| DISCURSO PRONUNCIADO POR D. HUMBERTO LÓPEZ MORALES CON MOTIVO DE SU INVESTIDURA COMO DOCTOR HONORIS CAUSA POR LA UNIVERSIDAD DE ALICANTE |
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Hacia la globalización del léxico hispanoamericano
Excmo. Sr. Rector Magnífico,
I
![]() Sin duda el regocijo sentido
entonces se acrecienta hoy, pero en los minutos de soledad, muy pocos,
que siguieron a aquel pequeño diálogo, pensé en los
más de veinte años que llevo acompañando el constante
crecimiento de esta universidad. Era aún una dependencia de la Universidad
valenciana cuando vine por primera vez: recuerdo un lugar humilde, pocas
facultades, un campus que no superaba aún el aire militar de unas
viejas construcciones, unos caminos pedregosos y polvorientos. ¡Tempora
mutantur! Este testigo presencial que ahora les habla ha recorrido
ese prodigioso avance hacia la modernidad que ahora lo invade todo en nuestro
campus. Y bastante más allá de él, por ejemplo, un
remoto pueblo de Nicaragua.
Agradezco vivísamente
a cuantos han hecho posible que este momento llegara a mi vida; por supuesto
a las excelentísimas e ilustrísimas autoridades de esta Casa
de altos estudios, que de manera generosa han depositado su confianza en
mí, y en particular al Profesor D. Francisco Gimeno, Catedrático
de esta mi nueva casa, asiduo y siempre ilusionado compañero de
aventuras académicas y científicas, que tuvo a bien echar
a andar el sueño de hoy. Soy de esta casa doblemente deudor, pues
además de honrarme con este doctorado honoris causa, me regala
el poder concurrir a este acto en compañía de D. Ignacio
Bosque, amigo de siempre y admirado colega. A todos, muchas gracias.
II
Las investigaciones de los
últimos lustros sobre el léxico hispanoamericano, nos vienen
aportando una cantidad inestimable de datos. Son de diversa naturaleza
y obedecen a muy variados propósitos. Comenzaré este brevísima
mención por el Proyecto VARILEX, ‘Variación léxica
del español en el mundo’, que tiene su base de operaciones en
la Universidad de Tokio; estudia fundamentalmente el léxico urbano
del español hablado en los cinco continentes. Hasta la fecha han
aparecido ocho informes progresivos, en formato de libro, que adelantan
el material que ha ido recopilándose1.
De alcance algo más limitado, a España e Hispanoamérica,
es el Léxico disponible del español, coordinado por
quien les habla desde la Asociación de Academias de la Lengua
Española; están disponibles en papel y en formato electrónico
los datos de varias zonas de Chile, México D.F., la República
Dominicana y Puerto Rico; en España, se puede consultar en papel,
Almería, y muy pronto aparecerá impreso el de Cádiz,
Las Palmas de Gran Canaria y la Comunidad de Madrid; en diferentes etapas
de elaboración se encuentran el País Vasco, Asturias, Cantabria,
Castilla-León, Aragón, Extremadura, Valencia, Alicante, Córdoba,
Huelva, Málaga y Tenerife. Trabaja todo tipo de léxico, organizado
en 16 centros de interés2.
Con parecido alcance se inició
desde hace bastantes años el más conocido como ‘Proyecto
de la norma culta’; uno de sus componentes principales es el vocabulario
de las capitales hispanoamericanas, más el de Madrid, Sevilla y
Las Palmas de Gran Canaria. A diferencia del léxico disponible,
que maneja pruebas asociativas para ir en busca de aquel vocabulario que
posee poca estabilidad estadística, este otro repertorio trascontinental
maneja índices de uso, apoyado en el factor frecuencia3.
Un corpus léxico más, que también comprende a América
y a España es el BANTE, Banco de Términos de la Edificación,
depositado en el Departamento de Construcciones Arquitectónicas
de Valladolid y en el Departamento de Construcción y Tecnología
Arquitectónica de la Universidad Politécnica de Madrid; se
puede consultar fácilmente en soporte informático4.
Una segunda parte de esta
nómina la integran los resultados de las encuestas léxicas
del Atlas lingüístico de Hispanoamérica, dirigido
por mi colega de claustro alicantino, D. Manuel Alvar. Busca fundamentalmente
léxico rural de todo el continente. Lo que hasta muy poco podía
consultarse era un par de trabajos de María Vaquero sobre Puerto
Rico y sendas tesis doctorales, una sobre todo el Caribe insular hispánico,
y otra sobre el suroeste de los Estados Unidos (Louisiana, Texas, New Mexico,
Colorado y Arizona)5.
