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I.3 Investidura de Doctores Honoris Causa
I.3.5 D. ELÍAS J. COREY
Foto Juan Manuel Torregrosa
1. Laudatio pronunciada por el profesor D. Miguel Ángel Yus Astiz. 2. Discurso pronunciado por D. Elías J. Corey.
1. Laudatio pronunciada por el profesor D. Miguel Ángel Yus Astiz.
LAUDATIO PRONUNCIADA POR EL PROF. MIGUEL ÁNGEL YUS ASTIZ CON MOTIVO DE LA INVESTIDURA COMO DOCTOR HONORIS CAUSA POR LA UNIVERSIDAD DE ALICANTE DE D. ELÍAS J. COREY 28 de enero de 1999
Excmo. y Magfco. Sr. Rector de la Universidad de Alicante, Dignísimas autoridades, Queridos compañeros y alumnos, Sras. y Sres.: Me cabe hoy el grandísimo honor de presentar los méritos de Elías J. Corey, Profesor de la Universidad de Harvard, como candidato a Doctor Honoris Causa por la Universidad de Alicante. Es esta una tarea que me resulta a la vez difícil y fácil: dificil, pues lo es estar a la altura de las circunstancias, teniendo en cuenta además que al ser un hombre de ciencia no es la erudición una de mis principales características. Por otra parte, la categoría científica del candidato hace sencillo poner de manifiesto su extraordinaria altura, teniendo como único problema la limitación que en cuanto a tiempo posee este acto.
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Haciendo un obligado apunte biográfico, Corey nace en Methuen, un pequeño pueblo al norte de Boston (Massachusetts, EEUU) en 1928, ingresando a los 16 años en el Massachusetts Institut of Technology (el famoso MIT) con la intención de estudiar matemáticas e ingeniería eléctrica. Sin embargo, influido por los excelentes profesores de la institución, pronto decide estudiar química, por su posición central en la ciencia y la atracción que le produce la resolución de problemas prácticos en el laboratorio. Especialmente fascinante le resultó la química orgánica, que le fue enseñada por un elenco de extraordinarios maestros, como Arthur C. Cope, John C. Sheehan, John D. Roberts y Charles Garner Swain. Después de tres años se graduó y por sugerencia del Profesor Sheehan continuó en el MIT realizando en su grupo un trabajo pionero en la síntesis de penicilinas, que le permitió en sólo dos años terminar su tesis doctoral: a los 22 años se traslada como Dr. Instructor a la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, bajo los auspicios de los afamados químicos Roger Adams y Carl S. Marvel.
Ya siendo Assistant Professor en Illinois y con un pequeño grupo de tres estudiantes de doctorado desarrolló destacadas investigaciones en síntesis de productos naturales por lo que en 1956, a la edad de tan sólo 27 años fue nombrado Profesor de Química, equivalente a Catedrático en nuestro país. Como consecuencia de ello el grupo creció y también lo hicieron los temas a estudiar: síntesis enantioselectivas, uso de complejos metálicos y química con enzimas.
En el año 1957 se produce un hecho importante en la vida de Corey: recibe una beca Guggenheim para la realización de un período sabático y decide dividirlo entre Harvard y Europa, concretamente Zurich, Londres y Lund; en este último lugar contacta con el Profesor Bergström -Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1982- y con el mundo de las prostaglandinas, por las que se interesó enormemente. En Harvard tiene la ocasión de discutir con Woodward sobre sus ideas de la aplicación lógica del retroanálisis al diseño de la síntesis orgánica, unas ideas que entusiasman al Profesor de Harvard.
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No es extraño que en la primavera de 1957 (con sólo 29 años) reciba una oferta para ocupar una cátedra en la prestigiosa Universidad de Harvard, que acepta sin dudar. El impresionante cartel de esta Universidad en el campo de la química lo componían entre otros Paul Bartlett, Konrad Bloch, Luis y Mary Fieser, Frank Westheimer y Robert B. Woodward, todos ellos primeras figuras a nivel mundial.
Desde aquellos momentos el grupo de Corey creció en tamaño y calidad comenzando nuevos proyectos, desde síntesis totales de moléculas complejas a estudios sobre mecanismos de reacción y química teórica, pasando por química bioorgánica y organometálica, así como el uso de ordenadores para la resolución de problemas sintéticos.
En 1961 se casa con Claire con la que tiene tres hijos: David (bioquímico), John (músico) y Susan (antropóloga).
