Escudo 2 - con leyenda UA.gif (1203 bytes)                                        Guía del campus - puño 50.jpg (5169 bytes)                          Memoria del Curso Académico 1998-1999


 

I. Presentación.

I.3 Investidura de Doctores Honoris Causa

 

I.3.6   D. RAMÓN MARGALEF LÓPEZ

 

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                                                 Foto Juan Manuel Torregrosa

 

 

1. Laudatio pronunciada por el profesor D. Antonio Escarré Esteve.

2. Discurso pronunciado por D. Ramón Margalef López.

3. Apunte biográfico.

 

 

1. Laudatio pronunciada por el profesor D. Antonio Escarré Esteve.

 

LAUDATIO PRONUNCIADA POR EL PROF. ANTONIO ESCARRÉ ESTEVE CON MOTIVO DE LA INVESTIDURA COMO DOCTOR HONORIS CAUSA POR LA UNIVERSIDAD DE ALICANTE DE D. RAMÓN MARGALEF

18 de mayo de 1999

 

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                                                        Foto Juan Manuel Torregrosa

 

Es para mí un gran honor y satisfacción participar en este acto en que la Universidad de Alicante rinde homenaje al profesor Ramón Margalef. No tanto por sus rituales, a los cuales no soy muy aficionado como por el hecho que una institución quiera reconocer pública y colectivamente los méritos de un gran investigador.

 

He de confesar que me resulta especialmente grafiticante encontrarme aquí por lazos de afecto y admiración que me unen con los dos protagonistas principales del acto, la Universidad y el profesor Margalef. Tengo algunas razones para explicar mis sentimientos de afecto y admiración hacia la Universidad de Alicante. Antes que nada, y como alicantino, no puedo olvidar que su nacimiento fue posible gracias al esfuerzo de muchos ciudadanos e instituciones de esta tierra. En segundo lugar porque desde su inicio los diversos equipos de gobierno han sabido impulsar como primer objetivo la cualidad, tanto de la docencia y de la búsqueda como del mismo campus como ambiente. Por último soy sensible al hecho que, empezando su juventud a sufrido ya un accidente: la segregación no deseada de dos titulaciones importantes. Puedo también añadir una razón de afecto mucho más subjetiva todavía: la Universidad de Alicante es el lugar donde trabajo y lo hago muy a gusto.

 

No voy a hacer un inventario exaustivo de las razones que me llevan a sentir afecto a la figura del profesor Margalef y a admirarlo. Me corresponde y es difícil, resumirlos en poco tiempo y en términos objetivos a los méritos de toda una vida dedicada al estudio de la naturaleza. Pero por no defraudarlo, a él que se declara partidario de las obras en que la visión y hasta la pasión personal, se pueden percibir entre líneas me permitirán que después de glosar lo que se considera su trayectoria profesional, dé algún breve punto de vista mucho más subjetivo sobre este hombre tan particular.

 

Ramón Margalef nació en Barcelona en 1919. Estudia en la Escuela Oficial de Comercio. Muy pronto comenzó sus actividades de estudio de la naturaleza y tuvo ya relaciones con la Sociedad catalana de historia natural. A los 19 años tuvo que incorporarse al ejército republicano. Cuando acabó la guerra y sin haber finalizado los estudios de comercio comenzó a trabajar en una empresa de seguros. Cuando tenía 22 años el ejército ganador reclamó también su estimable servicio durante dos años. Al final de esta segunda mili, obtuvo una beca del Instituto de Biología Aplicada que dirigía entonces el Doctor García del Cid y estudió el bachillerato en dos años y la carrera de Ciencias Naturales en cuatro.

