LAUDATIO PRONUNCIADA POR EL PROF. ENRIQUE RUBIO CREMADES CON MOTIVO DE LA INVESTIDURA COMO DOCTOR HONORIS CAUSA POR
LA UNIVERSIDAD DE ALICANTE DEL SEÑOR MARIO VARGAS LLOSA.
Alicante 26 de septiembre de 2008

Rector Magnífico de la Universidad de
Alicante, Honorable Consejero de Educación, Rectores Magníficos de las
Universidades Internacional Menéndez Pelayo y Miguel Hernández, Excelentísimo
Señor Presidente del Consejo Social de la Universidad de Alicante, Ilustrísima
Señora Secretaría Autonómica de Universidad y Ciencia, Señora Secretaria
General, Dignísimas Autoridades, Miembros de la Comunidad Universitaria,
Señoras y Señores.
La
alabanza (laudatio) es el alimento de las artes (laus alit artes),
como indica Séneca en sus Epistolae ad Lucilium. En este emotivo acto, mi
intervención será breve, ajustándome al precepto conceptista cuya principal
divisa era, precisamente, lo bueno si breve dos veces bueno; y aun malo, si
poco, no tan malo. Con la susodicha
cita de Gracián iniciaré esta concisa laudatio, que forma parte esencial
de un importante y significativo acto: inauguración del curso académico
2008-2009.
La
semblanza del escritor Vargas Llosa es, en sumo grado, rica en matices y en
contenidos. Es evidente que ante nosotros tenemos a un escritor universal,
reconocido como narrador excelso en todos los foros literarios y académicos.
Universalidad que al mismo tiempo se engarza con la intrahistoria de sus raíces
vitales, con Arequipa, fundada en el año 1134 por el inca Maita, con
Cochabamba, Piura, Lima. Su vocación europeísta es temprana. Tras su formación literaria
e intelectual con la llamada generación peruana del 50, uno de sus principales
mentores sería Julio Ramón Ribeyro, Vargas Llosa convive y contrasta
experiencias con las sociedades parisiense y matritense en la década de los
años cincuenta. Vocación europea, universal que será señal indeleble en su
trayectoria vital.
En
esta concisa laudatio deseo destacar su temprana vocación literaria,
infartada con la anterior generación literaria citada, y que daría como
resultado sus primeros cuentos juveniles, cuya visión crítica de Lima como urbe
es evidente, aunque el uso de recursos o técnicas innovadoras, la ausencia de
una tesis o propuesta de signo ideológico le distancian de la mencionada
generación. Vargas Llosa rompe con el modelo de representación naturalista y
del esquema intelectual en el que se basaba el documentalismo de esta
generación. Por todo ello es por lo que en un temprano ensayo-discurso a raíz
de la concesión del premio Rómulo Gallegos (1967), Vargas Llosa reflexiona
sobre la condición del escritor latinoamericano, de sus vivencias y
experiencias. Vargas Llosa en su lúcido discurso –La literatura es fuego-
revela con absoluta precisión los elementos esenciales de su narrativa. El
escritor, afirma, debe ser inconformista, rebelde, pues la razón de ser del
escritor es la protesta, la contradicción y la crítica. La vocación literaria
nace del desacuerdo del hombre con el mundo, de la intuición de deficiencias,
vacíos y escorias a su alrededor. La literatura será una forma de insurrección
permanente y todas las tentativas destinadas a doblegar su naturaleza airada,
díscola, fracasarán. La literatura puede morir, pero nunca será conformista. En
la exposición de su teoría y fines de la novela incide en el concepto que la
literatura debe tener en la sociedad, en su cometido, de ahí que en sus novelas
se perciba todas estas premisas mencionadas. La literatura debe, pues, ser útil
a la sociedad. Ella contribuye al perfeccionamiento humano, impidiendo el
marasmo espiritual, la autosatisfacción, el inmovilismo o el reblandecimiento
intelectual o moral, en palabras del propio Vargas Llosa.