En el año 1990 recibe en solitario el Premio Nobel de Química, en palabras de la Academia Sueca de Ciencias, "por su desarrollo de teorías y metodologías en síntesis orgánica".
A lo largo de la historia de los Premios Nobel, los nombres de Fischer (1902), von Baeyer (1905), Wallach (1910), Grignard (1912), Diels y Alder (1950), Woodward (1965), y Brown y Wittig (1974) pueden considerarse, a juicio de la Academia Sueca de Ciencias, dentro del club selecto de laureados con claras connotaciones sintéticas, destacando a mi entender de forma sobresaliente los nombres de Woodward y Corey como máximos exponentes de la síntesis orgánica moderna.
Se podría definir la síntesis orgánica como la preparación de compuestos orgánicos de estructura compleja usando materiales de partida sencillos y baratos. A la hora de sintetizar una molécula orgánica compleja aparecen elementos de auténtica creación artística, como sucede por ejemplo, con la arquitectura. En el pasado, muchas síntesis se realizaban de forma intuitiva por lo que era complicado percibir en ellas un plan premeditadamente elaborado: era como preguntarle a Picasso por qué pintaba de la forma que lo hacía. Un plan de síntesis se ha comparado con un juego de ajedrez en tres dimensiones usando 40 piezas en cada lado, lo que da una idea de su complejidad. Téngase en cuenta que en la literatura científica hay descritos unos 40.000 métodos de síntesis susceptibles de ser empleados, cada uno con sus limitaciones y posibilidades. Pues bien, a pesar de ello, en cada nueva síntesis se desarrollan metodologías desconocidas que pueden modificar la estrategia inicial.
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A comienzos de los años 60 Corey acuña el término y desarrolla el concepto de "análisis retrosintético". Considerando la molécula objetivo, él estableció las reglas que permiten dividirla en fragmentos mas pequeños indicando qué enlaces han de ser rotos: de esta forma pueden obtenerse componentes mas pequeños y manejables, que luego al unirlos dan lugar a la síntesis planificada. Fue importante en esta época, los 60, la visión de futuro de Corey demostrando que este análisis de lógica retrosintética podía ser incluido en un programa de ordenador: hoy en día todos los laboratorios de química orgánica pueden acceder a alguno de los múltiples programas comerciales que ayudan enormemente a la planificación de una síntesis orgánica.
En los laboratorios de Corey se ha realizado en las últimas cuatro décadas la síntesis total de más de un centenar de moléculas muy complejas, muchas de ellas con importante actividad biológica, en todos los casos atendiendo a principios lógicos simples. La mayor parte de estas síntesis se recogen el su libro The Logic of Chemical Synthesis publicado en 1989 y considerado hoy en día como la biblia de la síntesis orgánica.
Dentro del inmenso conjunto de moléculas bioactivas con aplicación en medicina destacan las familias de eicosanoides, prostaglandinas, prostaciclinas, tromboxanos y leucotrienos, compuestos muy inestables y que en la naturaleza aparecen en cantidades extremadamente pequeñas, aunque juegan un papel decisivo en fenómenos como la reproducción, coagulación de la sangre, regulación del sistema inmune, etc. Gracias a las investigaciones de Corey muchos de estos fármacos son en la actualidad comercialmente asequibles. Una prueba de la importancia de estos hallazgos fue la concesión del Premio Nobel de Fisología y Medicina a Bergströn, Samuelson y Vane, los dos primeros colaboradores de Corey y, en concreto, el segundo a través de una estancia con Corey en Harvard.
Para el desarrollo de las diferentes síntesis, Corey ha puesto a punto todo un arsenal de más de medio centenar de métodos, incluyendo tanto reactivos como reacciones enteramente nuevos, que reflejan frecuentemente la sencillez del genio, y que son de uso habitual en cualquier laboratorio de química orgánica del mundo: esto convierte a Corey, probablemente, en el químico que más metodología ha desarrollado a lo largo de la historia. Su dominio de la estrategia de síntesis le ha llevado a moverse con comodidad en campos frontera dentro de la química, como es el uso de los compuestos organometálicos en química orgánica o el estudio de rutas biogenéticas. Recientemente ha venido desarrollando el empleo de catalizadores de una actividad similar a la de las enzimas, capaces de producir un único enantiómero usando cantidades muy pequeñas (y a pesar de ello recuperables) del catalizador, por otra parte fácilmente accesible y de estructura sencilla: es lo que él denomina robots moleculares.