 

Se licenció con premio extraordinario en 1949 entonces ya tenía escritos un montón de trabajos inéditos y más de cuarenta publicaciones especialmente sobre el plancton y otros organismos de agua dulce, entre los cuales había una "limnosociología" en la línea de la sociología vegetal que había comenzado hacía unos años el profesor Braum Blanquet. Aquel mismo año fue nombrado director del laboratorio que el Instituto de Investigaciones Pesqueras tenía en Blanes. Así comenzaba la relación con esta institución que fue testimonio de la actividad desarrollada por el Doctor Margalef a lo largo de más de 25 años, y que dio como fruto un alto nivel de prestigio para ambos.

 

Con una capacidad de trabajo nada común publica en 1950 junto con Miguel Massutí el libro Introducción al estudio del plancton marino. En 1951 lee en Madrid su tesis doctoral sobre temperatura y morfología de los seres vivos, un tema que ha continuado interesando a lo largo de su existencia. Entre 1949 y 1957 publica una serie de 80 trabajos, entre artículos y libros que cubren un espectro temático que no está al alcance de los naturalistas más especializados: algas y crustáceos de agua dulce, citoplancton y zooplancton marino, larvas de mosquitos, biocenosis, sobre todo planctónicas y su distribución en el espacio y en el tiempo, aplicación de las series logarítimicas y la diversidad de especies, este último tema se convierte en una de sus pasiones conceptuales. Algunos de sus trabajos tratan temas de metodologías entonces muy innovadores, como por ejemplo técnicas para la extracción y la medida de clorofilas y otros pigmentos, o sistemas para el cultivo de algas entre otros. De este periodo son también dos buenos libros que han abierto el camino a los limnólogos de nuestro país: los crustáceos de las aguas continentales ibéricas y los organismos indicadores en la limnología. Geográficamente los trabajos corresponden a Cataluña y la Islas Baleares y en el caso del plancton marino también a Castellón y a la Ría de Vigo.

 

En 1957 vio la luz, en las memorias de la Real Academia de Ciencias y Artes de Barcelona, su discurso de ingreso, que se titula "La teoría de la información en ecología", una excelente aportación para la interpretación termodinámica de la diversidad de especies, que fue publicado después en la revista General Systems.

 

En 1952 el Dr. Margalef deja el laboratorio de Blanes y pasa a trabajar en la sede del Instituto de Investigaciones Pesqueras en la Barceloneta, del cual llega a ser director entre 1965 y 1967. En consonancia, durante este periodo de 1957 a 1967 en su obra científica predominan temas oceanográficos. Publica más de cien trabajos, entre los cuales abundan los dedicados al plancton marino, a la estructura de las poblaciones y al proceso de comunidades planctónicas, para intentar encontrar regularidades que puedan permitir hacer predicciones.

 

Después de estar en Puerto Rico, el Instituto de Biología Marina publica su primer libro de texto, Comunidades naturales. Recuerdo en él una fina observación muy esclarecedora, hablando de la tipificación de las comunidades de organismos y de las escuelas surgidas en los diferentes países, decía una cosa así: "la clasificación es una necesidad de la mente humana, quitada, probablemente, de la anglosajona…"

 

En 1963 sale en la prestigiosa revista de biología teórica American Naturalist un artículo suyo sobre los principios unificadores en ecología, que tuvo un gran eco por todas partes. Después de haber hecho un curso en la Universidad de Chicago, se publica el pequeño libro Perspectives in Ecological Theory, que produjo un gran impacto en los ecólogos de la época i que, como anécdota tradicional que no puede faltar, se tradujo al japonés antes que al castellano. Ahora que los bibliometristas son tan aficionados a medir la cualidad de las publicaciones por los índices de citaciones, puedo aportar una modesta y aproximada estimación pertinente: en los años finales de los sesenta y principios de los setenta, entre un 4 y un 8% de los artículos publicados por Ecology, la revista de la Sociedad Americana de Ecología, hacía referencia a algún trabajo del Dr. Margalef.

 

En 1967 gana la primera cátedra de Ecología de España en la Universidad de Barcelona, aunque años antes ya se había hecho carglo de esta asignatura, que se impartía en el Instituto de Investigaciones Pesqueras.