La
realidad americana, con sus crudezas e injusticias sociales ofrecerá al
escritor Vargas Llosa múltiples y ricos contenidos capaces de impresionar al
lector. Temas inmortalizados por su excelente quehacer literario, por su prosa
innovadora, sugerente y riquísima en matices. Un conjunto de aciertos innovadores
que le convierten en un maestro ejemplar de la prosa narrativa. Una prosa
inmersa en la cruel realidad que convierte al autor en un exponente del
descontento, en un perturbador consciente o inconsciente de la sociedad que se
encauza a través de una nueva expresión de la realidad y discurre por distintos
niveles en donde la multiplicación de recursos técnicos y perspectivas alcanzan
su máximas expresión en la novela. Vargas Llosa experimenta nuevas formas
narrativas, expresivas, destinadas a plasmar diversos niveles de la realidad
que la anterior generación de escritores no conoció o no supo ver.
Su corpus literario
mostrará su rápida independencia estética, estimulada por su experiencia
europea y el descubrimiento de otras formas, ideas y modelos, entre ellos,
Flaubert, Sartre y la rebeldía surrealista. Mentores literarios que más tarde
analizará con precisión y forma sutil. La novela caballeresca de Martorell y la
de García Márquez para el ideal de la novela total constituyen también
fuente literaria primordial en Vargas Llosa, pues en este tipo de relatos se
conjugan y engarzan sueños, mitos, fantasía e irrealidad con la propia
existencia real del ser humano. De Gustave Flaubert, Vargas Llosa encontrará el
perfecto ejemplo de la novela realista. El escrutinio de esa misma realidad y
el análisis de específicos temas –la hipocresía, la mediocridad del hombre,
violencia y sexo- llevados a cabo por Flaubert serán aspectos tenidos en cuenta
por Vargas Llosa. Admiración por Faulkner, García Márquez, Onetti, tal como se
puede percibir y constatar a través de sus estudios críticos.
Como
historiador de la literatura cabe precisar que el creador de ficciones
novelescas está sometido al análisis crítico de sus etapas literarias, cambios
estéticos, contenidos y vicisitudes personales. El ser humano experimenta a lo
largo de su vida cambios y experiencias que subyacen indeleblemente en la
motivación de sus actos. En la etapa inicial de Vargas Llosa cabe agrupar un corpus
configurado por un libro de cuentos -Los jefes-, el relato Los
cachorros y las novelas La ciudad y los perros -ficción novelesca que lanzará al escritor a
la fama internacional-, La casa verde y Conversación en la catedral. Obras
diversas por su intención, asunto y forma, aunque configuren una unidad en el
nivel de complejidad del proyecto y de la visión narrativa que proponen.
Novelas marcadas por un índice geométrico de crecimiento en el número de
historias que cuentan y en la interacción de las mismas. La multiplicidad de argumentos
que se entrecruzan, el número y variedad de personajes, así como el virtuosismo
de las técnicas para representar dramáticamente la realidad objetiva, la moral
de las relaciones interpersonales y la actitud introspectiva de la meditación
histórica son, entre otros, múltiples aspectos que cabe destacar. Por ejemplo, La
ciudad y los perros, la más próxima al pasado, aunque con sutiles y
originales notas realistas, sostiene Vargas Llosa que dicha obra es una
“representación verbal de la realidad” y que los límites de la literatura
realista son los de la realidad “que no tiene límites”, puesto que a la
realidad pertenecen los hechos, los sueños y los mitos humanos: “Las pesadillas
de Kafka, las laboriosas ficciones psicológicas de Proust o Dostoyewski, la
impecable objetividad de Hemingway, la mítica de Carpentier, las fantasmagorías
alucinantes de un Cortázar […] expresan zonas diferentes, niveles distintos de
una sola realidad. En otras palabras, toda la literatura buena es, en última
instancia realista; sólo la mala literatura es irreal”. La singularidad y
esfuerzo de Vargas Llosa es siempre inclusivo y centrípeto,
espoleado por el ideal inalcanzable de la novela total: la creación de
un doble del mundo real, tan completo como es posible y regido por sus propias
leyes, un rival ficticio de la realidad que le da origen. Por eso, es
por lo que en la concepción literaria del autor, el novelista puede ser visto
como un “deicida”, un artífice, que se empeña en superar o completar la
creación divina, añadiéndole sus propias construcciones imaginarias.
