Laudatio pronunciada
por el Sr. D. Josep Bernabeu Mestre con motivo de la investidura como doctor
honoris causa por la Universidad de Alicante del Sr. D. José
María Bengoa Lecanda
JOSÉ MARÍA
BENGOA, LA TRAYECTORIA DE UN COMPROMISO
Constituye para mí
un gran honor y una gran suerte poder presentar ante ustedes, en nombre
del Departamento de Salud Pública y de la Escuela Universitaria
de Enfermería, los méritos del profesor D. José María
Bengoa como candidato a Doctor Honoris Causa.
Su personalidad hace difícil
poder desligar sus méritos académicos, científicos
y profesionales de sus cualidades humanas. Al mismo tiempo que ha realizado
una importante aportación, tanto conceptual como metodológica,
al desarrollo de la Nutrición Comunitaria, su condición
de científico social y de intelectual comprometido con la realidad
más inmediata, le ha llevado a dedicar más de 65 años
a luchar contra el hambre, la injusticia y la pobreza. Su inquietud por
los problemas de carácter medicosocial, y su solidaridad con las
clases y los sectores más desfavorecidos de la sociedad, han sido
una constante a lo largo de su vida. Así resumía, en 1940,
en el prólogo de una de sus primeras publicaciones, el que iba a
ser su lema de trabajo: “inquietud de lucha, de saber y de servir”.
Tras pasar su infancia y
su adolescencia en su Bilbao natal, en junio de 1936 finalizaba sus estudios
de medicina en Valladolid. Tan sólo unas semanas después
de obtener su licenciatura, le tocaba vivir el golpe de estado y el estallido
de la guerra civil española. Se sumó a la lucha del pueblo
vasco por la libertad, una lucha desigual que le llevó a tener que
abandonar su tierra, su gente y su pueblo, y optar por el exilio en Venezuela,
incorporándose al destino forzoso de los perdedores.
Entró a formar parte
de aquella España peregrina que tantas veces se ha querido borrar
y olvidar, de aquel pueblo que tuvo que pasar sus fronteras con la convicción
de la justicia de su lucha y de la razón de sus creencias.
Como es conocido,
las consecuencias del exilio científico que provocó la guerra
civil fueron importantes para el desarrollo de nuestra ciencia. Cuando
nos acercamos al perfil biográfico, científico y profesional
de personalidades como la de José María Bengoa, no podemos
dejar de pensar en aquella España que pudo ser y no fue. Sirva,
también, este acto y este reconocimiento para contribuir a recuperar
una memoria que es necesario rescatar, y cuyo olvido no tiene más
justificación que la del silencio impuesto por el vencedor. Como
ha recordado más de un autor, la libertad de recordar es un
elemento fundamental de la convivencia, porque no se construye una sociedad
justa y pacífica sobre el olvido.
El colectivo de sanitarios
españoles que se exilió a Venezuela fue importante, sobre
todo por la calidad de sus componentes. Muchos, como nos recordaba el propio
Bengoa, llegaron con las alforjas llenas de experiencia y conocimiento,
como ocurrió con Santiago Ruesta, exinspector general de Sanidad
Interior durante la Segunda República, quien orientó los
primeros pasos de nuestro candidato por el campo de la medicina social.
Otros sanitarios, como era su caso, tenían la condición de
recién licenciados o contaban con menor experiencia. Pero todos
contribuyeron de forma extraordinaria al desarrollo de la salud pública
venezolana.
Cuando José María
Bengoa llegó a Venezuela, sus primeras actividades profesionales
estuvieron dedicadas a la medicina social, y de forma particular a la problemática
sanitaria del mundo rural venezolano de Sanare, en el Estado Lara. El resultado
de aquella primera experiencia, apareció publicado en su conocido
trabajo sobre Medicina Social en el Medio Rural Venezolano (1940), que
tanto impacto tuvo en la salud pública de América Latina.
En su experiencia como médico
rural, supo captar la importancia que tenían una alimentación
y nutrición deficientes en el desarrollo de las enfermedades y problemas
de salud que afectaban a la población de Sanare. Con una visión
interdisciplinar fue capaz de aunar las perspectivas que ofrecían
la salud pública, la ciencia de la nutrición y las ciencias
sociales para resolver las deficiencias en materia de nutrición.
