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I.3 Investidura de Doctores Honoris Causa
I.3.3 D. LUIS ÁNGEL ROJO DUQUE
Foto Juan Manuel Torregrosa
1. Laudatio pronunciada por el profesor D. Carlos Barciela López. 2. Discurso pronunciado por D. Luis Ángel Rojo Duque.
1. Laudatio pronunciada por el profesor D. Carlos Barciela López.
LAUDATIO DE LOS EXCMOS. SRES. D. GONZALO ANES Y ÁLVAREZ DE CASTRILLÓN, D. ENRIQUE FUENTES QUINTANA, D. LUIS ANGEL ROJO DUQUE y D. JUAN VELARDE FUERTES.
Por el Prof. Dr. D. Carlos Barciela López, Catedrático de Historia e Instituciones Económicas de la Universidad de Alicante Alicante, 5 de noviembre de 1998
Excmo. Sr. Rector Magnífico de la Universidad de Alicante, Dignísimas y Altísimas Autoridades, Miembros del Claustro Universitario, Sras. y Sres., Constituye una arraigada tradición de las universidades la de conceder el Doctorado Honoris Causa a quienes han destacado por sus aportaciones a las Ciencias, a las Artes, a las Letras o en cualquier ámbito de la vida social, económica o política.
Si bien es cierto que el Doctorado Honoris Causa es una elevadísima distinción para quien lo recibe, no lo es menos que la propia Institución se beneficia del prestigio de los investidos. En este caso ese beneficio se multiplica por cuatro, ya que, en efecto, cuatro son los profesores universitarios que reciben hoy esta distinción. Cada uno de ellos reúne méritos más que sobrados, y así ha sido reconocido por otras universidades que también les han nombrado Doctores Honoris Causa.
Quiero comenzar confesando que me encuentro abrumado por el hecho paradójico de que un profesor, todavía relativamente joven, tenga el honor de presentar y exponer los méritos, tan sobradamente conocidos por toda la comunidad universitaria y por buena parte de la sociedad española en su conjunto, de los profesores Gonzalo Anes, Enrique Fuentes Quintana, Luis Angel Rojo y Juan Velarde. Abrumado por el peso de esta responsabilidad, a la vez que enormemente satisfecho y un poco desconcertado. Satisfecho porque he sido alumno de todos ellos y de todos guardo un recuerdo imborrable y desconcertado porque jamás hubiera soñado, cuando llegué en 1969 a la recién estrenada Facultad de Económicas en Somosaguas, que un día yo sería testigo y padrino de un acto como este.
También debo pedir disculpas al auditorio, a mis compañeros y amigos y a los propios candidatos a Doctores Honoris Causa porque deslizaré en mis palabras algunos comentarios y recuerdos personales. Con ello no pretendo, obviamente, erigirme de ningún modo en protagonista ni siquiera secundario en este acto. Pero, inevitablemente, puedo y debo hablar en primera persona en algún momento de mi intervención, porque al hablar de los méritos docentes de nuestros doctorandos puedo dar testimonio personal de sus virtudes, al igual que he podido beneficiarme de sus consejos y ayudas en el campo de la investigación.
No es frecuente la concesión simultánea del Doctorado Honoris Causa a cuatro profesionales del mismo campo científico. Hay varias razones que explican esta ceremonia singular. La primera es que, por nuestra corta historia, la Universidad de Alicante tenía que cumplir lo antes posible con este obligado reconocimiento. Sin embargo, hay razones más profundas para este acto conjunto. Son muchas las facetas y los méritos compartidos por nuestros candidatos. El más importante es que los cuatro, en sus respectivos campos de conocimiento, han tenido un protagonismo fundamental y similar a la hora de impulsar y renovar los estudios y los conocimientos de Historia Económica, Hacienda Pública, Teoría Económica y Economía Aplicada, en definitiva de la Ciencia Económica en España. De igual trascendencia han sido sus aportaciones y servicios a la sociedad española fuera de las aulas universitarias en puestos y cargos de la máxima responsabilidad. Además, su actividad ha coincidido, en gran medida, en el tiempo, en especial la de los profesores Juan Velarde y Enrique Fuentes Quintana y la de Gonzalo Anes y Angel Rojo. Debo añadir, además, que sus trayectorias personales y científicas han sido originalísimas y diversas.