El
periodo marcado por una actitud reflexiva sobre las grandes cuestiones de la
sociedad latinoamericana moderna y el arte narrativo con el que las
representan, está constituido por una serie de novelas cuya lectura deparó
instantes inolvidables, como Pantaleón y las visitadoras, La tía
Julia y el escribidor, La guerra del fin del mundo, Historia de
Mayta, ¿Quién mató a Palomino Molero, El hablador y Elogio
de la madrastra. Novelas en las que subyacen y se armonizan tanto el motivo
político como la reelaboración de vivencias privadas y experiencias del propio
Vargas Llosa. Se percibe en este conjunto de novelas que sus convicciones
realistas han sufrido una crisis: ahora más que mostrar las amplias
posibilidades del realismo, le interesa subrayar sus limitaciones, la
inevitable traición que el lenguaje de la ficción hace al mundo objetivo y a la
experiencia real.
En
estos últimos años su fuerza creadora se ha materializado en relatos tan
atrayentes como perfectamente concebidos y desarrollados: Lituma en los
Andes, Los cuadernos de don Rigoberto, La fiesta del chivo, El paraíso en la
otra esquina, Travesuras de la niña mala, recién sacada esta última del
telar. Paralelamente a este proceso de renovación estética Vargas Llosa está
inmerso en otros intereses y experiencias. La tarea crítica que había iniciado
de forma temprana a través del ejercicio periodístico, dio frutos consistentes,
entre otros, su estudio García Márquez: historia de un deicidio, su
ensayo La orgía perpetua. Flaubert y “Madame Bovary”, Contra viento y marea (textos
periodísticos que configuran varios volúmenes), La verdad de las mentiras (ensayos
literarios), Desafío a la libertad, Carta de batalla por “Tirant lo Blanc”,
Sastre y Camus, La utopía arcaica –sobre J. M. Arguedas-, La tentación
de lo imposible –centrado en la figura de Victor Hugo-, El viaje a la
ficción. El mundo de Juan Carlos Onetti, publicado recientemente, entre
otros títulos. Cabe añadir a este corpus crítico monografías que resumen su
teoría literaria –Cartas a un joven novelista-, explican la formación y
génesis de novelas, como La Casa Verde –Historia secreta de una
novela- y abordan desde una óptica general y de forma sutil su propia obra,
como la monografía A Writer’s Reality que reúne sus conferencias
pronunciadas en Syracuse University (1991). Recopilación de estudios que
tienden también al contenido político, como Desafíos a la libertad, El
lenguaje de la pasión y en sus memorias El pez en el agua.
Actividad de Vargas
Llosa que no sólo se ha limitado a los géneros narrativos y crítica literaria,
sino también al teatro, como La señorita de Tacn y Kathia y el
hipopótamo, armadas sobre el contrapunto de dos tiempos no reales, de unos
personajes que se desdoblan o multiplican en escena, que apuntan al topos
característico de la ilusión de la totalidad humana, tal como lo define el propio Vargas Llosa en el prólogo
que figura al frente de Kathia y el hipopótamo, es decir: la unidad
irrompible de actos y deseos, en una experiencia donde lo objetivo y lo
subjetivo, lo real y lo irreal, se funden y configuran . Una honda o profunda atención
por parte del autor a las relaciones entre la vida y la ficción, alquimia que
le fascina porque, según sus palabras, “la entiendo menos cuanto más la
practico”. Vargas Llosa reflexiona sobre las nuevas formas del teatro y poco
antes de publicar La Chunga –a raíz de su deseo de la creación de una
corporación teatral que explorara en los escenarios nuevos caminos- incide en
la búsqueda de nuevas formas y en vez de seguir transitando, cacofónicamente,
por los tres modelos canónicos del teatro moderno que, de tan usados, comienzan
ya a dar señales de esclerosis: el didactismo épico de Brecht, los
divertimentos del teatro del absurdo y los disfuerzos del happening
y demás variantes del espectáculo desprovisto de texto.
