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La ciudad romana de Segobriga
La nueva etapa de excavaciones en Segobriga, que se inició
en 1995 con el proyecto de convertir el lugar en Parque Arqueológico, ha
cumplido quince años en la campaña de 2010 (1).
El trabajo, que comenzó en las termas monumentales flavias situadas en la parte
superior del cerro de Cabeza del Griego, fue discurriendo
progresivamente hacia el edificio flavio contiguo (2),
alcanzando más tarde al espacio forense y sus aledaños, que hace algunos años
fueron abiertos al público al tiempo que se daban a conocer los principales
resultados de las excavaciones (3). Concluida
esta etapa volvimos nuestros ojos a la parte baja del enclave, donde en el año
2004 comenzaron los trabajos en el circo de la ciudad y en 2006 se reexcavó la
llamada tradicionalmente basílica visigoda de Segobriga (4),
cercana al actual Centro de Interpretación del Parque Arqueológico (5).
Lejos estábamos de imaginar que el estado de conservación de esta zona llana,
sometida tradicionalmente al desgaste de la actividad agraria de siglos, fuera
tan sorprendente como han revelado las excavaciones. Después de cinco campañas
en el área del circo ahora sabemos, como ya se ha dicho en algunas ocasiones (6),
que el edificio de espectáculos amortizó una gran necrópolis altoimperial con
una extraordinaria riqueza epigráfica y que, a su vez, el espacio de ese
edificio fue reocupado por sucesivas construcciones que alcanzan la época
medieval, como se ha visto en la campaña de 2008.
Aunque una gran parte de los resultados de estos años han
sido dados a conocer ya, nos ha parecido oportuno realizar aquí un breve
balance de nuestros conocimientos sobre la antigua ciudad romana tras esta
etapa tan intensa de excavaciones y reordenar de esa manera una parte del
caudal bibliográfico producido hasta la fecha por el equipo de excavación.
En primer lugar hay que señalar que los hallazgos
epigráficos de este período han dejado resuelta la vieja cuestión de la
toponimia y de la ubicación de Segobriga, que tanto dio de sí en la literatura
científica de los siglos XVIII y XIX. Cabeza del
Griego fue el solar de la antigua Segobriga y hoy se puede mostrar con
rotundidad por las evidencias epigráficas descubiertas en el foro,
principalmente por el pedestal ecuestre dedicado a M. Porcius, secretario personal del emperador Augusto que recibió
hacia 15-13 a.C. el homenaje de la ciudad y por el monumento dedicado por un magister Larum Augustorum Segobrigensium (7).
Una segunda cuestión resuelta en esta etapa ha sido la de la
fecha de promoción jurídica de la ciudad peregrina y su conversión en municipio
latino. En el libro III de la Naturalis Historia, Plinio incluyó a
Segobriga entre las ciudades peregrinas del conventus Carthaginiensis (8);
su posterior existencia municipal hacía imaginar que se había beneficiado de
una promoción augustea –como supuso en su día Alföldy (9)–
pero carecíamos de una prueba concluyente de ello, prueba que apareció en un
pedestal del foro con datación consular del año 15 a.C. en el que ya figura un
decreto de los decuriones que administraban el nuevo municipio (10).
Antes incluso de alcanzar ese rango, ya en los años
centrales del siglo I a.C., la ciudad comenzó a acuñar sus propias monedas (11)
y entre los años 50 y 27 a.C., los segobrigenses enviaron una legación a Roma
con el fin de rendir homenaje a L. Livius Ocella, el abuelo del futuro emperador Galba, en su condición de quaestor provinciae Hispaniae citerioris
y patrono de los segobrigenses (12);
L. Livius Ocella sólo es el más
antiguo de los patronos segobrigenses conocidos, en una lista que llega hasta
el gobierno del emperador Claudio con la siguiente composición:
1. 50-27 a.C.: L. Livius L. f.
Ocella.
2. ca.
15 a.C.: M. Porcius M. f. Pup., Caesaris Augusti scriba.