Tres son a mi entender los méritos o facetas que debemos destacar de nuestros doctorandos: la docente y de formación de equipos, la investigadora y de creación de escuelas y la actividad pública. Todo ello, y en los cuatro casos, dentro de lo que podríamos denominar auténticos servidores públicos. Servidores de lo público. Hoy, en unos momentos en los que algunas palabras de tanto usarse, y a veces mal usarse, han perdido prestigio, podemos hablar con satisfacción y esperanza de auténticos funcionarios públicos que con su esfuerzo y dedicación han contribuido notablemente a mejorar el bienestar de sus conciudadanos.
Debo advertir que, por razones de tiempo realizaré una muy breve síntesis del amplísimo currículum de nuestros homenajeados. Carecería de sentido intentar, en estos momentos, comentar las decenas de trabajos científicos que han publicado.
Hablar de la labor docente de estos cuatro grandes maestros es cuestión sencilla. Miles de universitarios hemos tenido la fortuna de recibir sus enseñanzas y cualquiera de nosotros puede rememorar sus virtudes como enseñantes. Desde las más elementales y exigibles, como la escrupulosa puntualidad y la diaria asistencia a clase, hasta la excelencia docente, que sólo con unas cualidades y una vocación extraordinarias puede alcanzarse.
Recuerdo, como todos sus alumnos, las magistrales clases del profesor Rojo, siempre a primerísima hora de la mañana en el lejano Campus de Somosaguas, ya que tenía que simultanear su labor docente con la dirección del Servicio de Estudios del Banco de España. Los alumnos de Teoría Económica teníamos el privilegio de recibir lecciones del mejor Catedrático de la materia, que era a la vez el mejor experto práctico desde su puesto clave en el Banco de España, diseñando la política monetaria de nuestro país. Recuerdo perfectamente un día en el que, tras explicarnos los mecanismos teóricos de la devaluación monetaria, nos contó con la riqueza de detalles que sólo conoce el protagonista de los hechos, cómo y porqué se había producido la devaluación de la peseta en España en 1967. Tuvimos la gran fortuna de recibir en su primera versión a ciclostil el original del excelente libro Renta, Precios y Balanza de Pagos, que guardo todavía cuidadosamente.
Recuerdo, igualmente, cómo algunos alumnos de Estructura Económica del grupo de la mañana, que recibíamos las también magníficas clases del profesor García Delgado, nos "colábamos" muchas tardes, como quién iba al cine, a las siempre atractivas, sugerentes y divertidas clases del profesor Velarde que daba el grupo de la tarde y que nos hablaba de los problemas de la economía española, actuales y pasados, y de sus protagonistas con un detalle y un conocimiento sorprendentes. Sus libros sobre la Política Económica de la Dictadura, la Decadencia Económica de España, o sobre el Pensamiento Económico Español, nos introdujeron, de forma amena en los problemas de la economía española y tuvieron una influencia decisiva en la vocación investigadora de muchos estudiantes.
Con el profesor Fuentes, y con uno de sus más brillantes discípulos el profesor Victorio Valle, tuvimos ocasión de penetrar con rigor y de forma sistemática en el complejo mundo de la Hacienda Pública. Superar las asignaturas del profesor Fuentes constituía una pequeña reválida que era garantía de una sólida preparación del alumno y que suponía una gran satisfacción a la vez que un indudable alivio. Esta exigencia, por lo demás, se correspondía plenamente con la dedicación y esfuerzo que el profesor Fuentes dedicaba a sus alumnos. Sus libros sobre la Hacienda Pública, repetida y cuidadosamente actualizados eran, en su momento, la mejor visión de los problemas hacendísticos españoles y constituyen hoy una referencia fundamental para quien quiera conocer la evolución histórica de nuestro sistema fiscal. La vocación docente del profesor Fuentes Quintana se manifiesta, por lo demás, en el orgullo con el que siempre ha ostentado su condición de Maestro Nacional.
En relación a la labor docente de los profesores Fuentes y Velarde, quiero hacer referencia especial a un libro que todos los estudiantes de Bachillerato de mi época tuvimos ocasión de leer: Política Económica. Lamentablemente, este libro se daba en una asignatura considerada "maría", en la que no resultó posible disponer de buenos profesores para poder comprender una obra que todavía se puede releer con nostalgia y satisfacción.
