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Materia
y energía
En
determinada mirada sobre el universo, la de los físicos, en
este solo hay dos cosas, materia y energía.
La
materia tiene masa, forma y volumen, nuestros sentidos la perciben
directamente (o eso creemos, ya que la vista en realidad es sensible
a una radiación electromagnética, la visible, que ni
siquiera necesita un medio material para transmitirse, el oído
detecta las ondas de compresión, otra forma de transmitirse la
energía, pero en este caso soportadas por un medio material,
el aire. El tacto es sensible a las transferencias de calor, que
percibimos como diferencias de temperatura, etc.).
Sin
embargo nuestra percepción de la materia (aunque esté
mediada por procesos de transmisión de energía) es más
directa, concreta y cierta, mientras que la de la energía es
más imprecisa, relativa y especulativa. De siempre a los
charlatanes y embaucadores les ha resultado fácil hablar de
difusas energías, y les resulta difícil ejercer cuando
pasan al terreno de las crudas realidades “materiales”.
Energía
y trabajo
Una
acepción clásica de energía la define como la capacidad de realizar
un trabajo, pero ¿Qué es
el trabajo? Los manuales de física definen el trabajo como el
proceso en el que una fuerza produce alguna modificación, por
ejemplo, un desplazamiento de algo que estaba quieto, o una variación
de la dirección o la velocidad de algo que se estaba moviendo.
Sin
embargo el concepto de trabajo del lenguaje habitual va más
allá, considera también trabajo al hecho de sostener,
sin mover, un objeto. Desde el punto de vista físico, sobre
ese objeto no se está realizando un trabajo, ya que no sufre
ninguna modificación, y paradójicamente, la persona que
está realizando ese esfuerzo, si que está trabajando;
es decir, sus células musculares, en concreto dos proteínas
la actina y la miosina, están utilizando energía
química de enlace para trabarse una sobre otra y hacer frente
al efecto del campo gravitatorio sobre el objeto manteniéndolo
en su sitio ¡Sin realizar un trabajo!, ya que el objeto no se
desplaza.
Energía
cinética y potencial
¿Pero
que ocurre cuando con una fuerza modificamos la situación de
reposo de un objeto?
Cuando
a una bola de billar, inicialmente quieta, le atizamos con el taco,
provocamos su desplazamiento, y esta bola, que antes estaba quieta,
puede golpear a otras, también inicialmente quietas, y
provocar su movimiento.
Vemos
que el trabajo realizado sobre la bola de billar inicial, le ha
transmitido a esta la capacidad de realizar un trabajo. Es decir, el
trabajo que provocó el movimiento de la bola inicial, le
proporcionó a esta energía (es decir, la capacidad de
realizar un trabajo). A esta energía ligada al movimiento
de objetos se le llama energía cinética.
Pero
la capacidad de un objeto para producir un trabajo no depende solo
del movimiento, depende también del lugar en que se encuentre.
A esa capacidad de realizar un trabajo en función de la
posición se la conoce como energía potencial.
Dicha energía es equivalente a la que hayamos empleado para
colocar el objeto en esa posición.
Si
tiramos un piano de cola por la ventana, y al chocar con el suelo
queda destrozado, ¿De donde ha salido la energía que ha
provocado el trabajo de destrozar el piano? Le fue transmitida, al
piano, por los trabajadores o el ascensor que lo subió al
décimo piso, y se conoce como energía potencial
gravitatoria.
La
elasticidad es la propiedad por la que los sólidos tienden a
conservar la forma, un solido elástico deformado (por ejemplo
un muelle), es capaz de realizar también un trabajo, y a esa
capacidad también se la conoce como energía potencial
elástica.
La
energía de enlace químico, que es la que utilizamos
cuando quemamos combustibles fósiles, en realidad la podemos
considerar una energía potencial electrostática. Es la
que liberan los electrones (con carga negativa) que comparten el
carbono e hidrógeno en su enlace al formar los hidrocarburos,
cuando al combinarse con el oxígeno (que es más
electronegativo que el C y el H) , pasan a estar más cerca del
núcleo (con carga positiva) liberando energía.
Solemos
hablar también de energía fósil, hidráulica,
solar..., haciendo referencia a la fuente que la proporciona, es
decir, al origen de las fuerzas que nos pueden permitir realizar un
trabajo. Sin embargo, aunque con distintos nombres, siempre nos
estaremos refiriendo a una misma magnitud: la energía.
