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PRONUNCIADA POR DON GABINO PONCE HERRERO CON MOTIVO DE LA ENTREGA DEL «LAUREL
DE ORO» DE LA UNIVERSIDAD DE ALICANTE A
DOÑA ARANTXA SANCHEZ VICARIO |
![]() MAGFCO.
Y EXCMO. SR. RECTOR DE LA UNIVERSIDAD DE ALICANTE,
Como Director del Secretariado de Deportes y como docente, resulta para mi un honor ser el portavoz de esta iniciativa universitaria, dado el rango del personaje que recibe la laudatio, y al mismo tiempo me complace el realce y magnificencia del acto, convertido por su trascendencia y significación en hito singular en la vida académica, especialmente relevante por cuanto supone de reconocimiento de una trayectoria vital en el ámbito deportivo especialmente brillante, acompañada de un cúmulo de valores humanos igualmente sobresalientes y ejemplarizantes. Podría afirmarse que la entrega del Laurel de Oro de nuestra Universidad supone en el ámbito deportivo el mismo reconocimiento que la concesión del Doctorado Honoris Causa en el campo de las ciencias. Esto es, se premia las circunstancias profesionales que concurren en una persona porque la Universidad reconoce su magisterio, se ve reflejada en los valores que ese personaje encarna o bien aspira a conseguirlos, a hacerlos suyos por su alto significado humanístico. Supone, en definitiva, incorporar al acervo académico la figura de una persona cuyo trabajo y tesón le han permitido destacar en una profesión tan dura y sacrificada como es la del deporte profesional, forjando a la vez una personalidad modélica. Tales son los atributos que ornan la figura de Doña Arantxa Sánchez Vicario. Por ello y por el excecpcional estado de forma que atraviesa la galardonada, seguido de un rimero de éxitos, la elección de la primera figura del deporte acreedora de este reconocimiento universitario ha resultado muy fácil. En
efecto, no hubo más que proponer una serie de personalidades del
mundo deportivo entre los miembros del Comité Permanente
de la Comisión de Deportes de la Universidad para que, al instante,
sobresaliese el nombre de Arantxa. Había otros candidatos, todos
ellos merecedores de tan alta distinción, con sobresaliente curricula
y excepcionales méritos, pero la larga serie de triunfos a que Arantxa
nos ha acostumbrado en este año no dejaba lugar a duda y, de inmediato,
se elevó al Rectorado la propuesta, siendo de igual manera
apreciada y aceptada con especial júbilo
Y ello porque, además, Arantxa ha tenido el gancho popular que ha propiciado la incorporación espectacular de las nuevas generaciones de chicas al deporte, o mejor dicho, al tenis, convertida en ídolo juvenil cuyos posters compiten ventajosamente con el de rocheros y artistas en las paredes de los dormitorios. Por eso, es un inmenso honor que nuestro futuro complejo tenístico lleve el nombre de Arantxa Sánchez Vícario. Arantxa ha llenado un inmenso vacío en el panorama tenístico español. Juego con raíces antiguas, el primer reglamento que tuvo fue establecido por el capitán Wingrield en 1877, para la disputa del primer torneo de Winbledon. En nuestro País, el tenis empezó en sus primeros años, no dejó de ser un juego de la alta sociedad, al que pocos tenían acceso: sólo aquellos que podían permitirse el lujo de ser socios de los pocos clubes que, por entonces, tenían canchas de tierra batida. De esos tiempos heróicos datan las primeras y únicas proezas del tenis femenino español hasta la irrupción fulgurante de Arantxa. Se trata de la portentosa y casi mítica figura de Lilí Alvarez, Duquesa de la Valdene, que llegó a disputar tres finales consecutivas del torneo de Winbledon, en los años 1926, 1927 y 1928, aunque sin llegar a ganar ninguna de ellas. Tras su figura desaparecen prácticamente de la escena mundial los tenistas españoles hasta que, a principios de los años sesenta, Manuel Santana, "Supe rmanuel ", comenzó a ganar los más importantes torneos internacionales. Puede trazarse un claro paralelismo entre lo que supuso para el tenis nacional masculino la trayectoria de Manolo Santana y lo que supone hoy día la figura de Arantxa:
