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I.2
LECCIÓN INAUGURAL DEL CURSO ACADÉMICO 2000-2001
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«LA
AYUDA AMERICANA A ESPAÑA (1953-1963)»
D.
CARLOS BARCIELA LÓPEZ
Introducción
La
España de los años cuarenta
La
evolución de la posición de EE.UU. en relación
a España
En
qué consistió la ayuda americana
La
vertiente política de la ayuda
Algunas
referencias bibliográficas
Biblioteca
de Lecciones Inaugurales

INTRODUCCIÓN
(*)
Me
atrevo a afirmar que existiría un amplio consenso, entre
los presentes en este acto, en considerar la película de
Berlanga "Bienvenido Mr. Marshall", como una de las
grandes obras del cine español. Se trata, en efecto, de
una película enormemente divertida, aunque también
amarga, en la que demostraron su gran oficio actores clásicos
del cine español como José Isbert y Manolo Morán.
Cómo olvidar las imágenes desoladoras de los americanos
pasando de largo por un pueblo que había hecho una quimera
de la llegada de los nuevos y ricos amigos. Un pueblo que, tras
la decepción, volvía, al día siguiente, a
su rutina y a su atraso.
Evidentemente, la película de
Berlanga ni es, ni tenía por qué serlo, una lección
de historia económica. Berlanga, como corresponde, es menos
riguroso aunque mucho más divertido que los profesores
de historia económica. Sin embargo, sus imágenes
nos pueden servir para situar, inicialmente, y de forma sintética,
la realidad histórica de lo que fue la llegada de los americanos
a España a partir de los acuerdos de 1953. La llegada de
los americanos fue un hecho real de una importancia extraordinaria
para nuestra historia y para nuestra economía. Y tras su
llegada, a diferencia del imaginario pueblo de Berlanga, España
no permaneció como antes, cambió de forma decisiva.
Destacaré, como consecuencias fundamentales derivadas de
los acuerdos con los EE.UU. las siguientes: la magnitud relativa
de la ayuda, la estabilidad que los acuerdos proporcionaron al
Régimen de Franco y la introducción de elementos
de racionalización económica.
En la actualidad, existe un justificado
e interesante debate sobre la importancia real de la ayuda americana
a España. Sin duda, es necesario llegar a un conocimiento
preciso de lo que fue la ayuda. Sin embargo, por encima de diferencias
en las estimaciones de su volumen, lo que nunca debe olvidarse
es la situación económica de nuestro país
en aquellos momentos. Me serviré, por segunda y última
vez, de las imágenes cinematográficas: las de esta
sí, definitivamente excelente, triste y amarga película
de Nieves Conde "Surcos". Una película que refleja,
con enorme realismo, la dureza de una España terriblemente
pobre, en la que la gente emigraba a las ciudades en unas condiciones
dificilísimas, en la que los "estraperlistas"
hacían fortuna a costa de la miseria de la mayoría.
Cuando he vuelto a ver "Surcos", ya de mayor, me he
sorprendido de que esta película no hubiera sido censurada
en su totalidad. Tal vez, los censores, preocupados por tapar
escotes y piernas y suprimir besos, no tuvieron tiempo de captar
el enorme potencial de denuncia social de esta película.
O, tal vez, la realidad de aquélla España era tan
abrumadoramente dura y corrupta que su reflejo cinematográfico
no resultaba llamativo. Para aquella España atrasada y
mísera, la llegada de los americanos, como comentó
el maestro Joan Sardá, fue como la lluvia para un campo
sediento.
(*)
Agradezco a los profesores Ignacio Jiménez
Raneda, José Antonio Miranda y Joaquín Melgarejo
sus comentarios y sugerencias.
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LA ESPAÑA
DE LOS AÑOS CUARENTA
La
España de los años cuarenta fue, en efecto, como
dijo Sardá, una España sedienta y, más aún,
hambrienta. Dejaré a un lado la situación política
y social y las secuelas de la guerra civil, aunque conviene recordar
que esta década constituye, sin lugar a dudas, el período
más negativo de nuestra historia reciente.
