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Entrevista |
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Un grupo de alumnas/os de
la asignatura “Medio ambiente y
sociedad” del 2º curso de la
licenciatura de Ciencias Ambientales de la Universidad Pablo de
Olavide de Sevilla, que estaban haciendo un trabajo sobre
crisis energética y energías renovables, me confundieron con un experto, y me sometieron a un
cuestionario que previamente se había pasado a 50 personas. Lo que
sigue son mis respuestas al cuestionario tal como quedó en el trabajo
(solo he añadido unos enlaces). ¡Espero que no
las suspendan por mi culpa!
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| 31-12-2007 | ||||
| Fernando Ballenilla | ||||
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Entrevista a un experto Por: Como dijimos en la Introducción, vamos a realizar, a continuación, una entrevista a un experto en cuestiones energéticas, con el fin de poder contrastar sus opiniones con los resultados obtenidos de la encuesta anterior.
Fernando Ballenilla García Gamarra es profesor de Didáctica de las Ciencias en la Universidad de Alicante y profesor de Ciencias Naturales del IES San Blas de dicha ciudad. Doctor en Pedagogía, experto en formación del profesorado y autor de diversos artículos sobre cuestiones energéticas, su preocupación fundamental, tanto desde el punto de vista científico como social, se centra en la crisis energética que ha empezado a afectar a nuestro mundo, ante el cenit de la producción de petróleo y la carencia de alternativas al actual modelo energético. Su análisis sobre las posibilidades de las energías alternativas, así como sobre la relación entre la población y el actual sistema agrícola y alimentario, intentan demostrar la insostenibilidad del actual modelo. Ante esa situación el profesor Ballenilla postula la necesidad de un cambio radical que lleve incluso al "decrecimiento". Es necesaria, a ese respecto, una fuerte concienciación social; y la educación tiene mucho que hacer a este respecto. En su página web pueden consultarse muchos de sus trabajos.
Nos
dirigimos a él,
planteándole que esta entrevista se contemplaba como parte de
la recogida de información a un experto para un trabajo de
grupo sobre crisis energética y energías renovables de
la asignatura Medio ambiente y sociedad, del 2º curso de
la licenciatura de Ciencias Ambientales de la Universidad Pablo de
Olavide de Sevilla. Y le planteamos las cuestiones que se recogen
a continuación junto con las respuestas por él dadas.
En absoluto, la sociedad no es consciente, para nada, del inminente déficit energético al que se verá abocada dentro de poco. Lo importante, por otro lado, no es cuándo se acaba el recurso, sino la fecha de su cenit, que está mucho más próxima, ahí mismo.
En el caso concreto que citas, el extraordinario “acúmulo” de desechos que permitiría la fabricación del combustible, es posible gracias a la existencia de un combustible previo, que permite la manufactura y el transporte de materiales, procedentes algunos de muy lejos. Estos materiales se acumulan localmente y pueden ser una fuente de energía, pero cuando la energía escasee, también escasearán esos materiales. De manera que, si se piensa en obtención de combustible de los desechos para mantener la actual civilización, tal cual, no es más que una ilusión que se desvanecerá con la escasez de energía. Veo imposible la sustitución del parque automovilístico actual. El funcionamiento de nuestra actual sociedad requiere un uso exponencial creciente de energía, que es el que permite incrementar y renovar el parque automovilístico. En una situación de contracción energética esta renovación cesaría, se tratase de automóviles con tecnología habitual o con cualquier otra tecnología. ¡No se fabricarían coches! Del tipo que fuesen. Además, las alternativas no están nada claras. Si hablamos de coches con pilas de hidrógeno, estos aún tienen que resolver retos tecnológicos de la propia pila y de la distribución y almacenamiento del hidrógeno, por otra parte las pilas utilizan materiales no renovables y escasos, y... ¿De dónde saldría el hidrógeno? El hidrógeno es un vector energético, no una fuente de energía. Si hablamos de coches eléctricos, su consumo colapsaría las actuales redes de distribución de electricidad. Es imposible la sustitución del actual parque automovilístico. ¿De dónde saldría el cobre para el bobinado de los motores? Desde el paulatino incremento del precio de la energía, el precio de las materias primas intensivas en el uso de la energía (toda la minería), se ha incrementado mucho más. Como anécdota este año en mi ciudad [Alicante] han robado el cableado de cobre de las luces navideñas. Es la primera vez que ocurre, y es debido al incremento astronómico de su precio.