No obstante, ha sido la fulgurante estrella de Arantxa la que le ha llevado, de ser la última de la saga familiar que lleva esos apellidos de renombre internacional -Marisa, Emilio y Javier- ha colocarse en lo más alto de los escalafones familiar, nacional y mundial, restando en cierta medida protagonismo a las fenomenales trayectorias deportivas de sus hermanos y, en concreto, a la de Emilio, que ha sido la primera raqueta masculina del País. Es conocida la peculiar predisposición natural de Arantxa por el tenis. A los ocho años ya peloteaba en serio a las órdenes de su primer entrenador. Un buen día, Andrés Gimeno la vió jugar con niñas que le doblaban en edad y en estatura y se la llevó al Club Vilana para impartirle clases particulares. A partir de esa feliz circunstancia comenzó a destacar, jugando torneos infantiles por distintas ciudades españolas, en donde asombraba por lo fuerte que le pegaba a la pelota y por su capacidad de llegar a las bolas más difíciles. En 1984, a los 12 años de edad se proclamó Campeona Infantil de España, y en septiembre de 1985 decidió incorporarse plenamente al universo tenístico, ganado a la sazón su segundo Campeonato Infantil de España y, a la vez, con sólo 13 años, consiguiendo convertirse en la más joven Campeona absoluta de España. Aceptados como propios los principios de sacrificio, tesón y disciplina, en mayo de 1986, con 14 años de edad, entró en el circuito internacional. Pero es en 1987 cuando se produce la gran eclosión de Arantxa: cuarta finalista en Roland Garros y en Roma, llega a la tercera ronda en Charleston, Hamburgo y Amelia Island, y acaba el aflo entre las cincuenta mejores del mundo. En 1988 formó parte del equipo olímpico español en los Juegos de Seúl. Empezó en 1989 siendo la decimoctava del mundo, en plena trayectoria ascendente, y el día 11 de junio proporcionó al País uno de los más memorables días de gloria deportiva, al vencer en la final de Roland Garros nada menos que a Steffi Graf, tras un duro y brillante enfrentamiento prolongado durante dos horas: se convertía así en la ganadora más joven del torneo y accedía hasta el quinto puesto en el ranking de la WTA. Desde ese partido, Arantxa ha pasado a formar parte por méritos propios del selecto y reducido Olimpo tenístico, y cada una de sus actuaciones posteriores no ha hecho sino forjar la leyenda y el mito. Se ha proclamado seis veces más Campeona Absoluta de España, ha sido semifinalista repetidas veces en los torneos del Gran Slam, ha arrasado en innumerables competiciones internacionales. En 1992, enrolada de nuevo en el equipo olímpico español, consiguió la medalla de bronce en individuales y medalla de plata en dobles en los Juegos de Barcelona. Por fin, en 1994 se ha consagrado como la más rutilante de las estrellas del firmamento tenístico ganando, entre otros torneos, en Roland Garros y en el Open de Estados Unidos, siendo recientemente proclamada la número uno mundial en cuanto a torneos ganados, y sin duda ha de ser igualmente aclamada como número uno mundial en el ranhing de la WTA. Tan excepcional trayectoria deportiva ha ido dando forma a una personalidad caracterizada por un fuerte espíritu de lucha en la pista y por un carácter amable y simpático fuera de ella. Es sin duda la deportista que atesora mayores valores humanos y, por ello, la número uno mundial desde hace tiempo. Su juego brillante y entretenido nos ha proporcionado momentos deliciosos y lances indecíblemente ricos en técnica e inteligencia. A ello suma Arantxa una proverbial resistencia física y una encomiable capacidad de sacrificio muy fuera de lo común. Tales
son las virtudes que hoy pretendemos ensalzar y reivindicar como muestras,
al entregar este merecidísimo galardón a Arantxa Sánchez
Vicario, con el que sin duda nos premiamos a nosotros mismos, y constituimos
un trofeo sin parangón en el mundo universitario, que supone un
paso más de esta joven y dinámica Universidad hacia el objetivo
de ocupar el espacio que le corresponde en el mundo de la educación,
de la ciencia y de la cultura.
Muchas Gracias GABINO
PONCE HERRERO
DIRECTOR
SECRETARIADO DE DEPORTES
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Última actualización: 16-Sep-1998 |