LAUDATIO PRONUNCIADA POR EL SR. D. GUILLERMO CARNERO ARBAT CON MOTIVO DE LA INVESTIDURA COMO DOCTOR HONORIS CAUSA POR LA UNIVERSIDAD DE ALICANTE DEL SR. D. ROBERT MARRAST
 
 

Excmo. y Magnífico Sr. Rector, Ilmos. Sres., dignísimas autoridades, sras. y sres., amigos y compañeros :
 
 

          Las relaciones entre Francia y España han sido frecuentemente, a lo largo de la Historia, las de un matrimonio mal avenido pero nunca disuelto, marcado, según los casos y las situaciones,  por el amor, la devoción, los celos y la histeria, como el que Goya representó en aquel capricho titulado  ¿Quién los desatará? Francia ha sido siempre la puerta de Europa para una España tradicional y mayoritariamente ignorante del inglés y del alemán, y de Francia nos han llegado constantemente decisivos productos culturales, de la épica y el teatro medieval en adelante. Cuando las Coplas de la panadera quisieron, en el otoño de la Edad Media, representar el afán de ostentación cultural y de preeminencia social del marqués de Santillana, lo retrataron “con fabla casi extranjera y armado como francés”. De Francia nos llegó en buena parte la Ilustración dieciochesca; en las Memorias literarias de París, publicadas en 1751 por Ignacio de Luzán, se afirmaba que el aggiornamento de España no requería más que la imitación y el trasplante del espíritu y las instituciones culturales francesas. Muy poco después, con la ejecución de Luis XVI y la Guerra de la Independencia por medio, fray Diego de Cádiz predicaba que todo católico está obligado a exterminar a cualquier francés que se ponga a su alcance, y que si muere en el empeño obtendrá la corona del 
martirio, como un cruzado en Tierra Santa; y Manuel Freire de Castrillón proponía que en las pruebas de limpieza de sangre se equiparara la descendencia de francés a la de moro y judío. A pesar de todo ello, no había posibilidad de considerarse mínimamente culto, en la España del XIX, sin el contacto con Francia, y quienes nada sabían ni tenían que saber se aferraban al mínimo de dignidad que la sociedad concedía a quienes no ignoraban el francés: las niñas de Pez en La desheredada, o Tristana en la novela homónima de Galdós.

          Así pues, Francia ha sido a lo largo de los siglos una referencia ineludible en el horizonte español. En correspondencia, España se convirtió en un mito entre nuestros vecinos gracias al exotismo romántico que representan Mérimée y Bizet, y en el seno de ese Romanticismo nació a comienzos del siglo XIX, en el círculo de Mme. De Staël, el hispanismo francés que tanto ha hecho por la cultura y la literatura española, y que produjo, en la segunda mitad del recién terminado siglo XX, la brillante generación de estudiosos de la que forma parte Robert Marrast junto a René Andioc, Paul Guinard, Jacques Issorel, Yvan Lissorgues, François Lopez, Guy Mercadier y tantos otros.

      Robert Marrast ha sido, en efecto, uno de los más activos defensores y difusores de nuestra cultura y nuestras Letras desde sus cátedras de Burdeos y París, la redacción del Bulletin Hispanique – la mejor y más prestigiosa revista del hispanismo francés – o el consejo asesor de las Fundaciones Antonio Machado y Rafael Alberti. Ha dado a conocer al lector, al estudiante y al investigador, tanto en minuciosas ediciones críticas como en otras divulgativas y en traducciones, la obra de Alberti, Baroja, Calderón, Cernuda, Cervantes, Galdós, Luis Goytisolo, Octavio Paz, Vargas Llosa y Valle-Inclán. En este ámbito de su actividad destacan sus ediciones de la poesía de Espronceda (1969), de la prosa de Alberti (1970), de textos raros y dispersos de Antonio Machado, Miguel Hernández y Valle, de la revista Madrid. Cuadernos de la Casa de la Cultura, que se publicó en la Valencia de 1937 y 1938, convertida en capital de la Segunda República. El Premio Internacional de Traducción que recibió en 1995 vino a reconocer la efectividad y la constancia de una dedicación atendida ininterrumpidamente a lo largo de su carrera universitaria, e incluso después.