Esta pregunta es muy fácil. En una sociedad capitalista el criterio por el que se rige esa sociedad es el de obtener el máximo beneficio en el mínimo tiempo. Se hacen las inversiones que producen beneficios, independientemente de cualquier otra consideración. Si nos referimos a inversiones de los estados, depende de hasta qué punto ese estado tenga políticas independientes de los grandes grupos económicos, cosa muy difícil hoy en día, en que el presupuesto de las grandes compañías supera con creces al de muchos estados.
La duración de un depredador que obtenga menos energía de sus presas, de la que ha gastado en cazarlas, vendrá determinada por la duración de sus reservas. En ese sentido la TRE es un factor relevante en cualquier política de renovables. Yo no me atrevería a decir que en la mayoría de los casos sea menor de 1, pero sí me atrevo a decir que, en la mayoría de los casos, es menor que las TRE publicitadas. La razón de esto es que, en la mayor parte de los casos, no se tiene en cuenta el gasto energético de mantenimiento de la infraestructura de obtención de energía y mucho menos el gasto energético de la creación de dicha infraestructura, en este último caso, muy difícil de evaluar, y que seguramente obligará a recurrir al equivalente monetario-energético. Por otra parte la utilidad de la TRE es hacer comparaciones entre unas renovables y otras, y para eso es fundamental estandarizar la forma de calcular el índice. No es la TRE el único factor a tener en cuenta, otro factor determinante es la Vulnerabilidad. Si un determinado proceso no es capaz de sobrevivir a la contracción que se dará en nuestra actual civilización, es decir, a la pérdida de complejidad determinada por la menguante disponibilidad de energía, no tiene sentido invertir en él. Otros aspectos importantes a tener en cuenta antes de desarrollar una política de renovables son el carácter no renovable de la infraestructura de captación de energía, su capacidad más o menos limitada, el impacto ambiental que pueden provocar, y la equidad, esto es, que su explotación no beneficie sólo a unos pocos a costa del resto.
Creo que ese conflicto ya se ha iniciado. La primera vez que apareció en público fue con el caso de las tortitas de maíz mexicanas, pero no hay más que bucear en Internet para darse cuenta de que está cada vez más presente. La lógica del conflicto es muy sencilla de entender: es muy fácil modificar un vehículo diesel para que consuma aceite alimentario. De hecho, el motor de Otto funcionó por primera vez con aceite de cacahuete, y fue posteriormente cuando se empezó a utilizar como combustible el petróleo. Pues bien, si yo en vez de introducir cada semana 50 litros de gasoil en el depósito para disponer de la energía necesaria para desplazarme, introdujese 50 litros de aceite alimentario (colza, girasol, oliva...), el gasto energético sería similar a las kilocalorías necesarias para alimentar una persona durante medio año. ¡Utilizar el coche una semana equivale a la alimentación de una persona durante medio año! Este sencillo cálculo nos da idea del extraordinario regalo de la naturaleza que ha sido el petróleo, y también de lo ilusorio de la pretensión de sustituirlo mediante biocombustibles. Eso es insostenible, pero se está haciendo, ya en el pasado se han dado situaciones similares: En Bengala los años 1943 y 1944, donde se produjo una hambruna en la que murieron tres millones de personas, no porque no hubiese alimento, sino porque el precio del arroz se había cuadruplicado en dos años, y los que no tenían dinero, no podían comprarlo. Lo mismo cabe decir de la hambruna de Etiopía, entre 1972 y 1974 murieron unas 200.000 personas por una disminución SOLO del 5% de la producción alimentaria, pero eso si, Etiopía seguía exportando alimentos durante ese periodo. Pero no pensemos que Europa está (o estará) libre de esos problemas. En Irlanda, en 1846, murió de una hambruna casi un millón de personas y otro emigró, mientras se exportaba grano, demasiado caro para los pobres. A finales del XIX, entre muertes y emigración, la población se había reducido a la mitad. En Rusia, en 1911 y 1912 hubo una gran hambruna, pero a pesar del gran número de muertes por inanición, la cuarta parte del grano con que se comerciaba en el mundo era ruso... Ahora estas situaciones se agudizarán con los biocombustibles, por ejemplo, en estos momentos una hambruna asola Swazilandia, que está recibiendo ayuda alimentaria urgente. Casi la mitad de sus habitantes se enfrenta a graves situaciones de escasez de alimentos. ¿Y qué es lo que el Gobierno ha decidido exportar?: biocombustible hecho a partir de un cultivo de uno de sus alimentos básicos, la mandioca.