Los dos primeros volúmenes impresos, precisamente el del Sur de
los Estados Unidos y el de la República Dominicana, acaban de ver
la luz en ediciones, en verdad impecables y elegantísimas6.
Todavía no debe quedar
cerrada esta nómina, sin antes mencionar otros dos proyectos de
alcance nacional: el LIRD, Léxico ictionímico de la República
Dominicana, dirigido desde la Université Laval, Québec,
integrado a un proyecto mucho más ambicioso sobre el léxico
de la alimentación en la América hispana, diseñado
por la UNESCO. Han aparecido ya cerca de mil páginas, distribuidas
en tres fascículos7;
también existe edición electrónica. Y por último,
el proyecto sobre Léxico industrial de Puerto Rico, del que
ya han visto la luz las dos primeras monografías: una sobre la industria
textil y la segunda sobre las industrias bancaria y bursátil8;
se trabaja actualmente en la de la edificación.
De estos proyectos, todos
en curso, ha nacido un gran conglomerado de materiales de primera mano,
obtenidos con metodologías muy rigurosas, y sobre ellos, dos docenas
largas de estudios, de los que pueden extraerse, aunque sea de manera provisional,
varias hipótesis de trabajo.
Primero, como era de esperar,
que existe una variación léxica diatópica y diastrática,
materializada esta en dos grandes vertientes: la ruralía sigue acogiendo
un vocabulario patrimonial, teñido -a veces levemente- de indigenismos
regionales; las zonas urbanas, por su parte, presentan una diversidad menor,
pero no despreciable, de la que participan las adaptaciones y los calcos
del alud de anglicismos que llegan a ellas.
Segundo, que ha empezado
a producirse un proceso globalizador, muy vivo sobre todo en las ciudades,
que se aprecia preferentemente en las nóminas pasivas del vocabulario
colectivo. También aquí los anglicismos desempeñan
un papel protagónico, pero de diferente signo: los que entran sin
adaptación, los crudos, constituyen una fuerza centrípeta,
que si bien perturban los patrones clásicos, colaboran a la unidad
de la lengua. Ambas hipótesis necesitan de mayores puntualizaciones.
Las zonas rurales conservan
-de momento- palabras desaparecidas ya de las urbes debido a la implacable
acción del tiempo. Los procesos de mortandad léxica se repiten
insistentemente en toda Hispanoamérica, provocados por el añejamiento
de costumbres, tradiciones, productos, oficios, etc. Que han llegado a
su fin. Con solo un ejemplo se podrá dar elocuentemente de lo ya
estudiado en docenas de páginas. Hace ahora ya más de 80
años, Puerto Rico vio aparecer su primer diccionario de términos
locales. Veinte años más tarde, Augusto Malaret, su autor,
entregó a las prensas una segunda edición muy 'actualizada',
y hace menos de 10, que un conjunto de investigaciones riopedrenses revisó
con pormenor esta última versión lexicográfica. Ante
nosotros, pues, tres corpora léxicos, tres calas de 1917,
1937 y 1997, respectivamente9.
Los análisis léxico-estadísticos realizados ya nos
muestran que una parcela importante del vocabulario recogido en 1917 es
hoy completamente desconocido por todos, y que otra porción, también
significativa, se refugia con precariedad en los hablantes de las generaciones
mayores. De todas estas palabras, convertidas en cadáveres léxicos,
la mayoría de ellas daba nombre a cosas, tanto físicas como
culturales, desaparecidas ya por el fuerte empujón de la modernidad.
Todo es explicable. Basta con pensar en el inicio de la industrialización
de la isla, allá por la década de los 40; se arrumbó
la producción agraria, disminuyó la actividad pesquera, cambió
la fisonomía urbana, se achicó la ruralía hasta desaparecer
casi por completo, se ampliaron las estructuras viales, dominando el macizo
montañoso central, se impuso la televisión y su constante
invitación al consumismo. Lo moderno era -y es- trabajar en la fábrica
y en los servicios urbanos, no sobre el tractor o escalando alturas para
recoger café. Desde la lingüística no nos es lícito
establecer valoraciones de todo esto, pero sí constatar que la lengua
cambia con los tiempos -y más el vocabulario- y que uno de los signos
de los tiempos es la tumba para el pasado. Hay que poner de relieve que
estos cementerios están habitados por lo común por palabras
autóctonas, típicas de un país determinado.
