunto informe de
estratos en todas las disposiciones, aunque dominen las verticales, como
en el Cabeço dOr. Constituyen una manifestación diferente
del diapirismo, que tiene una clara, directa e importante incidencia en
el relieve.
Todos estos resultados indican, que
mis estancias aquí han sido fructíferas. Por eso, no puedo
menos de mostrar una doble satisfacción: se me ha dado una ocasión
inigualable para ampliar el campo de mis conocimientos; y mi trabajo se
ha realizado en un ambiente enteramente agradable, a lo que también
ha contribuido mi residencia durante estos meses de noviembre en el Colegio
Mayor, en el que he recibido toda clase de atenciones y deferencias por
su personal, colegiales y por su director -basta decir que he sido nombrado
"colegial de honor"-. También mi reconocimiento a la Universidad
de Alicante es doble: me ha permitido aprender mucho; y al otorgarme el
grado de doctor honoris causa me ha hecho pertenecer a ella de un
modo más real, y sobre todo a su Instituto Universitario de Geografía
y Departamento de Análisis Geográfico Regional. Es otro honor
que tengo muy a gala, y que estimo al máximo. Muchas gracias.
Jesús García Fernández
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