La labor docente del profesor Gonzalo Anes tiene un componente muy especial. En mi caso, como en el de la gran mayoría de los alumnos, sus clases de Historia Económica nos despertaron verdadera pasión por el conocimiento de la auténtica Historia de España. El profesor Anes nos descubría una realidad histórica muy distinta a la de los viejos libros de texto del Bachillerato, tan repletos de batallas y glorias y tan carentes de los verdaderos elementos que explican la evolución de las sociedades. Por primera vez se nos planteaba una historia coherente en la que los grupos sociales y la actividad económica desempeñaban un papel fundamental. Qué visión tan diferente del siglo XVIII la que traíamos del Bachillerato de la que el profesor Anes nos mostraba en sus explicaciones y en su excelente y premiado libro Las Crisis Agrarias en la España Moderna.
Por lo demás, hay que recordar que los años de la dictadura franquista no fueron fáciles para la actividad docente nada proclive, como es bien sabido, a respetar la libertad de expresión y de cátedra. Pues bien, a pesar de ese marco hostil, los universitarios alumnos de los profesores Rojo, Fuentes, Velarde y Anes, recibimos siempre enseñanzas rigurosas, objetivas y críticas, científicas, en definitiva, sobre la economía y la Historia de España. Con una particularidad. A veces los alumnos tendíamos a situar en un primer plano el problema político y la actividad de oposición al régimen. El consejo, siempre acertado, de estos maestros era el que debíamos perseverar y esforzarnos en el trabajo personal y en nuestra formación, a pesar de todas las dificultades y de nuestras legítimas inquietudes políticas de aquellos momentos. En este objetivo de formar lo mejor posible a sus alumnos no regatearon esfuerzos. Su despacho, y el de sus colaboradores, estuvo siempre permanentemente abierto. Incluso, por qué no decirlo, sus propios domicilios particulares, más cercanos para nosotros que el lejano Campus de Somosaguas. La cantidad de seminarios, tutorías, conferencias, trabajos de investigación que nos proponían, sin regatear ni un minuto de su tiempo, consiguieron que sus enseñanzas alcanzasen cotas de calidad extraordinarias.
Estoy hablando, en suma, de cuatro grandes maestros de la Universidad española, de los que, estoy absolutamente seguro, todos los alumnos conservamos un inmejorable recuerdo.
Esta labor docente individual, y destacadísima, se ha prolongado en una larguísima pléyade de discípulos que continúan sus enseñanzas desde todas las universidades españolas. Hacer referencia nominal a los discípulos de estos grandes maestros ocuparía mucho más espacio del que es aconsejable emplear en estos momentos. Sencillamente señalaré que una gran parte de las Cátedras Universitarias de Teoría Económica, Economía Aplicada, Hacienda Pública e Historia Económica están hoy desempeñadas por sus discípulos. Sin embargo no puedo dejar de hacer referencia a algunos de ellos: los profesores Julio Segura, José Luis García Delgado, Victorio Valle, Manuel Jesús González, Rafael Anes y nuestro querido Rector el profesor Andrés Pedreño. La cantidad y calidad de estos equipos revelan la capacidad y el entusiasmo con que llevaron a cabo su labor docente y el tiempo sin límite dedicado a dar continuidad a su magisterio.
La labor investigadora en general, y en Economía en particular no gozó tampoco de buenas condiciones en la posguerra. Es verdad que durante el primer tercio del siglo XX, como nos ha enseñado el profesor Velarde, España conoció una generación de buenos economistas, entre los que cabe destacar las figuras de Germán Bernácer, Antonio Flores de Lemus y Francisco Bernis. Sin embargo, como en otros muchos campos, la guerra civil, la represión y el exilio, truncaron, en buena medida, ese incipiente desarrollo. Gracias al esfuerzo de otros destacados economistas como Sardá, Stackelberg, Zumalacárregui, Castañeda, Carande, Olariaga, Valentín Andrés, Perpiñá y Torres, la Facultad de Económicas de la Universidad de Madrid, creada en 1944, pudo recoger en su seno lo mejor de esa tradición evitando que se convirtiera en una estéril institución ligada a las prácticas económicas autárquicas del primer franquismo. Los profesores Enrique Fuentes y Juan Velarde discípulos de éstos, desempeñaron entre otros, la labor de recoger esta tradición, a pesar de todas las dificultades. Los profesores Angel Rojo y Gonzalo Anes, algo más tarde, contribuirían de manera decisiva a impulsar y renovar los estudios de Teoría Económica y de Historia Económica. Su dedicación fue decisiva para conseguir que, hoy en día, los estudios de economía en España se encuentren en un nivel internacionalmente homologable.