Sistemas,
materia y energía
Hasta
el momento hemos considerado la energía y el trabajo en
relación con objetos concretos, pero estos no se encuentran
aislados, sino que interaccionan unos con otros. Un conjunto de
elementos que interaccionan entre si es un sistema. Si en ese
sistema hay intercambio de materia y energía con el exterior
se trata de un sistema abierto, si solo hay intercambios de energía
pero no de materia, se trata de un sistema cerrado, y si no hay
intercambios con otros sistemas, ni de materia ni de energía,
se trata de un sistema aislado.
Nunca
podremos conocer un sistema aislado, ya que al no intercambiar con
otros ni materia ni energía, es indetectable, ¡No
sabemos si está o no está ahí! El único
sistema aislado del que tenemos noticia es nuestro universo.
El
sistema terrestre, sin embargo, podemos considerarlo un sistema
cerrado, porque podemos valorar como insignificantes en relación
con la masa total de la tierra las toneladas de meteoritos y de
polvo de meteoritos que llueve sobre la superficie terrestre (al
convertirse estos en estrellas fugaces al penetrar en la atmósfera).
Además, su efecto no es significativo en la dinámica
terrestre (excepto en casos excepcionales, como el del meteorito que
impacto con la tierra al final del cretácico y que provocó
una gran extinción de especies, entre ellas los dinosaurios).
Sin
embargo, aunque el intercambio de materia con el exterior podemos
considerarlo despreciable, no podemos pasar por alto que la tierra
recibe radiación solar y que esta tiene importantes efectos
sobre su dinámica, y que a su vez, también emite
radiación, la mayor parte de ella infrarroja, procedente de la
energía interna de la tierra y sobre todo procedente del
calentamiento de su superficie debido a la radiación solar, a
esa hay que sumar la radiación solar reflejada debida al
albedo. De la radiación que recibe la tierra es especialmente
significativa para la biosfera la radiación luminosa, como
quedó patente con el impacto del meteorito antes citado, cuyo
principal efecto fue el de generar una capa de polvo que bloqueó
la entrada de radiación luminosa, acabando con los ecosistemas
que mantenían a los dinosaurios y determinando un nuevo rumbo
para la evolución, que potenció a los mamíferos
y en consecuencia, sesenta y cinco millones de años después,
a nuestra especie.
Como
vemos la tierra puede considerarse un sistema cerrado (porque sus
intercambios de materia con el exterior son proporcionalmente muy
pequeños y poco significativos en su dinámica,
mientras que el intercambio de energía si que es muy
relevante). Una ciudad, sin embargo, es un ejemplo de sistema
abierto, ya que que canaliza un intenso flujo de salida y entrada
tanto de de materia como de energía.
Energía
y su transferencia: trabajo y calor
Joule
construyó un aparato que consistía en un termo de
vidrio con las superficies plateadas y con una doble pared entre la
que se se había hecho el vacío. En su interior había
un termómetro y unas aspas que se podían agitar desde
el exterior. Con este instrumento comprobó que el trabajo que
se realizaba agitando las aspas desde el exterior, tenía el
efecto de calentar el líquido del interior, y que se
necesitaba siempre el mismo trabajo para calentar una misma cantidad
de agua desde una temperatura concreta a otra también
determinada.
De
manera que este experimento estableció que había una
relación directa entre trabajo y calor, y que la energía
empleada en agitar las aspas se acumulaba en el sistema cerrado del
termo, como se manifestaba con la subida de temperatura del agua del
termo. El incremento de temperatura de un sistema nos indica que las
partículas que lo constituyen se agitan a más
velocidad, es decir, tienen más energía cinética,
que antes.
Como
hemos visto la cantidad de energía que puede tener un
sistema, su energía interna, puede variar, y esto es
porque se puede transmitir de uno a otro de dos maneras, bien
mediante el trabajo, es decir, mediante fuerzas que producen
desplazamientos (el caso del meteorito es un buen ejemplo, también
el aparato de Joule), o bien mediante el calor. Esta transmisión
se produce cuando dos sistemas cerrados se ponen en contacto y no
tienen la misma temperatura, entonces se transmite energía del
de mayor temperatura al de menor temperatura en forma de calor, hasta
que se alcanza el equilibrio térmico, es decir, hasta que
igualan su temperatura.
De
manera que podemos considerar tanto al calor como al trabajo como la
forma en que los sistemas se transfieren energía.
En
homenaje a Joule, en el sistema internacional la unidad para medir la
energía y sus formas de transferirse: el trabajo y el calor,
es el julio, sin embargo hay otras unidades también muy
populares, por ejemplo la caloría, que equivale a 4,184
julios.
