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| DISCURSOS Y COMUNICACIONES
Discurso del Rector en el solemne acto de apertura del curso 1998/99 Honorable Sr.
Conseller de Cultura, Educación y Ciencia
Permítanme que agradezca muy sinceramente el tono constructivo, positivo y dialogante de la intervención que me ha antecedido del Sr. Conseller. También que en mis primeras palabras les haga partícipes de una intima reflexión: quizás pocas veces a un rector en tiempos recientes se le ha presentado una tarea tan difícil. Incluso escribir un discurso como éste me ha hecho debatir, durante horas, entre la necesidad de reivindicar y defender lo que consideramos justo para nuestra comunidad universitaria y para la sociedad a la que servimos y la prudencia que obliga a mantener el sosiego, la calma y una relación institucional en unos términos donde debo conservar a ultranza la corrección y esforzarme sin límites en tender puentes que faciliten el entendimiento y el diálogo institucional. Un representante elegido democráticamente debe defender los legítimos intereses que representa. Y creo que estaríamos todos de acuerdo si afirmo que los debe abogar, sin complejos, sin la coacción de la descalificación permanente, en el marco de libertades que sin restricciones defiende nuestra Constitución democrática, sin esperar insultos gratuitos por ello. Los rectores representan instituciones como las universidades. Creo innecesario recordar que en ellas depositan sus esperanzas padres, jóvenes –en esta 30.000- en busca del prestigio y credibilidad de sus títulos para alcanzar el día de mañana su profesión, su trabajo. A estas alturas parece innecesario evocar que una institución universitaria merece el respecto y la consideración propia de su función social: ni más, ni menos. En los ocho años que llevo ejerciendo responsabilidades como Vicerrector y como Rector de esta Universidad nunca ha surgido de mis labios –ahí están las hemerotecas para corroborarlo- un insulto, un comentario peyorativo hacia un representante institucional, incluso habría que buscar muy concienzudamente para hallar una crítica directa –y se encontrarían más críticas hace siete años, por ejemplo, que en los tres últimos-. Multitud de veces a los periodistas ante declaraciones que tal o cual cargo ha dicho esto o lo otro de mi persona he respondido cansinamente: que jamás entraré en polémica alguna o en responder una descalificación personal con otra. Por el contrario decir lo que se piensa en un uso de la libertad de expresión. Recurrir a la justicia para dirimir contenciosos, ejercer el uso de lo que creemos –y creen casi todos los rectores españoles- nuestra autonomía universitaria no debería ser objeto de ningún tipo de extrañeza, o incluso represalia, por parte de nadie. Nos podremos equivocar, si así es, no dudaremos en rectificar por el bien de nuestra Comunidad Universitaria. Pero nuestras reivindicaciones deben entenderse siempre en sentido positivo y en beneficio de todos los fines sociales que se persiguen a través de nuestra actividad universitaria. Créanme que si ha surgido una llamada de atención sobre un tema concreto lo he hecho tras muchos meses/años de espera, tras cartas, tras intentos de transmitir a otros, más afortunados que yo- mi suplica, mi ruego de que fuera atendido éste u otro tema y siempre en la confianza de que los intereses públicos a los que nos debemos primarían sobre cualquier otro aspecto. LA CRUE acordó en su última sesión por unanimidad dar lectura a un texto en el que se alude a temas tan importantes como la paralización de la política universitaria (retrasos en la reforma de los planes de estudios, desconocimiento de la política oficial educativa del Ministerio, los graves perjuicios en la "lentitud y poca transparencia" –cito textualmente del título V sobre profesorado de la LRU, el hecho de que las universidades españolas son las peor financiadas de Europa con la excepción de Grecia, los 32.000 millones de deuda pendiente a las Universidades por las exenciones a las familias numerosas, la ausencia de rigor académico en algunos de los nuevos proyectos universitarios). Que yo sepa ni la CRUE ha sido descalificada por la Sra. Ministra ni ninguno de los rectores en sus respectivas comunidades autónomas por críticas o preocupaciones de una entidad que jamás yo he llegado a plantear como rector. Honorable Conseller, con todo respeto, con toda humildad, con toda la convicción: Tras su discurso de hoy estoy convencido de que compartirá conmigo:
