| DISCURSOS
EN MUNICIPIOS
PREGÓN
DE LES FESTES DE SAN BONIFACI
Petrer, 29 de
abril de 2000
Querido pueblo
de Petrer, benvulguts amics, voldría, en primer lloc, demanar les
excuses pertinents per no poder parlar més que una mica en la vostra
llengua. Fins i tot la meva voluntat per aprenderla, en sembla que ara
ja es un poc tard per a mi. O potser no. En tot cas, permitid pues que
vuelva a la lengua que domino, para que pueda expresar con mayor sentimiento
el profundo orgullo que siento por ser vuestro pregonero.
Señor
Alcalde, Presidente de la Unión de Festejos, autoridades locales,
autoridades festeras, abanderadas, capitanes, rodellas, y festeros en general,
deseo manifestar públicamente mi profundo agradecimiento por haber
pensado en mi para hacer de pregonero de estas espléndidas Fiestas
de Moros y Cristianos en honor a San Bonifací.
Soy plenamente
consciente del honor que se me otorga y acudo orgulloso, esta noche, para
pregonar la apertura de puertas y ventanas, de almas y corazones, al ambiente
festivo, luminoso y vital de la FIESTA DE MOROS Y CRISTIANOS de Petrer.
No soy festero,
en el sentido que vosotros le dais al término, ni he tenido el placer
de vivir tan intensamente como vosotros lo hacéis unas fiestas de
moros y cristianos, pero se que en ellas se encierra el sentir de un pueblo,
el alma de una industriosa ciudad como Petrer, que trabaja afanosamente
360 días al año para conmemorar, durante cinco días,
unos hechos históricos que han forjado una idiosincrasia tan definida
como la vuestra.
Se que las vísperas
son los días en que con mayor anhelo se vive la Fiesta. Son los
días en que los preparativos cotidianos roban el tiempo al trabajo
y, a veces, el sueño. Los días en que se manifiesta el esfuerzo
y cariño de tanta madre para que los trajes de sus hijos y de su
marido estén en perfectas condiciones para salir a la calle. Los
días en que se vive intensamente el empeño de todos los componentes
de cada filá para tener preparados trajes y abalorios, pero también
cuartelillos y los propios hogares, perfectamente equipados, por humildes
que sean, para recibir ansiosos a tantos y tantos amigos como concitan
vuestras afamadas fiestas.
Pero se también
que en estos días abanderadas y rodellas "tremolan" de ilusión,
porque los días grandes están ahí, a la vuelta de
la esquina, y los trajes están recibiendo los últimos retoques.
¡Y qué
trajes!, ... a la vista está la magnificencia y el empeño
de los capitanes para que sus abanderadas representen de la manera más
digna y bella a la mujer en este incomparable marco de la Fiesta de Moros
y Cristianos. Ante mi asombro, me han informado que el traje de abanderada
es muy especial, que su diseño es unas de las características
más celosamente guardadas entre las tradiciones de la Fiesta, que
es mucho más elaborado y costoso que el de otras poblaciones, y
que el diseño debe ajustarse a estrictos controles de autenticidad,
para preservar las señas de identidad de las Fiestas de Petrer.
En efecto, deslumbran
los ricos tejidos, la copiosa pedrería y el arte con que han sido
confeccionados estos excepcionales vestidos de abanderada. Sin duda, son
fruto de una esmerada tradición. Empeño centenario de artesanas,
que atesoran sabiduría ancestral y moderno diseño, para hacer
cada año, si cabe, aún más bonitos cada traje de gala.
¡Qué
orgullosas deben sentirse estas abanderadas!: las del año pasado
por lo alto que han dejado el listón en cuanto a belleza, comportamiento
y estilo; y las nuevas, las de este año, porque guardan todavía
para sí el secreto de sus, seguramente, deslumbrantes vestidos,
que pronto podremos admirar en las calles.
A todas ellas
dedico mi más sincera enhorabuena, porque se que constituyen pieza
esencial en torno a la que gira la Fiesta.
Este año,
la labor de pregonero me ha permitido conocer más a fondo el carácter
tanto de vuestro pueblo como de vuestras fiestas.
Sabía
que sois una ciudad próspera y dinámica, con un nutrido cuerpo
empresarial, que ha sabido hacer de la artesanía del calzado una
destacada industria, que compite ventajosamente en los mercados nacional
e internacional, por la calidad del producto, por la constante innovación
y por el empeño en abrir nuevas líneas de comercialización.
