WITTGENSTEIN Y LA FILOSOFIA DEL LENGUAJE 
Domingo Araya
  
 

      El profesor Luis Vega nos dice que Wittgenstein es un clásico del siglo XX. Entiende po “clásico” un autor al que, leyéndolo, nos sirve para mejorar nuestro pensamiento. Eso sí, todo clásico es también un hombre de su tiempo. El pensador que nos ocupa no es un autor de moda, como tampoco lo fueron Paltón o Leibniz. También es  clásico un pensador cuando el trato directo con él nos resulta fecundo. 

       Esta charla quiere ser wittgeinsteniana en su forma, es decir, abierta, y tiene como principal objetivo, motivar la lectura de este pensador. Tal como él entendió la filosofía, como una escalera que, tras subir por ella, podemos arrojarla, esta conferencia será también autodisolutoria. 

       Toca tres aspectos: 1) marco biográfico; 2) el Tractatus; 3) las Investigaciones y 4) la filosofía del lenguaje. 

       Wittgenstein se enmarca en la Viena de finales del siglo XIX. Hijo de un rico industrial del acero y de una madre artista, música, Ludwig encarnará ambas pasiones y tendencias. Es científico, técnico y artista al mismo tiempo y con igual intensidad. El encuentro con Russell y las matemáticas será definitivo, lo mismo que su contacto con Frege en Viena. Durante su estancia en Noruega toma notas que más tarde serán textos del Tractatus. Tras una profunda crisis, abandona la filosofía, trabaja como jardinero y como constructor de la casa de su hermana. Entra en contacto con el Círculo de Viena, volviendo a la filosofía y a las matemáticas. 

       Su planteamiento básico en esta etapa es que la proposición es la figura lógica de un hecho. Sin embargo, existen usos lingüísticos que no describen hechos ni denotan nada; tampoco hay una lógica que abarque todos los juegos de lenguaje posibles. 

       En 1947 se retira de la vida académica. Su personalidad es extraña, responde a la figura del outsider, como lo fueron Van Gogh, Hesse o Nijinski, es decir, está entre la cordura y la locura. Piensa que el filósofo no es ciudadano de ninguna comunidad de ideas, imposible de encerrarse en un sistema. Se pregunta: ¿Cómo puedo ser un lógico si antes no soy un hombre? Busca desesperadamente la pureza, siempre amenazado por el abismo. Piensa tanto en la lógica como en sus pecados, pues esta era su naturaleza. Sus clases eran atípicas, diálogos consigo mismo, pensamiento en movimiento autoconstitutivo. No era cortés, pero sí auténtico. 

       Esta figura singular es autor de dos concepciones contrapuestas, ambas típicas del siglo XX: la neopositivista lógica, cercana al Círculo de Viena y la pragmática presente en sus últimas obras. Sus obras son transparentes y enigmáticas al mismo tiempo, con una nitidez aparente, a pesar de las diferencias de estilo entre las primeras y las últimas. Estas dos concepciones marcan la historia de la filosofía de nuestro siglo y, pese a sus diferencias, hay elementos de continuidad entre ambas. 

       Lo “místico” no pertenece a lo público, pero no por ello es negado. No porque no se pueda explicitar carece de importancia, ya que a veces es más importante lo que no se puede decir. Lo público es lo mínimo. El concebir la filosofía como una actividad analítica de aclaración de cuestiones básicas, es algo que se mantiene constante en su obra. La filosofía es una actividad, nunca una doctrina. También mantiene sus fobias: su antiplatonismo y antiesencialismo. 

       Su obra es una veta riquísima para los intérpretes, ya que hay poca argumentación y la escritura aforística lo favorece. En su primera obra subyace una teoría de la representación figurativa del signo, como algo que hace las veces de otra cosa, idea o realidad cósica. Los signos son convencionales, y por eso hay múltiples idiomas, pero los pensamientos y las cosas no lo son. Sin embargo, hay muchas cosas que no se pueden decir mediante una comunicación cognoscitiva y que sólo se pueden mostrar. Una de estas cosas es la estructura lógica de las proposiciones. La lógica no puede salirse de ella misma. Por otro lado, lo que no pertenece al conocimiento, al lenguaje que nombra y describe, como los valores, sólo puede ser mostrado. 

       El último Wittgenstein cambia completamente esta concepción y rompe con la teoría de la figuración. Lo que hay son distintos juegos de lenguaje. Pasa del cristal de la lógica a un discurso sin espejo, a la fragmentación en múltiples lógicas locales, donde es imposible encontrar una certidumbre última. El lenguaje es mucho más que nombrar, y no puede sustituir a las cosas. Lo que hace al lenguaje es su uso, sus prácticas de utilización en los diversos juegos, como dar órdenes, informar, etc..La gente aprende a hablar viendo como habla la gente, con las prácticas y las formas de vida, que no se pueden describir. Los usos forman diferentes significados y entre ellos sólo hay un “aire de familia”. 
 

     
 
 
 
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Última actualización:24 -febrero-2000 
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