La labor investigadora del Profesor Luis Angel Rojo se podría sintetizar afirmando que fue el introductor de la macroeconomía moderna en España. Así, la penetración del keynesianismo en nuestro país está indisolublemente ligada a la persona del profesor Luis Angel Rojo. Sin embargo, el profesor Rojo, nunca ha sido un doctrinario. Siempre fue consciente de la importancia y de las limitaciones de las ideas Keynesianas, como lo es de las demás teorías competidoras del Keynesianismo, ya se trate del monetarismo que resurgió a principios de los años setenta o de la nueva macroeconomía clásica, como puede apreciarse en su magnífico libro Keynes, su tiempo y el nuestro. La concesión del I Premio de Economía Rey Juan Carlos, con el aplauso unánime de toda la profesión, fue el reconocimiento a esta destacadísima labor investigadora.
No es ninguna exageración afirmar que el profesor Fuentes Quintana es, sin discusión, el mejor experto español en temas hacendísticos. Ha estudiado la Hacienda tanto desde el punto de vista teórico como de la realidad del sistema fiscal español. Además, y esto es especialmente importante para quien hace esta presentación, de la historia del sistema tributario español. Esta indiscutible autoridad en materia hacendística ha obscurecido, injustamente, las incursiones del profesor Fuentes en el campo de la Historia Económica y en el estudio de los economistas españoles. De su extensísima bibliografía destacaré, de manera muy personal, la edición de algunos de sus trabajos realizada por el profesor Francisco Comín con el título de Las Reformas Tributarias en la Historia de España.
El campo de la actividad investigadora y de la curiosidad intelectual del profesor Velarde es imposible de acotar. Antes he afirmado que muchas veces acudíamos a sus clases, sin ser alumnos de su grupo, como quien iba al cine. Los escritos del profesor Velarde se ocupan de la economía en el más amplio sentido que pueda darse. Desde sus trabajos de Historia Económica y sobre los pensadores y economistas españoles del pasado, a sus análisis sobre la más reciente actualidad económica en cualquier lugar del mundo. Más de una vez, y lo confieso sin rubor pues no tengo la capacidad intelectual del profesor Juan Velarde, me ha sorprendido con referencias a algún autor o alguna obra de mi propio campo científico cuya existencia yo ignoraba por completo. Si ustedes quieren pasar un rato agradable y de gran provecho y conocer la personalidad del profesor Velarde les recomiendo la lectura de su trabajo titulado Mis queridos acreedores preferentes en la que, junto al análisis de los problemas de la economía española o de la obra de algún economista, se encontrará con las más inteligentes y atinadas observaciones literarias o cinematográficas.
El profesor Anes recoge y sintetiza de manera brillante varias tradiciones. La de los economistas clásicos españoles con su paisano Jovellanos a la cabeza, la de sus maestros economistas e historiadores españoles como los profesores Valdeavellano y Carande y la de sus maestros franceses los profesores Vilar y Labrousse. La labor investigadora del profesor Anes se puede resumir, aún a costa de dejar de lado aspectos importantes, señalando que es el mejor conocedor de la España moderna. La concesión del Premio Nacional de Historia a su obra La España de los Borbones supuso el reconocimiento de este magisterio. Sus trabajos sobre diversos aspectos de la economía y la sociedad del Antiguo Régimen constituyen, en su conjunto, una magna obra científica. Impresiona y constituye un ejemplo para todos los historiadores la larga y minuciosa labor realizada por el profesor Anes en las bibliotecas y archivos de toda España, así como de Francia y Estados Unidos.