 

Dos años después publica un trabajo sobre grupos de especies en el fitoplancton del Caribe, el único que tiene colaboración con el profesor Gónzales Bernáldez, muerto hace pocos años, que fue el segundo catedrático de Ecología del país, y con le que tenía una gran amistad. Herencia de esta buena relación es el respeto mutuo entre los discípulos de las dos escuelas, que facilita que los concursos de plazas en el área de Ecología no sean aún la clase de torneos medievales que son en otras disciplinas.

 

Hasta 1974 el Dr. Margalef hacía compatible el trabajo en la Universidad y en el Instituto de Investigaciones Pesqueras, que dependía del CSIC. Por diversas razones tuvo que dejar su plaza en el CSIC. Coincidiendo con su incorporación plena a la Universidad aparece el extenso libro de "Ecología" que ha tenido una gran influencia en todos los profesores de lengua hispana, como también la ha tenido para los estudiosos de las aguas continentales la aparición posterior de la también extensa "Limnología". Además, desde finales del sesenta hasta ahora la producción científica del Dr. Margalef llega a los doscientos trabajos. El funcionamiento de las comunidades planctónicas y de las zonas de afloramiento, después de la exhaustiva exploración del área de la costa del Sáhara son temas dominantes en este periodo. También cabe destacar que, que después de llevar a término un ambicioso proyecto sobre los embalses con financiación del MOPU, se llega a la publicación, juntamente con un grupo de colaboradores de la Limnología de los embalses españoles y se despierta en él un especial interés por las formas biológicas de las algas planctónicas.

 

A una ciencia como la Ecología, calificada de débil por algunos críticos, le vienen muy bien las aportaciones más teóricas que Ramón Margalef hace en los últimos tiempos. Libros como La biosfera: entre la termodinámica y el juego, Teoría de los sistemas ecológicos y el más reciente Our Biosphere son el máximo exponente del esfuerzo de su autor por entender el funcionamiento de la naturaleza en términos de ciencias más exactos como la física y la matemática, pero sin perder de vista la inacabable y a menudo poco explicable acción, creadora y exterminadora al mismo tiempo, de los mecanismos responsables de la evolución.

 

Para resumir el reconocimiento mundial que ya ha recibido el profesor Margalef, haré una breve enumeración de los premios y las distinciones de que ha sido merecedor:

  • Medalla Príncipe Albert del Instituto Oceanográfico (Francia, 1972)
  • Premio A. G. Huntsmann de Oceanografía Biológica (Canadá, 1980)
  • Medalla Narcís Monturiol de la Generalitat de Catalunya (1983)
  • Premio Santiago Ramón y Cajal del Ministerio de Educación y Ciencia (España, 1984)
  • Foreing member of the National Academy of Science (Estados Unidos, 1984)
  • Premio Italgas de Ciencias Ambientales (Italia, 1989)
  • Medalla Naumann-Thienemann de la Sociedad Internacional de Limnología (1989)
  • Premio Fundació Catalana per a la Recerca (Cataluña, 1990)
  • Premio Humbolt (Alemania, 1990)
  • Ecology Institute Prize (Alemania, 1995)
  • Comendador de la Orden de Alfonso X el Sabio (España)
  • Doctor honoris causa de las universidades de Laval, Aix-Marseille i del Instituto Químico de Sarriá.

 

De Margalef ha dicho el profesor Trevor Platt: "ha sido uno de los principales arquitectos de la estructura intelectual con que nosotros organizamos actualmente nuestras observaciones, conclusiones y especulaciones. Nos ha animado a plantear mejor las cuestiones y nos ha ayudado a sacar mucho más sentido a nuestros resultados […] ha conseguido una alta reputación como fuente de nuevas ideas y de intuiciones originales, a veces provocadoras, a menudo controvertidas, siempre dignas de atención […] Muchos opinan que Margalef es el ecólogo más distinguido e influyente del mundo, y quizá el más citado".