Lo que hace del petróleo una energía de gran calidad es que está muy concentrada, y eso facilita su control y ventajas para las empresas y países que lo controlan gracias a sus ejércitos. Con las energías renovables no es así. Una característica de las energías renovables es que su fuente esta más distribuida. Sin duda se darán conflictos, pero serán de menos intensidad. Las guerras tienen un importante gasto energético, y aunque sean igual de crueles e inhumanas, su intensidad decrecerá a medida que la energía empiece a escasear. Cada vez serán más importantes los soldados y el terreno y menos la maquinaria (no la habrá).
Hablar de energía nuclear con realismo es hablar de las centrales de fisión, las únicas que han tenido un desarrollo comercial. Hablar de las centrales regeneradoras o, más aún, de las de fusión, es hacer ciencia ficción.
Las centrales convencionales de
fisión
consumen uranio, del que hay para cien años con el consumo
actual. En la actualidad la energía nuclear proporciona el
6,5% de la energía primaria mundial, y, si tuviera que
sustituir al petróleo y al gas, el uranio se agotaría
en menos de 11 años. La energía nuclear no soluciona
ningún problema energético, mientras crea un grave
problema de residuos durante miles de años.
El hidrógeno, como he dicho antes, no es una fuente de energía. Hace falta utilizar energía para obtenerlo, de manera que sin energía no hay hidrógeno. No es ninguna solución.
En la atmósfera hay 13.000 Gigatoneladas de vapor de agua en suspensión. Eso supone una cantidad de energía potencial enorme, procedente de la ganada por el agua al evaporarse debido a la radiación solar. Cuando hay una disminución de temperatura, el vapor de agua se condensa y el agua precipita como lluvia, nieve o granizo. Constantemente el agua se evapora, ganando energía potencial, y constantemente precipita cediéndola. Sin embargo no es fácil aprovechar como energía útil la energía potencial del agua. Las precipitaciones pueden darse en los océanos, también en superficies terrestres llanas con escasa pendiente, o con pendientes no limitadas por valles, o pueden ser lluvias muy esporádicas, aunque sean intensas y en valles cerrados. Todos estos son casos que dificultan, aunque llueva, la transformación de parte de la energía potencial del agua en energía útil, y que limitan, por tanto, la aportación de la energía hidroeléctrica al conjunto de la energía primaria mundial. Por otra parte la energía hidroeléctrica es un caso muy ilustrativo de lo que cabe esperar de la aportación energética de las renovables. Es contemporánea del motor de explosión interna, el motor Otto, diseñado en 1876, fue el primer motor de combustión interna que se usó comercialmente, casi simultáneamente en Northumberland (Gran Bretaña), se construyó la primera central hidroeléctrica en 1880. De manera que se trata de una
renovable ya
madura, nadie duda de que tenga una alta TRE positiva, y ha competido
desde el principio con fortuna y sin subvenciones con las
energías fósiles, pero si nos fijamos en la gráfica
del último informe de la AIE (véase más abajo la
ilustración), solo aporta un 2,2% de la energía
primaria mundial, cifra que probablemente esté cerca de su
techo, después de más de un siglo y cuarto de uso con
éxito.
