| DISCURSO PRONUNCIADO POR D. EDUARDO
S. SCHWARTZ CON MOTIVO DE SU INVESTIDURA COMO DOCTOR HONORIS CAUSA
POR LA UNIVERSIDAD DE ALICANTE
25 de Octubre de 2001
Excelentísimo y Magnífico
Sr. Rector de la Universidad de Alicante,
Excelentísimas e
Ilustrísimas Autoridades,
Claustro de Doctores de
la Universidad,
Miembros de la Comunidad
Universitaria,
Señoras y Señores:
Ante todo me gustaría
compartir con ustedes la profunda emoción que siento en estos momentos.
Es para mí un honor muy grande e inesperado recibir este título
honorífico de vuestra ilustre Universidad.
Por un lado, recibir este
honor por parte de la Universidad de Alicante, y de la Facultad de Ciencias
Económicas en particular, me hace sentir muy cercano a vuestra hermosa
ciudad “traspasada de Mediterráneo,” como la definió uno
de sus ilustres hijos, el escritor Gabriel Miró. Le agrega a mi
vida otro trozo de mundo del cual me siento parte.
Por otro lado, me siento
emocionado de que hayan sido mis compañeros del departamento de
economía financiera, y en especial Ángel León, los
que me hayan propuesto para esta distinción. He notado que
soy la primera persona perteneciente al campo de las finanzas a la que
se le otorga este doctorado.
Mis esfuerzos académicos
han sido siempre guiados por una curiosidad intelectual y nunca he soñado
con recibir un honor de esta naturaleza. El llegar a compartir este gran
honor con personas tan distinguidas como, entre otros, el maestro Joaquín
Rodrigo, el doctor Severo Ochoa, y los profesores Andreu Mas-Colell y Tyrrell
Rockafellar, es suficiente para hacerme sentir el más sincero y
humilde de los agradecimientos.
Nunca se me ocurrió
en los años sesenta, cuando recibía mi título de Ingeniero
Industrial en la Universidad de Chile, que algún día me encontraría
frente a ustedes compartiendo esta velada. Mi carrera como académico
es ciertamente poco convencional, ya que pasé ocho años trabajando
para diversas empresas como ingeniero y como ejecutivo en mi país
natal, Chile. De hecho, cuando me trasladé a Canadá
para realizar mis estudios de postgrado en administración de empresas
en la Universidad de British Columbia, no estaba en mi mente el dedicarme,
ni remotamente, a la vida académica. Allí, sin embargo,
comencé a trabajar con un joven profesor, Michael Brennan.
Esta colaboración despertó en mí una inquietud intelectual
que había estado latente durante los años anteriores, y pronto
me di cuenta de que podría y debería dedicar el resto de
mi vida al trabajo académico. Sin embargo, no estaría
aquí frente a ustedes si no hubiera sido por el consejo y estímulo
de grandes y respetados colegas como Michael Brennan y Francis Longstaff,
con los cuales he colaborado por muchos años.
Lo que hemos venido a llamar
economía financiera se ocupa fundamentalmente de todo problema que
tenga relación con la justa valoración de cualquier activo,
sea este un activo que pudiéramos calificar de puramente financiero
(un bono, una acción, una opción) o un activo real (por ejemplo,
bienes de inversión, o fuentes de recursos naturales). La
tarea de hallar la justa valoración de los activos es parte importantísima
e imprescindible para obtener la óptima asignación
de los recursos en la economía. Sólo entendiendo este concepto
se puede apreciar el papel fundamental que juegan las finanzas en el desarrollo
económico.
Hay un segundo papel que
los economistas financieros hemos jugado y que es, en el fondo, complemento
del anterior: la organización y continua mejora del funcionamiento
de los mercados financieros, sean de renta fija, renta variable, tipos
de cambio o derivados. Estos son mercados e instrumentos claves
para lograr la eficiente asignación de recursos antes mencionada,
que permite a nuestras economías crecer en forma estable.
Luego de esta simple introducción
al área general de las finanzas, les haré un breve bosquejo
sobre mis investigaciones en el contexto de esta disciplina. A pesar
de que mi trabajo podría calificarse de bastante “técnico,”
trataré de resumir en pocas pinceladas mis contribuciones a la teoría
financiera.
