Discurso pronunciado por
William F. Sharpe con motivo de su investidura como Doctor Honoris Causa
por la Universidad de Alicante
Marzo de 2003
Representa para mí
un enorme privilegio y un gran placer entrar a formar parte del distinguido
grupo de personas a las que esta magnífica universidad ha otorgado
el grado de Doctor Honoris Causa. Conozco a tres de mis predecesores personalmente,
y a otros muchos por su reputación.
Es también un gozo
para mí poder participar en esta majestuosa ceremonia que tiene
lugar en este bello campus universitario.
A lo largo de los años,
he tenido la fortuna de poder venir a España muchas veces.
He visitado universidades, oficinas gubernamentales y empresas, además
de haber participado en conferencias y congresos. También he tenido
ocasión de profundizar en el conocimiento de la investigación
en el campo de la economía que se desarrolla aquí por haber
formado parte en varias ocasiones del jurado que concede el premio “Rey
Jaime I” de Economía.
Al haber vivido la mayor
parte de mi vida en California, siento una atracción natural por
este país y sus habitantes. Mi esposa Kathy y yo pasamos la
mayor parte del tiempo en Carmel, California, a kilómetro y medio
de la Misión de San Carlos Borromeo de Carmelo, fundada por Fray
Junípero Serra, un sacerdote franciscano, en 1771. Nuestra
casa está es una calle llamada Camino Real. La bella lengua española
es el primer o segundo idioma de un 30% de los escolares californianos
y de un gran número de adultos. No es por tanto de extrañar
que nos encontremos aquí realmente como en casa.
Agradezco de verdad poder
unirme a la familia de la Universidad de Alicante. Como se afirma en su
excelente página web, esta universidad pone toda su dedicación
para “estar a la vanguardia de la generación e intercambio de conocimientos”.
También hace hincapié en la tecnología y la internacionalización
de los conocimientos. La celebración de una impresionante feria
tecnológica en Alicante mientras estamos aquí reunidos demuestra
la influencia de la universidad en este ámbito. La lista de mis
predecesores en este honor, así como la amplia gama de actividades
educativas desarrolladas por esta universidad dejan constancia de sus esfuerzos
por concretar intercambios de conocimientos a escala verdaderamente internacional,
unos intercambios que en la actualidad revisten más importancia
que nunca en el ámbito de las relaciones multinacionales. Por último,
esta universidad ha asumido el compromiso de responder a las necesidades
de la sociedad en materia de “nuevas tecnologías aplicadas, así
como en la búsqueda de soluciones nuevas ante los retos que plantea
la industria”.
A lo largo de mi carrera,
me he esforzado al máximo para alcanzar metas similares. Me formé
en UCLA (University of California, Los Angeles) como microeconomista dentro
de un departamento de economía tradicional. Sin embargo, me fascinaba
el campo de las finanzas y cursé también estudios en la Escuela
de Negocios de UCLA. Ello me permitió conocer las ideas de Harry
Markowitz, el cual había desarrollado el primer enfoque riguroso
acerca de la incertidumbre presente en la evaluación de inversiones.
En mi tesis doctoral, utilicé
el esquema de Markowitz para formular preguntas en torno a la naturaleza
de los precios que se fijaban en mercados de capitales en los que los inversores
compartían la visión del mundo que Markowitz había
planteado. Mi objetivo consistía en determinar las características
de equilibrio, una vez que los individuos habían realizado suficientes
operaciones para distribuir de forma satisfactoria entre los inversores
los títulos emitidos por las empresas y el gobierno. El resultado
es lo que se ha dado en llamar Capital Asset Pricing Model (Modelo de valoración
de los precios de los activos de capital).
Terminé mi tesis en
1961 y mis trabajos sobre el Capital Asset Pricing Model se publicaron
en 1964. En años posteriores, ha habido una línea de investigación
continuada centrada en la valoración de precios de activos, investigación
en la que se han tenido en cuenta muchos más aspectos, también
presentes en los mercados de capitales reales, que no se habían
incluido en el modelo inicial. Se han adoptado igualmente, a nivel
universal, métodos analíticos basados en la portfolio theory
(teoría del análisis de las carteras de valores) de Markowitz
y en los trabajos de los teóricos de la valoración de activos.
Los que estén familiarizados con el sector de las inversiones habrán
oído hablar de carteras eficientes, atribución de rentabilidad,
ratios de Sharpe, valores Beta, fondos de índice, optimización
de activos, análisis de estilos, valores Alpha, presupuestos de
riesgo y cosas similares. En mi opinión, ningún otro ámbito
académico enmarcado en el área de los negocios y la empresa
ha ejercido una influencia tan grande en la práctica.