 

Ya he dicho que, para no defraudarlo totalmente con objetividad, me reservo una muy breve opinión subjetiva sobre el nuevo doctor ¿Por qué admiro tanto al profesor Margalef? Daré dos razones principales. En primer lugar, porque tiene una insólita combinación de altos niveles de genialidad y sencillez que no he encontrado nunca en ninguna otra persona. En segundo lugar, porque está en posesión de un envidiable espíritu, siempre abierto, que devora y asimila nueva información sin defenderse con "dogmas" de la que le pueda ser perturbadora.

 

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                              Foto Juan Manuel Torregrosa

 

Como tengo que hacer un gran esfuerzo por mantener un tono de seriedad absoluta, me permitirán que haga una breve referencia al fino sentido del humor del nuevo doctor en una anécdota suya que explico a menudo y que resume muy bien algunos de los males que afectan a nuestras universidades. Se refiere al comentario que le hizo un colega: "Mira Ramón, yo siempre lo he dicho, eso de ser catedrático de universidad está muy bien, si no fuera por esta horita de clase…!".

 

No quiero acabar este elogio sin hacer una referencia a Dª Maria Mir, la esposa del Dr. Margalef, licenciada en Ciencias Naturales como él, que es en buena parte responsable de los éxitos profesionales de su marido, con quien ha sabido establecer, dicho en términos ecológicos, unas buenas relaciones de mutualismo más que de competencia. Y es que es verdad aquello que dice que detrás de una gran mujer siempre hay un gran hombre…

 

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                              Foto Juan Manuel Torregrosa

 

Corresponde ahora volver al mundo del formalismo. Así, entonces, considerados y expuestos todos aquellos hechos, dignísimas autoridades y claustrales, solicito con toda consideración que se otorgue y se confiera al Excmo. Sr. Ramón Margalef el supremo grado de doctor honoris causa por la Universidad de Alicante.

 

2. Discurso pronunciado por D. Ramón Margalef López.

 

DISCURSO PRONUNCIADO POR DON RAMÓN MARGALEF LÓPEZ CON MOTIVO DE SU INVESTIDURA COMO DOCTOR HONORIS CAUSA POR LA UNIVERSIDAD DE ALICANTE

18 de mayo de 1999

 

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                                                      Foto Juan Manuel Torregrosa

 

Como se dice en ocasiones como esta, y en este caso soy muy sincero, mis palabras iniciales han de ser de agradecimiento, especialmente por la cordialidad y hasta podría decir con la familiaridad como se me ha conducido a este acto, que me resulta más llano de lo que me temía. Me siento deudor con las autoridades académicas por esta distinción en la que reconozco como motivación principal el buen hacer del profesor Escarré con el cual, junto con otros profesores de esta universidad cuento desde hace muchos años con su colaboración científica y amistad personal, para mí muy enriquecedora.

 

Supongo que siguiendo la costumbre tengo que decir que cualquiera que tenga algo que ver con mi oficio y que refleje alguno de los puntos de vista generales o básicos que progresivamente, han ido conformando en grado creciente mi interpretación de la naturaleza y principalmente de la vegetal. La síntesis que se hace de viejo produce una satisfacción considerable, puede ser porque uno las acepta de manera poco crítica. Pero en este caso lo que pasa es que un viejo ya no es tan crítico con pensamientos que vienen de la juventud y que por las razones que sean no naufragaron con la crítica de los años pasados. Actos como este acostumbran a ser propicios a los latinos y esto me trae el recuerdo lejano de una introducción a la misa que decía más o menos: et introibo at altare Dei, at Deu qui laetificat juventutem meam, la traducción que me llevó a una discusión con un clérigo porque yo interpretaba la segunda parte como "al Dios que da alegría a aquel que todavía permanece joven en mí". Cada vez me queda menos de joven bien cierto, pero lo poco que me queda resulta como una compensación más efectiva hacernos pensar y continuar. En este caso me parece que los avances de la ciencia en cierta manera contribuyen a reafirmarme al menos en una parte de mis pensamientos de hace años. Con los correspondientes latinos espero haber cumplido la obligación que parecen llevar los discursos concebidos para estas ocasiones.

