LAUDATIO PRONUNCIADA POR EL PROF. MIGUEL ÁNGEL YUS ASTIZ
CON MOTIVO DE LA INVESTIDURA COMO DOCTOR HONORIS CAUSA POR
LA UNIVERSIDAD DE ALICANTE DE D. ELÍAS J. COREY

Excmo. y Magfco. Sr. Rector de la Universidad de Alicante, 
dignísimas autoridades, 
queridos compañeros y alumnos,
Sras. y Sres.:
 

Me cabe hoy el grandísimo honor de presentar los méritos de Elías J. Corey, Profesor de la Universidad de Harvard, como candidato a Doctor Honoris Causa por la Universidad de Alicante. Es esta una tarea que me resulta a la vez difícil y fácil: dificil, pues lo es estar a la altura de las circunstancias, teniendo en cuenta además que al ser un hombre de ciencia no es la erudición una de mis principales características. Por otra parte, la categoría científica del candidato hace sencillo poner de manifiesto su extraordinaria altura, teniendo como único problema la limitación que en cuanto a tiempo posee este acto.

Haciendo un obligado apunte biográfico, Corey nace en Methuen, un pequeño pueblo al norte de Boston (Massachusetts, EEUU) en 1928, ingresando a los 16 años en el Massachusetts Institut of Technology (el famoso MIT) con la intención de estudiar matemáticas e ingeniería eléctrica. Sin embargo, influido por los excelentes profesores de la institución, pronto decide estudiar química, por su posición central en la ciencia y la atracción que le produce la resolución de problemas prácticos en el laboratorio. Especialmente fascinante le resultó la química orgánica, que le fue enseñada por un elenco de extraordinarios maestros, como Arthur C. Cope, John C. Sheehan, John D. Roberts y Charles Garner Swain. Después de tres años se graduó y por sugerencia del Profesor Sheehan continuó en el MIT realizando en su grupo un trabajo pionero en la síntesis de penicilinas, que le permitió en sólo dos años terminar su tesis doctoral: a los 22 años se traslada como Dr. Instructor a la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, bajo los auspicios de los afamados químicos Roger Adams y Carl S. Marvel.

Ya siendo Assistant Professor en Illinois y con un pequeño grupo de tres estudiantes de doctorado desarrolló destacadas investigaciones en síntesis de productos naturales por lo que  en 1956, a la edad de tan sólo 27 años fue nombrado Profesor de Química, equivalente a Catedrático en nuestro país. Como consecuencia de ello el grupo creció y también lo hicieron los temas a estudiar: síntesis enantioselectivas, uso de complejos metálicos y química con enzimas.

En el año 1957 se produce un hecho importante en la vida de Corey: recibe una beca Guggenheim para la realización de un período sabático y decide dividirlo entre Harvard y Europa, concretamente Zurich, Londres y Lund; en este último lugar contacta con el Profesor Bergström  -Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1982- y con el mundo de las prostaglandinas, por las que se interesó enormemente. En Harvard tiene la ocasión de discutir con Woodward sobre sus ideas de la aplicación lógica del retroanálisis al diseño de la síntesis orgánica, unas ideas que entusiasman al Profesor de Harvard. 

No es extraño que en la primavera de 1957 (con sólo 29 años)  reciba una oferta para ocupar una cátedra en la prestigiosa Universidad de Harvard, que acepta sin dudar. El impresionante cartel de esta Universidad en el campo de la química lo componían entre otros Paul Bartlett, Konrad Bloch, Luis y Mary Fieser, Frank Westheimer y Robert B. Woodward, todos ellos primeras figuras a nivel mundial.
 
Desde aquellos momentos el grupo de Corey creció en tamaño y calidad comenzando nuevos proyectos, desde síntesis totales de moléculas complejas a estudios sobre mecanismos de reacción y química teórica, pasando por química bioorgánica y organometálica, así como el uso de ordenadores para la resolución de problemas sintéticos.

En 1961 se casa con Claire con la que tiene tres hijos: David (bioquímico), John (músico) y Susan (antropóloga).

En el año 1990 recibe en solitario el Premio Nobel de Química, en palabras de la Academia Sueca de Ciencias, “por su desarrollo de teorías y metodologías en síntesis orgánica”. 

A lo largo de la historia de los Premios Nobel, los nombres de Fischer (1902), von Baeyer (1905), Wallach (1910), Grignard (1912), Diels y Alder (1950), Woodward (1965), y Brown y Wittig (1974) pueden considerarse, a juicio de la Academia Sueca de Ciencias, dentro del club selecto de laureados con claras connotaciones sintéticas, destacando a mi entender de forma sobresaliente los nombres de Woodward y Corey como máximos exponentes de la síntesis orgánica moderna.

