Su
Alteza Real,
Molt Honorable President de la Generalitat,
Excmo. Sr. Rector Magnífico,
Excmos. e Ilmos. Sres.,
Sras. y Sres.:
Esta distinción que la Universidad
de Alicante me ha concedido supone el reconocimiento a la infatigable labor
educativa que el Comité Olímpico Internacional realiza desde
hace casi cien años y un estímulo para que sigamos por el
mismo camino en el futuro.
A principios del siglo pasado, el profesor
de universidad británico, Thomas Arnold, convirtió el deporte
en un complemento de la educación. Mediante la práctica de
juegos y deportes, creó una pedagogía de la responsabilidad
individual y de la solidaridad social. Los métodos educativos de
Thomas Arnold se difundieron rápidamente por toda Inglaterra. Su
visión del deporte, libremente aceptado y organizado, influyó
en varias generaciones de hombres que asumieron la dirección del
país contribuyendo a crear el gran imperio británico. Fue
el primer paso importante para que el deporte como complemento imprescindible
de la formación del hombre, empezara a convertirse en factor de
primer orden en nuestra sociedad, Cuando, poco después, el fundador
del Movimiento Olímpico moderno, el barón Pierre de Coubertin,
visitó Inglaterra, el ejemplo de los educadores de ese país,
así como el de las Universidades de Estados Unidos y Canadá,
le reveló hasta que punto el deporte unido a la cultura puede ser
una escuela de formación del carácter y de perfeccionamiento
moral. Todo ello, junto a la armonía de cuerpo y alma que veía
en los Juegos Olímpicos de la Antigüedad, ejerció sobre
él una gran influencia.
El acto de fundación del Comité
Olímpico Internacional en la Universidad de la Sorbona, en París
en 1894, marca ya desde su nacimiento la estrecha relación entre
Olimpismo y Cultura. El Olimpismo es una filosofía que se esfuerza
por crear un estilo de vida basado en la alegría del esfuerzo, el
valor educativo del buen ejemplo y el respeto por los principios éticos
fundamentales. El Movimiento Olímpico y el deporte en general se
han convertido en el fenómeno social más importante de nuestros
días. Nuestra historia casi centenaria nos ofrece la certeza de
que en el porvenir, igual que en el pasado, el Olimpismo manifestará
su fuerza conciliadora y su humanismo. Para ello, hemos de seguir preservando
nuestra fuerza principal, la independencia, que hemos procurado mantener
a lo largo de las vicisitudes de los últimos años. Tengo
que reconocerles que en muchas ocasiones no es fácil sortear entre
las presiones políticas de todo orden. Estamos convencidos de que
el deporte organizado según los ideales olímpicos puede desarrollar
valores humanos de gran importancia y favorecer las relaciones de armonía,
solidaridad y paz entre los pueblos.
Pero todo esto no serían más
que palabras vanas si no nos planteáramos preguntas sobre los aspectos
morales del deporte tal y como se practica en nuestros días y sobre
el significado profundo de la armonía entre cultura y deporte.
El deporte debe contribuir a fomentar
el valor, estimulando a sus practicantes a luchar contra las dificultades
en vez de rendirse ante la adversidad; la moderación, enseñándoles
la importancia del autodominio y del sentido del orden; la justicia, exigiéndoles
una actitud leal de juego limpio y también de respeto hacia unas
normas y reglamentos; y la modestia, haciéndoles evaluar las propias
virtudes y cualidades de manera objetiva y en comparación con los
demás. Es más difícil saber ganar que perder.
Pero al mismo tiempo, el Movimiento
Olímpico debe reflexionar sobre los peligros que amenazan el deporte
moderno. En un momento en que es cada vez más accesible y puede
contribuir mejor que nunca al bienestar físico y moral de la población,
sucede que a veces se desvía de su auténtica función.
Doping, comercialización, excesivo profesionalismo, nacionalismos
mal interpretados, son algunos de estos peligros. Nuestra misión
consiste en que los Juegos Olímpicos, que generan importantes recursos
y un interés informativo de enorme alcance, estén siempre
al servicio del Movimiento Olímpico y sus ideales. Nuestra acción
en este sentido debe ser poderosa, multiforme y coordinada. El primer centenario
de la fundación de nuestro organismo en 1994 parece el momento oportuno
para hacer el balance y actualizar los ideales heredados de Pierre de Coubertin
y nuestros predecesores, de manera que puedan contribuir eficazmente a
crear un mundo mejor. Cambios en el Movimiento Olímpico son necesarios
ya que es nuestra sociedad la que se renueva constantemente.
Señor Rector Magnífico...
Como he empezado diciendo, con esta
distinción la Universidad de Alicante rinde homenaje a todo el movimiento
Olímpico, reconociendo la importancia que éste ha prestado
siempre a la cultura. Al agradeceros sinceramente, en nombre del Comité
Olímpico Internacional, este doctorado Honoris Causa que
me habéis otorgado, quisiera haceros una reflexión final.
He repetido muchas veces que Olimpismo es deporte más cultura. El
mundo del deporte admira y necesita profundamente al mundo de la cultura.
Permitidme que os pida a vosotros universitarios, representantes por antonomasia
del mundo de la cultura, que adoptéis frente al deporte la misma
actitud entusiasta que nosotros, deportistas, adoptamos frente a vuestro
mundo. El adagio clásico Mens sana in corpore sano no ha
perdido vigencia en el mundo actual. Para terminar, quisiera reiterar mi
agradecimiento a la Universidad de Alicante, a su Rector, a todo el claustro,
a mi padrino Gabriel Real, a vosotros estudiantes, a los cuales pertenece
el futuro. Espero que habrán captado mi mensaje, la simbiosis de
cultura y deporte no solamente es posible sino necesaria, Desearía
también rendir homenaje a S.A.R. la Infanta de España Doña
Cristina. Con su presidencia en este acto, ha querido demostrar una vez
más el apoyo e identificación de la Farmilia Real al deporte.
Ella misma con su participación en los Juegos Olímpicos de
Seúl fue un ejemplo de la gran afición.
Gracias Señora.
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