3. ca. 1 a.C. - 9 d.C.: C. Calvisius Sabinus, leg(atus) pro pr(aetore), cos 4 a.C.
4. ca. 27-48/49 d.C.: M.
Licinius Crassus Frugi, cos 27 d.C.
Al menos durante los reinados de Augusto y Tiberio,
Segobriga tuvo patronos senatoriales que, en algún caso, estuvieron
directamente ligados al monarca; esto explicaría también que en la titulatura
de las acuñaciones tiberianas de la ciudad se haga referencia incluso a la
aclamación imperial del emperador, un dato que sólo la cercanía a los círculos
de la corte permitiría conocer con tanta exactitud.
La construcción del foro poco antes del año 15 a.C. dotó a
la ciudad de una infraestructura urbana, complementaria a otras situadas tras
el teatro (13),
acorde con la romanidad del nuevo núcleo y este lugar se convirtió en el
escenario de las prácticas de autorepresentación mediante pedestales con
estatua de sus élites. Durante más de dos siglos, al menos hasta la primera
mitad del siglo III, en este lugar se fueron colocando decenas de esos
pedestales dedicados a los miembros del orden decurional local, a algunos
magistrados e incluso a algunos monarcas. En el pórtico meridional del foro, un
altar consagrado a Augusto antes del año 14 d.C. pregonaba la lealtad de los
segobrigenses al monarca que les había concedido su estatuto municipal. En el
centro de la plaza, una inscripción con letras de bronce pagada por un tal [---
Proc]ulus Spantamicus –seguramente un indígena carente de ciudadanía– mostraba
la existencia de un mecenazgo cívico que había de ser fundamental en el
desarrollo urbano de la ciudad (14).
Los numerosos hallazgos epigráficos (15) han elevado la serie
segobrigense en estos años a algo más de 700 testimonios, una de las cifras más
altas de las ciudades de Hispania y sólo superada por las tres capitales de las
provincias romanas. Gracias a ello, han aumentado proporcionalmente los
testimonios de magistrados urbanos –los IIIIviri segobrigenses– y los
testimonios de sacerdotes del culto imperial local, que son ahora tres flamines
y algunos seviri augustales, a los que hay que sumar los cinco flamines
y flaminicae provinciales de la Hispania citerior que fueron originarios
de Segobriga (16).
En ese
ámbito de la religión urbana disponemos ahora de un registro de testimonios muy
elevado en el que se unen divinidades de carácter indígenas con otras puramente
romanas, casi siempre presentes en altares de carácter doméstico o
semi-doméstico (17). A ellos hay que unir un elevado número de
pequeños altarcillos sin inscripción grabada que, probablemente, sólo tuvieron
un texto pintado en su superficie y que hoy ha desaparecido. A este grupo de
inscripciones votivas hay que unir el fantástico conjunto rupestre del lucus
Dianae (18), una vieja cantera que al terminar su
explotación fue reaprovechada como santuario rupestre a Diana y donde se
combinan las inscripciones con las escenas en relieve, todo desgraciadamente
muy mal conservado.
La composición de la sociedad segobrigense de comienzos del
Principado muestra una coexistencia de población indígena, inmigrantes de otras
regiones e incluso orientales y ciudadanos romanos. Esta composición, que
también se traslada a la religión, incluye un buen número de estructuras sociales
indígenas, las llamadas organizaciones suprafamiliares.
Tras los primeros compases de la urbanización augustea, una
parte sustancial del colectivo indígena pasó a ocuparse de tareas artesanales,
como lo demuestra la serie de tégulas y ladrillos marcados que han sido
recuperados en las excavaciones, que en todos los casos contienen onomástica
indígena (19).
Por extensión, debemos suponer que también la abundante serie de antefijas (20)
debió salir de talleres sostenidos por estos mismos colectivos.
Los centros de producción de este tipo de piezas debieron
situarse fuera de la ciudad si tenemos en cuenta la necesaria presencia de
hornos y lo que sobre su ubicación sabemos por la ley de Urso. No lejos
debieron estar los talleres de bronces o terra
sigillata, de la que Segobriga fue centro productor como muestran los
fragmentos de moldes recuperados (21).
