DISCURSO PRONUNCIADO POR D. MANUEL
VALDIVIA UREÑA CON MOTIVO DE SU INVESTIDURA COMO DOCTOR HONORIS
CAUSA POR LA
UNIVERSIDAD DE ALICANTE
2 de mayo de 2000
Mgfco. y Excmo. Sr. Rector
de la Universidad de Alicante,
Excmos. e Ilmos. Sres.,
Sras. y Sres.
Agradezco profundamente el
gran honor que me conceden en este acto académico. Lo agradezco
de todo corazón. Estoy ligado a la Universidad de Alicante desde
su nacimiento, hace ya muchos años, y he tenido la suerte de encontrar
en ella discípulos extraordinarios con los que he trabajado con
gran ilusión, pensando en todo momento en la Universidad, menesterosa
siempre de los esfuerzos de todos. Y he tenido la suerte también
de que muchos de mis discípulos llegaran a ser amigos entrañables.
En mi quehacer universitario,
y a lo largo de toda mi vida, me han animado dos sentimientos: el primero,
una gratitud inmensa hacia mis maestros, y el segundo, una gran esperanza
en relación con mis discípulos. Como han pasado los años,
esta esperanza se vio más que cumplida, por lo que me siento orgullosos
de mis discípulos. Ahora mi gran esperanza se renueva en relación
con los discípulos de mis discípulos.
Yo soy un matemático
que procedo de la ingeniería, por eso, y en mi condición
de ingeniero agrónomo, mi trabajo se orientó en un principio
hacia las aplicaciones de las matemáticas a la agricultura. Después,
en la Universidad, me centré en la investigación básica.
Nadie duda de las numerosas
aplicaciones de las matemáticas a otras ciencias y, en especial,
a la física, a la que, por otra parte, debemos mucho los matemáticos.
Pero hay otros aspectos estéticos e intelectuales a los que dedicaré
algunas palabras.
Es muy difícil no
sentirse atraído por la belleza de la matemática. La Matemática
aparte de ser una ciencia, es, indudablemente, un arte. Ha habido muchas
personas que han comparado la matemática con la poesía o
con la música. Decía el famoso matemático inglés
Hardy que un matemático, como un poeta es un creador de expresiones
estéticas. Si las expresiones matemáticas son más
permanentes que las poéticas, se debe a que las matemáticas
están hechas con ideas, mientras que en la poesía tienen
más importancia las palabras, la forma de decir las cosas, y las
palabras con el tiempo se desgastan más que las ideas.
Novalis, el gran poeta alemán,
decía que el álgebra es poesía. El poeta Paul Valery
sentía una gran pasión por las matemáticas. De hecho,
en los años treinta, a pesar de ser uno de los poetas más
prestigiosos de Francia, abandonó con tiempo la poesía para
dedicarse a las matemáticas.
En un principio, las matemáticas
tuvieron carácter empírico, y fue en el siglo VI antes de
Cristo cuando se organizaron como una ciencia, y esto gracias a Pitágoras,
persona muy importante desde el punto de vista intelectual, de gran influencia
tanto en los tiempos antiguos como en los modernos. Solía mezclar
Pitágoras el misticismo con la ciencia; él creía en
la transmigración de las almas, concebida como un castigo al verse
obligada el alma a vivir varias vidas, pasando de una persona a otra, e
incluso morando en animales o plantas. Por eso afirmaba que la purificación
más grande se obtiene dedicándose a la ciencia desinteresada,
y el hombre que así lo hace puede librarse de la rueda del nacimiento.
Los entes matemáticos
tienen carácter exacto, cosa que no sucede con los objetos sensibles,
pues, por ejemplo, una recta que se dibuje, por muy perfecta que sea la
regla utilizada, aparecerá con irregularidades, de aquí que
los pitagóricos llegaran a la conclusión de que el razonamiento
matemático se hace con objetos ideales cuya realidad es eterna,
y que, de todas las actividades humanas, la intelectual es la más
noble. Mucho más tarde, Platón, en Atenas, iría más
lejos inventando su conocida teoría de las ideas, cuyo carácter
general trasciende la matemática.
El mezclar el misticismo
con la matemática era muy corriente entre los pitagóricos.
Uno de los símbolos místicos de esta escuela era el pentágono
regular. De hecho, esta figura geométrica fue utilizada después,
en la Edad Media, para exorcizar al demonio. Pues bien, un pitagórico
del siglo V antes de Cristo, Hypaso de Metaponto, se sintió en la
obligación de estudiar las propiedades geométricas de este
símbolo, y así descubrió que un lado y una diagonal
en el pentágono regular son dos segmentos inconmensurables, es decir,
que es imposible encontrar un tercer segmento que tomado como unidad dé
lugar a que tanto el lado como la diagonal tengan medidas enteras. Este
fue un descubrimiento sumamente importante, y no es otra cosa que el hallazgo
de los números irracionales.
A lo largo de los siglos,
muchos estudiaron matemáticas para saber después astronomía
y dedicarse finalmente a la astrología, animados por la convicción
de que estrellas, planetas y cometas influyan sobre los asuntos humanos.
Si los fenómenos celestes acaecidos en el nacimiento de una persona
afectan al desarrollo de su vida, es obvio que los astrólogos que
se tomaran en serio su profesión tuvieran que realizar, antes de
hacer sus predicciones, numerosos cálculos sobre posiciones de planetas
y otras cuerpos celestes. También, pues, la superstición
influyó en el desarrollo de las matemáticas.