En lo económico, como han destacado
todos los especialistas del período, los años cuarenta
son el principal período de retraso económico de
la historia contemporánea de España. La posguerra
española se caracterizó por una recuperación
lentísima, sin parangón con lo que sucedió
en los países europeos que habían participado en
la Segunda Guerra Mundial, cuya recuperación posbélica
fue mucho más rápida, a pesar de haber sufrido daños
mayores. España pagó con una prolongada crisis y
una recuperación lenta la posición política
y los errores de la política económica del régimen
franquista. En lo político, el alineamiento de Franco con
las potencias del Eje y la hostilidad hacia los aliados, incluso
con la intervención militar contra la URSS, granjeó,
como era natural, la antipatía de las potencias democráticas
hacia el régimen del "Caudillo". La consecuencia
fue que, acabada la Segunda Guerra Mundial, España se encontró
aislada y se vio privada de la generosa ayuda norteamericana que,
con el nombre de Plan Marshall, recibieron la mayor parte de los
países europeos.
Pero el problema de la recuperación
económica no fue sólo debido al aislamiento del
"Régimen". Los especialistas en la historia de
este período están de acuerdo en señalar
que el estancamiento económico de España, durante
los años cuarenta, se debió, esencialmente, a los
graves errores de la política económica de los gobiernos
de Franco. De manera muy sintética expondré cuales
fueron los objetivos económicos fundamentales del "Régimen",
las principales líneas de política económica
y una explicación de por qué el programa económico
del primer franquismo estaba condenado al fracaso.
Para los dirigentes franquistas el
objetivo económico central fue el de lograr la industrialización
del país. El objetivo podía ser correcto, el problema
se planteó en la forma de conseguirlo. Se trató
de forzar un proceso de industrialización en un marco de
autarquía económica, sacrificando el desarrollo
de los demás sectores. El objetivo de la autarquía
económica, es decir, la total autosuficiencia, el no depender
de los demás países, era un planteamiento muy característico
de todas las potencias fascistas y totalitarias, como la Alemania
de Hitler y la Italia de Mussolini. Se consideraba que un país
que aspirara a convertirse en una gran potencia, y cabeza de un
Imperio, debía de tener una base industrial y militar muy
sólida e independiente. La industrialización autárquica
suponía cerrar paulatinamente el comercio exterior, sustituyendo
las importaciones por producción nacional. Los esfuerzos
del "Régimen" se dirigieron en ese sentido. El
resultado de la política autárquica llevada a cabo
en España durante los años cuarenta fue, como no
podía resultar de otra manera, un desastre sin paliativos.
El objetivo de la industrialización autárquica se
encontró con dificultades insalvables en los terrenos tecnológico
y energético, entre otros.
En realidad, ningún economista,
digno de tal nombre, defendía en ningún lugar del
mundo civilizado posiciones autárquicas. La idea de que
los países ganan con el comercio estaba plenamente consolidada
en el análisis económico desde hacía siglos,
aún cuando el recurso al proteccionismo comercial se había
generalizado durante la gran depresión de los años
treinta.
Considero importante resaltar algunas
de las manifestaciones concretas de este desastre económico.
La más visible y dolorosa fue la gravísima escasez
de productos de todo tipo, especialmente alimenticios, que tuvieron
que sufrir la mayor parte de los españoles durante los
años cuarenta. El racionamiento, el hambre y el mercado
negro son los rasgos dominantes de la España de la larga
posguerra.
A finales de la década de los
cuarenta la situación era cada vez más difícil.
Conviene recordar que los niveles alimenticios de 1935 no se alcanzarían
de nuevo hasta bien entrados los años cincuenta. Para colmo
de males, en 1949, Argentina dejaba de enviar trigo a España
como consecuencia de las deudas contraidas e impagadas por el
gobierno de Franco. En estas circunstancias, a comienzos de 1950,
se empezaron a dar las primeras muestras públicas de descontento,
a pesar de la durísima represión.
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LA EVOLUCIÓN
DE LA POSICIÓN DE EE.UU. EN RELACIÓN A ESPAÑA
Los
aliados, y en particular los EE.UU., habían intentado conseguir
un cambio de actitud de Franco durante la Segunda Guerra Mundial,
ofreciendo distintas vías de ayuda y cooperación
económica. De hecho, la ayuda de empresas norteamericanas
como Texaco había sido fundamental para el bando nacionalista
durante la Guerra Civil. Sin embargo, Franco se mantuvo leal a
sus socios Hitler y Mussolini ya que, casi hasta el final de la
guerra, estuvo convencido de la victoria del Eje.
