DISCURSO PRONUNCIADO POR LA SRA. JANE GOODALL CON MOTIVO DE SU INVESTIDURA COMO DOCTORA HONORIS CAUSA POR LA UNIVERSIDAD DE
ALICANTE
11 de mayo de 2009

Es un gran honor para
mí estar aquí y recibir este doctorado. Me gustaría poder dirigirme a todos vosotros
en castellano, pero desafortunadamente, no estoy dotada de la capacidad para
hablar otras lenguas.
Habéis podido escuchar
mucho sobre los logros que he conseguido durante estos últimos
años, pero sobre todo me gustaría
contaros como empezó todo.
Quizás la mejor manera de explicároslo es con una historia
que me leía mi madre cuando era pequeña.
La historia trata sobre unos pájaros que se reunieron para
hacer una competición y ver cuál de ellos podía volar más alto. La imponente
águila estaba convencida que podría ganar volando muy alto con sus fuertes alas
y así empieza a coger cada vez más altura. Mientras, gradualmente los otros
pajaritos se sienten más cansados y vuelven al suelo. Al final ni siquiera el águila
consigue volar más alto, aunque vuela por encima al resto de los pájaros. Escondido
entre las plumas de su espalda se halla un pequeño pajarito que de repente
arranca el vuelo y consigue volar más alto que ningún otro.
Para mí, esta es una historia muy simbólica, si pensamos en
nuestra vida como el esfuerzo de intentar volar cada vez más alto y conseguir
objetivos un poco más difíciles. ¿Cuán alto podríamos llegar sin nuestra
águila?
Ahora pienso en todas aquellas personas maravillosas que me
han ayudado durante mi vida. Sin ellas no hubiera llegado a ninguna parte.
En particular debo mencionar a mi madre, que apoyó todos mis
sueños de infancia y que fue la única que no se rió de mí cuando le
decía que quería ir África a vivir con los animales y escribir libros sobre
ellos.
Cuando yo era joven, pertenecía a una familia humilde, no
teníamos dinero y no podíamos ni siquiera comprar una bicicleta. Mientras yo estaba soñando con África, Europa estaba
sufriendo la II Guerra Mundial. África quedaba lejos y estaba llena de peligros
y yo era del género equivocado. Yo era una chica y en esa época las chicas no
hacían ese tipo de cosas.
Pero mi madre me decía
que si realmente deseas algo, trabajas duro y
nunca te rindes, encontrarás la forma de conseguirlo.
No podíamos permitirnos ir a la universidad pero mi madre me
animó a que hiciera un curso de secretariado y así poder encontrar un trabajo
en África. De repente, ¡llegó la oportunidad! Una amiga mía de Kenia me invito a viajar a África. Entonces dejé mi trabajo, me fui a Londres y encontré
un empleo como camarera y allí ahorré todo el sueldo y las propinas para mi
billete a África.
Como ya sabéis, el siguiente paso fue conocer a Louis Leakey,
que me dio la increíble oportunidad de observar a
los chimpancés a pesar de no tener en ese momento ningún tipo de licenciatura.
Desde ese momento, todos los estudios que se han realizado
en Gombe y otros estudios realizados en diversas partes de África o con
animales en cautividad nos han permitido conocer lo similares que somos los
humanos a los chimpancés. En estos momentos me gustaría, sin embargo, señalar
las diferencias. Y para mí la diferencia más significativa es que los humanos somos los únicos capaces
de articular un lenguaje y esa habilidad es la que estoy utilizando para
dirigirme a vosotros.
Las personas somos capaces de enseñar sobre cosas que no están presentes, planear el
futuro y podemos sentarnos en grupo y discutir un problema…Creo que todo esto
ha llevado al desarrollo explosivo del intelecto humano.
Mirar todo lo que hemos conseguido: hemos enviado hombres a
la Luna, hemos colocado robots en Marte, creado un sistema de comunicación
electrónica que nos permitiría esta mañana estar “presentes” en cualquier parte
del mundo…
A pesar de que somos sin ninguna duda las criaturas más
inteligentes que jamás han existido en el planeta Tierra ¿cómo es posible que
estemos destruyendo nuestro único hogar? Los chimpancés son solo un ejemplo de
los centenares de especies en riesgo de extinción. La destrucción de la selva
que conlleva la erosión del suelo está impactando de gran manera en el clima de
nuestro planeta.
