![]() |
| DISCURSOS
EN MUNICIPIOS
PREGÓN DE PINOSO 1 DE AGOSTO DE 1994 Excmo. Alcalde de Pinoso, Muy Querido Tío Quito, Distinguidos Miembros de la Corporación Municipal, Autoridades festeras, Muy Querido Pueblo de Pinoso: Es para mi un honor y un sincero privilegio dirigirme a vosotros en tan señalada fecha, donde a vuestra alegría y jolgorio se unen las tradicionales virtudes de vuestro pueblo: la hospitalidad y la generosidad. En estos dos últimos años, con motivo de la creación de la Embajada de Pinoso en la Universidad, he aprendido bastante de vuestras costumbres y de vuestra forma de ser . Deseo confesaros que, cuanto más os conozco, más admiro vuestra entereza, singularidad y espíritu. Vuestra autoestima y orgullo no son sino la expresión de un pueblo que ostentando sencillez reconoce y respeta sus tradiciones, sin renunciar a los cambios, al desarrollo y el bienestar. Fuerza, sencillez y orgullo ¡qué buena receta para un carácter que, como el vuestro, se hace querer y es acreedor de la admiración de todos cuantos os visitan. No es casualidad que nazcan aquí poetas, o que a otros como Azorín , en su tránsito, no le pasase desapercibida vuestra forma de ser. Aunque geográficamente en el confín de Alicante y Murcia -tal como señala vuestro poeta Joviqui- resulta fácil inspirarse en un pueblo de personalidad acogedora, receptiva, alegre y estimulante. Es difícil superar a Cristeni -el poeta del Sequé- cuando nos dice: Me gusta sentir mi pueblo cuando la tarde está en calma y lo siento tan adentro que me lleva toda el alma Me gusta sentir sus gentes mis paisanos, mis amigos me gusta sentir sus calles sus rincones tan queridos. Otra pinosera, Mercedes Rico, ha expresado con un singular acierto la placidez de vuestra amigable compañía: "Me hace sentir feliz cómo duerme mi tiempo en mi pueblo. Cuando llego a él parece que los días tienen más horas, las horas más minutos y los minutos más segundos. Recuerdo haber contado alguna vez con la complicidad del Reloj de la Torre, que estaba parado seguramente, para ayudarme a esta felicidad". ¿Qué embrujo tiene Pinoso que encanta a pasajeros, retiene el corazón de sus emigrantes y cautiva la imaginación de poetas y escritores?. ¿Qué encanto tienen sus gentes que hechizan con su sencillez, su bondad, su imaginación, su espíritu emprendedor, el orgullo de la honestidad y la fuerza del trabajo bien hecho?. Algo de mágico se divisa en el paisaje que os identifica. Dos montes llenos de misterio y de riqueza franquean al pueblo y suscitan la atención del viajero. Misterio porque guardan riqueza, recuerdos y porque pocos que no hayan sido advertidos adivinarían lo que contienen sus entrañas. El Coto, qué mágica se vuelve la luz en la piedra noble que requiere diamante para ser cortada; cuántos anhelos despierta hasta el punto de que todo el mundo desea tener un trozo de vuestro monte en su casa, en su ciudad; todos quieren admirar su brillantez, nitidez, dureza, su elegancia. Un trozo de vuestro rico y querido Coto luce en la Universidad de Alicante. Hace tan sólo unos días -el arquitecto Álvaro Siza, uno de los genios creadores más aplaudidos y reconocidos de la arquitectura mundial de este siglo- se quedó ensimismado, embelesado, contemplándola, hechizado de la piedra que vuestro medio natural ha labrado y que orgullosamente ostentamos en nuestro campus advirtiendo al visitante que el trozo de tierra donde está es la Embajada de vuestro pueblo. Con este lazo, mi Universidad -la vuestra- adquiere el solemne y firme compromiso de proyectar y defender vuestro mármol y hace suya la imagen de vuestro propio pueblo. Quién nos iba a decir que a poca distancia de donde la dureza del mármol identifica un monte, otro, el Cabezó, guarda en su seno blanda sal. Pero el Cabezó genera más evocaciones y recuerdos para las gentes del pueblo, sus barrancos y angosturas han servido de lecho para las fantasías y aventuras infantiles. Su paisaje de abigarrado colorido, adusto como si de varios mundos se tratara, genera un presentimiento entre enigmático, mágico y brujo. El Cabezó es todo un símbolo, un emblema identificativo para Pinoso. Y llegamos al pueblo, del que Azorín dijo que tiene la audacia de la juventud, su desenvoltura, "es decidido, es fuerte" sentenció. Y enseguida divisamos la Torre del Reloj, quizás para advertir a los visitantes que la felicidad es ajena al tiempo, que aquí se separa el tiempo de la vida. Ayuda a ello el despiste que provocan al extraño sus dos campanadas cada cuarto; repite dos veces las horas para que se reenganche el que llegó tarde y desde los campos se oye su especial sonería, su timbre, que no despierta de la placidez, pero nos advierte de que el tiempo aquí es mágico, tan mágico como el mármol, la sal, el vino, las yerbas de campo y las gentes. Gentes que viven en casas del barrio de las Cuevas, o en el centro histórico, o en el gran ensanche de la antigua vereda, un auténtico Paseo de la Reina, pero en todos encontraremos buenos vecinos que hablan un valenciano con personalidad propia, que