LAUDATIO PRONUNCIADA POR EL SR. D. JOSÉ Mª TORTOSA CON MOTIVO DE LA INVESTIDURA COMO DOCTOR HONORIS CAUSA POR LA UNIVERSIDAD DE ALICANTE DEL EXCMO. SR. D. IMMANUEL WALLERSTEIN
 

Sr. Rector, Autoridades académicas, Miembros del claustro, Amigos

Creo que podemos hacer lo que hace Flavio al comienzo del Julio César y es preguntarnos “is this aFoto de José Mª Tortosa holiday”, si es hoy un día de alegría y fiesta. Y creo que ahora también podemos contestarnos afirmativamente y eso que, en la actual circunstancia, a diferencia de la que describe Shakespeare, muchos de los presentes llevamos los atuendos propios de nuestro oficio, el de doctores, es decir, el de docentes, cosa que no sucedía en la muchedumbre que esperaba a Julio César. Y es un día de alegría por la incorporación de estos dos nuevos doctores al claustro de esta universidad. Es obvio que me sumo a los elogios que el profesor Oltra ha dirigido al profesor Galtung, con quien me une una antigua amistad que se extiende a nuestras dos familias y de quien tanto he aprendido y no sólo en el terreno profesional.La división del trabajo ha hecho que a mí me corresponda la “laudatio” de Immanuel Wallerstein, cosa que paso a hacer y asumo como un gran honor.

Immanuel Wallerstein es de sobra conocido fuera del ámbito de la sociología ya que su obra ha influido notablemente en terrenos como la historia, la economía, la antropología, las relaciones internacionales y la ciencia política y su trayectoria le hace más que digno de recibir este doctorado honoris causa que se añade a los numerosos que ya posee (París, York, Bruselas, México, Lisboa o Bucarest). Ha sido profesor visitante en los cuatro continentes en una docena de universidades, entre ellas la de Alicante, y es autor de los volúmenes dedicados al sistema mundial (o sistema-mundo) moderno que darían nacimiento al enfoque o teoría de los sistemas-mundo que cuenta con revistas propias (el Journal of World-Systems Research y, por supuesto, Review, que edita) y al que se adscriben grupos de investigación en asociaciones de sociología nacionales e internacionales. Fue fundador y es director del Centro Fernand Braudel para el Estudio de las Economías, Sistemas Históricos y Civilizaciones. En la actualidad, después de sus años como profesor en la Universidad del Estado de Nueva York en Binghamton, es Senior Research Scholar en la Universidad de Yale. Desde el punto de vista de la historia de vida de Immanuel Wallerstein, este doctorado honoris causa es, realmente, un honor que él hace a la Universidad de Alicante con su bagaje de una docena larga de libros traducidos al castellano de los más de veinte publicados y los otros tantos coordinados.

Aunque su trayectoria profesional comenzó como africanista, y de hecho fue presidente de la Asociación de Estudios Africanos, su trayectoria ha estado centrada en el estudio del sistema mundial (o el sistema-mundo contemporáneo, por primera vez mundial) como un todo, intentando, como hace el astrónomo que no tiene posibilidad de comparar el universo con otro universo, entender la lógica que gobierna este sistema histórico que tuvo su nacimiento, como él dice, en el “largo siglo XVI” y del que tal vez estaríamos en sus fases terminales. 

De todas formas, más que recorrer tediosamente su biografía y exaltar sus logros académicos y profesionales, yo quisiera basar mi recomendación para que sea aceptado como doctor honoris causa de esta universidad en aquellas cosas que puede enseñarnos. Me pregunto, como el estoico cordobés Séneca en una de sus epístolas morales, “qué puede el sabio enseñar a los sabios”, que, traducido a nuestro tiempo, queda en “qué puede el doctor enseñar a los doctores” y que, en mi opinión, incluye las siguientes rúbricas, particularmente importantes en momentos en que la universidad española habla de renovación.