 

Continuaré recordando la importancia del tiempo de la historia en todo aquello que esté vivo, en la historia del individuo, en la sucesión ecológica, que es la historia de cómo se va confeccionando un ecosistema, y en la historia de las diversas estirpes que, en parte y de manera inexcusable quedan encajadas en unas funciones que gradualmente van cambiando las constelaciones de sus exigencias. Esta construcción ideal puede tener pros y contras, pero pienso que en general puede resultar aceptable.

 

La vida, tal como la conocemos, tiene un soporte químico, pero con calificaciones bien definidas. Recordaré tan sólo que la vida en la tierra tiene el fósforo como elemento químico absolutamente necesario y cualquier estudioso de la vida acuática se da cuenta. Una de las faltas más notables de la ecología terrestre es la migración de la información sobre las disponibilidades del fósforo en los diversos suelos y la circulación del fósforo en los ecosistemas terrestres, como también el papel de los hongos en el transporte de éste. La evolución de la vida comenzando por la vegetal ha estado ligada a superar las posibles faltas de fósforo. Cuando se acaba el fósforo la fotosíntesis continua proporcionando poder reductor a la célula de la misma manera que la dinamo de un automóvil continua generando corriente sin que la batería esté cargada. Si la síntesis de la materia viva más noble y genuina no es posible por la falta de fósforo, no se interrumpe la síntesis de mucílagos, vainas, pigmentos, etc. Esto permite a muchos organismos simples fijarse sobre soportes sólidos, cerca de los cuales, al menos en teoría, se encuentra siempre una concentración aumentada de materiales disueltos, entre los cuales, si hay suerte, puede haber compuestos de fósforo y de otros elementos. Un ejemplo ilustrativo, en su complejidad, son los cianofitos del género calothrix y próximos, que en condiciones de falta de elementos necesarios (siempre fósforo generalmente) multiplican los estratos de las vainas de mucílago, y frecuentemente añaden pigmentos, hacen que las células basales de los tricomas pasen a hacerse durables y las células terminales descoloridas y delgadas quedan convertidas en órganos meramente absorbentes.

 

Me parece evidente que el invento de la madera consecutiva a la síntesis de sus componentes principales que de manera elemental clasificamos en grupos de celulosas y de ligninas, es una consecuencia de la falta local de fósforo y de la capacidad del sistema fotosintetizador que no deja de comunicar poder reductor a la célula mientras esta reciba luz. Está claro que esta capacidad de mayor apariencia, que no inactiva otros mecanismos celulares, se puede manifestar también produciendo materiales muy diversos, entre los cuales son importantes las cadenas de hidrocarburos, cualquiera que sea su largo, simples o ramificadas o con anillos (el tomillo, el romero), con muchísimas combinaciones posibles como encontramos en la variedad de esencias, de toda clase, hidrocarburos y otros materiales inflamables, muy efectivos en aquellas especies, como el pino blanco tan combustible que se sacrifica para volver a empezar o facilitar la aventura de los ecosistemas.

 

En las plantas vasculares en general, y especialmente el caso de los árboles, la situación a la que se llega funciona como un mecanismo que lleva a ser predominante. Un árbol más alto, con raíces que bajan a más profundidad, puede competir con ventaja con plantas de menor alzada. Les hace sombra y puede aspirar agua de mayor profundidad.

 

Una aproximación evolutiva equivalente y resultados evolutivamente comparables (aumentar las posibilidades de sobrevivir) se da igualmente en organismos acuáticos y notablemente en los de plancton tóxico. Hay gran variedad de toxinas según las especies aprovechando que las posibilidades de configuración molecular son infinitas. Es notable que algunos de los consumidores habituales de estos organismos, en el curso de la evolución, se han mediatizado, es decir soportan el veneno, y no solamente lo soportan, sino que pueden usarlo en beneficio propio. En la medida que conserva su efectividad tóxica en relación con los consumidores de moluscos y otros filtradores que reciben a través de aquellos los correspondientes tóxicos con el riesgo que ello conlleva. Este es el problema de los mejillones y de otros moluscos portadores de venenos que posiblemente aprovechan en beneficio propio ya que al menos evitan la explotación por parte de los humanos que siguen felices comiendo dinoflagelados tóxicos.