Los talleres de otras actividades no tan molestas, como el trabajo de hueso o
el grabado de entalles (22),
pudieron estar situadas en pequeños talleres cercanos a los espacios públicos,
aunque hoy no hay evidencia de ello.
Dentro de la ciudad sigue sin haber evidencia de
construcciones privadas contemporáneas del momento de apogeo del núcleo. La
única vivienda documentada antes del siglo IV es la que se viene atribuyendo al
procurador imperial C. Iulius Silvanus (23)
en razón del hallazgo en sus inmediaciones de un altar dedicado por este
personaje a Zeus Theos Megistos (24).
La vivienda estuvo ricamente decorada pero nada en su proceso de excavación
permite fecharla antes de finales del siglo II y, en todo caso, sería por ahora
el único testimonio de arquitectura privada dentro del recinto.
Los monumentos públicos situados fuera de la muralla de
Segobriga y la propia fortificación han sido objeto de un buen número de
estudios en las últimas décadas. Tras las excavaciones de 1999 sabemos que el
teatro (25)
fue construido cerca de una puerta oriental de acceso al núcleo urbano,
reforzada con un torreón octogonal, que quedó materialmente oculta y sólo
accesible por una via tecta que circulaba tras el graderío; esa obra
concluyó a finales del gobierno de Vespasiano como prueban los hallazgos
realizados durante las excavaciones de M. Almagro Basch y las inscripciones
recuperadas. De aquí procede además un importante conjunto escultórico (26)
que decoraba la escena y que fue reaprovechado en época tardía para formar
parte de los muros de algunas construcciones que reocuparon el lugar. La misma
cronología hay que asignar al anfiteatro, que se debe considerar parte de un
mismo proyecto para dotar a la ciudad de edificios de espectáculos aprovechando
la topografía del emplazamiento (27).
La muralla hoy visible, que pasa tras el teatro y el
anfiteatro y en la que se abre el acceso principal al centro urbano, fue
realizada al propio tiempo que el foro, es decir, poco antes del año 15 a.C.,
pues comparte con este recinto el sistema de drenaje, que pasa bajo los
cimientos de la puerta septentrional del perímetro (28).
Al oriente se prolonga por detrás del teatro hacia la puerta oriental y torreón
octogonal, continuando por unos centenares de metros alrededor del cerro de Cabeza
del Griego hasta la vertical del cauce del Gigüela, en donde la difícil
orografía hizo sustituir este elemento delimitador por la roca natural; en
sentido contrario, desde la puerta norte la muralla bordea el cerro por una
curva de nivel homogénea y en una zona de pendientes suaves, dejando al sur de
la ciudad algunas poternas secundarias.
Uno de los conjuntos más interesantes de los hallazgos en el
casco urbano de Segobriga y en las necrópolis inmediatas es el escultórico. M.
Almagro Basch, a quien Segobriga debe en gran medida lo que es hoy (29),
dio a conocer un buen número de estas piezas (30),
al que se han sumado en los últimos años los hallazgos en el foro y la basílica
forense (31)
y los vistosos hallazgos de las necrópolis romanas de la ciudad (32).
Esas necrópolis vienen siendo excavadas desde hace varias
décadas y su situación permite avanzar ya una organización del espacio
funerario alrededor de la ciudad que dimos a conocer en el anterior informe de
excavaciones (33).
Por lo que se refiere a los espacios de comienzos del Principado, al recinto de
incineración existente en la parte nororiental en época julio-claudia (34)
se ha sumado en los últimos años la gran necrópolis septentrional ubicada bajo
el circo, que se ha terminado de excavar en la campaña de 2008 y de la que
procede una rica colección de estelas en la que destaca la de Iucunda con su
texto métrico (35).
Al oriente de este espacio existe una amplia necrópolis tardorromana (36)
que antecede físicamente a la visigoda (37),
separada del caso urbano por un conjunto de enterramientos de época islámica.
