| LAUDATIO PRONUNCIADA POR DON
JOSÉ LUIS IGLESIAS BUHIGUES CON
MOTIVO DE LA INVESTIDURA COMO DOCTOR HONORIS CAUSA POR LA UNIVERSIDAD
DE ALICANTE DE D. JACQUES SANTER
6 de octubre de 1995
Molt Honorable Sr. President
de La Generalitat Valenciana
Excmo. y Magfco. Sr. Rector
de La Universidad de Alicante
Honorable Sr. Conseller
de Cultura y Educació
Excmos. y Magfcos. Srs.
Rectores
Excelentísimas e
Ilustrísimas Autoridades
Claustrales, Doctores, Alumnos
Señoras y Señores
I
La Universidad de Alicante
otorga en su más alta y solemne ceremonia, el sumo grado académico
al hoy noveno Presidente de la Comisión de las Comunidades Europeas,
Dr. Jacques SANTER, primer Presidente de la Institución investido
directamente por el Parlamento Europeo, como así lo exige el Tratado
de la Unión del que nuestro Doctorando es uno de los padres.
Excmo. y Magfco. Sr. Rector,
miembros todos de la Universidad lucentina, con la propuesta de vuestra
Facultad de Derecho, unánime e inmediatamente adoptada en Junta
de Gobierno, entusiásticamente apoyada, asumida, aplaudida, celebrada
por todos, habéis querido dejar constancia perenne de vuestra irreversible
vocación europea y, por ello, de vuestro reconocimiento a la persona
que, desde la más alta magistratura del más pequeño
pero con ella más comprometido Estado de la Unión, ha impulsado
con fuerza de gigante la causa europea y que hoy encarna a la Institución
guardiana de la misma.
Como Decano y como Catedrático
durante tantos años de la Facultad proponente, permitidme que me
asocie, con igual entusiasmo, a vuestra iniciativa. Como funcionario de
la Comisión Europea, aceptadme el aplauso sincero al acierto de
vuestra propuesta. En una y otra condición, mi agradecimiento profundo,
de todo corazón, a esta Universidad por el alto honor que me dispensa
al confiarme la honrosa tarea de laudar al Doctorando, alabanza que, de
no ser por imperativos del protocolo, sería innecesaria.
II
No se trata, esta vez, de
simbolizar, en la mayor expresión en que puede hacerlo la institución
universitaria, el reconocimiento a una labor a veces callada, a menudo
inadvertida más allá de los iniciados, pero que ha marcado
el progreso de las ciencias, de las artes o de las letras. No. Estamos,
hoy, en otra dimensión que engarza igualmente con las esencias de
la "universitas": rendimos homenaje a un luchador infatigable de la idea
europea, al hombre que hoy representa y simboliza a la Europa de la libertad,
edificada sobre las cenizas, para siempre, de la Europa de la incomprensión,
la Europa de la muerte.
Rendimos homenaje a una idea
de Europa que ha hecho posible la conquista día a día de
un sin igual período de paz, de estabilidad y de prosperidad; la
Europa que preserva, porque en ellos se fundamentan, los valores comunes
a sus pueblos: democracia, pluralismo, imperio del Derecho; la Europa de
la solidaridad que busca la unión cada vez mas estrecha entre sus
gentes sin menoscabo de la identidad, la cultura y las tradiciones de todas
ellas. Esa Europa que nace y avanza todos los días porque todos
los días se enfrenta a nuevos retos y que, de la superación
de los pasados, toma impulso para vencer en los presentes y venideros.
Los de mañana son de envergadura. Y diríase que el hombre
que hoy recibe los máximos honores académicos de esta Universidad,
que ostenta igualmente los de otras Universidades y Academias europeas
y norteamericanas, haya sido tocado por una suerte de predestinación
para enfrentarlos, para superarlos porque en el se conjugan las vivencias
y los fermentos que dieron lugar a la nueva Europa.
III
Cuando el 9 de mayo de 1950,
Robert Schuman lanza la idea fundacional de la Europa comunitaria, el hoy
Presidente de la Comisión Europea, sucesora de la que fuera la Alta
Autoridad de la CECA, tenía recién cumplidos los 13 años.