A él se debe la iniciativa de crear los Centros de Recuperación
Nutricional, hoy extendidos por todo el mundo. Cómo sostiene
en su obra, Hambre cuando hay pan para todos: “El hambre social es
un fenómeno tan complejo, que solamente un enfoque ecológico
puede permitir comprender el conjunto de factores involucrados en su aparición
en la sociedad. Por este motivo el número de disciplinas que están
interesadas en este campo ha ido aumentando progresivamente”.
Tras dejar la “medicatura”
rural de Sanare en diciembre de 1940, fue reclamado por el Ministerio de
Sanidad y Asistencia Social de Venezuela para colaborar con la recién
creada Sección de Nutrición. Iniciaba así una larga
y fructífera carrera como experto en nutrición y salud pública.
Durante esta etapa, entre otras actividades, contribuyó a la creación,
en 1949, del Instituto Nacional de Nutrición, o a la puesta en marcha,
en 1950, de la Escuela de Nutricionistas y Dietistas de Caracas, la primera
de América Latina que introdujo el concepto de Nutricionista de
Salud Pública. Fue fundador, así mismo, de la revista Archivos
Venezolanos de Nutrición, publicación que se transformaría
unos años más tarde en los prestigiosos Archivos Latinoamericanos
de Nutrición.
En 1954 fue nombrado miembro
del Comité de Expertos de la Organización Mundial de la Salud
(OMS), y apenas unos meses después Asesor Interregional de Nutrición
en esa misma organización. Durante los 19 años que estuvo
al frente de la Sección de Nutrición de los Organismos Internacionales
de Salud, participó en el desarrollo de los programas de intervención
en materia de Nutrición Comunitaria llevados a cabo con la colaboración
de otros organismos e instituciones de la Organización de Naciones
Unidas y diversas agencias nacionales e internacionales. Desde sus
altas responsabilidades ayudó a superar el divorcio que existía
entre nutrición y actividades de salud pública.
Entre los numerosos trabajos
y publicaciones que llevó a cabo durante esta etapa, podemos destacar
la monografía, publicada en 1976, que preparó con la colaboración
del profesor George Beaton de la Universidad de Toronto, sobre Nutrition
in Preventive Medicine. Un texto que puede considerarse como un clásico
en el campo de la nutrición y la salud pública.
Tras su jubilación
forzosa como funcionario de la OMS, abrazó la posibilidad de trasladarse
a Bilbao y poner fin a su exilio. Sin embargo, las circunstancias políticas
adversas que seguían predominando en España y, sobre todo,
el deseo de seguir trabajando en los problemas sociales originados por
la pobreza, le llevaron a regresar a Venezuela.
Además, José
Maria Bengoa, sentía hacía Venezuela, la tierra que lo había
acogido cuando más lo necesitaba, un sentimiento de gratitud, y
al contrario de lo que había ocurrido en 1938, en esta ocasión
regresaba con las alforjas llenas de una experiencia que quería
ofrecer a su tierra de acogida.
Tras superar algunos problemas
de adaptación, colaboró con el Consejo Venezolano de Investigaciones
Científicas y Tecnológicas, a través del desarrollo
de un programa sobre Salud y Nutrición, al mismo tiempo que participaba
en actividades patrocinadas por la FAO y la UNICEF.
Pero José María
Bengoa no olvidó nunca al País Vasco. Como el mismo ha manifestado:
“durante su estancia en Venezuela y sus andanzas por medio mundo, siempre
añoró los primeros veinticuatro años de su vida que
transcurrieron en su Euskadi natal”. Suyas podrían ser las palabras
que sobre la lejanía y el País Vasco, escribía en
1903 el poeta euskaldun Gorgonio Rentería (Ibaizabal, 24 de mayo
de 1903): “Un sabio me dijo en cierta ocasión que con la distancia
el amor se pierde muy pronto. Últimamente yo estoy lejos del País
Vasco, pero si antes le amaba mucho, ahora todavía le quiero más”
(Lejanía).
En 1979 tuvo la oportunidad
de regresar a Euskadi, reencontrarse con su pueblo y con su tierra, y aportar
toda su experiencia y saber profesional como asesor de la Consejería
de Sanidad del Gobierno presidido por el lendakari Carlos Garaikoetxea.
Tras el paréntesis
vasco, en 1983 regresó a Venezuela para hacerse cargo de la dirección
de la Fundación Cavendes, una institución dedicada a abordar
los problemas de la nutrición y el hambre en el mundo, y de forma
particular en el subcontinente latinoamericano.