 

Estos y otros tóxicos la madera y otros soportes fruto de la capacidad reductora del sistema fotosintetizador tienen innegables analogías con productos que utiliza la civilización humana, más allá de la utilización que hace a su vez de la madera de los árboles y de las conchas de moluscos. La fabricación de mortero y mucho más, de cemento, entraría en el mismo esquema, también la extracción de metales de sus menas oxidadas. Recordemos también el barro y otros materiales sin fósforo prestados por los insectos sociales o avispas solitarias. Cuán grande es el estímulo creador de aquello que nos parece limitaciones! Evidentemente los humanos les excedemos en esta estrategia, y la sabemos aplicar con tanto éxito que se ha convertido en un factor muy importante de competición incluso para la especie humana. En este caso, las migajas de solidaridad intraespecífica que nos quedan las podemos ver como cosa indeseable que quiere decir superable y en esta labor deberíamos trabajar más. Pensemos que nuestra civilización funciona gracias al poder reductor almacenado en combustibles fósiles, en un proceso complementario al de la formación de una atmósfera oxigenada y oxidante, propiedades que hoy se extienden a la gran masa de océanos.

 

Me gustaría terminar remarcando que hay una diferencia esencial entre mi punto de vista, que me gustaría extender más en la práctica de la ecología y la práctica actual que se limita a aplicar "al por mayor" a todo lo que se presente como una estadística de fundamento no puntera. Yo creo que no se ha de limitar a describir una trayectoria, sino que también hace falta buscar en ésta la realización de alguna función que se ha de optimar, o en el hablar cotidiano, de una tendencia. Sería el vis at ergo-como quien hace embutido- que se puede percibir en la sucesión ecológica en su significación con relación a las respectivas probabilidades de diversas tendencias en la evolución. Todo esto es muy coherente con el modelo de Volterra y, por tanto, con un principio de mínima acción y con la entropía del camino de Feynman. Considero estas convergencias como garantía que podríamos ir por buen camino.

 

Toda la dificultad y la gracia estaría en el hecho de alcanzar una visión extratemporal que nos permitiría escribir abreviando y sin demasiado remordimiento: "los acontecimientos pasan como si tuviesen un presentimiento que los obliga a doblegarse dentro de un sistema cósmico que no sabemos demasiado bien cómo va, sin embargo de la naturaleza del cual podría dar alguna anticipación el éxito de la relatividad, al ayudarnos a entender el mundo físico". Pienso que la biología habría de buscar una mayor aproximación a la cosmología. Es aquello que se pregunta frecuentemente: por qué si las leyes son tan sencillas el universo resulta tan complicado. Decir que la existencia del cosmos implica acabar mirándonos el ombligo nos parece una solución satisfactoria y todavía es menos la tonta ecología que se practica en este tiempo. La ciencia es o ha de ser como la buena música, en parte anticipable, en parte sorpresa, aunque reconozco que igualmente ayudando a recoger la basura se puede tener de cuando en cuando alguna sorpresa agradable.

 

Acabo, no sin recomendar a los biólogos, sin olvidar nunca el nivel molecular vayan de vez en cuando a darse cabezazos al tronco de un árbol y le pidan que los inspire para poder entender mejor lo que pasa en el mundo. Esto son reflexiones que me hago desde hace mucho tiempo y todavía no estoy muy seguro de saber si corresponden a "aquello que queda de joven en mí" como quería suponer al principio o bien si son síntomas de una inevitable chochez".