Sería imposible hacer un comentario ni siquiera global del ingente volumen de méritos de Corey a nivel de publicaciones científicas, conferencias plenarias, doctorados honorarios o premios recibidos. Ya que él está particularmente orgulloso de ella, vale la pena comentar brevemente qué es la llamada "familia Corey". Este grupo, al que me honro pertenecer, está constituido por unos 500 miembros entre doctorandos, postdoctorandos y profesores visitantes que han trabajado y trabajan bajo la supervisión de Corey. Entre ellos se encuentran no menos de 150 catedráticos de universidades de todo el mundo. En sus propias palabras "los descubrimientos y logros de los miembros de mi familia química en nuestros laboratorios han sido fuente de enorme satisfacción personal, siendo una parte de mi vida extraordinariamente importante: muchos de los méritos que se me atribuyen pertenecen a mi familia profesional".
Por último me van a permitir la licencia de dirigirme brevemente al Professor Corey en su idioma: Professor Corey, I would like to express my personal gratitude to you for accepting to become Doctor Honoris Causa of the University of Alicante: our Senate is very proud to count you amongst the Doctors of this Institution. I hope that you will keep your chemical activity fresh, as always, for a long time: the scientific world will always be grateful.
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2. Discurso pronunciado por D. Elías J. Corey.
DISCURSO PRONUNCIADO POR DON ELIAS J. COREY CON MOTIVO DE SU INVESTIDURA COMO DOCTOR HONORIS CAUSA POR LA UNIVERSIDAD DE ALICANTE 28 de enero de 1999 (Traducción: John D. Sanderson.)
Mgfco. y Exmo. Sr. Rector de la Universidad de Alicante, Ilmo. Sr. Secretario General, Sr. Decano de la Facultad de Ciencias, Estimados miembros de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Alicante, Querido padrino, Dr. Miguel Yus, Queridos amigos, buenos días: Por favor, acepten mi más sincero agradecimiento por esta excepcional distinción académica que me conceden por mi contribución a la investigación y la docencia científicas. No estoy seguro de merecerla, pero me siento muy feliz por quedar vinculado a esta gran Universidad de Alicante. Hace más de 500 años, Cristóbal Colón zarpó desde España para descubrir un nuevo mundo y mejorar las condiciones de vida de la humanidad. De igual modo, la joven Universidad de Alicante navega hacia el futuro con la misma misión, descubrir nuevos mundos y mejorar la vida humana. Es un privilegio estar vinculado a esta universidad tan joven, y les agradezco este acontecimiento de tanta significación para mí. Una universidad joven es como una persona joven, un veinteañero que ha completado su educación general y mira adelante, hacia un futuro de grandes logros, y avanza con la intención de cooperar con una nueva forma de pensar. Este joven es muy flexible, adaptable, ambicioso y también creativo, y espero que la Universidad de Alicante avance hacia el futuro con una nueva visión, una nueva dedicación, un nuevo empeño en hacer descubrimientos que mejoren la docencia, el país y el mundo.
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También me complace que mi campo de estudio, la síntesis química de moléculas complejas, reciba su reconocimiento con este acto. El área de investigación de la síntesis orgánica me llega al corazón; mi corazón está ahí metido. Esta área ha hecho mucho por la humanidad, y se encuentra ahora en una posición inmejorable para seguir progresando en el futuro. En los últimos 50 años, la síntesis orgánica se ha desarrollado de forma totalmente imprevisible, y ha aumentado su fuerza y su capacidad científicas a un nivel extraordinario. Tenemos ahora una lógica de diseño racional de procesos sintéticos que puede producir sustancias moleculares muy complejas, inventar nuevos reactivos y nuevos recursos para realizar síntesis, y descubrir nuevos tipos de compuestos que serán muy útiles al aplicarlos a la medicina y a la ciencia material.
Mi investigación, a lo largo de estos años, la he dedicado a explorar las fronteras de todos los aspectos de la ciencia de la síntesis, incluyendo, como ya ha mencionado el Dr. Miguel Yus, la teoría, la metodología y la realización de la síntesis química. Además de esto, hemos investigado la conversión química de materiales químicos comerciales económicos en moléculas biológicamente útiles con valor terapéutico para aplicación médica. Esto es un campo de actuación de gran valor, no sólo químico, sino también humano. La química sintética constituye un motor poderoso para el avance de la medicina.