Pero además de su personal obra investigadora se trata de cuatro maestros que han creado escuela. Contrariamente a lo que se ha señalado tantas veces como rasgo típicamente español: el individualismo, genial tal vez, pero sin continuidad, los profesores Velarde, Rojo, Fuentes y Anes han creado sus correspondientes escuelas en las que nos situamos hoy una parte muy destacada de los equipos investigadores en Economía que existen en España.
La actividad pública de nuestros cuatro doctorandos constituye, igualmente, un aspecto muy relevante. No debe forzarse, como ya he señalado antes, ningún tipo de paralelismo, aunque siempre hay un denominador común: trabajo constante, serio y riguroso; generosa disposición a participar en la actividad pública, aplicando sus valiosos conocimientos a distintos ámbitos de la Administración, contribuyendo a mejorar el bienestar colectivo e incurriendo en un importante coste de oportunidad personal. ¿Cuánto habría podido ganar cualquiera de ellos, prestando sus servicios, legítimamente, a la empresa privada? La actividad pública del profesor Fuentes Quintana está en la mente y en el recuerdo de todos: Vicepresidente del Gobierno e inspirador de los pactos de La Moncloa, con un papel también destacadísimo en el cambio de la política económica en 1959 y en el actual proceso de integración de España en la Unión Europea. El profesor Luis Angel Rojo, director del Servicio de Estudios del Banco de España, Subgobernador y finalmente Gobernador de esta crucial institución, clave también en el proceso de modernización de la economía española. El profesor Juan Velarde, con una dilatadísima trayectoria en el Ministerio de Trabajo y miembro del Tribunal de Cuentas. El profesor Gonzalo Anes desde la Real Academia de la Historia y la presidencia del Patronato del Museo del Prado.
Sin embargo, esta actividad no se ha limitado al desempeño de altas funciones. Sus magisterios han tenido también un componente divulgativo importante. Su actividad como conferenciantes y como colaboradores en la prensa periódica, con voz siempre crítica e independiente, ha contribuido, decisivamente, a elevar el nivel cultural económico general de los españoles.
He hablado del pasado y del presente, de la ejemplar trayectoria de estos grandes economistas. Sin embargo, afortunadamente para España y para nuestro futuro, todavía son muchos los beneficios que seguiremos obteniendo de su trabajo y de su generosidad. En unos casos, como el de los profesores Rojo y Anes porque todavía están en activo. En otros, como el de los profesores Fuentes y Velarde, legalmente jubilados, porque su vitalidad, su capacidad de trabajo y su ilusión nos provocan admiración y envidia a los que sólo el Documento Nacional de Identidad nos permite demostrar que somos más jóvenes que ellos.
Así pues, considerados y expuestos todos estos hechos, dignísimas autoridades y claustrales, solicito con toda consideración y encarecidamente ruego, que se otorgue y confiera a los excmos. Sres. D. Gonzalo Anes Álvarez de Castrillón, D. Enrique Fuentes Quintana, D. Luis Angel Rojo Duque y D. Juan Velarde Fuertes, el supremo grado de Doctor Honoris Causa por la Universidad de Alicante. Muchas gracias.
Foto Juan Manuel Torregrosa 2. Discurso pronunciado por D. Luis Ángel Rojo Duque.
DISCURSO PRONUNCIADO POR DON LUIS ÁNGEL ROJO DUQUE CON MOTIVO DE SU INVESTIDURA COMO DOCTOR HONORIS CAUSA POR LA UNIVERSIDAD DE ALICANTE 5 de noviembre de 1998
Excmo. y Magfco. Sr. Rector de la Universidad de Alicante, Excmo. Sr. Secretario de Estado de Universidades e Investigación, Sr. Conseller, Sres. Rectores, Autoridades, Compañeros claustrales, Profesores y alumnos: Considero un honor y un privilegio que la Universidad de Alicante haya acordado concederme el grado de Doctor Honoris Causa. Es una generosidad que solo se puede explicar por el afecto de un grupo de amigos que fueron alumnos míos, nuestros, en la Universidad Complutense y que son hoy profesores de esta facultad de Ciencias Económicas y Empresariales. Hay pruebas de afecto que uno ha de recibir sin la menor pretensión de merecerlas y esta de hoy es una de ellas.