¿Se acercarán las demás renovables al magnífico balance de la energía hidroeléctrica, saliendo del raquítico 0,4%, obtenido en la mayor parte de los casos con subvenciones? De manera que la energía hidráulica tiene un magnífico presente, después de más de un siglo y cuarto de uso con éxito, y probablemente su contribución energética futura decrecerá en valor absoluto. ¿Cómo se reparará y sustituirá la turbina de una gran presa (son máquinas del tamaño de un edificio de varios pisos) si se desmorona esta civilización? ¿Se podrán siquiera desmenuzar y cocer montañas para así fabricar el cemento con el que se construyen esas grandes presas? ¿De donde saldrá el asfalto para las carreteras por las que circulará ese cemento? ¿Con qué máquinas se harán los desmontes necesarios para la construcción? ¿Qué combustible utilizarán esas máquinas? Y si no se puede mantener la red eléctrica, ¿de qué nos servirán?
Como
ya apunté en la primera pregunta la población está
muy desinformada sobre lo que se nos viene encima. Los medios
desarrollan una activa función de desinformación
sobre este problema. Constantemente atribuyen la escasez de energía
a circunstancias coyunturales (especulación, conflictos,
accidentes...). Muy pocos medios dicen claramente que el problema es
que hemos llegado al cenit de producción petrolífera
(en proporción su influencia es prácticamente
insignificante). Además, es probable que la escasez de
combustible, y las impopulares medidas que obligará a tomar,
se encubra con una supuesta lucha contra las emisiones de CO2.
Probablemente la razón es que no hay alternativa que permita mantener el modelo actual de sociedad, y para el establishment es difícil de asumir.
La pregunta está planteada como si tuviésemos alguna posibilidad de elección. No la tenemos. Nuestra civilización ha sobrepasado el nivel de carga del planeta apoyándose en las energías fósiles. Cuando éstas desaparezcan las aguas volverán a su cauce, esté la sociedad preparada o no.
Esto ocurrirá de forma natural
(hambrunas, mortandad infantil, disminución de la esperanza de
vida, epidemias...) o de forma racional, siempre que tengamos el
suficiente temple y criterio para tomar, a tiempo, las riendas
del decrecimiento: sociedad socialista, dieta muy vegetariana,
control de la natalidad, agricultura ecológica, desaparición
de ciudades grandes, etc.
En la pregunta 7 se dice: “Estando ante el cenit del petróleo y sabiendo que las energías renovables hoy por hoy no ofrecen una opción viable de futuro...” No estoy de acuerdo con esa afirmación, las energías renovables son la única opción viable de futuro ¡Son el futuro! Lo que no es viable, y no tiene futuro, es el actual modelo de sociedad. Nuestra actual civilización tiene una fecha de caducidad muy próxima. A mí me resulta muy fácil imaginar una sociedad más agradable de vivir que la actual, y que se apoye en las energías renovables de tecnología intermedia o apropiada (minihidráulica, molinos de viento, biodigestores, fotovoltaica, biomasa...), en la explotación ganadera extensiva y en la explotación agrícola basada en la agricultura ecológica, con el apoyo de ganado de labor para las tareas agrícolas y el transporte. Pienso que ese modelo sería compatible con una red de transporte por ferrocarril y con algunas industrias imprescindibles que utilizasen altas temperaturas a partir de biomasa, o mediante torres solares de concentración, o electricidad a partir de molinos de viento mayores o de pequeñas presas hidroeléctricas. Se trata de una visión agradable. Lo que me produce gran congoja e incertidumbre es cómo llegar ahí. Todas las opciones están abiertas, y algunas son terribles.
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