Su actividad al frente de
la Fundación hasta finales de la década de 1990, fue intensa.
Consciente del freno que suponían los problemas de nutrición
para un desarrollo integral, planteó la mejora de la alimentación
y la nutrición no como una meta, sino como el camino para poder
alcanzar aquel desarrollo.
Al dejar la dirección
de la Fundación Cavendes, sus colaboradores y discípulos
pensaron que el mejor homenaje era crear la Fundación Bengoa para
la Alimentación y Nutrición.
Con motivo del número
homenaje que dedicó la Revista Española de Nutrición
Comunitaria a nuestro candidato el pasado año de 2003, el presidente
de la Fundación, el profesor Virgilio Bosch, además
de destacar su intensa actividad investigadora en el campo de la alimentación
y la nutrición humana, decía del profesor Bengoa lo siguiente:
“El esfuerzo por combatir y entender esa compleja interacción hambre-enfermedad
lo convirtió en el primer doctor en nutrición de América
Latina graduado en la Universidad de la Vida de Sanare”. Y añadía,
que ese era el mejor titulo que podía pensarse para este gigante.
El 14 de febrero de 2002,
con motivo de las actividades conmemorativas del centenario de la Organización
Panamericana de Salud, se entregaba a nuestro candidato el título
de Héroe de la Salud Pública, por, en palabras del doctor
Gutiérrez Trucios, representante de la OMS/OPS para Venezuela, Aruba
y las Antillas Holandesas, “haber trabajado incansablemente
durante muchos años para desarrollar la salud en favor de la población
de Venezuela, las Américas y el mundo”. Este homenaje se sumaba
a una larga lista de distinciones y reconocimientos.
José María
Bengoa ha desarrollado un fructífera y completa tarea como profesional
de la medicina social, como docente y como investigador. Autor de un extenso
conjunto de publicaciones y trabajos, además de las altas responsabilidades
que tuvo que asumir en el ámbito de la salud internacional, ha colaborado
con diversos centros docentes venezolanos relacionados con la salud pública
y la nutrición. Ha sido profesor visitante de diversas instituciones
de educación superior y, todavía hoy, con más de noventa
años, sigue publicando, participando en reuniones científicas,
impartiendo conferencias, asesorando en materia de Nutrición Comunitaria,
y profundizando en aspectos claves de esta disciplina como ocurre con el
tema de las transiciones alimentarias. Todo ello, sin dejar de mantener
viva la inquietud por luchar, por saber y por servir que ha caracterizado
toda su vida.
No parecería justo
terminar esta laudatio, sin mencionar a la familia Bengoa-Rentería
y en especial a Amaya Rentería, su esposa. Ella y sus hijos han
sabido compartir el sacrificio que supone una opción de vida como
la que ha desarrollado nuestro candidato a Doctor Honoris Causa. A todos
ellos, muchas gracias.
Son muchos, como hemos podido
comprobar, los méritos académicos del profesor Bengoa para
poder acceder a la máxima distinción de esta Universidad.
Pero la solicitud que acabo de exponer, quedaría incompleta si,
como señalaba al inicio de mi intervención, no hiciera referencia
a sus cualidades humanas. La sensibilidad, su sensibilidad hacía
el dolor ajeno provocado por el hambre, la miseria, la enfermedad, la injusticia
o la falta de solidaridad ha sido, sin duda, la fuerza que ha generado
su capacidad de respuesta frente a estos hechos. Junto a ella, hay que
destacar la generosidad con la que se ha entregado para poder alcanzar
sus objetivos, y la humildad con que ha practicado su idea de servicio.
José María Bengoa forma parte de ese colectivo selecto de
hombres y mujeres, que con pequeñas batallas han contribuido a establecer
las bases que nos puedan permitir algún día ganar una de
las peores guerras a nivel mundial: la provocada por el hambre.
Así pues, considerados
y expuestos estos hechos, dignísimas autoridades y claustrales,
solicitó con toda consideración y encarecidamente ruego que
se otorgue y confiera al señor. D. José María Bengoa
Lecanda, el supremo grado de Doctor Honoris Causa por la Universidad de
Alicante.
Muchas gracias.
Josep Bernabeu Mestre
Catedrático de Historia
de la Ciencia
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