Es además muy grato recibir esta investidura junto a un grupo de compañeros ilustres y admirados, con los que dentro y fuera de la Universidad he hecho largos trechos de vida en común, manteniendo un sentimiento de amistad profunda y creciente hacia ellos.
Pertenezco a una generación que vivió de pleno las consecuencias del régimen de Franco, que en su significado más profundo representó un corte de la continuidad, un paro de la historia de España. Por consiguiente, precedidos por nuestros hermanos inmediatamente mayores de los que puede ser ejemplo en mi caso el profesor Fuentes Quintana o el profesor Velarde, nuestra generación tuvo que dedicarse a restablecer puentes, a restablecer continuidades con el pasado. Tratamos de abrir este país políticamente, económicamente, intelectualmente; también desde el punto de vista universitario.
Todos los que hoy recibimos esta investidura, trabajamos fuerte y duro durante muchos años en la Universidad, en la nuestra, en la Complutense, y no hay razón alguna de modestia que me lleve hoy a olvidarlo puesto que estoy muy orgulloso de ello.
Pero naturalmente, en el esfuerzo tuvimos también el premio pues encontramos, como pasa siempre que se entrega uno a la Universidad, un grupo extraordinario de alumnos que fueron capaces de responder con creces a nuestros esfuerzos. Alejado de la enseñanza por la aplicación de unos criterios burocráticos, que nunca alcancé a entender, mi vida ha sido desviada desde entonces por unos caminos que yo nunca habría pretendido. Pero nada de ello ha logrado borrar mi inclinación universitaria. Más bien puedo decir que mi vida universitaria se compone de veintiocho años de docencia y de doce de nostalgia.
Esta nostalgia me lleva al recuerdo de actividades en aquellas aulas que acogieron entre otros muchos a los profesores que son responsables generosos de este acto. Y esos recuerdos se avivan con el frecuente encuentro con antiguos alumnos que rememoran con simpatía cursos y seminarios ya lejanos, y ese es el mayor premio que puede recibir un profesor universitario.
Pero esa nostalgia también me ha impulsado ha tender puentes desde las posibilidades, inevitablemente limitadas, que proporciona el Banco de España hacia la Universidad y con el deseo de mejorar la enseñanza superior en nuestro país. E impulso dado al Servicio de Estudios del Banco hasta convertirlo en un centro importante de investigación y de difusión de información sobre nuestra economía, a la convocatoria anual de becas de estudios de postgrado en el extranjero, que ha permitido ya completar los estudios en las mejores Universidades extranjeras a más de doscientas personas, las becas para elaboración de tesis doctorales, la publicación continua de trabajos procedentes del ámbito universitario, o la creación del Centro de Estudios Monetarios y Financieros como institución de estudios de postgrado, de muy alta calidad, se han visto todos ellos sin duda parcialmente impulsados por mi nostalgia universitaria.
Todo esto no basta, desde luego, para justificar mi presencia en este acto, pero tal vez me permita señalar que el alto honor que me confiere la Universidad de Alicante recae en mi caso sobre una persona que al menos nunca ha visto debilitarse sus vínculos universitarios y que siempre ha sido consciente de que todo lo que hacía en otros ámbitos al servicio del país lo hacía desde sus fundamentos universitarios. Y por cierto, solo podía hacerlo, merced a la colaboración de un conjunto de personas también procedentes del profesorado universitario, en su mayor parte, con los que el país tiene contraída una deuda importante.
Las avenidas, calles y a veces vericuetos con los que cuenta nuestra política monetaria ha llegado a acceder a la difícil construcción de la Unión Monetaria, tienen bases más universitarias que burocráticas.
Podría evocar aquí mis relaciones prolongadas con aquellos jóvenes estudiantes que fueron mis alumnos y que hoy son destacados profesores de esta Universidad. Pero las relaciones entre profesores y alumnos son relaciones sutiles, peculiares, que florecen en su caso misteriosamente con el peso de los años y más vale no tocarlas.
Así que me limitaré a agradecer profundamente a quienes han tenido la idea de proponerme para este doctorado sin otro motivo que su afecto, y a expresar a la Universidad de Alicante mi gratitud por el alto honor que me confiere y al que bien sé que nunca podré corresponder. Muchas gracias.
Foto Juan Manuel Torregrosa
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