Toda la Comunidad Universitaria ha sido testigo de que luchamos cada día con toda nuestra ilusión y entusiasmo para que no florezca la cultura del cansancio, del escepticismo o, incluso, del temor a la descalificación con nuestras iniciativas y proyectos. Nuestra Universidad está viva y aspira a mejorar cada día, a transmitir a nuestros jóvenes, a la comunidad universitaria el apasionante reto que suponen los cambios tecnológicos en la nueva sociedad de la información, las demandas de la formación continua, el espectacular avance científico de nuestro siglo y el aun más admirable que nos espera a las puertas del nuevo milenio, en un momento en el que cada cinco años se duplica el nivel de conocimientos científicos. Créanme la Universidad de Alicante es una excelente Universidad. Una Universidad que reclama el derecho de estar orgulloso de ella. De que los gobernantes de todos los signos de la Comunidad Valenciana la ostenten como uno de sus grandes logros -con toda humildad: de los más espectaculares logros- de la Comunidad:
Las universidades, el pensamiento se ha caracterizado siempre por la búsqueda de la verdad. Los clásicos: Platón Aristóteles, San Agustín, Santo Tomás... En la historia de la ciencia algunos acabaron donde no merecían por decir verdades que son incuestionables o que causarían la risa de un escolar hoy. Que se apaguen las hogueras. Las Universidades de tanto equivocarnos en esa búsqueda de la verdad hemos llegado a afianzarnos en la sensata y humilde duda cartesiana. Lo decimos con toda humildad: que renazca el triunfo de la razón y de la generosidad de quien tiene poder para hacerlo. No apaguemos las críticas: solucionemos los problemas. No reclamemos generosidad del más pequeño, del más débil. La generosidad del poderoso le dignifica, le engrandece. No despistemos a la opinión pública con mensajes que escondan la verdad. Debemos empezar reconociendo lo que es un clamor público: que hay problemas y que hay voluntad de solucionarlos en beneficio de la sociedad. Es un deber y una responsabilidad pública que nos pongamos a ello. Dejemos de auditar mezquinamente esta Universidad con un celo que quizá no se hace con lo propio. Tenemos que trabajar en paz. Esta comunidad universitaria me ha elegido su representante para los próximos cuatro años. Con un respaldo probablemente inmerecido por mi parte: casi el noventa por ciento de los votos emitidos y el 82 por 100 del Claustro. Sería muy grave que este apoyo lo fuera perdiendo el rector por miedo. Pírrica victoria: la razón vencida y humillada por el poder. Todo ese respaldo es una enorme responsabilidad para no defraudar a mi comunidad universitaria. No me pidan o exijan que calle lo que no debo callar, no menoscabemos la independencia y autonomía de una institución universitaria y ayúdenme a crear el clima positivo que debemos, entre todos, recuperar. Me gustaría en los próximos meses tener palabras de agradecimiento, de reconocimiento, incluso de exaltación de vuestro apoyo. Estoy seguro, Sr Conseller de que, en beneficio del servicio público, así va a ser. Tiene todo mi humilde crédito, respeto, afecto y colaboración para ello. Honorable Conseller hemos escuchado con atención y profundo respeto vuestras palabras. Esta Comunidad Universitaria y la sociedad aquí representadas se constituyen, por tanto, en fedatarias de vuestras propuestas, deseos de concordia y promesas. A ellas deberéis explicaciones llegado el caso. Permítanme acabar con aquellas palabras de fray Luis de León al retornar a la cátedra que la intransigencia le obligó a abandonar: "....decíamos ayer...". Y ese ayer quisiéramos que fuera hoy. Un ayer que, pese a la inmediatez, se nos antojará lejano; un ayer en el que se alumbraron proyectos y se aunaron voluntades en las circunstancias más adversas; un ayer vacío de rencores; un ayer que fue de todos y por todos compartido. Como de todos será el futuro, pleno de esperanza y realidades, un futuro lleno de ilusión y de compromisos, un futuro de progreso, de respeto y consideración, un futuro de clima positivo, un futuro de esperanza para nuestros jóvenes estudiantes. Estoy seguro Sr. Conseller, de que TODOS HABREMOS sabido ganarlo. Muchas gracias.
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