Me voy a referir ahora a
la existencia de ideas y conceptos matemáticos en relación
con el mundo real. Y aquí Platón, a pesar de los muchos siglos
que nos separan de él, ejerce una clara influencia. El platonismo
sigue vivo en muchos matemáticos actuales. Según Platón,
los objetos matemáticos, aunque no son ni físicos ni materiales,
tienen una existencia real, independiente del hombre, existen fuera del
espacio y el tiempo. La labor del matemático no consiste en inventarlos,
pues ya existen, sino solamente en descubrir sus propiedades. Resulta,
que el mayor lógico del siglo XX, Kurt Gödel, fue un
platónico totalmente convencido. Cuenta Gödel que cuando ingresó
en la Universidad de Viena, en 1924, su intención era graduarse
en Física, pero al recibir clases del matemático Phillips
Furtwängler, especialista en teoría de números, quedó
tan impresionado que cambió la física por las matemáticas.
Un maestro de Gödel, Hans Hahn, al que conocemos muy bien los que
trabajamos en análisis funcional, pues su nombre va unido al de
Stephan Banach, en el llamado teorema de Hahn-Banach, puso en contacto
a Gödel con el famoso Círculo de Viena, entre cuyos componentes
figuraban científicos relevantes, uno de ellos el mismo Hahn. En
el año 1926, cuando Gödel se incorporó a este grupo,
se reunían en un seminario de la Facultad de Matemáticas
de la Universidad de Viena. Allí se dedicaban a construir una filosofía
de la ciencia que se conoce ahora con el nombre de "positivismo lógico"
y que sostiene que una afirmación para que tenga sentido ha de ser
verificable por la experiencia física. Esto chocaba, obviamente,
con el platonismo de Gödel. Por otra parte, los componentes del círculo
de Viena eliminaron el concepto de Dios. Entonces Gödel a pesar de
que les respetaba mucho científicamente, como era profundamente
religioso, les abandonó.
Gödel afirma que su
platonismo le ayudó mucho en sus investigaciones. Sobre todo en
su trabajo sobre la incompletitud de la aritmética. El hallazgo
de Gödel sobre la incompletitud de todo sistema axiomático
que contenga la aritmética elemental es uno de los más profundos
e importantes de la lógica matemática.
Actualmente, hay muchísimos
matemáticos que no son platónicos y que actúan como
si fueran platónicos. Mientras están trabajando, las relaciones
y conceptos que manejan los consideran tan tangibles como el mundo que
les rodea. Y esto utilizando constantemente el infinito, concepto que,
desde los griegos, es usual en matemáticas. Y a pesar de que el
infinito ha sido fuente de numerosas paradojas, empezando con la clásica
de Zenón de Elea sobre Aquiles y la tortuga, la de Galileo, al comprobar
que hay tantos números naturales como cuadrados perfectos, la de
los infinitésimos, puesta de manifiesto por el obispo Berkeley,
de Dirac, con su famosa Delta, que en un principio fue introducida como
una función, que no existía pero que era útil, etc.
De todas formas, cuando el infinito produce mayores problemas es a finales
del siglo XIX, con los trabajos del matemático alemán Cantor
al crear su aritmética transfinita, que se inició en 1874
al demostrar que el conjunto de los números reales no se puede poner
en correspondencia biunívoca con el conjunto de los enteros positivos.
Este resultado es muy importante pues expresa, por primera vez, que existen
conjuntos que no son numerables.
El matemático alemán
Kronecker, que criticó duramente los trabajos de Cantor, decía,
refiriéndose a las matemáticas lo siguiente: «Dios
ha hecho los números naturales, lo demás lo ha hecho el hombre».
Yo no voy a decir nada sobre
esto, pues tiene carácter religioso, pero sí diré
que si aceptan los números naturales como un conjunto y, por tanto,
con número cardinal, el subcero, no hay razón para no admitir
infinitos cada vez más grandes y, por consiguiente, no aceptar todos
los cardinales transfinitos de Cantor.
La teoría de conjuntos
es muy abstracta y se utiliza para fundamentar la matemática. Pero
aparte de su utilidad y gran belleza he de añadir que, gracias
a ella, se ha desarrollado la lógica matemática, uno de los
mayores logros intelectuales del siglo XX.
Un matemático húngaro,
John von Neumann, nacionalizado americano, se ocupó de los fundamentos
de las matemáticas, introduciendo en 1925 una famosa axiomática
de la teoría de conjuntos, en donde utiliza el concepto primitivo
de clase. También trabajó en problemas de hidrodinámica,
manejando ecuaciones en derivadas parciales cuyas soluciones eran difíciles
de estudiar. Esto le obligó a examinar el problema del cálculo
con máquinas electrónicas. Durante los años 1944 y
1945, von Neumann consiguió importantes descubrimientos sobre computación.
El matemático Stanilaw Ulam, nacionalizado americano, amigo de von
Neumann y que trabajó con éste en los Alamos, en un proyecto
de investigación atómica, dice que las aportaciones de von
Neumann a la teoría de la computación están inspiradas
en los artículos que escribió sobre fundamentos de las matemáticas.
Esto pone de manifiesto que incluso la parte más abstracta de la
matemática puede ser, directa o indirectamente, aplicada.
Cada vez más, las
matemáticas se aplican a los campos más diversos de la ciencia,
y esto es muy halagador para los matemáticos. Pero, por otra parte,
debemos ser conscientes de nuestras limitaciones. Pienso que Dios ha hecho
un mundo extremadamente más complejo que el que pueda abarcar nuestra
ciencia. A este respecto, me gusta citar a William Shakespeare, en su famosa
tragedia Hamlet, cuando Hamlet dirigiéndose a Horacio, dice los
siguientes; hay más cosas en el cielo y en la tierra, Horacio, de
las que pueda soñar tu filosofía.
Nada más. Muchas gracias.
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