      Sus estudios sobre nuestro Romanticismo decimonónico son hitos de primera magnitud y obligada consulta para cualquier investigador, y ejemplo magistral de esa investigación de exigencia sin concesiones, heredera del mejor positivismo en el recurso exhaustivo a la documentación primaria impresa y manuscrita, que ha dado lugar al concepto de “tesis doctoral a la francesa”, tantas veces olvidado hoy por quienes prefieren transitar por los jardines colgantes de disciplinas más ligeras a revolver legajos en los archivos. Se ha ocupado Marrast de bibliometría y sociología de la lectura, prensa periódica, teatro, recepción de la literatura extranjera y emigración política a Francia en la España del XIX, y de autores tan significativos de esa época como Larra y Espronceda. Al segundo de ellos dedicó su tesis doctoral, publicada en 1974, que marcó un ineludible antes y después en los estudios esproncedianos. Una obra monumental de 700 páginas en gran formato en su versión impresa y abreviada, y que, precedida en 1966 por la localización y publicación de inéditos de Espronceda, entre ellos las intervenciones parlamentarias en los meses últimos de su vida, en los que fue miembro del congreso de los diputados, puso en pie una versión fidedigna de su formación y su trayectoria literaria, tanto como de su contribución a la formación y la batalla del liberalismo español.

      La investigación de Marrast resulta modélica por su rigor en cuanto al acopio de documentación contemporánea, obtenida – por citar ejemplos significativos de la exigencia que preside su trabajo – en la revisión de 35 archivos – 22 de ellos españoles – y en la de las colecciones de 75 periódicos publicados entre 1819 y 1842. En ella se abrieron horizontes imprescindibles para el conocimiento de la realidad social y literaria española de la primera mitad del siglo XIX: la prolongación del Neoclasicismo del siglo XVIII hasta la tercera década del siguiente, y la formación neoclásica de la generación romántica española; la participación del joven Espronceda en las actividades conspiratorias de los emigrados durante la década absolutista; la escisión ideológica del Romanticismo; el diagrama, trazado con precisión microscópica, de la imbricación entre la vida literaria y la política en la cuarta década del XIX en cuanto a la evolución del sistema constitucional, la diversificación de ideas y partidos políticos y la actividad de grupos y sociedades literarias. Gracias a Marrast quedaron desacreditados los tópicos tradicionales acerca de un Espronceda ideológicamente superficial e inconsistente, el supuesto pollo pera y botarate que, de haber vivido lo suficiente, hubiera sido arrastrado por el giro conservador que preside la vida social española en la quinta década del XIX, y que tiene su equivalente literario en el abismo que separa Los amantes de Teruel de Hartzenbusch de El hombre de mundo de Ventura de la Vega. Y quedó igualmente demostrado que Espronceda se encontraba, en la última etapa de su vida, participando en el nacimiento del socialismo y el republicanismo español.

      El otro ámbito predilecto de la investigación de Robert Marrast ha sido el siglo XX en los años conflictivos de la dictadura de Primo de Rivera, la guerra civil y el posterior exilio. A Rafael Alberti, con quien lo unió una estrecha amistad y un contacto constante, dedicó su Memoria de licenciatura en 1953, y en 1967 un volumen sobre su teatro, la parte más desatendida de su obra, sin olvidar la recuperación y recopilación, con el título de Prosas encontradas, de sus ensayos, críticas, crónicas y evocaciones. Lo mismo le debemos en lo que toca a Miguel Hernández  por el volumen Poesía y prosa de guerra y otros textos olvidados.

      Se ha ocupado también Marrast, en varios estudios, de García Lorca y Ramón Sijé, y en 1978 publicó el mejor y más completo estudio, hasta hoy, del teatro comprometido y de combate durante la Guerra Civil, trazándonos la evolución de una escena que de sainetes, revistas musicales, zarzuelas y obras de Casona, Muñoz Seca, Arniches, los Quintero y Benavente pasó a ver los teatros incautados y dirigidos por las centrales sindicales y la Alianza de Intelectuales Antifascistas, o improvisados en tablados y camiones en los frentes de guerra. Con el establecimiento de un repertorio formado por obras de actualidad, combate y propaganda, o la adaptación de clásicos como Fuenteovejuna o La Numancia; la delimitación de las actividades y la organización de las compañías; la recepción popular; la legislación y organización institucional, y la incidencia en Madrid, Barcelona, Valencia y otras ciudades y los distintos frentes, disponemos de uno de los mejores y más completos informes acerca de la repercusión de la guerra civil en la vida cultural española de la época.
 

          Mi obligación y mi propósito es ser lo más breve posible.  En 1990 la Universidad de Burdeos nombró doctor honoris causa a Rafael Alberti, por iniciativa del prof. Marrast; hoy el departamento al que tengo la satisfacción y el honor de pertenecer, en representación de la Universidad española, propone incorporarlo a nuestro claustro y hacerle así llegar el testimonio del reconocimiento y la admiración que merece. Así pues, considerados y expuestos todos estos hechos, dignísimas autoridades y claustrales, solicito con toda consideración, y encarecidamente ruego, que se otorgue y confiera al sr.D. Robert Marrast el supremo grado de doctor honoris causa por la Universidad de Alicante.
 

 


 
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Última actualización: jun-2003
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