 

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                                                    Foto Juan Manuel Torregrosa

 

3. Apunte biográfico.

Ramón Margalef López nació en Barcelona el año 1919, está casado con María Mir y tiene cuatro hijos. Se licenció en Ciencias Naturales por la Universidad de Madrid en 1951. Fue becario del Instituto de Investigaciones Pesqueras y, ya como investigador del CSIC, director del mismo Instituto en Barcelona. Ha sido Catedrático de Ecología de la Universidad de Barcelona entre el año 1967 y 1986 y profesor emérito hasta 1992. Ha sido profesor invitado en las Universidades de Puerto Rico, Woods Hole, París, Chicago, México, Yale, Perugia, Laval, Québec, Davis y Melbourne.

 

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                       Foto Juan Manuel Torregrosa

 

Entre los premios y distinciones que ha recibido a lo largo de su carrera, hay que destacar los siguientes: Medalla Príncipe Alberto del Instituto Oceanográfico de París (1972), Premio AG. Huntsman d'Oceanografía Biológica (Canadá, 1980), Medalla Narcís Monturil de la Generalitat de Catalunya (1983), premio Santiago Ramón y Cajal del ministerio de Educación y Ciencia (1984), Foreign Member of the National Academy of Science of the USA (1984), Premio Italgas de Ciencias Ambientales (Italia, 1989), Medalla Naumann Thieneman de la Societat Internacional de Limnología (1989), Premio de la Fundació Catalana per a la Rcerca (1990), Premio Humbolt (Alemania, 1990), Premio ECI (1995) y Doctor Honoris Causa por las universidades de Laval, Aix-Marseille y el Institut Químic de Sarrià.

 

Ha dirigido treinta y seis tesis doctorales entre 1971 y 1990. Es autor de dos libros de texto que han sido especialmente valiosos para los estudiantes de lengua hispana: La ecología, publicado por primera vez en 1974, y La Limnología, en 1983.

 

Las principales aportaciones científicas de este autor han sido realizadas en los campos de la limnología, la oceanografía y la ecología teórica. Ha publicado cerca de cuatrocientos trabajos, entre libros y artículos en revistas científicas. Entre sus libros hay que destacar: Introduccion al estudio del plancton marino (junto con M. Massuti, 1950), Los crustáceos de las aguas continentales ibéricas (1953), Los organismos indicadores en la limnología (1955), La biosfera: entre la termodinámica y el juego (1980), la edición de Western Mediterranean (1985), La teoría de los sistemas ecológicos (1992) y Our Biosphere (1997).

 

Su discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias y Artes de Barcelona, que tenía como título "La teoría de la información en ecología" (1957), tuvo una gran resonancia y fue publicada en la revista General Systems. Pero probablemente su artículo "On certain unifying principles in ecology", publicado en American Naturalist, y el librito que resumía sus clases como profesor invitado en la Universidad de Chicago, Perspectives in Ecological Theory (1968), han sido las aportaciones que han tenido un impacto más intenso y profundo sobre la comunidad científica internacional.

 

Actualmente Ramón Margalef mantiene su actividad de investigación y también un compromiso especial para "predicar", como le gusta decir, sobre todo lo que ha podido aprender de la observación y el estudio de la naturaleza.

 

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                      Foto Juan Manuel Torregrosa

 

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                      Foto Juan Manuel Torregrosa

 

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                      Foto Juan Manuel Torregrosa

 

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                      Foto Juan Manuel Torregrosa

 

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                      Foto Juan Manuel Torregrosa

 

Memoria del Curso Académico 1998-1999

I. Presentación.

I.3 Investidura de Doctores Honoris Causa

I.3.1 D. Gonzalo Anes y Álvarez de Castrillón
I.3.2 D. Enrique Fuentes Quintana
I.3.3 D. Luis Ángel Rojo Duque
I.3.4 D. Juan Velarde Fuertes
I.3.5 D. Elías J. Corey
I.3.6 D. Ramón Margalef i López