Como ya saben ustedes, gran parte de los fundamentos de la ciencia se pueden encontrar en la literatura clásica. Por ejemplo, en la poesía. Hay un famoso libro de poemas japonés de hace 800 años escrito por una señora en el que se encuentra uno que nos daba, y nos sigue dando, lecciones sobre la vida. Es uno de mis poemas favoritos; nos recuerda que la vida siempre trae consigo un final, la mortalidad:
Hierbas de la planicie, brotando y muriendo. A todas les pasa igual. Es el destino de las cosas, esperar al otoño.
Pero aunque aceptemos nuestro inevitable destino, el que a todos nos ha de llegar el final, el hombre moderno se agarra a la esperanza de que la enfermedad, la muerte prematura, el sufrimiento y el dolor no tengan que formar siempre parte de la existencia humana. La ciencia y la medicina modernas derivan de una filosofía optimista que mantiene que, gracias a la investigación, el descubrimiento y la correcta aplicación de los nuevos conocimientos, la vida humana puede ser bendecida con una buena salud que dure hasta casi el final del ciclo vital habitual. Muchos científicos de gran talento que trabajan en el área de la química sintética se empeñan en conseguir que, a largo plazo, se cumpla este deseo. Sus esfuerzos, combinados con la investigación realizada por especialistas en áreas como la bioquímica, la biología molecular, la biología celular, la fisiología, la farmacología y la medicina clínica, son los medios interdisciplinares por los que se alcanzará una comprensión más profunda de la enfermedad y la salud humanas, y se conseguirá una terapia mucho más efectiva. La búsqueda de ese entendimiento, hasta llegar al nivel molecular más fundamental, es una inmensa tarea que requiere un gran empeño, un gran esfuerzo y una gran persistencia.
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Históricamente, la química orgánica ha estado relacionada con el descubrimiento y la producción de nuevas medicinas. Los primeros éxitos, como la aspirina para el dolor, la morfina para el dolor agudo o la quinina para la malaria, eran todos resultado de la investigación en el área de la química orgánica. La siguiente oleada de nuevas medicinas, que se componían tanto de productos naturales como de compuestos sintéticos, se materializó únicamente tras un mayor y más sofisticado esfuerzo. Son la insulina, la penicilina, las hormonas esteroides, las vitaminas y muchas medicinas de uso corriente hoy en día. Por último, empezando a mitad de siglo, un investigación al más alto nivel de diversos extractos de microorganismos, plantas y compuestos sintéticos ha conducido a una avalancha sin precedentes de nuevas medicinas muy útiles. No sólo los antibióticos y los agentes antifúngicos, sino también agentes anti-cancerígenos y medicinas para el corazón, para prevenir enfermedades, para curar infecciones víricas, para tratar enfermedades del sistema nervioso central e incluso enfermedades cerebrales. Esta tendencia hacia las medicinas sintéticas se acelerará conforme aumente la capacidad de la síntesis moderna y siga creciendo el conocimiento sobre el genoma humano, sus productos, su bioquímica y su funcionamiento. En tres o cuatro años conoceremos el ciclo completo del genoma humano e información sobre más de cien mil proteínas que sustentan la vida de los seres humanos.
Como saben, la industria farmacéutica y biotecnológica es ahora uno de los sectores más dinámicos de la economía mundial, con unos ingresos mundiales de aproximadamente 200 billones de dólares. Esta industria seguirá creciendo económicamente durante los próximos 50 años. Y los beneficios para la humanidad serán extraordinarios, incluso inimaginables. Sería maravilloso que nos pudiéramos encontrar todos de nuevo aquí dentro de cincuenta años para revisar los acontecimientos que hubieran tenido lugar desde ahora hasta ese momento. Sería un encuentro fascinante. Algunos de ustedes, jóvenes doctores, tendrán el placer de revisar los primeros cincuenta años del próximo siglo con gran satisfacción.
Me siento muy agradecido a la Universidad de Alicante por esta distinción hacia mi persona. Sin embargo, reconozco humildemente que en el mundo actual hay muchos científicos excepcionales que merecen los mejores premios. Así que, para mí, este acontecimiento me produce un placer no sólo personal, sino representativo de la labor de mis colegas, investigadores científicos de todo el mundo. Gracias a su arduo trabajo y a su estudio, a su optimismo y su idealismo, la ciencia avanzará, y el campo de investigación que yo represento, la química sintética, seguirá siendo no sólo el área central de la química, sino el lenguaje básico de la vida. Cuando lleguemos a entender plenamente la vida, la gramática y el léxico pertenecerán a la química orgánica.