En primer lugar, está el reto de la interdisciplinaridad o incluso de la unidisciplinaridad de las ciencias sociales. Immanuel Wallerstein ha mostrado con vigor cómo las ciencias sociales se fragmentaron desde su nacimiento reflejando las necesidades del sistema-mundo de aquella coyuntura y cómo la actual fragmentación ya no se corresponde con las exigencias de las nuevas realidades. Como coordinador de la Comisión Gulbenkian para la Reestructuración de las Ciencias Sociales ha trabajado numerosas propuestas concretas y viables que, eso sí, encuentran como obstáculo la tendencia de las disciplinas a organizarse como centros de poder y no como centros de saber, llámense áreas de conocimiento, departamentos o facultades, y, por tanto, la tendencia de los que a ellas se dedican a ocupar etológicamente territorios intelectuales con un sentido de la propiedad privada bien poco compatible con la ideología de servicio a la ciencia que se proclama. No tendría que ser aceptable el reivindicar como propios determinados campos de las ciencias sociales y prohibir, basados en relaciones de poder, el acceso a otros. El hecho de que la propuesta para nombrar doctor honoris causa a Immanuel Wallerstein partiera de dos departamentos, el de Análisis Económico Aplicado y el de Sociología, Psicología, Comunicación y Didáctica indica bien a las claras que asumimos el reto de la interdisciplinaridad más allá de sociologismos, economicismos o psicologismos más o menos fundamentalistas.

En segundo lugar, la obra de Immanuel Wallerstein es un excelente antídoto contra la tentación localista. Es cierto que toda política es local, como decía Tip O’Neill, y se puede añadir que toda descripción acaba siendo local o, por lo menos, nunca evita el ser hecha desde un lugar concreto. Lo que nos propone el nuevo doctor es iniciar la explicación en la totalidad y no en la parcialidad, y no perder nunca de vista el funcionamiento del sistema mundial como un todo, incluso cuando lo que estemos intentando entender sean comportamientos geográficamente limitados. Desde este punto de vista, las aportaciones del nuevo doctor a los estudios sobre el desarrollo han sido cruciales y bajo dicho prisma tendríamos que preguntarnos en qué está consistiendo nuestra llamada “cooperación al desarrollo”, incluida la universitaria.

En tercer lugar, y sobre todo durante su etapa como Presidente de la Asociación Internacional de Sociología (1994-1998), Immanuel Wallerstein ha insistido en recuperar algunas tradiciones evidentes en las ciencias sociales en su origen y que después irían desapareciendo, a saber, la del compromiso del intelectual por mejorar la condición humana o, si se prefiere, la tradición reformista presente en los fundadores de muchas de aquellas disciplinas hoy fragmentadas como si de  Humpty Dumpty se tratara. Las universidades no pueden ser un gueto en el que se hace ciencia (o se pretende que se hace) al margen de los problemas de la humanidad y que son problemas de desigualdad, pobreza, hambre, violencia, abuso de poder y ataques contra la libertad que acaban golpeando, casi por definición, a los más vulnerables, problemas a los que se ha dedicado intensamente el nuevo doctor reivindicando la necesidad del retorno a la weberiana racionalidad con respecto a valores.

Los retos que tendríamos que abordar según nos enseña el nuevo doctor son, por tanto, el reto de superar los particularismos de las fragmentadas ciencias sociales, el reto de superar las visiones locales integrándolas en contextos más generales, sistémicos y mundiales y el reto de superar la estrechez de miras y la mezquindad moral a las que los últimos años de ese sistema mundial nos han llevado y que se transmite de profesores a estudiantes. Wallerstein, estadounidense de nacimiento y situado en muchos ámbitos en perspectiva de la “longue durée” a la que se refería Fernand Braudel, nos indica que incluso la hegemonía de los Estados Unidos ha de ser situada en un espacio-tiempo más amplio si quieren entenderse sus posibilidades reales de continuación y si se quiere intervenir, como intelectuales, en la mejora de la sociedad que hemos ido construyendo históricamente.

Así, pues, considerados, resumidos y expuestos todos estos hechos, autoridades y claustrales, solicito con toda consideración y encarecidamente ruego que se otorgue y confiera a Immanuel Wallerstein el grado de Doctor Honoris Causa por la Universidad de Alicante.

Foto de un momento del acto         Foto de un momento del acto