CUENTOSMENUDOS SELECCIONADOS. 1ª convocatoria  año 2001-2002


 

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<PRIMER PREMIO>
 

Sirena

Ella gusta de indicarme las cosas de forma tácita. 
Hace ya mucho tiempo que dejó de hablarme, y aun así pienso que a su manera me quiere y me dice cómo se encuentra. 
Yo , con el tiempo , he aprendido a decodificar sus mensajes secretos ;  si , por ejemplo, dispone las piezas de nuestro ajedrez de forma que el rey y la reina quedan en extremos opuestos del tablero, significa que está disgustada conmigo; en cambio , si todas las piezas forman un círculo perfecto , entonces es un día feliz en su mundo particular. Una pequeña formación de espuma dejada en la esquina del espejo significa "hoy hace soleado con algunas nubes, me voy a pasear". Una manzana roja mordida sobre nuestra cama me indica que no debo preguntar de dónde viene.

Algunos de sus mensajes se han hecho de verdad sutiles. Ayer encontré sobre mi butacón favorito la "Odisea", abierta por una página. Leí . 

Era el pasaje en que las sirenas cantan , tentando a Ulises.

Dios mío. Después de tanto tiempo ... creo que quiere que hagamos el amor.

Santiago Moya Alía

 
 
 
 
 
 
 
 

<SEGUNDO PREMIO>
 

Noche anterior

De un golpe la luz despejó el sopor de la habitación, se desperezaron los restos de pasión de la noche anterior, el desorden de los almohadones, las arrugas de las sábanas...
Las braguitas despertaron encima del armario, desamparadas desde una altura que les era impropia, añoraban el calor del pubis de ella.
Los "slips" amanecieron debajo de la cama, a oscuras, no se situaron en el tiempo y se volvieron a dormir.
El pantalón y la camisa despertaron abrazados encima de un caballete de pintura en cuyo cuadro un retrato había cambiado en color de sus mejillas.
Una botella de vino vacía lloraba desconsolada porque sabía que le habían robado el alma, y una copa manchada de carmín intentaba consolarla, sin éxito.
Los croissants temían al sol porque sabían que su fin llegaba con él. Benedetti sonreía cómplice desde su poesía, qué bueno saberse utilizado como “táctica y estrategia” para ligar.
Pero la pasión de ella se había ido perdiendo con la noche, la poesía de él se había fundido con el vino. Un bolso recogió los restos sin orden y las braguitas se incorporaron a su calor ansiado.
Al final, una puerta emitió un quejido triste, y los tacones dejaron su adiós impregnado en las baldosas de la escalera.

Noemí Caballer

 
 
 
 
 
 
 
 

<TERCER PREMIO>
 

Nomen

En un instante de lucidez repasé las historias que ya conocía, una genealogía de tristes viudas prematuras que perdieron a sus maridos antes de dar a luz al primer hijo. La abuela Marina, la bisabuela Marina, una prima de la bisabuela, también Marina. Mujeres de distintas generaciones tocadas por una misma desgracia. Desde mi cama de madre reciente comprendí dónde residía el castigo.Observo a la pequeña Marina - los ojos de Ernesto, recordándomelo para siempre - y pienso cómo podré explicarle que no debe amar.Y mi madre ya ha inscrito a la niña.

Soledad Ruiz de la Cuesta Fernández

 
 
 
 
 
 


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OTROS CUENTOSMENUDOS SELECCIONADOS
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Extrañado

Él llegó a su casa de madrugada. Se vistió y salió rápidamente del apartamento hacia el trabajo. Aquel día quería llegar pronto, así que se plantó a las tres de la madrugada en la oficina. Sus jefes no estaban. 
Decidió pues incendiarlo todo y huir hacia el sur.  Quemó los muebles en una esquina, roció las computadoras con ácido cítrico y , mientras canturreaba una melodía de Glenn Medeiros, acabó definitivamente con el fax que tantos dolores de cabeza le habia producido... a otros. En realidad él no trabajó allí nunca. Era más bien un visitante de la empresa. La solía frecuentar los jueves a la hora del almuerzo. 
Nadie nunca le preguntó nada, ni siquiera le dieron motivos para odiar aquella oficina. A decir verdad no sentía asco por aquel trabajo, sinó más bien admiración. Pero él rompía lo que admiraba, tal y como hizo con aquella figurita quijotesca de Lladró, o con la única relación sentimental que había podido mantener más de 18 minutos. Ella se llamaba Puri, y tenia un perro llamado Puskas. Todo le venía a la cabeza extrañamente mezclado, sin pasado ni futuro y además, en árabe antiguo, así que no entendió sus propias reflexiones.  Así era Rodrigo Machado, impulsivo y superficial a pesar de ser brasileño.

Sergi Pitarch

 
 
 
 
 
 
 
 

Retruécano now

El gato de los Pérez-Llopis comenzó a hablar un jueves de lluvia por la tarde. Su discurso era pausado pero conciso, y su acento tenía reminiscencias del portugués. Los Pérez-Llopis, por supuesto, le prestaron toda la atención del mundo, pardiez, que para eso era su gato. Lo fue, claro está, hasta que dejó de decir cosas interesantes.

