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DISCURSO PRONUNCIADO POR EL PROFESOR ALAN HEEGER CON MOTIVO DE SU INVESTIDURA COMO DOCTOR HONORIS CAUSA POR LA UNIVERSIDAD DE ALICANTE
(Recogido en el vídeo de Santo Tomás de Aquino 2007)
Rector Raneda,
Colegas y Profesores,
Damas y caballeros
Me gustaría agradecer al Rector, al Consejo de Gobierno y al
Claustro de la Universidad que me honren con esta ceremonia y me
premien con el nombramiento de Doctor honoris causa.
Mi esposa de 50 años, Ruth Heeger, está hoy conmigo para
celebrar esta investidura. Ambos estamos muy satisfechos de nuestra
incorporación a la Universidad de Alicante.
Las ciencias básicas, Física, Química y
Biología, encuentran su origen en la fascinación del
hombre por la filosofía natural. Existen muchos problemas
interesantes en la ciencia, pero el éxito en términos de
impacto radica sobre todo en el “buen gusto” al elegir los problemas. Y
esto ocurre en todas las áreas del desafío humano. La
elección del problema es la clave del éxito. A menudo
resulta más fácil resolver un problema importante que uno
con poco impacto.
Si uno busca nuevos descubrimientos, deberá aventurarse y tomar
nuevos caminos. Sin embargo, todas estas aventuras hacia nuevos rumbos
conllevan riesgo.
La gente suele pensar que ciencia y riesgo no son compatibles y que
nosotros los científicos no toleramos el riesgo, pero no es
cierto. De hecho, arriesgarse forma parte de nuestras vidas como
científicos. Cada vez que publicamos un artículo, nos
exponemos. Tratamos de asegurarnos de que los datos son correctos, pero
es imposible saberlo con certeza. Intentamos aportar la
interpretación correcta de la información, pero el
verdadero proceso de la investigación es ir más
allá de lo que se sabía previamente; en este proceso, se
arriesga. Los científicos nos exponemos siempre y, por supuesto,
cuanto más interesante es el resultado, mayor es el riesgo.
La creatividad siempre es arriesgada. Un clásico ejemplo de
riesgo y creatividad es el gran descubrimiento de Albert Einstein: el
quantum de la luz, el fotón. En un período de seis meses,
de marzo a septiembre de 1905, Einstein cambió el mundo de la
física; descubrió (inventó) el fotón,
publicó su Teoría de la Relatividad, y demostró la
realidad de los átomos con su teoría estadística
del movimiento browniano. En otro estudio, dedujo su famosa
ecuación, E = mc2 como consecuencia de su anterior
investigación sobre la Relatividad. La gente suele pensar que
Einstein recibió el Premio Nobel por esta Teoría, pero no
es cierto; a Einstein le concedieron el Premio Nobel en Física
en 1922 por el descubrimiento del fotón. Los conceptos de su
publicación inicial sobre la Relatividad (la Teoría
Especial) estaban ya “en el aire”. El concepto del fotón, por el
contrario, fue realmente innovador y durante algunos años no fue
aceptado por la comunidad de Físicos.
En 1914, nueve años después del estudio de Einstein sobre
el fotón, Max Planck, el físico más grande de su
tiempo, propuso que el joven Einstein entrara a formar parte de la
Academia Prusiana de Ciencia. En su discurso a la Academia,
elogió su contribución a la ciencia, pero
remitiéndose a la propuesta sobre el fotón. Planck dijo
en su discurso a la Academia: “El hecho de que Einstein haya perdido en
algunas ocasiones el objetivo de sus especulaciones, como por ejemplo,
en su hipótesis sobre los quanta de la luz, no puede utilizarse
en su contra, pues es imposible introducir ideas realmente nuevas,
incluso en las ciencias exactas, sin correr riesgos de vez en cuando”.
La ciencia interdisciplinaria es incluso más arriesgada; la
razón es obvia. Educado como físico, tengo una base de
conocimiento en la que me encuentro muy cómodo. Cada vez que
excedo los límites de esta base, me expongo a mi ignorancia,
pero alcanzar nuevos rumbos resulta muy frecuentemente el primer paso
hacia la creatividad.
La ciencia de los polímeros comienza en el siglo XX. A
principios de los 30, Herman Staudinger afirmaba que la estructura de
los polímeros está compuesta por una unidad molecular que
se repite una y otra vez. Su obra fue controvertida; finalmente, por
supuesto, se comprobó que estaba en lo cierto, y se le
concedió el Premio Nobel de Química el 1953, por sus
descubrimientos en la estructura básica de la química
macromolecular.
Karl Zeigler , químico alemán y Gulio Natta, italiano,
descubrieron por separado el tipo de catalizadores conocidos hoy en
día como los catalizadores Zeigler-Natta. En 1963 les
concedieron el Premio Nobel. Su trabajo permitió la
síntesis de la gran escala industrial de polímeros o
“plásticos”. En la actualidad, los materiales poliméricos
se utilizan en cantidades mayores que otros materiales.