Se podría definir la síntesis orgánica como la preparación de compuestos orgánicos de estructura compleja  usando materiales de partida sencillos y baratos. A la hora de sintetizar una molécula orgánica compleja aparecen elementos de auténtica creación artística, como sucede por ejemplo, con la arquitectura. En el pasado, muchas síntesis se realizaban de forma intuitiva por lo que era complicado percibir en ellas un plan premeditadamente elaborado: era como preguntarle a Picasso por qué pintaba de la forma que lo hacía. Un plan de síntesis se ha comparado con un juego de ajedrez en tres dimensiones usando 40 piezas en cada lado, lo que da una idea de su complejidad. Téngase en cuenta que en la literatura científica hay descritos unos 40.000 métodos de síntesis susceptibles de ser empleados, cada uno con sus limitaciones y posibilidades. Pues bien, a pesar de ello, en cada nueva síntesis se desarrollan metodologías desconocidas que pueden modificar la estrategia inicial.

A comienzos de los años 60 Corey acuña el término y desarrolla el concepto de “análisis retrosintético”. Considerando la molécula objetivo, él estableció las reglas  que permiten dividirla en fragmentos mas pequeños indicando qué enlaces han de ser rotos: de esta forma pueden obtenerse componentes mas pequeños y manejables, que luego al
unirlos dan lugar a la síntesis planificada. Fue importante en esta época, los 60, la visión de futuro de Corey demostrando que este análisis de lógica retrosintética podía ser incluido en un programa de ordenador: hoy en día todos los laboratorios de química orgánica pueden acceder a alguno de los múltiples programas comerciales que ayudan enormemente a la planificación de una síntesis orgánica.

En los laboratorios de Corey se ha realizado en las últimas cuatro décadas la síntesis total de más de un centenar de moléculas muy complejas, muchas de ellas con importante actividad biológica, en todos los casos atendiendo a principios lógicos simples.  La mayor parte de estas síntesis se recogen el su libro The Logic of Chemical Synthesis publicado en 1989 y considerado hoy en día como la biblia de la síntesis orgánica. 

Dentro del inmenso conjunto de moléculas bioactivas con aplicación en medicina destacan las familias de eicosanoides, prostaglandinas, prostaciclinas, tromboxanos y leucotrienos, compuestos muy inestables y que en la naturaleza aparecen en cantidades extremadamente pequeñas, aunque juegan un papel decisivo en fenómenos como la reproducción, coagulación de la sangre, regulación del sistema inmune, etc. Gracias a las investigaciones de Corey muchos de estos fármacos son en la actualidad comercialmente asequibles. Una prueba de la importancia de estos hallazgos fue la concesión  del Premio Nobel de Fisología y Medicina a Bergströn, Samuelson y Vane, los dos primeros colaboradores de Corey y, en concreto, el segundo a través de una estancia con Corey en Harvard.

Para el desarrollo de las diferentes síntesis, Corey ha puesto a punto todo un arsenal de más de medio centenar de métodos, incluyendo tanto reactivos como reacciones enteramente nuevos,  que reflejan frecuentemente la sencillez del genio, y que son de uso habitual en cualquier laboratorio de química orgánica del mundo: esto convierte a Corey, probablemente, en el químico que más metodología ha desarrollado a lo largo de la historia. Su dominio de la estrategia de síntesis le ha llevado a moverse con comodidad en campos frontera dentro de la química, como es el uso de los compuestos organometálicos en química orgánica o el estudio de rutas biogenéticas. Recientemente ha venido desarrollando el empleo de catalizadores de una actividad similar a la de las enzimas, capaces de producir un único enantiómero usando cantidades muy pequeñas (y a pesar  de ello recuperables) del catalizador, por otra parte fácilmente accesible y de estructura sencilla: es lo que él denomina robots moleculares.

Sería imposible hacer un comentario ni siquiera global del ingente volumen de méritos de Corey a nivel de publicaciones científicas, conferencias plenarias, doctorados honorarios o premios recibidos. Ya que él está particularmente orgulloso de ella, vale la pena comentar brevemente qué es la llamada “familia Corey”. Este grupo, al que me honro pertenecer, está constituido por unos 500 miembros entre doctorandos, postdoctorandos y profesores visitantes que han trabajado y trabajan bajo la supervisión de Corey. Entre ellos se encuentran no menos de 150 catedráticos de universidades de todo el mundo. En sus propias palabras “los descubrimientos y logros de los miembros de mi familia química en nuestros laboratorios han sido fuente de enorme satisfacción personal, siendo una parte de mi vida extraordinariamente importante: muchos de los méritos que se me atribuyen pertenecen a mi familia profesional”.

Por último me van a permitir la licencia de dirigirme brevemente al Professor Corey en su idioma: Professor Corey, I would like to express my personal gratitude to you for accepting to become Doctor Honoris Causa of the University of Alicante: our Senate is very proud to count you amongst the Doctors of this Institution. I hope that you will keep your chemical  activity fresh, as always,  for a long time: the scientific world will always be grateful.
 

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Última actualización: 28-Ene-1999 
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