Samuel Secades Álvarez

 
 
 
 
 
 
 
 
 

Manual para una vida

Apenas cinco minutos transcurrieron desde que Enrique concluyó su yantar de mediodía, junto con cinco minutos más de contado para quedar dormido, otros cinco más para renunciar a respirar el aire fresco de aquel salón barroco y poder agonizar de una forma digna, aunque luego al final, tal como ya tenía por costumbre, completó el resto de su tiempo sin saber qué hacer ni qué decir.

José Rodríguez Rodríguez

 
 
 
 
 
 
 
 

Sus últimas palabras

El señor A. López lleva diez años sin hablar. Al señor A. López, que es un hombre muy instruido, firme y erudito de la literatura, siempre le hizo ilusión tener una muerte en consonancia con su vida, que como ya hemos dicho, siempre ha estado marcada por la perspectiva cultural y el hecho lírico. Así que a imitación de las grandes personalidades de la cultura, A. López, siempre pensó que su deber como literato laureado le obligaba a buscar unas últimas palabras adecuadas con que poner punto y final a su existencia. ¡Cómo envidiaba aquel “luz, mas luz” que Goethe exclamó en su ultimo suspiro!  Incluso el enigmático “ ¿ es meningitis?”con  que la autora de “ Mujercitas” había cerrado su existencia. Le parecía digno de encomio y emulación al señor A. López. Pensó y pensó, pasó largos años evaluando cuales podrían ser esas últimas palabras que  le hiciesen pasar a la eternidad literaria, hasta que las encontró y retuvo hasta el momento oportuno. Ese momento se presentó algún tiempo después a raíz de una grave enfermedad que postró al señor A. López en el lecho del dolor. Su estado fue empeorando hasta que se le dio por desahuciado. Fue entonces, cuando haciendo acopio de sus últimas fuerzas, alzó la cabeza y pronunció esas palabras que había reservado para ese instante supremo. Milagrosamente, comenzó a experimentar una mejoría que en pocas semanas le puso fuera de peligro. A. López no ha vuelto a hablar. El ya ha cumplido su parte, y si la muerte ha  escurrido el bulto estos 10 años, no es en absoluto culpa de A. López.

Joaquín Torres Gómez

 
 
 
 
 
 
 

Andrés

Andrés no era más desdichado que cualquiera de esas personas que todos los dias nos cruzamos por la calle, de casa al trabajo, del trabajo a casa, los domingos al cine y en Agosto a la playa. No, no lo era, pero después de suicidarse los que le conocían se empeñaban en que sí. Opiniones para todos los gustos: unos decían que se había ahogado en el tedio de la vida cotidiana, otros que muy posiblemente su mujer le engañara. Algunos aseguraban que sencillamente se había vuelto loco de repente, porque sí, y los menos originales que se había arruinado... Andrés era feliz con su comoda rutina, amaba a su mujer y confiaba en ella. También era un modelo de cordura t serenidad.  En cuanto a su economía, no era más que un sencillo funcinario que no tenía fortuna alguna que perder.
El dia de autos Andrés se levantó a las siete como de costumbre para ir a trabajar, se duchó, se vistió y se preparó su café con las dos tostadas de todos los dias. Cogió sus llaves, la cartera y se tiró por el balcón. 
Francisco José Parra

 
 
 
 
 

El darrer cupó

Mentre l'extremunciaven, va obrir els ulls i va observar les cares d'alegria de tota la família. Acabava de guanyar una fortuna enorme amb el cupó dels divendres. Des de ben jove que comprava el cupó cada setmana, però només havia rebut compensacions amb els reintegraments i amb alguna terminació escadussera.
Ara, acabat de complir noranta anys, i a punt de deixar aquest món, li ha arribat la sort. Les estones lúcides que encara li queden només serveixen per pensar que és un desgraciat i que, si pogués, ara mateix el faria bocins, l'estriparia i el deixaria fet confetti. Pensar que ha de repartir els bitllets entre tots els estúpids que té al davant esperant que acluqui els ulls, li fa venir basca.
Aleshores demanà veure el bitllet per darrera vegada. Volia tocar-lo o, si més no, mirar els dibuixos i els números que tant havia cobejat durant la seva vida. Els dits no tenien tacte i els braços ja no l'obeïen, així que demanà olorar-lo i tenir-lo a prop. Aleshores fou quan, davant la mirada atònita de tots, se'l menjà, i al cap de poc, expirà.
Morí pobre, igual com havia nascut. La família l'obrí en canal allí mateix, amb l'esperança de trobar el cupó mastegat, però ja no van poder recuperar-lo.
No van fer funeral. Es van limitar a portar-lo al cementiri del poble, sense esqueles ni recordatoris. Tots ploraven i xisclaven mentre enterraven el cupó, i amb ell, el seu avi.

Ció Munté Castillo

 
 
 
 
 
 

Noche en Mekines

No era aún media tarde cuando la noche se le echó encima. Nunca se ha vuelto a sentir tan incapaz de algo como entonces, cuando aún no había anochecido y nadie sabía qué iba a pasar.
 

Raúl Hernando Carro

 
 
 
 
 
 

 


 

Página mantenida por el Vicerrectorado de Extensión Universitaria 
Última actualización: 8-Mar-2002
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