Si, como afirman los psicólogos, los acontecimientos vividos en
la infancia son determinantes en la formación del carácter,
a fe mía que no faltaron en los primeros años de nuestro
Doctorando eventos de magnitud extraordinaria para moldear una particular
forma de ser, de pensar, de decidir.
En efecto, esos trece años
vividos habían forjado en Jacques SANTER, por la fuerza de las cosas,
un carácter, un temple y una particular filosofía. El paso
de los años confirmaría a Jacques SANTER, en el decir de
los que han tenido el privilegio de estar en su entorno e, incluso, de
aquellos que profesan posiciones políticas alejadas de la suya,
como un hombre bueno, afable, inteligente y lleno de buen sentido, nada
dogmático –él mismo se define como hombre tranquilo y reflexivo
permanentemente preocupado por la suerte de los mas desfavorecidos-; así
consiguió, cuando la crisis del acero minara la base de la economía
de Luxemburgo, instaurar un diálogo social tripartito, Estado, Sindicatos
y Patronal, que no sólo sacó a su país del momento
económico quizá más grave de su historia sino que
ha hecho de él uno de los mas pacíficos y prósperos
del planeta. Federalista pragmático pero convencido, Jacques SANTER,
como la práctica totalidad de los demócratas-cristianos de
esa parte del continente, profesa el modelo que idearan Jean Monnet y Robert
Schumann, modelo que, en definitiva, asumido y apoyado a lo largo de todo
el proceso por otras corrientes políticas, ha traído la paz
en la libertad y el desarrollo al occidente europeo.
Al igual que los padres de
la nueva Europa, Jacques SANTER, como Adenauer en Renania-Palatinado o
De Gasperi en el Tirol del sur o como el mismo Robert Schumann en la Lotaringia,
nace en un lugar de frontera: en Wasserbilling, en la divisoria germano-luxemburguesa,
un 18 de mayo, con relaciones de familia a ambos lados de la raya.
Son tiempos aquellos de tensión
y turbulencia políticas:
Italia vivía el fascismo,
envalentonada con la ocupación de la entonces Abisinia.
La Alemania nacional-socialista
reclamaba, amenazadora, su "espacio vital": se había incorporado
el Sarre y, en violación del Tratado de Versalles, había
ya reestablecido el servicio militar obligatorio, elevado los efectivos
de su ejército, creado la aviación militar y, luego, la marina
de guerra; sus fuerzas habían ocupado la zona desmilitarizada de
Renania, ignorando los Pactos de Locarno.
El 1 de octubre de 1936 se
creaba el Eje germano-italiano, tres meses después de que España
se enfangara en guerra civil.
Año y medio más
tarde, en marzo de 1938, las fuerzas alemanas invadirían Austria
y proclamarían el "anschluss" y, a continuación, será
el turno de Chescoeslovaquia, que quedaría desmembrada en Munich:
allí es donde se pudo elegir, en palabras de Churchill, entre el
deshonor y la guerra; "habéis optado por el deshonor y no tardaréis
en tener la guerra", diría. Era el 29 de septiembre de 1938. Sólo
siete meses después, el 8 de abril, Italia se apoderaría
de Albania y, el 29 de agosto, inesperadamente, se firmaría el acuerdo
germano-ruso; es la guerra inmediata: el 1 de septiembre de 1939 las tropas
del Reich cruzan la frontera polaca; dos días mas tarde, Francia
y el Reino Unido declaran la guerra a Alemania.
Jacques SANTER tiene entonces
dos años y vive en la frontera germano-luxemburguesa, a escasos
kilómetros de Francia; su padre, agente de policía a la sazón,
es desplazado a Alemania y no volvería hasta cuatro años
después, cuando consigue desertar y ocultarse en la granja familiar,
de tal manera que su hijo, que no ha podido aún conocerle, asedia
a la madre, dedicada al cuidado de la casa, con preguntas sobre quién
es ese hombre que merodea; es, en definitiva, el pueblo llano que, desde
el mismo ojo del huracan, está viviendo los horrores de la gran
guerra, guerra que costó a Luxemburgo, de unos 300.000 habitantes,
5.000 muertos, 4.000 desaparecidos en campos de concentración y
otros 4.000 deportados a Alemania y Polonia.