Estamos contaminando tanto las tierras, las aguas y el aire con
todos los productos químicos que utilizamos para la agricultura la industria o
en nuestros hogares.
Como muy bien sabéis en
España el agua se ha convertido en un gran problema, como en el resto
del planeta. Tal y como hemos escuchado esta mañana, existen muchos
problemas sociales como la pobreza, el hambre o la violencia étnica.
¿No creéis que acaso hemos perdido algo llamado “sabiduría”?
Pienso en los indígenas, que cuando toman decisiones, lo
hacen basándose en cómo esas decisiones
van a afectar a futuras generaciones.
¿Y qué criterio
utilizamos actualmente nosotros para tomar decisiones? ¿Cómo la
decisión que estoy tomando ahora me va a
afectar a mí y ahora, o cómo me afectará a mí o a mi familia ahora? ¿Cómo van a
influir las decisiones que tomemos hoy que suponen millones de euros afectarán
a la siguiente reunión de accionistas dentro de tres meses? ¿O cómo esto va afectar a mi próxima campaña
política?
¿Es éste el tipo de criterio que utilizamos? ¿Significa eso
que no nos preocupamos de nuestros hijos o de nuestros nietos?
¡Por supuesto que nos preocupan nuestros hijos y nuestros
nietos! Pero entonces, ¿qué nos pasa cuando tomamos decisiones como las que
tomamos hoy en día?
Creo que existe una desconexión entre nuestro cerebro
inteligente y nuestro corazón, donde reside el amor y la compasión.
No me sorprende en absoluto cuando viajo alrededor del mundo
hablando de la deforestación y de la situación actual de los chimpancés en
África el conocer niños que parece que han perdido la esperanza en el futuro.
He conocido niños que están deprimidos, que sienten cierta amargura y enfado o
que están apáticos porque no importa lo que hagan, no supondrá ninguna
diferencia. Y cuando hablo con ellos, no importa del país que sean, dicen algo
parecido. “Nos sentimos así porque habéis dañado nuestro futuro y no hay nada
que podamos hacer”.
¿Hemos dañado el futuro de nuestros hijos, nosotros, los
mayores? Indiscutiblemente sí, lo hemos dañado.
Cuando miro a mis tres nietos, me doy cuenta cómo hemos dañado
nuestra madre Tierra desde que yo tenía su edad, y siento profunda desesperación.
Esto es lo que me llevó a iniciar el
programa “Roots & Shoots”, del que habéis
oído hablar antes.
¿Por qué se llama “Roots & Shoots”? Imaginemos una
pequeña semilla que va a crecer para convertirse en un gran olivo. Cuando
empieza a crecer, aparecen pequeñas raíces y pequeños tallos que parecen muy frágiles.
Hay tanta fuerza de vida en esa pequeña semilla. Las raíces para alcanzar el agua consiguen meterse
entre las rocas y apartarlas. Los pequeños brotes buscan la luz del sol y
consiguen derribar muros.
“Roots & Shoots” es un programa de esperanza. Cientos de
miles de niños alrededor del mundo pueden apartar rocas y derribar muros para
hacer de este planeta un mejor lugar para todo ser vivo. Existen programas de
todas las edades, desde preescolar hasta la universidad y que siguen en su vida
adulta. Cientos de miles de jóvenes se juntan compartiendo la misma filosofía: Trabajar
juntos para nuestro futuro.
Escogiendo proyectos que permitan un futuro mejor para:
1)
Las
personas
2)
Los
animales
3)
El
medio ambiente que todos compartimos
Permitirme que termine contando la historia de un pequeño
chimpancé que nació en África. A su madre la mataron cuando él solo tenía un
año y medio. La única manera que existe
de conseguir una cría de chimpancé es matar a la madre.
El pequeño chimpancé fue enviado lejos, a Norteamérica, y durante quince años
este ser sociable vivió aislado en una pequeña jaula de un anticuado zoo.
Una de las cosas más apasionante de los chimpancés salvajes
es observar el vínculo íntimo que existe entre una madre y su hijo. Incluso
cuando nace un nuevo bebé chimpancé, el hermano mayor sigue viajando en la
espalda de su madre y junto al bebé. El
hijo puede ser dependiente de la madre durante unos cinco años.