Como economista,
he tenido la oportunidad de conocer bien a fondo el rico tejido empresarial
de esta ciudad, y se que la prosperidad que disfrutáis ha sido ganada
con arduo esfuerzo, a partir del empleo intensivo del factor trabajo, de
la instauración de una base exportadora muy dinámica, que
se ha visto completada por las demandas de un creciente mercado interior.
Me consta que
todo el esfuerzo se ha hecho sobre la base de unos trabajadores altamente
cualificados, también herederos de un saber centenario, que a partir
de estructuras familiares, han dado con frecuencia el salto a empresarios,
configurando uno de los más ricos tejidos empresariales de la Provincia,
por la cantidad y diversidad de la pequeña empresa que, si en tiempos
fue signo de debilidad estructural, ahora apunta como ventaja altamente
competitiva, que facilita las reconversiones y los procesos de innovación,
y se amolda con comodidad a los mercados de la subcontratación.
A esa próspera
actividad industrial habéis sabido sumar, con ventaja, una cada
vez más destacada función terciaria, que va erigiendo al
municipio en destacado faro de crecimiento económico en la comarca
y en el conjunto del Estado, y constituye ya un referente de escala territorial
en el sistema de ciudades del eje de desarrollo económico del Vinalopó
y de la Comunidad Valenciana.
No obstante,
tales atributos no serían nada, o tendrían escaso valor,
si no fuesen acompañados por unos valores humanos tan elevados,
o más si cabe, que los económicos. Y esto puedo afirmarlo,
también, por propia experiencia.
La primera vez
que vine oficialmente a Petrer fue a raíz del programa de solidaridad
impulsado por la Universidad de Alicante. Queríamos instituir una
serie de becas para estudiantes suramericanos y necesitábamos mecenas
que estuviesen decididos a apostar decididamente por esos valores de solidaridad
y humanismo que permitiesen llevar a los pueblos más desfavorecidos,
no la limosna, ni la ayuda coyuntural, sino el conocimiento como base fundamental
para alcanzar un desarrollo sostenible y acorde con las necesidades cotidianas
de cada país.
¡Pues
bien!, el Ayuntamiento de Petrer fue uno de los primeros en aceptar gustosamente
el programa y en crear unas becas para que estudiantes de los países
más atrasados en términos de renta económica pudiesen
saltar el océano y cursar estudios de diferente índole en
la Universidad de Alicante.
De igual manera,
me honro con la amistad de los representantes legales del Pueblo Saharaui
en España, a quienes trato con alguna frecuencia. Ellos mismos son
los que me han transmitido el importante papel y la inestimable ayuda que
la asociación petrerense de Amigos del Pueblo Saharaui realiza desde
hace ya mucho tiempo.
Se trata sólo
de dos muestras, de hondo calado, que hablan de la magnitud del sentimiento
humano y solidario de esta encomiable ciudad.
Pero, como decía,
para prepararme estas líneas he tenido el placer de hojear algunas
publicaciones que recogen vuestra historia. La Historia con mayúsculas,
desde la Villa Petraria hasta el presente, que habla de reyes y señores
feudales, y las más apasionantes historias pequeñas, las
del pueblo y las de vuestras fiestas.
He conocido
así los desvelos de tantas y tantas generaciones de petrerenses
para conseguir extraer y aprovechar al máximo los escasos caudales
de la Rambla de Puça, almacenadas y reguladas en la Bassa Perico.
He tenido oportunidad
de comprender el ingenio con que se sacó provecho de las saladas
aguas de Salinetes, en el siglo pasado, mediante un próspero negocio
balneario, que parece renacer, conforme demuestran las actuales aglomeración
de bañistas en tan exiguo caudal, tal como he podido ver con bastante
frecuencia desde la autovía.
He tenido noticia
de la importante actividad alfarera, merced a la puesta en explotación
de las arcillas que tanto abundan en el municipio, y de la evolución
de esa artesanía hacia una próspera industria de tejas y
ladrillos, que permitió construir las moradas para dar cobijo a
la creciente población del Valle en las décadas de fuerte
crecimiento.
De igual manera,
he aprendido de otras notables hazañas de vuestros antepasados,
algunas tan sorprendentes como las del Virrey Poveda, o las del amigo de
George Washington, ese Miralles implicado en el negocio esclavista que
tanto tuvo que ver con la consecución de la independencia de los
Estados Unidos de America, y que incluso llegó a vestir al ejército
norteamericano con trajes procedentes de Alcoy.