Es verdad que el mapa de
las modernizaciones hispanoamericanas es en extremo heterogéneo,
y también, consecuentemente, sus índices de mortandad léxica.
En las zonas del interior de muchos de nuestros países perviven
las mismas técnicas de edificación de hace 400 años,
por ejemplo. Allí se ha detenido el tiempo y se han puesto muros
a las olas progresistas esparcidas por otras partes. Se usan las mismas
palabras que aparecen en los viejos diccionarios varias veces centenarios.
Pero si bien unas palabras
mueren, otras nacen continuamente. Entre este aluvión de neologismos
se encuentran términos extranjeros, y no solo en los tecnolectos,
'americanismos' de diverso tipo, y palabras del español general.
En las consideraciones anteriores sobre la muerte de vocablos 'nacionales',
usados antaño en unas zonas relativamente pequeñas, y estas
que siguen, bajo mi hipótesis principal de la globalización,
quizás incipiente, del vocabulario americano.
Desde 1995 se está
llevando a cabo una revisión a fondo, la primera en su género,
de los casi 14.000 americanismos que figuran en la actual edición
del Diccionario académico. Todas las propuestas procedentes
de México, América Central y América del Sur han sido
estudiadas con el debido rigor. No me detendré aquí a comentar
el impresionante capítulo de la mencionada mortandad léxica,
que en algunos países, como Bolivia, pasa del 33 por ciento, ni
tampoco a subrayar las enmiendas y cambios de definiciones, ni tampoco
a ofrecer una análisis de los cuantiosos añadidos, operación
que aún sería prematura, pero sí a indicar un aspecto
que creo elocuente.
Parte de la tarea encomendada
a las Academias asociadas consistía en revisar las listas de términos
usados en los países vecinos. La tónica general es que vocablos
que figuran en el diccionario como de uso exclusivo en un solo país,
aparecen ahora como de uso compartido con dos, tres, cuatro y hasta cinco.
Las isoglosas actuales del léxico boliviano o costarricense, por
ejemplo, han multiplicado muchas veces su extensión, en el primer
caso, hacia Perú, Chile, Paraguay, Uruguay y parte de la Argentina;
en el segundo, hacia Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala y en algunos
casos, hasta México. Y así en todos los inventarios examinados
ya. No se oculta a nadie que a medida que haya más vocabulario compartido
van desapareciendo los términos aislados en el mapa léxico,
es decir, habrá avanzado la internacionalización.
Sin embargo, no está
de más proceder aquí con cierta cautela. Es muy posible que
esas isoglosas que ahora descubrimos hayan existido desde antes, y que
solo la metodología rudimentaria manejada hasta ahora sea la responsable
de nuestra anterior ignorancia. Si esta interpretación fuera acertada,
habría que concluir que el complejísimo mosaico léxico
que siempre han diseñado para nosotros los diccionarios ad usum
no sería tan abigarrado como creíamos.
Otros ejemplos podrían,
sin embargo, apuntalar la hipotética propuesta de la globalización.
Los contactos, físicos o mediante medios de comunicación,
entre los países de ese continente y entre España y ellos,
es hoy de todo punto espectacular. De Miami, el influyente centro de telecomunicaciones
intercontinentales, salen varios canales vía satélite a toda
Hispanoamérica con programación en español; España,
por su parte, envía su canal internacional, más una serie
de
programas pregrabados o en directo, como fueron los sonadísimos
casos de las bodas reales, y México, Lima y Caracas, entre otros
países productores, envían a España sus lacrimógenas
telenovelas. El español utilizado en los citados canales de televisión
es variado, tan variado como el origen de sus presentadores, aunque siempre
se trata de un nivel culto, que ya matiza y elimina todo lo que signifique
localismo muy marcado; España envía su modelo de lengua,
la variedad central-norteña, mientras que nuestros culebrones se
esfuerzan por presentar un español neutral, sin estridencias regionales,
que de alguna forma pudieran dificultar la buena inteligencia de los mensajes.
Todo incide en difundir y sancionar los fenómenos de una lengua
general, colectiva, aunque se observen, es esperable y deseable, ciertos
rasgos lingüísticos específicos. La radio no se queda
atrás, y hasta la prensa hace posible que a ambos lados del océano
se lean los mismos artículos en cuestión de días:
más de una vez he tenido en mis manos en El Nacional de Caracas,
por ejemplo, un texto de Julián Marías que ya había
visto en Madrid el día anterior. Algunas agencias españolas,
dedicadas a la distribución de artículos, tienen contrato
con 200 periódicos americanos.