IV
Como todos los niños
luxemburgueses, situados entre dos culturas y en permanente contacto con
ellas, Jacques SANTER debe aprender el alemán y el francés
desde sus estudios primarios. Su lengua materna es el “letzeburger",
derivado del alemán y salpicado de vocablos franceses. Después
tendrá que conocer la lengua de los negocios y de la política
internacional, el inglés. Cuentan sus biógrafos que el jovencito
SANTER, que se divertía rompiendo las vallas de los campos, ya en
sus primeros estudios soportaba con verdadero estoicismo las bromas y veras,
a menudo punzantes, de sus compañeros de clase: el azar había
querido que un muy conocido escritor indígena de novelas de vaqueros
de la época, Karl May -el equivalente allí a Marcial Lafuente
Estefanía en España- popularizara entre la juventud de habla
alemana al pistolero SANTER, asesino del padre del héroe de la serie,
Winnetou.
Nacido en la Europa de la
barbarie, educado en dos culturas enfrentadas, el niño SANTER, ya
en la paz pero crecido en esa paradoja del momento, derrota por los estudios
greco-latinos, que cursa durante siete años en el Instituto -el
Ateneo- de la capital de su país y, luego, en los superiores, por
las Letras y la Filosofía, mostrando escasa afición por las
enseñanzas de Pitágoras; este hombre que, en el discurrir
de los años sería Ministro de Economía y Hacienda,
Gobernador del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional y luego,
a partir de enero de 1991, del Banco Europeo de Reconstrucción y
Desarrollo.
Sin duda que en esa trayectoria
de altas responsabilidades internacionales tuvo mucho que ver su sólida
formación de jurista, carrera que cursa en la Facultad de Derecho
de Estrasburgo, seguida del doctorado en París, complementada con
los estudios de Ciencias Políticas, en el Instituto de Estudios
Políticos y que ejercerá como abogado ante el Tribunal de
Apelación de Luxemburgo.
Es en esa etapa primera de
su vida profesional cuando comienza a fraguarse el SANTER político:
el joven abogado va a velar su armas -sus códigos- como pasante
en el prestigioso bufete luxemburgués de Tony Biever. En ese despacho
profesional se habían formado, años antes, dos Primeros Ministros
que, como todos los del Gran Ducado desde 1950, habían marcado con
su nombre grandes momentos de la construcción europea: Pierre Werner,
precursor de la moneda única europea y Gaston Thorn, antecesor de
Jacques Delors en la presidencia de la Comisión Europea.
Jacques SANTER ingresa en
las juventudes católicas de su país. Él mismo cuenta
que si la Iglesia no hubiera respondido a las necesidades sociales como
él esperaba, quizá habría derivado hacia posiciones
político-sociales de otro signo. Con tono de cierta complicidad,
le gusta recordar cómo, en su juventud, festejara la victoria de
Fidel Castro sobre Batista o que Carlos Marx, de quien dice que planteó
las buenas preguntas pero dió las malas respuestas, había
nacido en Treveris, a sólo 30 km de su pueblo natal.
Todavía duda entre
la política y su carrera profesional que promete ser brillante.
Medita un tiempo y, en 1966, toma su decisión: puesto que es joven
y soltero, sin más preámbulos acepta el puesto de secretario
parlamentario del partido social-cristiano. Es, de nuevo, el destino: al
año siguiente, en un viaje de turismo, conoce en Israel a una joven
francesa, ayudante de Universidad, Daniele BINOT, con quien contrae matrimonio
tiempo después y que le dará dos hijos, Patric y Jerome.
Mme. BINOT sueña con que su esposo llegue a ocupar una notaría
pero la suerte está ya echada. El mismo Pierre Werner propone a
SANTER un puesto en el gabinete del Ministro de Trabajo y de la Seguridad
Social. SANTER tiene entonces 30 años. En esa ya decidida andadura,
Pierre Werner descubre inmediatamente que su pupilo es un hombre de talento
político afinado. Los años le van a dar la razón:
el nombre de Jacques SANTER va a quedar indisolublemente unido a la historia
política contemporánea de su país y a la de grandes
acontecimientos en el progresar de la construcción europea.