La
conservación de la energía: Primer principio de la
termodinámica
Ahora
bien, si lo que consideramos es un sistema aislado, la cantidad de
energía que contiene es constante. Este principio, validado
experimentalmente, se cumple siempre, y tiene importantes
consecuencias desde el punto de vista de las máquinas.
Si
consideramos una máquina como un sistema, y esta desarrolla
continuamente un trabajo que afecta al exterior del sistema (de la
máquina), es decir, transfiere energía hacia el
exterior en forma de trabajo, es necesario que la máquina
reciba una cantidad equivalente de energía desde el exterior.
Las máquinas que pretenden no cumplir este principio se
conocen como móviles perpetuos de primera especie, y
como es natural, solo funcionan en la mente de sus creadores.
Partiendo
de consideraciones teóricas, que más tarde confirmaron
datos experimentales, Einstein consideró a la materia como una
“forma” de energía y relacionó a ambas con la
siguiente expresión:
E
= m c 2
Además
extendió el principio de conservación al conjunto de la
materia y la energía del universo, que recordemos que es un
sistema aislado. Desde ese punto de vista, la suma de materia y
energía del universo, al ser un sistema aislado, debe
permanecer constante.
La
conversión de calor en trabajo
Con
la experiencia de Joule vemos que podemos transformar el trabajo
íntegramente en calor, y también vemos todos los días
que hay máquinas que transforman el calor en trabajo, son las
máquinas térmicas, la más popular es el motor de
combustión interna (que funciona con diesel o con gasolina),
pero el ejemplo más relevante de ellas es la máquina de
vapor, responsable del comienzo del uso de los combustibles fósiles
en la industria.
El
incremento de productividad en la industria fue tan grande gracias al
uso de la máquina de vapor y el carbón como fuente de
energía, que llevó a estudiarlas en profundidad, y ya
en 1842 Carnot estableció que a diferencia de lo que ocurría
con el trabajo (que si se puede convertir íntegramente en
calor), no todo el calor se podía transformar en trabajo.
Estableció además que para que esto ocurriese, hacían
falta dos focos caloríficos, uno a más temperatura (la
caldera) y otro a menos (el sistema de refrigeración), en la
transmisión de energía (calor) desde el foco de mayor
temperatura al de menor es cuando se puede derivar parte de la
energía como trabajo. El rendimiento teórico depende de
la diferencia de temperatura entre los dos focos, pero en los motores
reales, en los que van circulando por ahí, este no supera el
30% (ni en los mejores automóviles) a pesar de toda nuestra
tecnología. Es decir, para obtener solo 30 julios de trabajo
necesitamos 100 julios de calor.
Carnot
estableció, además, que no se podía convertir
calor en trabajo con una máquina que tuviese un solo foco, es
decir, un automóvil no puede sacar energía calorífica
del aire (hay muchísima, aunque no sea un caluroso día
de agosto) y convertirla en trabajo, esta máquina imaginaria
se conoce como móvil perpetuo de segunda especie, y es
tan imposible como los móviles de primera especie que
vimos antes.
De
manera que en lo que se refiere a motores hay dos cosas claras, la
primera es que si una máquina desarrolla un trabajo, a esa
máquina hay que aportarle, como mínimo, la misma
cantidad de energía que equivale al trabajo desarrollado. La
segunda es que si la energía que le aportamos es calorífica,
siempre habrá que aportarle mucha más de la equivalente
al trabajo que desarrolla.
Pero
es que además, incluso en el primer caso, la energía
que hay que aportar debe ser superior a la equivalente al trabajo
útil que desarrolla, porque no toda la energía que
aportamos al sistema se convierte en trabajo útil, parte de
ella se utiliza en vencer rozamientos y se transforma en calor.
Las
máquinas más eficientes que hemos conseguido fabricar
son las turbinas de una gran central hidroeléctrica, que
consiguen transformar más del 99% de la energía
mecánica en eléctrica, le siguen los motores eléctricos
grandes, con eficiencias del 90% y a mucha mayor distancia los
motores eléctricos pequeños y la pila de hidrógeno
con poco más del 60% de eficiencia.
La
eficiencia de las máquinas térmicas reales, como hemos
visto antes, no suelen llegar a superar el 30%, excepto en casos muy
especiales como en los cohetes de combustible líquido y las
grandes turbinas de vapor, con eficiencias que, en todo caso, no
superan el 50%.
Resumiendo,
una máquina no puede realizar un trabajo de la nada, sino a
partir de la energía, además, siempre vamos a obtener
menos trabajo que la energía aportada al sistema, y si la
energía que transmitimos es calor, obtendremos aún
mucho menos trabajo que la energía aportada.
