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DISCURSO PRONUNCIADO POR EL PROF. D. TYRRELL ROCKAFELLAR CON MOTIVO DE SU INVESTIDURA COMO DOCTOR HONORIS CAUSA POR LA UNIVERSIDAD DE ALICANTE |
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2 de mayo de 2000 Excmo. Sr. Rector Magnífico,
Agradezco profundamente el
inmenso honor que, en el día de hoy, me concede la Universidad de
Alicante, en el impresionante marco de esta bellísima ceremonia,
que recordaré con gratitud toda mi vida.
Debo asimismo pensar que
este honor no corresponde de forma exclusiva a mi persona, sino que va
también dirigido a las Matemáticas y, especialmente, a la
clase de pensamiento matemático que ha inspirado mi trabajo a lo
largo de los años.
Las Matemáticas son
descritas, a menudo, como la ciencia de los números y de las cantidades.
Son de hecho la clave para cualquier tipo de medida y de comparación,
actividades esenciales en cualquier clase de ciencia. Pero lo que quizás
es peor percibido es que las Matemáticas también representan
la «calidad» de las Ciencias. Las Ciencias manejan conceptos,
precisan de definiciones, de ideas y de las relaciones entre ellas, de
la identificación de hipótesis básicas, de la justificación
de los descubrimientos y de las conclusiones que lleguen a deducirse a
partir de las hipótesis formuladas. Y en todo este proceso están
presentes las Matemáticas, especialmente aquellas Matemáticas
a las que he dedicado mi vida.
Los últimos años
cincuenta fueron testigos de una tremenda revolución en el mundo
de las Matemáticas. Esta revolución tiene su causa principal
en el desarrollo de los ordenadores, pero no de la manera en que la mayor
parte de la gente piensa. Cuando escuchamos alguna noticia en televisión
acerca de algún cálculo complejo motivado por algún
nuevo problema científico o técnico, siempre pensamos que
«los ordenadores lo harán». Los ordenadores, por supuesto,
son instrumentos decisivos en la realización de cálculos
complejos, resultando sorprendente su capacidad actual para realizar cálculos
de gran magnitud, así como la propia velocidad a la que estos cálculos
pueden producirse. Pero contrario a lo que alguna gente opina, el pensamiento
matemático no ha estado esperando a la aparición de los ordenadores
para contribuir a la resolución de los grandes problemas a los que
se enfrenta la humanidad. Así el trabajo de los matemáticos
ha sido crucial para el progreso del hombre desde la misma antigüedad,
y vemos, por ejemplo, como desde los orígenes del cálculo,
se estudia el movimiento continuo y la mayor parte de los fenómenos
físicos.
Pero hay otras cuestiones
de gran importancia que son analizadas con la ayuda de las Matemáticas
como, por ejemplo, la noción de distancia entre dos curvas e, incluso,
la distancia entre dos problemas. Nos planteamos, pues, preguntas como
la siguiente: ¿Qué significado tiene aproximar un problema
por otro? Estas son algunas de las cuestiones sobre las que los matemáticos
han tenido que desarrollar sus propias ideas y teorías. En
ocasiones por su propio interés matemático y, en la mayoría
de las veces, por el interés de otros científicos.
Una de las consecuencias
de la gran capacidad de cálculo que ponen a nuestro servicio los
ordenadores es la posibilidad de abordar problemas con millones de variables,
y este hecho ha provocado cambios sustanciales en los patrones de pensamiento.
En el pasado, las Matemáticas permitían describir la forma
en que el mundo se comporta, al modo de las leyes de la Física.
Con las nuevas capacidades aportadas por los ordenadores, debemos hoy en
día aspirar a controlar la evolución de ciertos procesos,
determinando los factores sobre los que podemos incidir, favoreciendo que
dicha evolución se produzca en los términos deseables.
Estos problemas generalmente involucran a millones de variables, y han
de ser resueltos día a día.
Así es que hoy me
siento feliz al comprobar que esta nueva disciplina es reconocida aquí,
en Alicante, y espero que mi posición como nuevo doctor de esta
Universidad me permita ser testigo de su progreso, tanto aquí como
en el resto de España.
Muchas gracias por su atención.
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Última actualización: 18-Oct-2000 |