LAUDATIO PRONUNCIADA POR EL PROF. FÉLIX RODRÍGUEZ GONZÁLEZ CON MOTIVO DE LA INVESTIDURA COMO DOCTOR HONORIS CAUSA POR
LA UNIVERSIDAD DE ALICANTE DEL SR. MANUEL SECO REYMUNDO.
Alicante 28 de enero de 2010
Excmo. y Magfco.
Señor Rector de la Universidad de Alicante,
dignísimas autoridades,
ilustres profesores
y claustro universitario,
alumnos y amigos
señoras y señores.
En los últimos años la Universidad de Alicante ha tenido el honor de participar en la
investidura como Doctor Honoris Causa de ilustres profesores y académicos que
han dedicado sus vidas a la investigación en diferentes disciplinas
relacionadas con el lenguaje, entre las
que figuran la gramática, la filología y la sociolingüística. Hoy, con este
acto entrañable, me propongo evocar una faceta no siempre suficientemente
valorada pero que adquiere una mayor relevancia social por su lado práctico -la
lexicografía-, importante en la
medida en que pone a disposición del público general el código común que es
nuestro idioma. Su registro en forma de diccionarios, provistos de la necesaria
técnica y arte en su confección, nos permite una comunicación más eficiente a
la par que ayuda a la transmisión y a la mejor comprensión del legado de
nuestra cultura. En este campo, pues, es un honor para mí y para los filólogos
de la Universidad de Alicante, a quienes hoy represento, contar con la presencia de quien
a juicio de los estudiosos es su figura más destacada, no sólo por sus estudios
teóricos, en un momento en que la lexicografía se abría paso en nuestro país,
sino y sobre todo por su Diccionario del español actual (en colaboración
con Olimpia
Andrés y Gabino Ramos), que es el primer diccionario
sincrónico, descriptivo y documentado de la lengua española, así como su obra más importante y conocida.
Tras un largo
proceso de elaboración de casi treinta años, el diccionario vio la luz en 1999,
sin haber podido contar la mayor parte de este tiempo con los recursos técnicos
de la época actual. Si pensamos también que es un diccionario de nueva planta, referido
únicamente al español peninsular, en el que sus autores prescindieron de las
definiciones y usos de obras anteriores, devenidos obsoletos en muchos casos, y
que incorpora además en su microestructura el régimen gramatical que guía la
utilización de las palabras, podremos
comprender su verdadera trascendencia. Largamente esperado, el diccionario no
pudo ser mejor acogido, y no sólo en los foros académicos. Por su importancia y su difusión, en ese mismo año de
1999, le fue concedido a don Manuel Seco el Premio de Cultura de la Comunidad de Madrid. Y el diario El Mundo lo clasificó como el libro del año. Su primera tirada se agotó en la primera
semana, para sorpresa de sus autores y la editorial, y tras ella se han
publicado cuatro reimpresiones entre 1999 y 2008.
La práctica lexicográfica de Manuel Seco no se reduce sólo a este y otros diccionarios de uso, sino que ha sido
constante y variada, y viene de antiguo,
desde que allá por 1962 (cuando contaba poco más de treinta años) fue nombrado
miembro del Seminario de Lexicografía de la Real Academia para trabajar, bajo la dirección de Rafael Lapesa, en el ambicioso proyecto del Diccionario histórico
de la lengua española (DHLE). Con esta obra se pretendía seguir los pasos de otras
importantes lenguas de nuestro entorno, como el inglés, el francés, el alemán y
el italiano, que cuentan ya desde hace tiempo con extensísimos y magníficos
repertorios que dan cuenta de los significados que las palabras van acumulando
a lo largo de su historia. En este proyecto Manuel Seco
desempeñó sucesivamente los cargos de Redactor, Redactor
Especial, Redactor Jefe, Académico Redactor y finalmente Director. En 1979 fue
elegido miembro de número de la Academia, y en 1981,
nombrado Director del Seminario de Lexicografía y del Diccionario histórico, dio a la obra nuevo impulso y continuó
impregnándola de sus profundos conocimientos en la materia. Pero,
lamentablemente, en 1996 la Academia decidió suprimir
el Seminario de Lexicografía y por tanto el Diccionario que en él se
redactaba. Tres años antes, Manuel Seco había abandonado su dirección.
Pudiera parecer que tras destacar la lexicografía y su
práctica como su faceta más conocida, en la que sus méritos son ya más que
suficientes para justificar nuestra propuesta de investidura honoris causa,
hemos cumplido ya con la labor de presentarlo a las dignas autoridades de la Universidad de Alicante o al público en general. Pero, si no
queremos “traicionar” en esta presentación una larga vida de dedicación al
trabajo, es obligado que hagamos referencia a otros destacados aspectos de su
labor docente e investigadora.