Sería ingenuo suponer
que estos contactos no tuvieran sus correspondientes consecuencias lingüísticas.
En el plano anecdótico, permítanme recordar a la amiga que
al contarme lo ocurrido en un episodio de la telenovela de turno, me informaba
que uno de los personajes, un niño, había rechazado a su
madre porque de pequeño, esta lo había ‘botado’, a lo que
no tardó en producirse el siguiente mensaje de metalengua: ‘botar’
quiere decir ‘tirar’, ‘echar’. Nuestra lengua, que fue a América
y vuelve de regreso. O que solo viene: "Su programa es muy ‘chévere’,
como dicen en las novelas, explicaba a un locutor radial una señora
de Huelva. Pero hay más. Hace algo menos de cuatro años (1996)
un poderoso periódico de la ciudad de México empezó
a utilizar la palabra plagio con el sentido de ‘secuestro’, utilizada
antes pero de manera esporádica. En menos de dos semanas, el vocablo
aparecía en la prensa guatemalteca (1996), en la hondureña
(1996) y en la nicaragüense (1996). Hoy, una consulta al corpus electrónico
de la Real Academia Española, conocido como CREA (Corpus de Referencia
del Español Actual), muestra testimonios en Venezuela (1997)
y en Chile (1997). Es cierto que su frecuencia es pequeña y su difusión
circunscrita, que sepamos, a textos periodísticos, pero es posible
–solo posible- que estemos ante una onda expansiva imparable.
Un último botón
de muestra. Los términos empleados para designar la espita de agua
en diferentes zonas americanas son muy variados: pluma, pila, chorro, caño,
canilla, pico; los que son una invención metafórica autóctona
como el argentinismo pico, fueron palabras llevadas de España
durante los siglos XVI y XVII, y allí se aposentaron. En este caso,
como en tantos otros que nos muestra la historia de la lengua, estas palabras
patrimoniales entraron en competencia con la moderna grifo, acuñada
con este sentido en pleno siglo XVIII, en momentos en que ya era demasiado
tarde para que viajase a América. Grifo triunfó sobre
las otras en este lado del mar. En principio, la dicotomía grifo/otras
coincidía con una distribución diatópica dada,
España/América. Acabo de terminar una miniencuesta en países
de América Central. La pregunta '¿Puede beberse el agua del
grifo aquí en ……?' siempre obtuvo respuestas contundentes, con pleno
conocimiento de causa. No la usan en su comunicación habitual, pero
la entienden sin el menor problema: grifo ha entrado a formar parte
de su nómina pasiva, algo impensable hace tan solo unos diez años.
El tema es de un interés
extraordinario, y prometo dedicarme a él con ahínco. De momento
se dispone de centenares de datos muy actualizados y de un formidable programa
informático, capaz de realizar refinadísimas operaciones
estadísticas que ayudan a conseguir nuestro propósito. Prometo
también compartir esas investigaciones con mis colegas de esta mi
nueva casa, la Universidad de Alicante.