Secretario de Estado de Asuntos
Culturales y Sociales, Secretario General del Partido Social-Cristiano
y luego Presidente del mismo, eurodiputado y Vice-Presidente del P. E.,
Ministro de Hacienda, de Trabajo y de la Seguridad Social, en 1984 alcanza
la cima: Jefe del gobierno luxemburgués, gobierno de coalición
de cristiano-demócratas y socialistas, responsabilidad que sólo
abandonará para tomar las riendas del Ejecutivo europeo. Pero aún
tendrá que obtener, un 20 de julio de 1994, en la ciudad en la que
treinta y cinco años antes había cursado sus estudios de
Derecho y de la Institución comunitaria de la que había sido
su Vicepresidente -el P. E.- por primera vez en la historia institucional
de la Europa comunitaria y en virtud del Tratado que el mismo había
llevado hasta la pila bautismal, el voto de investidura como Presidente
de la Comisión Europea.
El círculo se ha cerrado.
Jacques SANTER, hijo de un agente de policía luego ascendido a comisario
y de un ama de casa, crecido entre dos culturas, social cristiano, lector
asiduo de Jacques Maritain, jurista y político, nacido en el mimo
seno de la destrucción de Europa, toma las riendas de la Institución
nacida para dirigir su reconstrucción sobre bases nuevas, para velar
por la pureza y la permanencia del impulso fundacional, para salvaguardar
el interés colectivo. Jacques SANTER -dirá su gran amigo
el canciller Helmut Kohl- ha respondido a la llamada de Europa. En efecto,
sobre él recae ahora la misión de llevar a Europa al Siglo
XXI.
No son pocos los desafíos
ni es parco el calibre de los mismos, que le esperan en estos escasos cinco
años que restan para el tránsito. Mas el Presidente está
perfectamente equipado para superarlos: a su formación y a sus vivencias
y trayectoria personales, hay que sumar una amplia experiencia política,
interna e internacional, ganada, primero, en el gobierno luxemburgués,
luego, en la década al frente del mismo. En fin, su apuesta por
la construcción de la nueva Europa está mas que contrastada:
el Presidente SANTER ha participado en una treintena de Consejos de Ministros
comunitarios y ha presidido dos de los Consejos Europeos de mayor relieve
en el desarrollo de la unificación europea: el de diciembre de 1985,
que aprobó y puso en marcha el Acta Única Europea y el de
junio de 1991 que llevó prácticamente consensuado hasta las
puertas de Maastricht el Tratado de la Unión.
V
Esos retos que esperan al
Presidente SANTER fueron ya asumidos y convertidos en prioridades desde
el mismo discurso ante el P. E. con motivo de la investidura de la nueva
Comisión, el 17 de enero de este año: por primera vez en
la historia comunitaria, los representantes de los pueblos reunidos en
la Unión eran llamados para investir con sus votos a la Institución
encargada de defender el interés común y, con ello, a reforzar
su legitimidad democrática. Ante ellos, el Presidente de la Institución
desgranó sus prioridades:
1. En los últimos
cinco años, Europa ha vivido acontecimientos tan inesperados como
de excepcional importancia: la caída del comunismo soviético
y la reunificación alemana pero también el despertar de nacionalismos
exacerbados; la Unión Europea ha hecho el milagro de que la guerra
entre sus pueblos sea, hoy, inimaginable. Así que debemos, ante
todo, conservar y desarrollar lo que hemos construido en estos cincuenta
últimos años. Para ello, hay que reconquistar a nuestras
opiniones públicas y tenerlas en el permanente convencimiento de
que la construcción de la nueva Europa ha sido y será siempre
una necesidad imposible de orillar, que la Unión debe ser un modelo
de derechos humanos que el Presidente toma personalmente en mano.