Finalizada la guerra, la posición
de Franco, como es conocido, era muy débil en el plano
internacional. España no sólo no había sido
neutral, sino que había combatido activamente contra uno
de los países aliados ahora victoriosos.
Como consecuencia, nuestro país
se vio marginado de los organismos internacionales y de los planes
de recuperación posbélica y, más concretamente,
del denominado Plan Marshall. La actitud de Franco, ante la hostilidad
internacional, fue la de esperar. Algunos panegiristas han interpretado
esta actitud del Dictador como una muestra evidente de su sabiduría,
prudencia y gran visión de futuro. En realidad a Franco
no le quedaba otra salida que esperar si quería, como era
su deseo, mantenerse en el poder. Fuera del poder podía
temerse lo peor: el recuerdo de lo que les había pasado
a sus antiguos aliados Hitler y Mussolini lo debió tener
siempre muy presente, de manera que optó por su propia
salvación, subordinando a ello cualquier objetivo de mejora
de las condiciones de vida de los españoles. Cerró
filas, clamó contra la conspiración internacional
y se dispuso a esperar acontecimientos.
Para el gobierno y la opinión
pública norteamericana el "Régimen" español
carecía de legitimidad. De manera particular, el presidente
Truman, persona muy religiosa, tenía una clara antipatía
hacia Franco, al que asimilaba con Hitler y Mussolini, y hacia
su sistema político, entre otras razones, por la posición
fuertemente cerrada del "Régimen" en materia
de falta de libertad religiosa. Las perspectivas para el "Caudillo"
no eran, ciertamente, muy favorables.
Sin embargo, las circunstancias internacionales
empezaron a cambiar en un sentido muy positivo para el "Régimen".
Los dos principales antiguos aliados, los EE.UU. y la URSS, empezaron,
muy pronto, a mostrar graves diferencias que condujeron a una
ruptura y al comienzo de lo que pasó a denominarse guerra
fría. En los EE.UU. el comunismo y la amenaza comunista
se convirtieron pronto en el gran enemigo nacional. En estas nuevas
circunstancias el régimen de Franco podía empezar
a hacer valer el principal de sus activos: su anticomunismo. Si
en algo no podía haber dudas era en el carácter
profundamente anticomunista del "Régimen".
Poco a poco, en los EE.UU., la opinión
sobre cual debía de ser la actitud hacia España
fue cambiando. Se fue abriendo paso la idea, con la ayuda bien
organizada del "lobby español", de que España
merecía un mejor trato. Podemos situar en 1947 el comienzo
de este cambio. En este año, en efecto, se elaboró
el "Informe Kennan" que recibiría la aprobación
del Presidente y del Departamento de Estado. Este Informe propiciaba
un acercamiento a España sin cuestionar la continuidad
de Franco, aunque exigiendo reformas liberalizadoras. Para España
se abría una magnífica oportunidad para salir de
la grave situación económica en la que se encontraba,
integrándose en los planes de recuperación económica.
Sin embargo, Franco no se mostró dispuesto a introducir
ningún cambio político que mermara su poder, aún
a costa de cerrar una vía que hubiera permitido alcanzar,
desde ese momento, mayores niveles de bienestar para la población
española.
En el cambio de actitud de los EE.UU.
confluyeron políticos conservadores, sectores católicos
norteamericanos simpatizantes de Franco, políticos "pragmáticos"
y representantes de importantes sectores económicos, como
aquéllos que veían que con el aislamiento perdían
oportunidades de negocio y, fundamentalmente, los que veían
en España una pieza más del arco "defensivo"
que los EE.UU. estaban construyendo en torno a la URSS. Sin embargo,
a pesar de ese consenso que ganaba terreno paulatinamente, la
posición del gobierno norteamericano no variaba en sus
exigencias democratizadoras. Truman se mantenía firme en
su actitud.