Degradación
de la energía y entropía: Segundo principio de la
termodinámica
Así
las cosas, aunque calor y trabajo son las dos formas en que se
manifiesta la transferencia de energía, hay una diferencia
cualitativa muy notable entre ambas, ya que una determinada cantidad
de trabajo se puede trasformar íntegramente en calor, pero no
al revés. Es en ese sentido que podemos considerar la energía
que se transmite como calor como degradada, porque representa
energía que ha perdido parte de su capacidad de realizar
trabajo. Además, para que pueda realizarlo hacen falta dos
focos a distinta temperatura.
Sin
embargo, a poco que observemos nos damos cuenta de que si mezclamos
agua caliente con agua fría, se rompe el orden inicial (en un
lado las moléculas de agua con más energía
cinética, es decir el agua a más temperatura, y en el
otro lado las moléculas con menos energía cinética,
es decir, el agua con menos temperatura) y de forma espontánea
se mezclan y desordenan, y la temperatura se homogeneíza. No
hace falta que sean dos líquidos, si se ponen en contacto dos
sistemas (en estado sólido, líquido o gaseoso),
espontáneamente se alcanza el equilibrio térmico. Lo
que no vemos que ocurra espontáneamente es lo contrario, que se separe
la masa de agua caliente de la fría, que los dos
sistemas recuperen sus temperaturas iniciales y distintas.
Fijémonos
que en los casos descritos se está conservando la cantidad de
energía de esos sistemas, pero solo evolucionan en una
dirección, en la de disminuir su organización, en la de
aumentar el desorden. Esta tendencia espontánea al incremento
del desorden se conoce como entropía, y es imposible
que se den espontáneamente procesos que supongan una
disminución de entropía.
A
medida que la entropía del universo aumente con el paso del
tiempo, la energía se irá degradando y los focos con
distinta temperatura tenderán a desaparecer, con lo que la
energía no podrá realizar ningún trabajo, y
sobrevendrá la muerte térmica del universo
en una expresión de Clausius. La entropía es una medida
del grado de desorden y de la degradación de la energía
de un sistema.
Unidades
y equivalencias
Hemos
visto que trabajo, calor y energía son magnitudes que se miden
con las mismas unidades, y hemos citado la caloría, el caballo
de vapor-hora, el kilovatio-hora y el julio, que son unidades de
referencia para la energía, pero cuando se trata de analizar
la contribución de los combustibles fósiles en el
sistema energético mundial, no resultan cómodas, porque
no tienen la escala adecuada para medir las grandes magnitudes con
las que hay que tratar.
Además,
los combustibles fósiles tienen masa y volumen, y su
transporte es una condición previa para su uso, por lo que
resultan muy útiles las unidades de energía que
informan, además, de esas variables.
Las
tablas que se presentan a continuación indican las principales
unidades de energía que se utilizan cuando se trata del
sistema energético mundial así como sus equivalencias y
la nomenclatura que se usa para indicar los múltiplos de
dichas unidades.
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Prefijos decimales
|
|
Símbolo
|
Prefijo
|
Nombre
|
Valor
|
notación exponencial
|
En EEUU
|
|
da
|
deca
|
diez
|
10
|
101
|
|
|
h
|
hecto
|
cien
|
100
|
102
|
|
|
k
|
kilo
|
mil
|
1.000
|
103
|
|
|
M
|
mega
|
millón
|
1.000.000
|
106
|
|
|
G
|
giga
|
mil
millones
|
1.000.000.000
|
109
|
billón
|
|
T
|
tera
|
billón
|
1.000.000.000.000
|
1012
|
trillón
|
|
P
|
peta
|
|
1.000.000.000.000.000
|
1015
|
|
|
E
|
exa
|
trillón
|
1.000.000.000.000.000.000
|
1018
|
cuatrillón
|
|
Abreviatura
|
Nombre
|
Descripción
|
Equivalencia energética
|
|
en julios
|
en calorías
|
en vatios·hora
|
|
TEP
(en inglés Toe)
|
Tonelada equivalente de petróleo (en inglés tonn of oil
equivalent)
|
Basada en un petróleo con una densidad que es promedio de la
mundial, y representa la energía que este combustible fósil puede
desarrollar
|
42 Gigajulios
|
10 Gigacalorías
|
12 Megavatios·hora
|
|
TEC
(en inglés Tce)
|