Durante este tiempo, los chimpancés aprenden de sus madres
al igual que lo hacen nuestros hijos de nosotros.
Con el tiempo, un director consiguió los fondos necesarios
para crear el mayor recinto natural de Estados Unidos rodeado de un foso de
agua -porque los chimpancés no saben nadar- y de este modo protegerlos. Más adelante, otros chimpancés fueron
traídos a este recinto.
Uno de
estos chimpancés era Jo-Jo, que había vivido solo durante 15 años y no sabía
nada sobre el comportamiento de los chimpancés. Un día, uno de los machos retó
a Jo-Jo con todo un repertorio de gestos de dominancia y Jo-Jo aterrorizado
huyó cayendo al agua. Jo-Jo intentó
cogerse a la verja para no ahogarse en el agua. Salió a la superficie tres
veces intentando respirar para luego hundirse nuevamente.
Afortunadamente, había un turista que había ido a visitar el
zoo con sus tres hijos. y sin pensarlo saltó para ayudar a Jo-Jo. Un cuidador
del zoo intentó disuadirlo para que no lo hiciera, ya que un
chimpancé puede pesar aproximadamente
130 libras pero así y todo saltó. El hombre finalmente consiguió tocar el
cuerpo de Jo-Jo en el fondo y vio que aún seguía moviéndose por lo que no estaba muerto. Se lo puso a la espalda y
consiguió subirlo hasta la valla y ponerlo junto sobre la orilla. Había una
mujer con una videocámara y gracias a esa pequeña grabación casera podemos
explicar lo que ocurrió después.
De repente, la gente
le empezó a gritar que se diera prisa ya que se estaban acercando a
él tres machos muy grandes. Mientras el
cuerpo de Jo-Jo se estaba volviendo a deslizar
hacia el agua porque la orilla era muy empinada. Por un momento, el hombre miró
a su familia, luego a los tres machos que se acercaban y por último hacia Jo-Jo
que volvía a desaparecer en el agua.
Durante unos segundos el hombre no se movió, pero después volvió sobre sus
pasos ignorando los gritos de la gente; consiguió acercarse a Jo-Jo y empujarle
mientras el chimpancé se cogía a unas matas y lograba quedarse en tierra firme.
El hombre consiguió volver al otro lado de la valla justo a tiempo.
Esa tarde, toda Norteamérica estaba viendo ese video,
incluso lo vio el director del Instituto Jane Goodall, que llamó al hombre y le
dijo: “Tú debías ser consciente de que era peligroso, todo el mundo te lo
estaba diciendo ¿Qué te impulsó a hacerlo?”. El hombre respondió: “Simplemente
tuve la oportunidad de mirarle a los
ojos y era como mirar a los ojos de un hombre… y el mensaje en la mirada era: ¿nadie
me va a ayudar?”
Esa es la misma mirada que vemos en los chimpancés que son
vendidos al lado de las partes descuartizadas de los cuerpos de sus madres en
los mercados de carne africanos. Y en los chimpancés que viven encerrados en pequeñas
jaulas. Es lo que ha llevado a “Primadomus” a tener este proyecto aquí en
España.
También esa mirada la encontramos en los niños que han visto
morir a sus padres por la violencia étnica; en los refugiados que han perdido
sus casas y en los niños que viven atrapados en la calle sin un lugar a dónde
ir.
Si vemos esa mirada en sus ojos y la sentimos en nuestro
corazón, tenemos que dar un salto e
intentar ayudarles. Esto es lo que pretende “Roots & Shoots”: Crear un masa
crítica de personas que tengan posiciones de liderazgo y que entiendan que hay
valores más importantes en este mundo que simplemente hacer dinero.
Sé que hay millones de problemas en el mundo, pero no conozco ninguno
donde no haya un grupo de personas apasionadas trabajando por muy poco o ningún
dinero, arriesgando sus vidas o perdiéndola para intentar solucionar ese
problema.
Este es el mensaje que quiero dejar a los nuevos doctores:
El mundo puede generar cierto miedo, pero sabed que juntos podemos y haremos un
mundo mejor para todos los seres vivos.
Me siento muy agradecida por formar parte de esta maravillosa
universidad.
Os deseo a todos los nuevos doctorados toda la suerte del
mundo en el inicio de vuestras nuevas vidas y acordaros de que todos vosotros
tenéis un águila.
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