Comencé dedicado
a la búsqueda de metodologías para obtener la correcta valoración
de activos financieros. Es decir, básicamente activos de renta
fija, y derivados financieros tales como opciones y futuros. Poco
a poco mi investigación fue ensanchando horizontes, y además
de aventurarme en el terreno de los activos inmobiliarios, comencé
a estudiar activos reales. Si podemos entender un activo financiero
como un bien por el que se paga un precio y cuya posesión da derecho
a recibir ciertos flujos futuros de dinero (por ejemplo, el cupón
de un bono o los dividendos de una acción), de la misma forma los
activos reales pueden ser considerados en el mismo marco. Una mina
de oro, por ejemplo, es un activo por el que se paga un precio, y cuya
posesión nos dará derecho, en el futuro, a recibir los ingresos
provenientes de la venta del oro. Esto hace que podamos aplicar fórmulas
similares de valoración, que se utilizan para activos puramente
financieros, a activos reales. Es a este menester al que he dedicado
una gran parte de mi trabajo.
Una extensión de
la misma teoría de las opciones puede también ser utilizada
para valorar estos bienes “reales.” Aunque no abundaré en
este tema, dado que un resumen que hiciera justicia requeriría más
tiempo del que dispongo, me cuento entre el grupo de investigadores que
dio el empujón inicial a la teoría de opciones reales, que
ahora está atrayendo gran atención por parte de investigadores
pertenecientes incluso a campos no directamente financieros.
En esta misma línea
de valorar bienes reales, y dada la expectación causada por el advenimiento
de la Internet y de las famosas empresas llamadas “dot-com,” comencé
una línea de investigación en la que traté de obtener
una valoración adecuada de dichas empresas. Para muchos de
nosotros el valor de mercado de las empresas de Internet era desproporcionadamente
elevado, por lo menos a la vista de su capacidad de generar beneficios
futuros y a la vista de la tremenda incertidumbre que rodeaba a sus estilos
de negocio. En uno de mis artículos traté de aplicar
los mismos conceptos que había utilizado para valorar otros tipos
de empresas, con los necesarios ajustes, y los resultados fueron sorprendentes.
Efectivamente, la mayoría de los casos que analicé confirmaban
nuestra intuición de que el valor de mercado de dichas empresas
era difícil de justificar racionalmente. Cierto es que la
gran incertidumbre daba pie a pensar en la posibilidad de obtener retornos
extraordinarios. Pero ni siquiera teniendo en cuenta dicho efecto
los resultados ofrecían duda alguna: las empresas de Internet estaban
destinadas, tarde o temprano, a ver su valor de mercado corregido por un
factor dolorosamente cercano al 80-90%. Muchos fueron mis detractores
cuando presenté el artículo en foros académicos y
no académicos, pero, desgraciadamente, hicieron falta menos de dos
años para que fuera una realidad.
En estos momentos, mi trabajo
se centra en temas tales como el análisis de proyectos de investigación
y desarrollo, en especial aplicado a empresas farmacéuticas y al
desarrollo de nuevas drogas. Es fascinante el pensar cómo
estas empresas continúan funcionando como grandes motores de la
economía a pesar de que necesitan gastar muchísimo dinero
en investigación y desarrollo, de que sus proyectos están
sometidos a numerosas incertidumbres—por ejemplo, si serán completados
de forma exitosa, si el producto será aprobado, si habrá
un mercado para el producto obtenido—y de que tardarán años
en comenzar a disfrutar de los ingresos generados por dichos proyectos.
El estudio de estas compañías, y en general de los proyectos
de investigación y desarrollo, se presenta apasionante no sólo
desde el punto de vista de las finanzas teóricas, sino también
desde la perspectiva de la economía real.
Habiendo descrito la importancia
de las finanzas en el nuevo entorno económico, quisiera aprovechar
ahora para hablarles no ya del Profesor y de su trabajo de investigación,
sino del hombre que el día de hoy se siente inmensamente feliz por
estar con Ustedes en esta ceremonia.
Quiero decirles que me siento
muy afortunado de estar acompañado en esta ocasión por mi
querida esposa Gloria, quien ha sido mi compañera a lo largo de
toda una vida llena de enormes satisfacciones. Gloria ha sido para mí
la persona que siempre ha estado allí cuando la he necesitado. Juntos
hemos formado una familia de tres hijas y 3 nietos que nos han llenado
de alegría. Sin el apoyo incondicional de Gloria, sin su constante
cariño y sin sus consejos, estoy seguro de que no estaría
aquí el día de hoy. Por ello, este doctorado honoris causa
es también un reconocimiento a mi esposa.
Finalmente, les ruego me
permitan un minuto más para concluir mi discurso de aceptación
reiterando el grandísimo honor que para mí representa el
pasar a formar parte, de manera tan especial, de la comunidad universitaria
de la Universidad de Alicante. Quiero decirles que recordaré siempre
y con mucho cariño este día.
¡Moltísimes
gràcies de tot cor!
|