2. Desarrollar una economía
fuerte que beneficie a todos. Es la llamada a la solidaridad. Hay así
que encontrar un nuevo crecimiento económico en el marco del modelo
europeo para acabar definitivamente con el mal endémico del paro
en nuestras sociedades. Crecimiento en la cohesión sobre todo en
las regiones pues el europeo es un proyecto global; calidad de vida y,
para ello, integración de la dimensión medioambiental y revitalización
de las zonas rurales y de las ciudades intermedias. La Comisión
no puede, ciertamente, crear empleos; esa tarea corresponde a los Estados
miembros. Pero la Comisión si puede -y en ello está empeñada-
favorecer y estimular las medidas que allanan el camino: una política
dinámica de investigación y desarrollo, un sistema eficaz
de educación y formación, consciente de que la lucha por
el empleo comienza con la mejora de la cualificación profesional
de los jóvenes y de su formación permanente. En esta tarea,
otros actores y agentes económicos y sociales, como las empresas
y, singularmente las Universidades, tienen una importante función
que desarrollar.
3. Preparar a la Comisión
para las futuras adhesiones que se avecinan y, al mismo tiempo, orientar
a los países de la Europa central y oriental en el camino hacia
la integración. Ello exigirá naturalmente la adopción
de decisiones cruciales que garanticen la necesaria cohesión de
las economías y de las políticas comunitarias existentes,
incluido el nada fácil tema de su financiación. En cualquier
caso y sobre todo, la cohesión económica y social es y seguirá
siendo un pilar fundamental de la Unión. Así que el camino
va a ser largo y difícil pero, desde luego, es inevitable. Ahora
bien, la ampliación de la Unión no puede utilizarse como
pretexto que justifique el desmantelamiento del acervo comunitario. En
este punto, el Presidente ha sido categórico: la Comisión
no avalará de ningún modo el paso atrás en lo ya conseguido.
4. Una economía fuerte
exige una moneda única fuerte. Europa necesita, además, un
estatuto monetario internacional acorde con su peso económico y
social. En este punto, el Presidente hace honor a su padre político:
"Si no hay una moneda única en 1999, fracasamos”, ha dicho tajante.
5. Por último, hay
que relanzar, con carácter inmediato, el proceso de integración
pero de manera que los grandes principios que sustentan a la Unión
sean visibles, accesibles, comprensibles para el ciudadano: es la gran
reforma del Tratado que debe operar la Conferencia intergubernamental del
año próximo. Para esa cita, el Presidente SANTER se ha comprometido
personal y solemnemente a erigir en tarea cotidiana de la nueva Comisión
la confirmación de nuestros valores comunes y de los grandes objetivos
subyacentes en la construcción europea. Hay también un punto
crucial de enorme transcendencia: la puesta en marcha de una auténtica
política de defensa común cuya necesidad aparece cada vez
más evidente y premiosa.
La Conferencia que debe comenzar
en breve puede ser la madre de todas las reformas, la que trace el definitivo
camino de Europa para el inmediato futuro. Pero ese camino hacia la unión
integradora debe recorrerse como prolongación de lo ya conseguido
y en el respeto de esas peculiares reglas y principios comunes que han
sido, siempre, un factor de integración: el derecho comunitario.
Este es un tema de altura. Un tema para lección magistral. Nadie
mejor para abordarlo que el nuevo Doctor de esta Universidad, el Presidente
de la Comisión Europea.
CLAUSTRALES, DOCTORES:
Desde hoy contaréis
entre vosotros, si aquiescéis, al Presidente SANTER y, con él,
con una forma de entender la causa de Europa. ApoyadIo, defendedla. Que
con vuestro hacer de todos los días, el nuevo Doctor sienta y palpe
en el ejercicio cotidiano de sus altas responsabilidades, que tiene tras
sí el hálito que no cesa de una tierra y unas gentes que
son y se sienten parte de la Europa que renace en la paz, en la libertad,
en la solidaridad.
Excmo. y Magfco. Sr. Rector:
Sabed que con este acto de
investidura, vuestra Universidad se ha juramentado definitivamente y para
siempre con Europa.
"Así pues, considerados
y expuestos todos estos hechos, dignísimas autoridades y claustrales,
solicito con toda consideración y encarecidamente ruego que se otorgue
y confiera al Excmo Sr. D. Jacques SANTER el supremo grado de Doctor
Honoris Causa por la Universidad de Alicante."
He dicho.
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