El nombre de Cabeza del Griego que tiene el cerro en
que se asienta Segobriga es uno de los topónimos más antiguos de esta
zona de la provincia de Cuenca. Aparece por primera vez en el Tumbo de
Castilla de la Orden de Santiago, donde una escritura pública de octubre de
1228 habla ya de "María Pérez, mujer que fue de Don Martín, de la Cabeza
del Griego", que entregó a la Orden de Santiago el Molino de Medina y sus
tierras adyacentes, figurando como testigo de la donación "todo el concejo
de Cabeza del Griego" (38).
Es decir, es esa fecha pasó a ser propiedad
de los caballeros de Santiago no sólo el Cerro de Cabeza del Griego sino
también todos los alrededores, formándose así la gran encomienda de Villalba
que la Orden tenía cerca de su casa central de Uclés, donde se asentó en 1177.
Siendo importante
la antigüedad del topónimo Cabeza del Griego, lo verdaderamente
llamativo del documento citado es que prueba que sobre el cerro hubo en la Edad
Media una población nacida de la repoblación de estas tierras tras la ocupación
árabe, con suficiente entidad como para tener su propio concejo u organismo de
administración. Tuvo una pequeña iglesia, probablemente de estilo románico,
cuyo emplazamiento no fue el de la actual ermita, sino una de las salas de las
antiguas termas romanas, cuyo ábside semicircular servía bien para convertirlo
en capilla con pocas modificaciones.
Alrededor de esta iglesia se distribuyeron las tumbas de los
habitantes de Cabeza del Griego, cuyo reducido número indica que el
número de pobladores no era elevado. Estos enterramientos ocuparon el resto de
las salas de las termas en que se encontraba la ermita, ya arruinadas en esa
época y de las que sólo subsistían algunas de sus paredes, así como los
espacios contiguos. La instalación de la iglesia sobre una habitación de las
termas hizo que las paredes de esta sala resistieran mejor el paso del tiempo y
que su ábside haya llegado hasta nosotros en aceptable estado.
En las faldas del monte los nuevos habitantes de este
pequeño pueblo construyeron viviendas y alquerías, de forma que en pocas
décadas el solar de la antigua ciudad romana se vio ocupado de nuevo por
agricultores que cultivaban las tierras circundantes y que encerraban en
improvisados apriscos sus ganados. Sin saberlo,
aquellas gentes habían dado de nuevo vida a una ciudad anterior que había sido
un modelo urbano para toda la región en época romana. Ahora sus ganados
reposaban sobre el antiguo foro, que aún tendría que esperar varios siglos a
dos metros de profundidad para ser descubierto; las cocinas de sus viviendas
calentaban un suelo bajo el que yacían las estatuas de emperadores romanos, en
medio de una sala donde trece siglos antes se oía el bullicio de compradores y
vendedores de los productos de las minas de Segobriga; incluso el viejo templo
de época flavia tenía ahora sobre sí una desmadejada construcción.
Cabeza del Griego, como pueblo, debió subsistir sólo un par de siglos. El 25 de agosto
del año 1500, los visitadores de la Orden de Santiago llegados al lugar
indicaron que aquí sólo quedaba un despoblado llamado "Cabeza Griega"
y que lo único que subsistía en pie era la antigua iglesia medieval, "de
cal y canto, antiquísima" (39),
impresión que repiten en varias visitas posteriores y especialmente en la de
1515, cuando certifican que ya no queda ninguna construcción en pie excepto la
vieja ermita medieval (40).
Con estas evidencias en la mano hay que pensar que, al menos
desde 1177, el Cerro de Cabeza del Griego estuviera ocupado por una
aldea de repoblación que subsistió unos tres siglos. A esa idea apunta esa
donación de 1228, en la que la zona aparece plenamente cultivada y asignada,
mientras que el límite temporal lo sitúan sin dificultad los libros de visita
de la Orden de Santiago al lugar. Si trasladamos esas evidencias documentadas
al terreno, las excavaciones en Segobriga han puesto de manifiesto la ocupación
prolongada del lugar en época islámica (41)
y el mantenimiento de la misma en siglos posteriores, es decir, con una
continuidad poblacional desigual que alcanza el final de la Edad Media.