De igual manera,
he podido disfrutar de ese paisaje que tan honda huella dejó en
Azorín a su paso por Petrer, y tanto ha inspirado a pintores locales
y foráneos.
Pero, sobre
todo, me ha sorprendido la honda tradición festera de Petrer. Un
pueblo que hizo sus votos de devoción a San Bonifacio en 1614, elevándolo
a patrono de la Villa y que, desde entonces, ha venido celebrando ininterrumpidamente
estos días, enriqueciendo con el paso del tiempo las celebraciones.
Se ha pasado
desde los alardes y disparos de aquellas lejanas soldadescas, que ya aparecen
registradas en vuestros archivos al menos desde 1640, que van cuajando
como verdaderas comparsas organizadas a lo largo del siglo XIX, hasta la
complejidad y vistosidad de las Fiestas actuales, que han acabado por convertirse
en paradigma del lujo y del orden y de la organización.
He tenido la
oportunidad de disfrutar en varias ocasiones de la espectacular Entrada
Mora, gracias a la amabilidad de vuestro Alcalde, siempre en grata compañías
de festeros que tenían a bien explicarme el significado de cada
enseña, de cada traje y hasta de cada pasodoble o marcha mora. De
esa manera, puedo alardear de que he realizado con satisfación un
cursillo de especialista, casi un magister, en una de las academias festeras
más cualificadas de la provincia: en Petrer.
He de señalar
que, también, algunas horas de "estudio" en ese master las he cursado
en los acogedores cuartelillos festeros, donde he podido degustar tanto
la rica gastronomía y repostería petrerense, como la excelencia
del trato, la amabilidad y, aún, la complicidad festera.
Por eso entiendo
perfectamente que la Fiesta en Petrer se halla convertido en referencia
principal del calendario vital de los petrerenses, en un fenómeno
rico en significados y matices, tan propio de las manifestaciones vivas
de la cultura popular.
En las Fiestas
participan miles de petrerenses que viven aquí y otros que regresan
a su pueblo con tan fastuosa ocasión. Para salir a la calle las
diez comparsas se han de dar muchas horas de trabajo callado a lo largo
del año, pero en esos días de mayo, la Fiesta estalla ante
un público entregado, cada vez más abundante, que la festeja
y agasaja, acaso viendo en ella una plasmación simbólica
de la identidad colectiva petrerense.
Pocas manifestaciones
tienen el pulso tan vivo como esta, y menos aún la dilatada trayectoria
vital que acompaña las celebraciones en honor de San Bonifaci. Objeto
de diversos estudios, algunos por investigadores extranjeros, las Fiestas
de Petrer se han visto en clave de la lucha del bien contra el mal. El
"tiempo de los moros" es en la mentalidad popular colectiva el horizonte
mítico donde todo tiene lugar, donde se forjan las leyendas y las
señas de identidad de los pueblos, la tierra madre de los acontecimientos
primordiales, el tiempo de origen, de manera que la reconquista no se percibe
ya como un proceso histórico, sino más bien, simbólicamente
como la génesis, el nacimiento de nuestro tiempo cristiano.
Lo antiguo,
lo viejo, todo es de "tiempo de los moros", pese a que ruinas y vestigios
pertenezcan a otras culturas más antiguas. Pero, además,
en la mentalidad popular española los "moros" han quedado vinculados
a la imagen del enemigo, del otro, del mal. Así, los primeros alardos
de arcabucerías exigían que, junto a los buenos, a los defensores
de San Bonifaci, aparecieran escenificados los malos, los moros.
La cruz y la
media luna como antagonistas. Si bien, en esa pugna incruenta, se vieron
beneficiados los primeros moros porque la dramatización exigía
que los enemigos vistiesen ropajes diferentes, inspirados en la fantasía
orientalizante, desbordada durante el romanticismo y, también, con
ocasión del art decó en el tránsito del siglo XIX
al XX. Sólo más recientemente los trajes recios del bando
cristiano han empezado a engalanarse y a gozar, por así decirlo,
de la misma oportunidad de lucimiento que los del bando moro, introduciendo
trajes de porte medieval.
Otros análisis
de las Fiestas apuntan a su importancia como elemento aglutinador de la
colectividad. Los desfiles constituyen, en sí mismos, una afirmación
de la identidad propia de cada uno de los grupos que desfila, donde se
dan la mano las diferentes clases sociales y los más diversos estamentos,
sin distinción de credo ni de signo político. Pero, además,
las comparsas permiten la rápida integración de los forasteros,
que pronto se sienten llamados a formar parte de tan vasta manifestación
de pertenencia a una comunidad concreta: Petrer.