Muchas gracias. Humberto López Morales Universidad de Puerto Rico Asociación de Academias
de la Lengua Española
NOTAS 1. El magno proyecto lo coordinan los profesores Hiroto Ueda, de la Universidad de Tokio, y Toshihiro Takagaki, de la Universidad de Estudios Extranjeros de Tokio; cuenta con trece consejeros, seis colaboradores principales y 76 investigadores repartidos por todo el mundo hispánico. El proyecto está financiado por el Ministerio de Educación, Deportes y Cultura del Japón, y sus publicaciones periódicas, por diversas instituciones; Varilex 8, el último de los tomos aparecidos hasta la fecha ha visto la luz pública gracias al Programa ‘Baltazar de Gracián’ del Ministerio de Ecucación y Cultura de España. Su página electrónica es http://gamp.c.u-tokyo.ac.jp/ueda/varilex.htm. 2. Información detallada y muy actualizada sobre los estudios de disponibilidad léxica, en la página electrónica http://www3.usal.es/dispolex, que edita el Departamento de Lengua Española de la Universidad de Salamanca. 3. Proyecto de estudio coordinado de la norma lingüística culta de las capitales de Hispanoamérica y de España, dirigido desde sus orígenes por Juan Miguel Lope Blanch desde el Instituto de Investigaciones Filológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México. Han sido publicados ya los siguientes materiales léxicos: Juan Miguel Lope Blanch, Léxico del habla culta de México, México, D.F.: Universidad Nacional Autónoma de México, 1978; José Torres Martínez, Encuestas léxicas del habla culta de Madrid, Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1981; Humberto López Morales, Léxico del habla culta de San Juan de Puerto Rico, San Juan: Academia Puertorriqueña de la Lengua Española, 1986; Ambrosio Rabanales y Lidia Contreras, Léxico del habla culta de Santiago de Chile, México, D.F.: Universidad nacional Autónoma de México, 1987; Francisco Salvador Salvador, Léxico del habla culta de Granada, Granada: Universidad de Granada, 1991; José Mendoza, Léxico del habla culta de La Paz, La Paz: Universidad Mayor de San Andrés, 1996; Hilda Otálora de Fernández, Léxico del habla culta de Santafé de Bogotá, Santafé de Bogotá: Instituto Caro y Cuervo, 1997; Mercedes Sedano y Zaida Pérez, Léxico del habla culta de Caracas, Caracas: Universidad Central de Venezuela, 1998; Academia Argentina de Letras, Léxico del habla culta de Buenos Aires, Buenos Aires, 1988; José Antonio Samper et alii, Léxico del habla culta de Las Palmas de Gran Canaria, Las Palmas: Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, 1998; Rocío Caravedo, Léxico del habla culta de Lima, Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú, 2000; Alicia Malanca et alii, Léxico del habla culta de Córdoba (Argentina), Córdoba: Universidad Nacional de Córdoba, 2000. 4. Banco de términos de la edificación usados en los países de habla española, CD-ROM, Grupo de trabajo BANTE, Madrid: Ministerio de Cultura, Centro del Libro y de la Lectura, s.d. ; los autores prometen actualizaciones periódicas, cada cuatro o cinco años. 5. ‘Léxico agrícola en el español de Puerto Rico’, Lingüística Española Actual, 10 (1988), 255-268, y, sobre todo, Palabras de Puerto Rico, San Juan: Academia Puertorriqueña de la Lengua Española, 1995; Claire Ziamandanis, Descripción del estado léxico actual en el español de Cuba, la República Dominicana y Puerto Rico (tesis doctoral inédita) dirigida por Manuel Alvar, Albany: State University of New York, 1995, y Amalia Pedrero González, Léxico español en el sudoeste de Estados Unidos (tesis doctoral inédita), dirigida por Manuel Alvar, Madrid: Universidad Complutense, 1998, 2 vols. 6. Manuel Alvar, El español en el Sur de Estados Unidos. Estudios, encuestas, textos, Alcalá de Henares: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Alcalá y La Goleta Ediciones, 2000, y El español en la República Dominicana. Estudios, encuestas, textos, Alcalá de Henares: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Alcalá y La Goleta Ediciones, 2000. 7. Lysanne Coupal, Édith Bédard, Carmen Peguero, Ignacio Soldevila Durante (con la colaboración de Max Arturo Jiménez Sabater y Sergio Valdés Bernal), Repertorio ictionímico de la República Dominicana, Fascículo I (Acanthuridae-Carangidae), II (Carcharhinidae-Kyphosidae) y III (Labridae-Pomadasyidae), Québec: Université Laval, 1992, 1996, 1998. 8. Humberto López Morales (Dir.), Léxico industrial de Puerto Rico, I, Industria textil. Vocabulario, San Juan: Academia Puertorriqueña de la Lengua Española-Ministerio de Educación y Cultura (España), 1982; Léxico industrial de Puerto Rico, II, Industrias bancaria y bursátil. Vocabulario, San Juan: Academia Puertorriqueña de la Lengua Española, 1986. 9. Augusto Malaret, Diccionario
de provincialismos de Puerto Rico, San Juan: Tipografía Cantero,
Fernández y Cía., 1917; Vocabulario de Puerto Rico,
San Juan: Imprenta Venezuela, 1937; Sunny A. Cabrera Salcedo, Vigencia
y mortandad del léxico recogido en el ‘Vocabulario de Puerto Rico’
de Augusto Malaret (tesina inédita), dirigida por Amparo Morales,
Río Piedras: Universidad de Puerto Rico.
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Última actualización: 8-Ene-2001 |