Desde sus comienzos como investigador, su actividad se ha desarrollado siempre en el ámbito de la lengua
española, en dos direcciones con frecuencia entrelazadas: el léxico y la
gramática. En el campo del léxico, entre otros muchos trabajos, memorable es su
tesis doctoral sobre el lenguaje de las obras de un insigne dramaturgo, por
cierto oriundo de Alicante, Arniches. De ella procede su libro Arniches y el habla de Madrid (1970),
galardonado con el Premio Rivadeneira por la Real Academia Española. El
título es bien descriptivo, ya que el teatro de Arniches estaba ambientado en
el Madrid castizo, por lo que fue una rica fuente para el estudio del lenguaje
coloquial y los niveles de uso, tan presentes en la investigación del
doctorando a lo largo de su obra. Hace poco se lo recordaba a mi colega Juan Antonio Ríos, estudioso del
teatro, quien me comentó que nunca investigador alguno volvió sobre el tema de
Arniches, añadiendo como explicación que
tras la investigación de Manuel Seco no quedaba nada por investigar. Ese
acabado que da a sus investigaciones, con su entrega y perseverancia, es una
nota que se repite en todas ellas y las convierte en ineludibles obras de
referencia.
El otro campo de
interés en el que ha dejado una huella indeleble es la gramática. No hace mucho
tiempo que el director del Instituto de Lexicografía de la Real Academia, Gregorio
Salvador, se refería a él, en uno de sus ensayos, como “el primero de los
grandes gramáticos”. Su interés por la gramática casi se podría decir que es
genético. Y es que Manuel Seco es hijo del gramático Rafael Seco, profesor de la Universidad de Madrid —ahora
Complutense— cuyo Manual de gramática
española (1930) fue por su modernidad muy apreciado en su momento, y
después alcanzó notable difusión gracias, precisamente, a las sucesivas
ediciones, de 1954 a 1988, cuidadas y
actualizadas por su propio hijo (todavía un niño cuando aquél falleció en
1933). En esa misma Universidad de Madrid tendría Manuel Seco como maestros,
entre otros, a Dámaso Alonso y al ya aludido Rafael Lapesa. Su dominio de la gramática clásica y de la gramática tradicional
española, su sentido práctico y sensato de la norma lingüística, de aquello que
es correcto o inapropiado cuando hablamos o escribimos, le llevó a elaborar y publicar
dos obras imprescindibles que han conocido, desde su primera salida, gran éxito
editorial: la primera de ellas, el Diccionario
de dudas y dificultades de la lengua española, publicado en nuestro país en 1961 (y desde entonces continuamente
actualizado hasta alcanzar la 10ª edición, en
1998, y reimpresa ésta catorce veces hasta 2009). Es el libro de carácter orientador y normativo más
difundido e influyente en el mundo hispánico. Durante casi medio siglo, este diccionario ha sido instrumento de
obligada consulta para personas profesionalmente relacionadas con el
idioma: profesores, lingüistas, traductores,
periodistas, redactores de información y opinión, escritores y correctores. Y
lo sigue siendo hoy, todo un clásico, junto con su Guía práctica del español
actual (en colaboración con Elena Hernández), edición de bolsillo que
muchos de nuestros alumnos universitarios consultan con asiduidad. La segunda
obra, más teórica y descriptiva, fue la Gramática esencial del español. Introducción al estudio de la
lengua (1972), cuya edición de bolsillo (1994) se ha reimpreso nueve veces
hasta 2008.
Aunque uno estará
tentado a colegir tras esta exposición que el doctorando ha centrado su vida
profesional exclusivamente en la investigación, a decir verdad ésta ha ido de
la mano siempre, de un modo más o menos manifiesto, de la docencia. Manuel Seco
nunca ha dejado de ser un maestro, un profesor, un extraordinario profesor de
lengua española, tanto en las aulas como fuera de ellas. Se doctoró con Premio
Extraordinario en 1969, pero mucho antes, en 1960, había ganado por oposición
una cátedra de instituto de Lengua y Literatura Españolas, cargo que desempeñó
en Ávila, Guadalajara y Madrid hasta 1977. Su vocación docente, unida a las
perentorias necesidades de la época, le
llevó a dejarse buena parte de su vida en el ejercicio de la docencia en los
niveles de la hoy llamada, de manera no del todo afortunada, “enseñanza no universitaria”
o, siguiendo los modelos inglés y francés, “enseñanza secundaria”. Precisamente
en estos momentos en que la crítica de la
sociedad arrecia contra nuestra educación, y de manera especial sobre
este sector de la enseñanza, nada más
oportuno que tributar este público reconocimiento a un insigne integrante del
cuerpo de Catedráticos de Enseñanza Media, un ilustre cuerpo que en Francia
cuenta con figuras tan destacadas en las letras y el pensamiento como Mallarmé
y Bergson, y al que en España pertenecieron, entre otros, lingüistas como
Vicente García de Diego, Samuel Gili Gaya, Salvador Fernández Ramírez, Rafael
Lapesa y Alonso Zamora Vicente, y literatos como Antonio Machado, Gerardo
Diego, Guillermo Díaz-Plaja y Gonzalo Torrente Ballester. El paso de Manuel
Seco por la Enseñanza Media dejó también
marcada su huella. Su preocupación constante por renovar la enseñanza de la
lengua y la literatura en el Bachillerato le llevó a presentar en su memoria de
oposición a cátedra un estudio profundo del problema, con precisas
orientaciones que hicieron que la Dirección General de Enseñanza
Media, comprendiendo su eficacia, la
publicara en 1961 con el título de Metodología
de la lengua y literatura españolas en el Bachillerato. Se reeditó en 1966
y todavía sirve de valiosa guía. Su llamada de atención a los responsables del
Ministerio de Educación y Ciencia para que modifiquen los programas oficiales,
poniendo énfasis en la importancia del
conocimiento del idioma y en la escasa atención que se presta a su aprendizaje,
adquiere toda su vigencia.