En 1934, Wallace Carothers descubrió el nailon, la primera fibra
sintética, mientras trabajaba como científico
investigador para la empresa Dupont; fue un descubrimiento
increíblemente importante. Por desgracia, Carothers murió
muy joven, aunque de haber vivido, le habrían reconocido con el
Premio Nobel.
Paul Flory fue un gigante en este campo, con un
volumen de publicaciones que combinaba trabajos teóricos y
experimentales. Su obra se asocia con los termoplásticos; los
plásticos estructurales son útiles en muchos
ámbitos. Flory recibió el Premio Nobel en 1974.
Cada uno de estos fue un descubrimiento de una magnitud
increíble, y todos están asociados con tres generaciones
de polímeros. La primera generación consistía en
polímeros naturales: piel, telarañas y seda, son algunos
ejemplos utilizados por nuestros ancestros durante miles de
años. El descubrimiento de las fibras sintéticas dio
lugar a la segunda generación de polímeros. La tercera
generación la conforman los “plásticos” que hoy en
día son tan importantes para nuestra sociedad.
No obstante, ninguna de estas tres primeras generaciones de
polímeros resulta interesante desde el punto de vista de los
materiales electrónicos; son aislantes. Los materiales que
descubrimos Hideki Shiorakawa, Alan MacDiarmid y yo, los
polímeros semiconductores y metálicos, introdujeron la
función electrónica en el área de la ciencia de
los polímeros. Los polímeros conductores son la “Cuarta
generación de los materiales poliméricos”; son
electrónicamente activos, tienen las propiedades de los
semiconductores y de los metales.
Ahora, tres décadas después, el descubrimiento de los
polímeros conductores es muy conocido y utilizado con frecuencia
como ejemplo significativo de la importancia de la investigación
interdisciplinaria. Sin embargo, cuando empezamos este trabajo, no se
entendían los conceptos básicos que definen los
polímeros semiconductores y metálicos. En 1976, la
creación de esta colaboración verdaderamente
interdisciplinaria resultaba un proyecto osado y arriesgado.
He pasado los primeros 20 años de mi vida científica en
una gran universidad, la Universidad de Pensilvania. Posteriormente, en
1982, tuve la oportunidad de ir a la Universidad de California, en
Santa Bárbara. En aquella época, la UC Santa
Bárbara (USCB) no era la gran institución que conocemos
hoy. Se llamaba UC “Sunny Beach”, así que trasladarme de
Pensilvania a Santa Bárbara fue algo arriesgado. Sin embargo, el
objetivo era hacer del campus UCSB una institución de primera.
En ciencia e ingeniería, nuestro campus de la Universidad de
California se ha convertido verdaderamente en un campus de primera.
Hemos recibido 5 Premios Nobel en los últimos 7 años. El
departamento de Física destaca por su calidad; el de Ciencias de
los Materiales está considerado el mejor del mundo. De nuevo, el
riesgo se ha tornado en éxito. Me complace haber formado parte
de la extraordinaria transición de esta institución.
Me gusta el proceso de transformar la ciencia en tecnología. En
1990 fui co-fundador de una empresa en Santa Bárbara, UNIAX
Corporation, con la que intentamos que los descubrimientos de las
propiedades semiconductoras y metálicas de los polímeros
sean útiles para aplicaciones comerciales. De nuevo, existen
riesgos obvios. Como empresario, era un amateur, con lo que me
exponía al fracaso. Además, en Estados Unidos, en aquella
época, la idea de transformar la ciencia en tecnología se
consideraba algo fuera del alcance de un profesor universitario. Esta
actividad empresarial podría destrozar la credibilidad de uno
como científico independiente. Por otro lado, obviamente
tenía la posibilidad de triunfar, una posibilidad de recabar una
cantidad considerable de dinero. De nuevo, con UNIAX, el riesgo devino
en éxito. El 2000 fue un buen año para mí. UNIAX
fue adquirida por Dupont el 15 de marzo, y nuestro Premio Nobel nos fue
concedido el 10 de diciembre. Dudo mucho que pueda tener un año
mejor.
¿Y qué hay de la vida después del Premio Nobel? Es
obvio que arriesgar es más peligroso; cometer un error
científico serio después de ser galardonado con el Premio
Nobel no es una buena idea. Pero soy de los que arriesgan; creo que uno
no debería perder ese sentido de la emoción del descubrir
que se tiene al redirigir su campo de interés hacia nuevos
caminos. Es estimulante, desafiante, y ¡muy divertido! Por esta
razón, yo sigo investigando y, de modo simultáneo,
continúo con mis actividades empresariales. Nuestra reciente
investigación sobre células solares plásticas es
realmente emocionante y promete contribuir a las serias necesidades de
energía de nuestro planeta.
Me gustaría concluir dando las gracias a cada uno de ustedes por
honrarme con su presencia en esta ceremonia, y mostrar mi
agradecimiento a la Universidad de Alicante por el reconocimiento de
mis logros científicos con la investidura de Doctor honoris
causa.
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