Cuando yo logré mi
doctorado en UCLA, no existía ningún campo de investigación
que se llamara “Economía Financiera”. Hoy en día, se
trata de una disciplina académica plenamente reconocida. Por decirlo
de forma muy simplista, los economistas financieros estudian cómo
funcionan los mercados de capitales y las maneras en que se puede hacer
que dichos mercados funcionen de forma más eficaz. Un aspecto clave
en este tipo de investigaciones es la necesidad de reconocer y abordar
explícitamente la noción de riesgo o incertidumbre.
Mi trabajo sigue situándose
en el terreno de la Economía Financiera. Aún tengo interés
por entender los elementos que determinan los precios de los activos, algo
que resulta esencial a la hora de ayudar a la gente a tomar decisiones
financieras con mayor fundamento. En el ámbito de la práctica,
yo dedico buena parte de mi tiempo a cuestiones relacionadas con las formas
en que una sociedad distribuye la riqueza y los ingresos entre las distintas
generaciones de sus ciudadanos. La mayoría de los países
desarrollados están sufriendo profundos cambios demográficos.
Este año, el 17,6% de la población española tendrá
65 o más años de edad. Para el año 2025, se prevé
que el porcentaje suba hasta el 22,7%. Y en el 2050, se calcula que
alcanzará el 34,5%. No cabe duda de que la gente tendrá que
trabajar durante más años. Pero, no sólo eso, sino
que los trabajadores deberán consumir una menor proporción
de sus rendimientos de trabajo con el fin de que los jubilados puedan disponer
de ingresos suficientes.
Desde un punto de vista financiero,
el impacto de estos cambios demográficos en la distribución
del riesgo dentro de una sociedad es de vital importancia. Cada vez más,
se constatará que no resulta eficiente proporcionar pensiones fijas
a los trabajadores jubilados dejando que los trabajadores en activo asuman
todos los riesgos que conllevan la recesión y demás tipos
de penurias económicas. En última instancia, muchos trabajadores
se verán obligados a asumir la responsabilidad de ahorrar e invertir
con vistas a la jubilación, para lo cual tendrán que optar
por combinaciones que les reporten fuentes de ingresos garantizadas y variables
durante su jubilación. Cada vez más personas precisarán
ayuda para planificar su vida en lo que a economía y finanzas se
refiere.
Afortunadamente, éste
es un terreno en el que se está desarrollando una importante y permanente
labor de investigación en universidades de todo el mundo. Además,
se están haciendo progresos en la elaboración de instrumentos
complejos de planificación financiera que después se puedan
ofrecer a bajo coste a cualquier persona. Hace algunos años, ayudé
a poner en marcha una empresa, Financial Engines, que se dedica a hacer
justamente eso. Emplea técnicas avanzadas de simulación y
optimización, enormes bases de datos financieras, junto con modelos
financieros sólidos, pero sólo cuesta 15 ó 20 dólares
americanos anuales por persona. Un servicio así habría resultado
imposible hace diez años. ¿Por qué? Porque se basa
en gran medida en la tecnología actual. El servicio se presta
a través de Internet. Se sirve de bancos de ordenadores especializados
pero baratos. Y los programas están escritos utilizando lenguajes
de programación avanzados.
No se trata de un caso aislado.
Los avances tecnológicos están posibilitando formas de distribución
del riesgo, tanto dentro de un país como entre países diferentes,
con niveles de eficiencia que habrían resultado sencillamente inimaginables
cuando se fundó esta universidad, allá por 1968. Los sistemas
financieros actuales son radicalmente diferentes a los que tenían
vigencia hace 35 años, y ello se debe en no poca medida a los trabajos
realizados en las universidades que investigan en este campo. No quiero
decir con esto que no se hayan producido reveses. Lleva tiempo aprender
a utilizar de manera adecuada los nuevos instrumentos y servicios financieros.
Pero, sobre todo, tenemos mayor capacidad de compartir el riesgo, y esto
nos permite asumir ese riesgo con más frecuencia cuando existen
suficientes posibilidades de obtener rentabilidad.
La tecnología resulta
crucial para nuestras aspiraciones de progresar. La Universidad de Alicante
está dedicada al desarrollo e intercambio de conocimientos en este
terreno. Agradezco enormemente que se me dé la oportunidad de estar
vinculado a esta universidad y a las personas que están llevando
a cabo una labor tan importante como ésta. Les doy las gracias por
proporcionarme este honor.
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