La Chunga, pieza dramática
muy lograda en el planteamiento de las alteridades que tanto atraen y
sugestionan al propio escritor en sus comedias, no existiendo como en
anteriores obras la figura de un escritor que a la vez que interviene como
personaje compone la obra, Vargas Llosa despliega un abanico de
personificaciones cambiantes y sustitutivas, de verificaciones, falsías o
silencios, recursos que le da a la comedia un sesgo original e innovador, como
en El loco de los balcones o en Ojos bonitos, cuadros feos.
Recientemente hemos
conocido a un Vargas Llosa intérprete, al modo de ese formidable o fabuloso actor-manager
del siglo XIX británico. La fascinación que hemos sentido como espectadores
ante sus espectáculos –La verdad de las mentiras y Odisea y Penélope-
puede ser comparable con la lectura temprana de sus creaciones literarias
experimentadas a lo largo de nuestra vida.
En
lo concerniente a sus novelas su trayectoria literaria le convierte en un
renovador de la técnica narrativa configurada por la complejidad del
multiperspectivismo, la utilización de flashback, la supresión del
narrador omnisciente a favor de una compleja variedad de narradores, la
exposición y desarrollo de historias paralelas, la multiplicidad de variantes y
registros idiomáticos. Aspectos que constituyen una nueva forma de narrar que
está en clara oposición al realismo crítico de la anterior generación de Vargas
Llosa. Precisamente la grandeza del escritor está configurada por estas innovadoras
técnicas narrativas y por la singular forma de crear una peripecia argumental
compleja y rica en matices. Iniciativa y proyecto literario que subyacen en su
rico mundo de ficción y que se basa, fundamentalmente –tal como confiesa en sus
Memorias- en el uso de la experiencia personal como punto de partida
para la fantasía y en emplear una forma que finge el realismo mediante
precisiones geográficas y urbanas; una objetividad lograda a través de diálogos
y descripciones hechas desde un punto de vista impersonal, borrando las huellas
de autor y, por último, una actitud crítica de cierta problemática que es el
contexto u horizonte de la anécdota. Recursos literarios e innovación narrativa
que le convierten en novelista ejemplar y universal.
Quisiera destacar
también otros méritos que complementan los anteriormente mencionados. D. Mario
Vargas Llosa es miembro de la Real Academia Peruana de la Lengua y de la Real
Academia Española, profesor y conferenciante en universidades americanas y
europeas de gran prestigio, premio Príncipe de Asturias de las Letras (1986),
Premio Cervantes (1995), entre otros muchos galardones. Sus novelas han sido
traducidas a más de treinta idiomas. Deseo señalar, finalmente, su compromiso
con la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Como Presidente de su Patronato
y Consejo Científico la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes está tutelada y
avalada con el rigor académico y científico que deseamos quienes formamos parte
de la misma. La vocación universal de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes,
considerada hoy en día un referente único en la comunidad internacional, no
puede encontrar mejor mentor académico que la figura del escritor D. Mario
Vargas Llosa. Así pues, considerados y expuestos todos estos hechos, dignísimas
autoridades y claustrales, solicito con toda consideración y encarecidamente
ruego que se le otorgue y confiera al Sr. D. Mario Vargas Llosa el supremo
grado de Doctor Honoris Causa por la Universidad de Alicante.
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