Notas
[1] Las
excavaciones en Segobriga forman
parte del programa financiado por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha
y el Servicio de Empleo de Castilla-La Mancha (SEPECAM) bajo la dirección de
Juan Manuel Abascal, Martín Almagro-Gorbea y Rosario Cebrián. El progreso de los trabajos
puede seguirse en las tres crónicas generales publicadas hasta la fecha: J.M. Abascal – M. Almagro-Gorbea
– R. Cebrián, Madrider Mitteilungen 43, 2002, 123-161;
eid., en Investigaciones arqueológicas en Castilla-La
Mancha (1996-2002), Toledo 2004, 201-214; eid., en Arqueología de
Castilla-La Mancha. Actas de las I Jornadas (Cuenca 13-17 de diciembre de 2005),
Cuenca 2007, 385-397. Cf. además, de los mismos autores: Segobriga:
caput Celtiberiae and Latin municipium, en L. Abad – S. Keay – S.F. Ramallo
(eds.), Early Roman Towns in Hispania Tarraconensis (Journal of Roman
Archaeology Supplementary Series, 62), Portsmouth, Rhode Island, 2006,
184-196; Ein augusteisches
municipium und seine einheimische Elite: die Monumentalisierung Segobrigas,
en S. Panzram (ed.), Städte im Wandel. Bauliche Inszenierung und
literarische Stilisierung lokaler Eliten auf der Iberischen Halbinsel,
Hamburgo 2007, 59-78. En último término: M. Trunk, Augustus aus der Sicht
der Iberischen Halbinsel, en D. Kreikenbom – K.U. Mahler – P. Schollmeyer –
Th.-M. Weber (eds.), Augustus. Der Blick von außen. Die Wahrnehmung des
Kaisers in den Provinzen des Reiches und in den Nachbarstaaten. Akten der
internationalen Tagung an der Johannes Gutenberg-Universität Mainz vom 12. bis
14. Oktober 2006, Wiesbaden, Harrassowitz Verlag, 2008, 121-140.
[2] R. Cebrián – D.
Sanfeliú, Lucentum
19-20, 2000-2001 [2002], 209-213.
[3] J.M. Abascal – R.
Cebrián – M. Trunk, en S.F. Ramallo (ed.), La
decoración arquitectónica en las ciudades romanas de Occidente. Actas del
Congreso Internacional celebrado en Cartagena entre los días 8 y 10 de octubre
de 2003, Murcia 2004, 219-256; J.M. Abascal – R. Cebrián – T. Moneo, Lucentum 17-18,
1998-1999 [2001], 183-193.
[4] H. Schlunk, Archivo Español de Arqueología
18, n.º 61, 1945, 305-319; S. Gutiérrez
– J. Sarabia, en Escultura decorativa
tardorromana y altomedieval en la Península Ibérica (Anejos de Archivo Español de Arqueología 41), Madrid, CSIC, 2006,
301-343.
[5] J.M. Abascal – M. Almagro-Gorbea – R.
Cebrián, en L. Olmo (ed.), Recópolis y la ciudad en la época visigoda (Zona
Arqueológica 9), Alcalá de Henares, Museo Arqueológico Regional, 2008,
220-241; M. Almagro Basch, en Estudios en Homenaje a D. Claudio Sánchez
Albornoz en sus 90 años (Anejos de Cuadernos de Historia de España), Buenos
Aires 1983, vol. 1, 291-316; J.M.
Abascal – R. Cebrián, en Antigüedad
y Cristianismo 23. Homenaje a Antonino González Blanco, Murcia 2007, 283-294.
[6] J.M. Abascal – M.
Almagro-Gorbea – R. Cebrián – I. Hortelano, Segobriga 2007. Resumen de las intervenciones arqueológicas, Cuenca
2008.
