Universitat d'Alacant / Universidad de Alicante
DISCURSOS EN MUNICIPIOS 
PREGÓN DE FIESTAS DE MONFORTE DEL CID

Querido pueblo de Monforte, Monfortinos, amigos. Quiero en primer lugar, aunque suene a tópico, agradecer a la Corporación, a vuestro Alcalde y a la Comisión de Fiestas el immerecido honor que ha supuesto para mí compartir con vosotros un momento tan señalado: el de pregonar LA FIESTA DE MOROS Y CRISTIANOS que esta Leal y Fiel Villa celebra en honor de su Patrona la Inmaculada Concepción.

Es el momento en el que el calendario estalla de alegría y, rompiendo el monótono curso del año, supone la ocasión no sólo de honrar a vuestra Patrona, sino de compartir con vuestros mayores e hijos, con vecinos y forasteros, el placer de unos días festivos ganados con el pulso de esa laboriosidad que os honra y os ha dado a conocer en toda la provincia.

Esta mañana, al recorrer con la mirada este Valle de las Uvas que os rodea, la peculiar agrupación de montañas y campos que forman el territorio en que con tanta fortuna se asienta vuestra población, he apreciado el esfuerzo y la capacidad de improvisación que poseéis las gentes de esta tierra. Una vez más, dos pensamientos han cruzado por mi mente. En primer lugar, la idea bucó1ica de un pueblo nacido alrededor del camino en el que confluyen los viejos azagadores del ganado, vigilados por las Sierras del Portichol y la Serreta, San Pascual, el Tabayá y las Cumbres del Cid . Ello me ha conducido al recuerdo de una población entregada al rito de la dureza del trabajo agrícola que llevaban a cabo vuestros antepasados, como bien retrata Cavanilles cuando escribe.. "porque los vecinos son tan amantes al trabajo, que se esclavizan voluntariamente a los campos; tan industriosos que no consienten descansar un momento."

En segundo lugar, se ha manifestado con claridad el resultado de vuestra constante laboriosidad. Me refiero a la reconversión que ha experimentado la vieja Monforte. Un Monforte que ha sabido superar los retos de su entorno, y los caprichosos estragos de la climatología para convertirse en una población moderna, acogedora, emprendedora. Capaz de simultanear la azada y el legón, irrenunciables señas de identidad, con el mundo vertiginoso de la máquina y la industria propias.

Por otra parte, ha sido una tarea ardua y no exenta de traumas, cuyos excelentes resultados están bien a la vista, el mantener vivo y pujante para vuestros hijos el solar de los padres y abuelos, eludiendo, de esta manera, ese penoso trance de la emigración que ha convertido a otros lugares y aldeas en sombras fantasmales y a sus habitantes en gentes desarraigadas.

Ver, pues, el paisaje de este nuevo Monforte, me ha reconfortado y me ha dado toda una lección acerca del valor, la inteligencia y el esfuerzo incansable de los monfortinos.

Pemitidme, por todo ello, y antes de entrar en la materia de la Fiesta, que, como hombre de pueblo que soy, nacido allá abajo en las tierras feraces del Campo de Cartagena, me convierta por un instante en convecino vuestro, en hombre de esta tierra que sueña para ella cuanto desea para la suya.

Esta conversión es para deciros, tan sólo, que continuéis con vuestro camino de progreso, con vuestra ansia de prosperidad, sin ignorar vuestras raíces. Las mismas que se hunden en los campos y que han forjado, al igual que las de vuestras vidas, vuestra propia manera de ser, tan noble y firme como el mármol que extraéis de vuestras canteras.

Combinar la tradición con la modernidad es la más sabia aspiración que puede anhelar el hombre. No os dejéis llevar por el ritmo frenético que deshumaniza. Regresad, de cuando en cuando, a la placidez de un pasado que tuvo cosas buenas y perpetuadlas en vuestros descendientes. Recuperad el talante afectuoso y sabio del que hicieron gala hombres como vuestro obispo Terán, Don Joaquín y D. Pascual Orozco y el eximio matemático Jorge Juan. Volved a la tranquilidad del paseo hacia Orito donde, tal vez, un día, por San Pascual, os enamorásteis. Reinventad para los niños la excursión a la "Balsa Serrana" y a "la Lomica" a comer la mona. Seguid yendo a la noria de D. Juan, a la noria "Pina", al "Motor" y a la Noria de Espi. Intentad de nuevo que, una noche de éstas, para deleite de todos, monfortinos y visitantes, la luna vuelva a reflejarse en la claridad plateada de vuestro valle susurrando a las vides las viejas consejas de vuestros mayores.

Sé que este deseo no es mucho pedir para la firmeza de vuestras voluntades. Y ello es así porque el evento que hoy nos convoca no es otra cosa que una lúdica síntesis de tradición y moderidad. La misma que en el duro trabajo cotidiano os singulariza respecto a vuestro entorno.

En cuanto a vuestra centenaria fiesta, no importa en exceso su exacto origen e interpretación. Lo que importa es que por esta tierra que ahora pisamos, pasaron moros y cristianos contendiendo por su goce y sus frutos. Lo que importa es que de ese cruce, entonces bélico y hostil, amable y risueño ahora, venimos los hombres y mujeres de la Comunidad Valenciana. Y lo que importa es que la gente de bien, los bien nacidos, no olvidan sus ancestros y saben conmemorar, desprovistos de odios y antagonismos, sus comunes orígenes.

Éste es el significado esencial que posee la Fiesta de Moros y Cristianos, que celebráis los monfortinos

No deseo extenderme más en este pregón que va llegando a su fin, para que el protagonismo de la fiesta pase a sus auténticos artífices: las hermosas monfortinas y sus hombres que van a soñarse dentro de un instante epifanías de héroes primigenios.

Ha llegado el momento, por lo tanto, de acompasar el paso con las marchas, de escuchar el estruendo de los arcabuces y de que se desborde la bien ganada diversión. Ha llegado el momento en que liberados de frenos nos entreguemos al vino de la tierra, acompañado de arroz y conejo con caracoles, junto con el "Trigo Picao", els "Faseures", el "Caldo del Cielo", los gazpachos, escabeches y "Jañe" y con esa maravilla de "Arroz Caldosico" que vuestras sabias manos elaboran. Añadid el arrope, "Torticas" y "Rollicos", los "Suspiros" y ese "Turrón de Rosas" que regáis con las "palomas" que, volando, volando, traspasan fronteras y corazones. Después, ¡al baile hasta que el cuerpo aguante!.

¡Os lo habéis merecido!.

Permitidme, por último, que a modo de despedida, os pueda decir algo que tiene que ver con la entraña de vuestro paisaje. ¡Monfortinas!, ¡monfortinos!, vosotros sois la auténtica representación de Alicante, la gracia y la sal de la tierra de la que hablaba la Biblia, que de haberse escrito ahora citaría en su lugar vuestros incomparables moscateles.

¡He dicho!

iViva Monforte!.

¡Viva su fiesta de Moros y Cristianos!

¡Viva la Immaculada Concepción!

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Última actualización: Octubre-2000 
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