Espero sinceramente que la Universidad de Alicante sobresalga en todas las áreas de investigación, y especialmente, por supuesto, en la mía. Y debo decir que esta Universidad ya ha empezado con muy buen pie. Le deseo lo mejor, así como a todos ustedes. Muchas gracias.
Elías J. Corey nació en Methuen (Massachusetts, USA) en 1928, está casado con Claire y tiene tres hijos (David, John y Susan). Estudió química en el Massachusetts Institute of Technology (1948), doctorándose en el mismo centro en 1951 bajo la supervisión del Profesor J. C. Sheehan sobre síntesis de penicilinas. A continuación se trasladó a la Universidad de Illinois, donde fue nombrado sucesivamente Instructor (1951), Assistant Professor (1953) y finalmente Professor (1956) a la edad de solo 28 años. Después de tres años (1959) le fue ofrecida una cátedra en la prestigiosa Universidad de Harvard donde en 1965 fue nombrado Sheldon Emery Professor, cargo que todavía desempeña en la citada institución.
El Profesor Corey ha recibido diversos doctorados honoris causa y alrededor de cincuenta premios desde 1960, entre los que destaca el Premio Nobel de Química que le fue concedido en solitario en 1990 "por haber desarrollado la teoría y metodología de la síntesis orgánica". En palabras de la Real Academia Sueca de Ciencias "es probable que ningún otro químico haya desarrollado tanta variedad de métodos, los cuales a menudo muestran la simplicidad del genio habiendo llegado a tener un sitio común en cualquier laboratorio de síntesis". Ha impartido unas 150 conferencias en diferentes países habiendo realizado más de 600 publicaciones científicas en revistas del más elevado prestigio internacional.
A la llamada "familia Corey", que integra a todos los colaboradores (doctorandos y postdoctorandos) que han trabajado bajo la supervisión del Profesor Corey, pertenecen alrededor de 500 personas de las cuales unas 100 son profesores prestigiosos en distintas universidades del mundo, contando entre ellos al Profesor B.I. Samuelson, Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1982.
La labor investigadora del Profesor Corey, centrada en la síntesis de moléculas orgánicas, es tan ingente que resulta imposible condensarla en unas pocas líneas. Después de sintetizar penicilinas en su tesis doctoral se dedicó al estudio de mecanismos de reacción y esteroquímica de productos naturales, especialmente esteroides triterpénicos, durante su estancia en Illinois. Cuando regresa a Harvard comienza su etapa sintética más prolítica, abordando la preparación de diferentes terpenos y aminoácidos, así como la puesta a punto de nuevas metodologías que involucran diferentes metales y compuestos organometálicos.
En los años sesenta Corey desarrolla el análisis retrosintético y el uso de ordenadores para el diseño de la síntesis de una determinada molécula orgánica. Al final de los setenta se descubre una nueva familia de sustancias de una gran importancia por sus propiedades biológicas: las prostaglandinas y Corey acomete su síntesis con notable éxito. Hasta la actualidad en el "Laboratorio E. J. Corey" de la Universidad de Harvard se han sintetizado más de un centenar de moléculas orgánicas de origen natural de una gran complejidad y en múltiples pasos estudiándose su comportamiento químico y bioquímico. Entre ellas se incluyen macrocilas (antibióticos, antitumorales, antivirales), estructuras heterocíclicas (coenzimas, antitumorales, vitaminas), sesquiterpenoides (hormonas, toxinas, antibióticos), isoprenoides (antivirales, fungicidas, toxinas, antiinflamatorios, antiasmáticos), y eicosanoides (antiinflamatorios, reguladores funcionales) u otras con marcada acción fisiológica y farmacológica.
Como consecuencia de su vasta labor sintética, Corey ha desarrollado una serie de metodologías que son de obligado uso a la hora de preparar cualquier molécula orgánica: no es imaginable hoy día la síntesis en varios pasos que no incluya en alguno de ellos alguna reacción puesta a punto en su laboratorio.
Cabe concluir que nos encontramos ante un científico, el Profesor Corey, de una talla extraordinaria, siendo considerado el químico sintético vivo de más categoría en el mundo. Tomando sus propias palabras: "Hay gente que opina que los últimos 50 años han sido dorados para la química. Yo creo que el futuro es todavía más excitante y se demostrará la gran capacidad de la síntesis química como centro del desarrollo de los nuevos agentes terapéuticos del futuro".
Foto Juan Manuel Torregrosa
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