[7] Toda la discusión que durante décadas se alimentó sobre la
ubicación de Segobriga está magníficamente tratada en M. Almagro Basch, Segobriga I. Los textos de la antigüedad sobre Segobriga y las
discusiones acerca de la situación geográfica de aquella ciudad. Excavaciones
Arqueológicas en España 123. Madrid 1983. Las evidencias epigráficas para
la ubicación de Segobriga en Cabeza del Griego están recogidas en G. Alföldy – J.M. Abascal – R.
Cebrián, en Zeitschrift für
Payrologie und Epigraphik 143, 2003, 255-274 y en eid., en Zeitschrift
für Payrologie und Epigraphik 144, 2003, 217-234.
[8] Plin.,
Nat. hist. 3,25; sobre la fecha de la fuente, vid. G Alföldy, Römisches Städtewesen auf der neukastilischen
Hochebene. Ein Testfall für die Romanisierung. Heidelberg 1987, 16 con nota 7 e ibidem, 79 s.,
con más bibliografía.
[9] G Alföldy, Römisches Städtewesen..., 74-85.
[10] J.M. Abascal – R.
Cebrián – M. Trunk, ...
2004, pág. 219; M. Trunk, Los capiteles del foro de Segobriga. Evaluación
tipológica y estilística (Publicaciones del Parque Arqueológico de
Segobriga. Serie minor 2), Cuenca 2008.
[11] P.P. Ripollès -
J.M. Abascal, Las monedas de la ciudad
romana de Segobriga (Saelices, Cuenca), Barcelona 1996. Cf. J.M. Abascal – A. Alberola – R.
Cebrián, Segobriga IV. Hallazgos monetarios,
Madrid - Cuenca, Real Academia de la Historia - Consorcio del Parque
Arqueológico de Segobriga, 2008.
[12] Alföldy, CIL VI/8.3,
1446a, con pág. 4699.
[13] M. Almagro-Gorbea, en W.
Trillmich - P. Zanker (eds.), Stadtbild
und Ideologie. Die Monumentalisierung hispanischer Städte zwischen Republik und
Kaiserzeit. Kolloquium in Madrid vom 19. bis 23. Oktober 1987. München
1990, 207-218
[14] J.M. Abascal – G. Alföldy
– R.
Cebrián, en Archivo
Español de Arqueología 74, 2001, 117-130.
[15] A la colección magnífica publicada por M. Almagro Basch (Segobriga II. Inscripciones ibéricas,
latinas paganas y latinas cristianas. Excavaciones Arqueológicas en España
127, Madrid 1984) y a las series ya citadas en las notas precedentes deben
añadirse: J.M. Abascal, en Archivo Español de Arqueología
63, 1990, 264-275; J.M. Abascal, en Hispania
Antiqua 16, 1992, 309-343; J.M.
Abascal – R.
Cebrián, en Saguntum 32, 2000, 199-214; eid., en Saguntum 34,
2002, 151-186; G. Alföldy – J.M. Abascal – R. Cebrián, en Soliferreum. Studia archaeologica et
historica Emeterio Cuadrado Díaz ab amicis, collegis et discipulis dicata [Anales
de Prehistoria y Arqueología 17-18, 2001-2002], Murcia 2003, 413-426; C.
Fernández Martínez – J.M. Abascal – J. Gómez Pallarès – R.
Cebrián, en Zeitschrift
für Payrologie und Epigraphik 161,
2007, 47-60; J.M. Abascal – R.
Cebrián, en Lucentum 26, 2007
[2008], 127-171.
