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Churro
mediamanga mangotero |
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| Fernando Ballenilla | ||
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Esta foto fue tomada en Ibi, donde comencé a dar clases en el curso 76-77. Debe ser del año 78 porque se está jugando en el edificio del instituto, que inauguramos el curso 77-78. Cuando me la enseñó Chimo me sorprendió mucho, no recordaba que este divertido y duro juego, al que yo había jugado tanto de pequeño, todavía se jugaba por esas fechas (al menos en Ibi). Para jugarlo se forman dos equipos, en la foto son de cinco personas cada uno, En uno de los equipos uno hace de madre y se coloca de pie con la espalda en la pared, y recoge entre sus piernas la cabeza de otro compañero agachado del equipo, y así sucesivamente hasta formar una hilera que recibe el nombre de burro. El otro equipo hace de jinetes, y saltan sobre los primeros intentado no caerse, porque si alguno cae, el equipo pierde. De manera que los primeros deben de hacer un buen salto para dejar espacio a los demás. Cuando ya habían saltado todos, y en un equilibrio bastante inestable, el jefe del equipo decía "Churro mediamanga mangotero ¿Adivínas lo que es?" y al mismo tiempo se colocaba la mano derecha en la mano izquierda (churro) en el codo (mediamanga) o en el hombro (manga-entera o mangotero, como decíamos). Si los que formaban el burro no acertaban, les tocaba pagar otra vez, siempre que la madre certificase que no se había hecho trampa. La dureza del juego se incrementaba porque una manera de que el burro lo volviesen a a formar los mismos, era tratar de que se "afonase", y eso se conseguía amontonándose y con saltos enérgicos encima de alguna pobre víctima del otro equipo, generalmente el eslabón más debil, que así debía de aguantar mayor peso e impactos que sus compañeros. Era como el juego de la taba, no todo el mundo se animaba a jugar. A pesar de que estoy en contacto con jóvenes continuamente debido a mi profesión, hace muchos años que no lo he visto jugar en los centros (ni por ahí). Creo que porque no es didácticamente correcto, precisamente por su rudeza. De hecho, uno de los alumnos de la foto, en otro lance en que no había madre, hizo un salto tan bueno que fue a dar con la pared, y se rompió los incisivos. Con todo y con eso, no tengo noticia de accidentes mayores jugando al churro, y sin embargo, si he asistido a más de un funeral de alumnos motorizados. 18-6-2006
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| La ilusión del crecimiento infinito |
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