Digno de destacarse
también es que simultaneara Manuel Seco su labor en la Enseñanza Media con sus tempranas
investigaciones. Todas ellas, incluida su labor lexicográfica, las llevó a cabo
en su tiempo libre, con el consiguiente sacrificio personal. Incluso durante el
tramo de su vida en que, alejado de las aulas, se ha dedicado más a la
investigación, Manuel Seco no ha dejado de ejercer su vocación docente,
reorientándola a la formación de sus más cercanos colaboradores, sin olvidar
las numerosas conferencias dadas en las universidades y los centros culturales
de España y del extranjero donde se le ha requerido y, por supuesto el
magisterio ejercido sobre aquellos que sin escucharle pueden leer el patrimonio
que nos deja, con más de doscientas publicaciones, buena parte de ellas
dedicadas a la lexicografía española y a la técnica lexicográfica. Maestro de
lexicógrafos, Manuel Seco recogió sus principales indagaciones en este campo en
el volumen Estudios de lexicografía
española (1987; 2ª ed.,
2003), en cierto modo emanación natural de su vida profesional.
A pesar de que la labor desarrollada en la Real Academia por vínculo profesional acabó hace tiempo, en 1993,
la vida de Manuel Seco ha continuado
estrechamente ligada a esta docta institución. Desde 2000
es Asesor del Instituto de Lexicografía, y en este cargo ha colaborado
muy activamente en la preparación de dos obras académicas: Diccionario del estudiante (2005) y Diccionario práctico del estudiante
(2007), dirigidos ambos por Elena Zamora; y después, hasta el momento, colabora
como asesor en la preparación de la edición 23ª del Diccionario de la Real Academia Española (DRAE),
de la que es responsable Olimpia Andrés.
Aparte de su capacidad de trabajo, quienes lo conocen,
sean amigos, colegas o discípulos, destacan otras cualidades humanas de primer
orden, como su humildad, su trato
afable, su honradez intelectual y su
generosidad. Su generosidad se ha hecho visible a través de los escritos que,
como muestra de agradecimiento, ha publicado en revistas lingüísticas sobre obras de los académicos Salvador
Fernández Ramírez, Rafael Lapesa y Alonso Zamora Vicente, aparte de las reseñas
periodísticas sobre otros autores. Y de su generosidad y finura de trato me congratulo
de poder dar un testimonio personal, pues hace treinta años me acogió en la
sede de la Real Academia Española, sin intermediarios de por medio, mostrándose bien dispuesto a
conocer mis primeros pasos en la investigación, abriendo así un camino de
colaboración que, aunque con interrupciones, ha perdurado hasta hoy.
Esa humildad tan natural en él, sin engolamiento, se
refleja en el particular estilo de sus escritos. Tiene la rara virtud, que
muchos admiramos, de no saber ser oscuro, lo que unido a su toque de humor y en ocasiones de ironía, le da un sello
pedagógico que se torna muy eficaz.
Otra nota que siempre causa admiración, seguramente
ligada a su sencillez y su honradez intelectual, es su espíritu independiente y
su voluntario alejamiento de los centros de poder, permaneciendo así al margen
de las turbulencias en que se ve envuelta la vida universitaria, lo que sin
duda le ha reportado la tranquilidad que requiere un trabajo creativo de
envergadura como el suyo. Y esto me recuerda la
advertencia que hiciera el filósofo inglés Francis Bacon, en su ensayo “De la alta
posición”, acerca de las servidumbres del poder, cuando llamó la
atención sobre lo extraño que resulta buscar el poder sobre los demás para
acabar perdiéndolo uno mismo, al perder la
libertad y el tiempo para poder disfrutar de ésta.
No quisiera
terminar mi intervención sin expresar la inmensa alegría que siento hoy, en una
festividad tan significada para los estudiantes como lo es el día de Santo
Tomás de Aquino, al evocar cualidades
ejemplarizantes como la constancia
en el trabajo, la sabiduría y la
humanidad que se funden en la persona de don Manuel Seco,
Así pues, considerados y expuestos todos
estos hechos, dignísimas autoridades y claustrales, solicito con toda
consideración, y encarecidamente ruego, que se otorgue y confiera al Excmo. Sr.
D. Manuel Seco Reymundo el
supremo grado de Doctor Honoris Causa
por la Universidad de Alicante.
Muchas gracias.
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