[16] J.M. Abascal – M. Almagro-Gorbea
– J.M. Noguera – R. Cebrián, en T. Nogales y J. González (eds.), Culto imperial. Política y poder. Actas del Actas del Congreso
Internacional Culto Imperial: política y poder. Mérida, Museo Nacional de Arte
Romano, 18-20 de mayo, 2006. Roma, L'Erma di Bretschneider, 2007, 685-704; M. Almagro-Gorbea
– J.M. Abascal, en E. La Rocca - P. León - C. Parisi (eds.), Le due patrie acquisite. Studi di
archeologia dedicati a Walter Trillmich. Bullettino della Commissione Archeologica Comunale di Roma. Supplementi,
18. Roma 2008, 15-25.
[17] M. Almagro Basch, en Homenaje
a J. Álvarez y Sáez de Buruaga, Badajoz, 1982, 339‑350; J.M. Abascal,
en Iberia 3, 2000 [2001], 25-34; M.ª C. Santapau, en Revista Murciana de
Antropología 12. Número Monográfico. Actas del I Congreso sobre Etnoarqueología
del vino, Bullas 4-6 de noviembre de 2004, Murcia 2005, 119-131.
[18] M. Almagro Basch, en Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos
79, 1976, 187-214; G. Alföldy, en Zeitchrift für Papyrologie und
Epigraphik 58, 1985, 139-159; M. Almagro Gorbea, en A. Rodríguez Colmenero - L. Gasperini
(eds.), Saxa Scripta (inscripciones en
roca). Actas del Simposio Internacional Ibero-Itálico sobre epigrafía rupestre.
Santiago de Compostela y Norte de Portugal, 29 de junio a 4 de julio de 1992.
Anejos de Larouco 2, Coruña 1995, 61-96.
[19] J.M. Abascal – R. Cebrián – T. Riquelme, en Anales de
Prehistoria y Arqueología [Murcia] 16, 2000 [2003], 187-197.
[20] J.M. Abascal – R. Cebrián
– T. Cano, en Anales de
Prehistoria y Arqueología [Murcia] 16, 2000 [aparecido en 2003], 121-131.
[21] D. Sanfeliú – R. Cebrián, en Lucentum
25, 2006, 159-175. Cf. J. Sánchez-Lafuente, Terra
sigillata de Segobriga y ciudades del entorno: Valeria, Complutum y Ercavica.
Tesis Doctorales de la Universidad Complutense n.º 210/90, Madrid 1990
[22] R. Cebrián, en Archivo
Español de Arqueología 79, 2006, 259-270.
[23] J.M. Abascal – R.
Cebrián, en Archivo Español de Arqueología 72, 1999,
299-301; R. Cebrián, en Lucentum 21-22,
2002-2003, 131-134; A. Fernández
Díaz – R. Cebrián, en László Borhy
(ed.), Plafonds et voûtes à l'époque antique. Actes du VIIIe. Colloque
international de l'Association Internationale pour la peinture murale antique.
Budapest-Veszprém, 15-19 mai 2001, Budapest 2004, 137-146.
[24] J.M. Abascal – G.
Alföldy, en Archivo Español de
Arqueología 71, n.º 177-178, 1998, 157-168.
[25] M. Almagro Basch –
A. Almagro-Gorbea, en El teatro en la
Hispania romana. Actas del Simposio, Mérida 13-15 de noviembre de 1980.
Badajoz 1982, 25-38; M. Almagro Basch, en Archivo Español de Arqueología 56, 1983, 131-150; G. Sesé, El
teatro romano de Segobriga, Madrid 1994 (Tesis Doctoral inédita); ead.,
en XIV Congreso internacional de Arqueología
Clásica. La ciudad en el mundo romano, Tarragona 1994, vol. 2, 392-394; M.
Trunk, en Madrider Mitteilungen 39, 1998, 151-175; J.M. Abascal – M. Almagro-Gorbea – R.
Cebrián – D. Sanfeliu,
en C. Márquez – A.
Ventura (coords.), Jornadas
sobre teatros romanos en Hispania. Actas del Congreso internacional
celebrado en Córdoba los días 12 al 15 de noviembre de
2002. Córdoba, Seminario de Arqueología, 2006, 311-337.
[26] J.M.ª Blázquez, en Zephyrus 16, 1965, 119-126; M. Almagro
Basch, en Homenaje
al Prof. Jordá, Zephyrus 37-38, 1984-85 (1987), 323-329.