Tonelada equivalente de carbón (en inglés tonn of coal
equivalent)
|
Basada en un carbón con una densidad que es promedio de la
mundial, y representa la energía que este combustible fósil puede
desarrollar
|
29,58 Gigajulios
|
7,04
Gigacalorías
|
8,45 Megavatios·hora
|
|
B
|
Barril
|
Unidad de volumen habitual para el petróleo. Equivale a
158,98 litros y a unos 136,4 kilos de petróleo con una densidad que es
promedio de la mundial
|
5,73 Gigajulios
|
1,364 Gigacalorías
|
1,637 Megavatios·hora
|
|
m3 GN
(en inglés m3 NG)
|
Metro cúbico de gas natural (en inglés cubic meter of
natural gas)
|
Representa la energía que se obtiene de la combustión de ese
volumen a presión ambiental. En el mundo sajón se suelen utilizar los
pies cúbicos. Un m3 tiene 36,66 pies cúbicos
|
37,8 Megajulios
|
9 Megacalorías
|
10,8 Kilovatios·hora
|
|
Algunas
equivalencias
|
|
1 TEP
|
1,42 TEC
|
7,33 Barriles
|
1.111 m3 GN
|
Potencia:
trabajo y tiempo
El
tiempo es un dato muy relevante en muchas ocasiones, y también
en relación al trabajo. No es lo mismo un ascensor que suba a
seis personas diez pisos en un minuto que otro que lo hace en quince.
El tiempo en que se realiza un trabajo es un dato fundamental desde
el punto de vista práctico. Al trabajo realizado en relación
con el tiempo se le conoce como potencia, y su unidad en el sistema
internacional es el vatio (W), que corresponde al trabajo de un julio
en un segundo. El nombre de la unidad es un homenaje a Wat, que
perfecciono la máquina de vapor de Newcomen y que señala
el comienzo del uso por la industria de maquinas que utilizan
combustibles fósiles. Otra unidad de potencia muy popular es
el caballo de vapor (HP) que equivale a 735,75 vatios.
Hay
unidades de trabajo (o energía) que se suelen confundir con
las unidades de potencia, debido a que su nombre incluye el tiempo,
pero si
Potencia
= Trabajo / Tiempo
está claro que
Trabajo
= Potencia * Tiempo
y
en consecuencia el caballo
de vapor · hora, que se usa
mucho en
ingeniería y el kilovatio
· hora (kWh), que
se usa mucho
en electricidad, son unidades de trabajo (o energía) y
corresponden, en el primer caso, al trabajo realizado durante una
hora por una máquina con un caballo de vapor de potencia y en
el segundo, al trabajo realizado durante una hora por una máquina
con un kilowatio de potencia. Lo mismo puede decirse, por ejemplo,
del vatio·hora (Wh) o del teravatio·hora (Twh): No son
unidades de potencia.
El
consumo mundial de energía
El
consumo de energía en nuestra sociedad se suele dar en función
del tiempo, es decir, por días o años. Aquí
vemos algunas equivalencias de magnitudes comúnmente usadas:
|
10 millones de barriles/día
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10MB/d
10 Megabarriles/día
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3,65 GB/a
3,65
Gigabarriles/año
|
498 Mtep/a
489 Mega Toneladas equivalentes de petróleo/año
|
6.000 Twh/a
6.000 Teravatios·hora/año
|
De
manera que, por ejemplo, los 85 millones de barriles día de combustibles líquidos que se están produciendo en la actualidad
(fundamentalmente petróleo), corresponden a un consumo anual de 31,025 gigabarriles (30,66 GB/a).
Si
nos fijamos, se trata en realidad de magnitudes de potencia que se
podrían expresar en watios, cosa que conviene hacer cuando se
trata de comparar energías de origen muy diverso.
Podemos
calcular muy fácilmente a cuantos vatios corresponden los 10
millones de barriles día pasando los Twh/a de la última
casilla a vatios, convirtiendo horas y años a segundos y
operando, el resultado es que
|
10
millones de barriles/día
|
6.000 Twh/a
6.000 Teravatios·hora/año
|
0,685
Teravatios (Tw)
|
685.000.000.000
W
|
Como
parece que el techo de consumo actual de combustibles líquidos (a
principios del año 2006) ronda alrededor de unos 85 millones
de barriles día, podríamos decir que la potencia de
nuestra civilización en estos momentos, en lo que se refiere
a los combustibles líquidos (petróleo y otros), es de:
|
85 millones de barriles/día
|
31,025 Gigabarriles/año
|
5, 8225 Teravatios (Tw)
|
|
|