En la Fiesta
hallan acomodo hombres y mujeres, niños y mayores, petrerenses y
visitantes en una catársis festiva, que se experimenta, sobre todo,
en esas comidas festivas, en los cuartelillos, en el trastoque de horarios
y hábitos de vida y en los propios desfiles. Los ritmos acompasados,
el colorido y el ambiente promueven la ruptura del tiempo cotidiano y la
eclosión del tiempo de fiesta, al que se entregan petrerenses y
visitantes durante esos mágicos días de mayo.
Pero, volviendo
a ese acto que mejor conozco, que es la Entrada Mora, he de confesar que
me he sentido apabullado viendo subir, escuadra tras escuadra, todas las
filaes en un orden casi milimétrico, ajustándose a la perfección
al horario y a las disposiciones de la Junta Central.
Recuerdo con
honda satisfacción las entradas en que he tenido el placer de participar,
y digo bien, participar, por cuanto la música, el colorido y el
ambiente en esas horas se tornan envolventes y el espectador desavisado
deja de ser sujeto pasivo y se integra plenamente en la Fiesta. La tarde
se evapora lentamente y uno queda envuelto en una agradable sensación
de ingravidez y de intemporalidad.
He de confesar
que uno pierde el sentido de la realidad en esas horas, de la tarde del
domingo, en que el sol desciende hacia poniente, sobre el fondo de la avenida;
en esas horas en que la luminosidad del cielo de la tarde primaveral llega
a fundirse con el paisaje urbano. La tarde se vuelve mágica y uno
queda embriagado por los embelesadores acordes de las marchas moras, o
mejor dicho, de Caravana, esa sensual marcha tan llena de evocaciones que
habéis sabido acomodar como sutil banda sonora de la Entrada.
Las filaes se
suceden con la sensualidad del paso moro siempre ponderado. Chicas de belleza
realzada por majestuosos trajes, con filigranas de maquillajes por sus
rostros, ascienden respaldadas por la luminosidad del sol, que se refleja
una y mil veces en espejuelos, lentejuelas y otras pedrerías dignas
de las mil y una noche.
Junto a ellas,
aguerridas escuadras de guerreros, con trajes que impresionan, a veces
por la fiereza del conjunto, y otras por la elegancia, el lujo y el oropel
con que engalana a sus portadores.
Delante de las
filaes los cabos; ese prodigio de estilo, gallardía y, si me lo
permiten, hasta chulería, que emana de su profunda satisfacción
por ostentar ese cargo. Serpentean, agasajan y, ante la tribuna, se muestran
humildes y saludan, a la vez que henchidos de placer muestran al resto
de los componentes de la filá, a sus compañeros, a quienes
hacen partícipes de los más que merecidos aplausos desatados
entre el público.
Pero, si deslumbrantes
resultan las comparsas del bando Moro -Moros Vells, Moros Nous, Moros Beduïns,
Moros Fronterizos y Berberiscos-, las comparsas del bando cristiano no
les van a la zaga. Así, Tercios de Flandes, Mariners, Biscaïns,
Estudiants y Llauradors han sabido dar digna réplica en sus filiaes,
masculinas y femeninas, a la tradicional fantasía de las comparsas
moras. Incluso con sus marchas establecen un brillante pulso con las marchas
moras, en especial desde que han aparecido en la Fiesta marchas cristianas
de tan potente rítmo como Capitanía Cides.
En este punto,
permitid que, como Rector, tenga un recuerdo entrañable para la
Comparsa de Estudiantes, que ya tuvo a bien invitar a mi antecesor en el
cargo, al profesor Martín Mateo, para que inaugurase el Campus,
el local de esa comparsa, cuyos directivos, en esta edición, me
han propuesto como pregonero. A todos ellos quiero decirles que merecen
un sobresaliente, tanto por su compromiso con la Fiesta, como por haber
logrado ese difícil equilibrio entre solemnidad y diversión.
De las conversaciones
mantenidas con otros profesores universitarios, de otras poblaciones en
que también se celebran fiestas de moros y cristianos, algunos de
ellos muy implicados vivencialmente, y otros investigadores de tan excepcional
manifestación social, he sabido que vuestras fiestas se han convertido
en referente obligado en la vasta geografía de pueblos y ciudades
que las celebran.