saben guardar y recibir; tierra frontera, pero corazón acaparador de raíces, de señas de identidad, de espontaneidad y espíritu, otra vez, de fuerza. Fuerza que ha servido para alcanzar un progreso envidia de otros pueblos vecinos. Las gentes de Pinoso han sabido alcanzar cotas más altas que las que les proporcionaba la riqueza de sus montes. Fabricáis calzado que utilizan ricos ciudadanos del otro lado del Océano, como si quisierais compensar lo que les vendéis a los yanquis; exportáis cocinas para los rusos y vuestro mármol luce en casas de medio mundo. Y si la actividad industrial fuera poca, los fines de semana trabajáis con primor el campo. Qué buenas aceitunas saben hacer en el Pinós. Querido Tío Quito, llevabas razón, las tuyas son las mejores que he probado en muchos años. Tampoco sabía que las cerezas fueran tan exquisitas, pero cómo podían faltar en una tierra como ésta los cerezos, luciendo una fruta cuya elegancia no podría diseñarla nadie que no fuera la misma naturaleza. Pero si hay un producto que es extraordinariamente sensible a las particularidades de la tierra, el sol, el clima, éste es... el vino. La personalidad de vuestros caldos es la expresión de vuestro pueblo. Solidez, color, graduación, tanta que os podéis permitid el lujo de coger la uva antes de madurar. Por si alguien lo duda, llevadle a las barricas con madres de 150 años, dadle a probar un trago de gloria, un trago de Fondillón , vino que de varias cosechas dice mucho de vuestro carácter, de vuestra energía. ¡Qué bien se come en el pueblo de Pinoso!. Afortunadamente aquí se come lo que se ha comido siempre, sabéis decirle al visitante que vosotros necesitáis de una gastronomía sin concesiones, sin horteradas de la "nouvelle cuisine". Sois auténticos y auténtica es vuestra comida, la comida de casi toda la vida. Media provincia de Alicante, terratenientes, jueces, jefes de la guardia civil, proletarios y burgueses, el obispo de Orihuela y su séquito han probado los gazpachos de carne de caza y corral que guisaba Julia la Sacristana con conejo, palomo, pollo campero, con su inigualable torta que desmenuzaba la tía María. Qué decir de las gachamigas, ya sean blandas o ruleras. Solas como si de churros se trataran, o con tomate como las hacía la Tía Luisa la de las Bodegas, con olivas o algún tros salat, es un bocado reservado a los que deben preservar su fuerza. Fuerza que hay que tener para digerir ese suculento Alls i picat, donde la pimienta apenas deja adivinar la carne de caza. Y creedme, en la tierra de los arroces, podéis decir que tenéis el mejor, apenas un milímetro de espesor basta para que el sarmiento que da fuego impregne al rey de los arroces de un inigualable sabor; qué sensación de plenitud y euforia da comer un arroz así. Si no bastaran atributos para rendir al visitante, allí están las delicadas perusas, parece como si estuvieran llenas de viento, reclamando al visitante -de estómago ya satisfecho- que haga un último esfuerzo que el Fondillón ayudará a culminar. Un pueblo que come así tiene necesariamente que saber progresar. Los hijos ausentes o los visitantes de otras tierras se sorprenden de la espectacular transformación y progreso de vuestro pueblo. En los últimos años no ha faltado casi de nada. Hoy vivir en Pinoso no reporta ya ninguna desventaja -a una tasa de desempleo muy baja comparada con la de otras zonas-, se unen todas las iniciativas de los espacios modernos y dinámicos: la Casa de Cultura con la original idea de la Universidad Popular, el espectacular Complejo Polideportivo, nuevas carreteras, nuevas infraestructuras educativas, culturales. No podía ser de otra forma en un pueblo donde la afición popular a la música se eleva a la categoría concertista de vuestra Unión Lírica, aparte de la Banda Juvenil, vuestra Coral y Rondalla, el Grupo de Teatro, etc. Y por si fuera poco, un equipo de fútbol que casi lo colocáis allí donde juegan el Elche, el Murcia o el Castellón. Por último, quisiera referirme a vuestras fiestas. Momentos donde se dan cita vuestra máxima expresión de hospitalidad de bienvenida y de reencuentro con los viejos conocidos o con los pinoseros ausentes. La Fira son días de una tradición que se prolonga ya en la memoria de los más viejos del lugar. Allá, cuando el mercado y la feria se celebraban en la Plaza de Colón, se vendían bálsamos milagrosos y el tío Zurdo hacia fotos al minuto con un gran máquina. O la suelta de las vacas, donde bravos jovenzuelos subían como felinos por las rejas de la farmacia de Mauricio. Poco necesitáis para pasarlo bien. La alegría de las buenas gentes está con vosotros, vuestro himno, vuestro escudo, las reinas de las fiestas -Reme y Fátima- y el pueblo con todos sus barrios (San Juan Corea, Santa Catalina) y sus pedanías (Lel, Tres Fuentes, Encebras, Casas Ibáñez, Rodriguillo, Culebrón, La Caballusa..) os engalanáis, os ponéis de fiesta, vuestra fiesta. Pinoseros, con mi máxima gratitud a vuestro alcalde y a vosotros que deseo que no cambiéis nunca. Muy felices fiestas y ¡Vixca el Pinós!.
|