[27] A. Almagro-Gorbea – M. Almagro-Gorbea, en Bimilenario del
anfiteatro romano de Mérida. Coloquio internacional El anfiteatro en la
Hispania romana. Mérida 26 - 28 de noviembre 1992, Mérida 1995, 139
ss.; J. Sánchez - Lafuente, en Ibidem, 177-183.
[28] M. Almagro-Gorbea
– A.J. Lorrio, Segobriga III. La muralla norte y la puerta principal,
Cuenca 1989; J.M. Abascal – R.
Cebrián, en A. Rodríguez Colmenero e I. Rodá,
(eds.), Murallas de ciudades romanas del
Occidente del Imperio. Lucus Augusti
como paradigma, Lugo 2007, 527-546.
[29] Cf. M. Almagro
Basch, en A. Beltrán (ed.), Arqueología
de las ciudades modernas superpuestas a las antiguas. Zaragoza 1983, Madrid,
Ministerio de Cultura, 1985, 17-33.
[30] M. Almagro Basch, en Trabajos de Prehistoria 40, 1983, 221‑244; C. Aranegui, en O. Cavalier (ed.), La
tarasque de noves. Réflexions sur un motif iconographique et sa posterité.
Actes de la table ronde organisée par le musée Calvet, Avignon, le 14 décembre
2001, Avignon 2003, 83-91.
[31] J.M. Noguera – J.M.
Abascal – R.
Cebrián, en
J.M. Noguera – E. Conde (eds.), Escultura
romana en Hispania 5, Murcia, Tabularium, 2008, 283-343.
[32] J.M. Noguera Celdrán – R. Cebrián, en R. Cebrián (ed.), VI
Reunión sobre Escultura Romana en Hispania. Preactas, Cuenca 2008, 59-62.
Cf. L. Baena del Alcázar, en Estudios dedicados a Alberto Balil in
memoriam, Málaga 1993, 147-161.
[33] J.M. Abascal – M.
Almagro-Gorbea – R. Cebrián – I. Hortelano, Segobriga 2007. Resumen de las intervenciones arqueológicas, Cuenca
2008.
[34] M. Almagro Basch, en Noticiario
Arqueológico Hispánico 7, 1979, 211‑246.
[35] C. Fernández Martínez –
J.M. Abascal – J. Gómez Pallarès – R.
Cebrián, Mors mala soluit... y
J.M. Abascal – M. Almagro-Gorbea – R. Cebrián – I. Hortelano, Segobriga 2007..., trabajos ya citados más arriba.
[36] J.M. Abascal – R.
Cebrián – D. Ruiz – S. Pidal, en Sacralidad y Arqueología. Thilo Ulbert
zum 65 Geburstag am 20 Juni 2004 gewidmet [Antigüedad y Cristianismo
21], Murcia 2004, 415-433.
[37] M. Almagro Basch, La
necrópolis hispano-visigoda de Segobriga. Saelices (Cuenca). Excavaciones
Arqueológicas en España 84, Madrid 1975.
[38] El documento está trascrito ya en J.A. Fernández, Ms. RAH-9-5597,
Apéndice 1, de 1790, y F. Fita, El fuero de Uclés, Boletín de la Real
Academia de la Historia 14, 1889, pág. 354, que lo toma de Fernández como
había hecho Cornide y de quien dependen las ediciones posteriores. La
transcripción original realizada por Fernández en el archivo del Monasterio de
Uclés en 1789 dice:
[39] El texto está incluido como Apéndice 1 en la memoria
redactada en 1790 por Juan Antonio Fernández sobre los descubrimientos
realizados en la basílica visigoda en 1789 (Ms. RAH-9-5597, Apéndice 2) y
trascrito también en el borrador previo de RAH-8109-4b. Visitas generales de
la Orden de Santiago, año 1500 (Libro 9 del año 1499), pág. 187:
[40] Visitas generales de la Orden de Santiago, año 1515. Libro
21, pág. 435:
[41] Una valoración detallada de esa ocupación, realizada por R.
Cebrián y D. Sanfeliu, ha aparecido recientememte en la revista Lucentum.
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