Me consta que
habéis depurado las celebraciones de todo aquello que, de una u
otra forma, había llegado a contaminar la pureza de los actos centenarios.
Habéis sabido mantener la esencia de vuestras fiestas, desechando
modas circunstanciales. Me han contado la importancia que otorgáis
al diseño de los trajes, sujetos a estrictas normas de la Comisión
Artística, para que sean dignos herederos de una larga tradición:
de esa manera son desechados los trajes de alquiler que tanto proliferan
en otros lugares, y que llegan a empañar el verdadero lucimiento
festero.
Sé por
los miembros de la Junta Central el énfasis que ponéis para
que todos y cada uno de los actos festeros se cumplan conforme a los acuerdos,
de manera que el Alcalde de Fiestas tenga poco trabajo. Habéis llegado
a una serie de determinaciones de obligado cumplimiento, en beneficio de
mantener las tradiciones y las características peculiares de vuestras
fiestas, alejándoos de manifestaciones populacheras, para dejar
sentados los principios del verdadero espíritu festero.
Ello se manifiesta
en la pulcra organización de las Fiestas, en el trabajo de directivos
y comisiones de punta a punta de año y, en fin, en ese esfuerzo
descomunal que supone aunar las voluntades de miles de personas para manifestarse
cívicamente, de manera festiva pero ordenada, durante los días
de la Fiesta.
De esa manera,
al volver a la pureza de las tradiciones, al desechar la paja y quedaros
con el trigo, habéis encontrado un camino de verdadera innovación,
que os distingue de otras poblaciones festeras.
Se suma así
en Petrer, progreso social y festero. Permitidme, amigos, animaros a continuar
por ese camino de progreso que habéis iniciado, alentados por un
ansia de prosperidad envidiable. Pero no olvidéis vuestras raíces;
esas raíces que se hunden en los campos, en las calles, en vuestras
almas, y que han formado, al cabo, vuestra manera de ser y de estar en
el mundo.
Combinar la
tradición con la modernidad, es la más sabia aspiración
que puede anhelar el hombre. No os dejéis llevar por el ritmo frenético
que deshumaniza, y regresad, de cuando en cuando, a la placidez de un pasado
que tuvo su lado amable, su lado bueno, y perpetuadlo en vuestros descendientes.
En fin, el evento
que hoy nos convoca, y que habéis llevado a cabo con gran entusiasmo,
no es sino la síntesis de la tradición y la modernidad: el
preámbulo de la puesta en marcha de unas fiestas de moros y cristianos
que aúnan el rancio sabor del pasado histórico con el legítimo
sentimiento de ocio y la diversión.
No ha sido una
tarea fácil, ya que el empeño arranca desde el siglo XVI.
Más de 300 años desde que, por primera vez, llamasteis a
las puertas de la memoria para volver a ofrendar con vuestros alardos de
arcabucería a vuestro Patrón San Bonifacio. Que vuestros
rectos comportamientos sean eficaz escuela para tantos y tantos niños
petrerenses, llamados a engrosar las filas de vuestras comparsas.
Para terminar,
deseo expresamente que estas Fiestas del año 2000 sean las mejores.
Que san Bonifaci intermedie para que el sol luzca en todo su esplendor,
para que los actos se desarrollen de la manera más brillante, para
que los miles y miles de espectadores convocados disfruten a plena satisfacción
de estas maravillosas Fiestas, que tanto esfuerzo os cuestan y que tienen
la virtud de renovarse cada año.
Espero fervientemente
que el espíritu de camaradería que se forja codo con codo
en la filá, así como la amabilidad y la hospitalidad que
os caracterizan presidan todos vuestros actos en estos días tan
entrañables.
Reitero mi agradecimiento
a la Unión de Festejos San Bonifacio Martir, por haberme permitido
vivir con vosotros estas intensas y ya febriles vísperas, por haberme
invitado a este tan solemne como sentido acto festero en honor de las abanderadas.
Os pido que,
con el mismo sentimiento con que entonáis el pasodoble Petrer, en
ese majestuoso momento colectivo en la Plaça de Baix, entonéis
conmigo el
¡¡VISCA
PETRER!!
¡¡VISCA
SAN BONIFACI!!
La realización
de este pregón no hubiera sido posible sin la ayuda de los profesores
Gabino Ponce y José Carlos Rovira.
Página
mantenida por la Oficina del Rector
Última
actualización: Octubre-2000
|
  |
|