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Apunte biográfico de Ryoji Noyori
Ryoji Noyori nació
en Kobe (Japón) en 1938 como hijo de Kaneki y Suzuko Noyori, siendo
su padre el Director de una compañía de productos químicos,
lo que influyó decisivamente en su futura vida profesional. Está
casado (1972) con Hiroko y tiene dos hijos Eiji (1973) y Koji (1978), dedicados
al periodismo y al arte, respectivamente.
Estudió química
en la Universidad Imperial de Kyoto (1961), completando sus grados de Máster
(1963) y Doctor (1967) en la misma institución bajo la supervisión
del Profesor H. Nozaki. De forma inesperada, en 1967 recibió una
oferta de la Universidad de Nagoya para ocupar una cátedra de nueva
creación. Sin embargo, por ser demasiado joven (solamente 29 años),
fue nombrado Profesor Asociado, con lo que tiene que posponer su periodo
posdoctoral hasta 1969. Este año se traslada a la Universidad de
Harvard (Estados Unidos) para trabajar durante un año con el Profesor
E. J. Corey, Doctor Honoris Causa por esta Universidad y Premio Nobel de
Química en 1990. Regresa a Nagoya en 1970, donde fue promovido a
Catedrático en 1972 con solo 33 años, y desde entonces desarrolla
allí sus labores docentes e investigadoras. En la actualidad es
además Director del centro de Investigaciones en Ciencia de los
Materiales.
La extraordinaria labor investigadora
de Noyori fué reconocida en el año 2001 cuando la Real Academia
Sueca de Ciencias le concedió el Premio Nobel de Química,
junto con los americanos W. S. Knowles y K. B. Sharpless “por sus trabajos
sobre hidrogenaciones y oxidaciones catalíticas asimétricas”.
En el caso de Noyori, sus aportaciones científicas más destacadas
incluyen la generación de catalizadores de naturaleza organometálica
que portan ligandos quirales capaces de llevar a cabo transformaciones
químicas extraordinariamente eficaces y selectivas, comparables
a los procesos enzimáticos.
Entre sus numerosas distinciones,
se encuentran las de ser Doctor Honoris Causa por diferentes universidades,
así como miembro honorario de diversas sociedades científicas
internacionales. De su treintena de premios internacionales, aparte del
Premio Nobel antes citado, él está particularmente orgulloso
de haber recibido la Orden de Cultura de Japón en el año
2000 de manos del Emperador de este país. Sus aportaciones científicas
se recogen en unas 500 publicaciones y cerca de 200 patentes de una elevadísima
calidad. Algunos de sus catalizadores se emplean en procesos industriales
de gran repercusión económica y social.
Finalmente, y tomando sus
propias palabras, “el uso de catalizadores organometálicos en transformaciones
químicas es un espacio científico de enorme impacto tecnológico
y, lo que es mas importante, de beneficio general para la sociedad”. Probablemente,
en esta frase se encierra la aportación fundamental de la Química
al mundo de los fármacos, materiales de todo tipo, productos agroalimentarios,
plaguicidas, etc., que han contribuido de forma decisiva al desarrollo
y bienestar de la Humanidad.
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