Las circunstancias internacionales
dieron nuevos giros a favor de Franco. En 1949 Mao Zedong triunfaba
en la Guerra Civil China y los soviéticos hacían
explotar su primera bomba atómica. En junio de 1950 se
desencadenaba una ofensiva militar comunista en Corea y comenzaba
un conflicto que agrandaba el creciente anticomunismo norteamericano.
La fiebre anticomunista, el "macartismo", y la Guerra
de Corea revalorizaron la posición política y estratégica
de España. Cada vez resultaba de más interés
para EE.UU. conseguir acuerdos con España y, más
concretamente, acuerdos militares. La hora de los pragmáticos
en uno y otro país había llegado. Para EE.UU. se
trataba de conseguir bases militares, para Franco obtener ayuda
económica y militar, y, sobre todo, el reconocimiento internacional
del "Régimen". Tan sólo dos meses despues
del comienzo de la Guerra de Corea, los EE.UU. concedían
a España un crédito de 62,5 millones de dólares,
a los que seguirían otros créditos y ayudas alimenticias
y, lo que es más importante, los EE.UU. se ponían
en cabeza de los países que en la ONU pedían la
derogación de la resolución que en 1946 había
supuesto el boicot diplomático a España. Incluso,
el propio Truman, a partir de 1951, empezó a rebajar sus
exigencias democratizadoras. No obstante, la actitud cerrada de
Franco impidió el éxito de esta política
de acercamiento. En abril de 1952 comenzaron, formalmente, las
negociaciones entre España y los EE.UU. para alcanzar un
acuerdo de defensa y económico, negociaciones que resultaron
muy duras.
El último obstáculo se
superó con la victoria electoral de Eisenhower en noviembre
de 1952. Cuando el general venció en las elecciones presidenciales
norteamericanas el camino para el entendimiento quedó,
por fin, definitivamente libre. Sin embargo, algunas circunstancias
accidentales, como el inesperado y repentino fallecimiento del
almirante Forrest P. Sherman, una semana después de entrevistarse
con Franco, y la posición del "Caudillo", que
pretendía sacar el mayor beneficio posible de los acuerdos,
sin cambiar la esencia de su sistema político, dificultaron
el ritmo de las negociaciones y la firma final del acuerdo.
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EN QUÉ CONSISTIÓ
LA AYUDA AMERICANA
El
26 de septiembre de 1953 se firmaba, finalmente, el denominado
"Pacto de Madrid". Los acuerdos con los EE.UU. llegaban,
conviene recordarlo, tras la firma de un nuevo Concordato con
el Vaticano, lo que representaba un doble reconocimiento internacional
del "Régimen". El Pacto contenía tres
acuerdos bilaterales: de defensa mutua, de cooperación
económica y de asistencia técnica.
En lo sustancial, los EE.UU. lograban
su objetivo de poder instalar una serie de bases militares en
territorio español, a cambio de una ayuda económica
que, y este es un elemento sorprendente del Pacto, quedaba sin
determinar. De hecho, al día de hoy, todavía no
existe un acuerdo entre los investigadores sobre la cifra total
de la ayuda americana, cuestión sobre la que volveré
más adelante. El gobierno español se comprometía,
además, a introducir medidas económicas liberalizadoras
y a poner fin a la política económica autárquica.
España recibió ayuda
económica norteamericana a través de tres canales
diferentes: la ayuda propiamente dicha, los fondos de la Ley Pública
480 y los provenientes de la llamada "Enmienda McCarran".
Es muy importante esta diferenciación ya que los fondos
recibidos llegaban en condiciones muy distintas. Lo primero que
hay que destacar es el carácter de la ayuda, en qué
consistía exactamente la ayuda americana. Los fondos de
la ayuda no eran, como muchas veces se piensa, donaciones a fondo
perdido. Tampoco eran, en su totalidad, préstamos. Se trataba
de una mezcla de ambos, eran en parte préstamos y en parte
donaciones. En el caso de nuestro país una buena parte
de la ayuda americana consistió en la concesión
de préstamos con interés. Encontramos aquí
una primera diferencia importante con el Plan Marshall. Las ayudas
recibidas por los países europeos occidentales, bajo la
cobertura de dicho Plan, fueron, en su mayoría, donaciones.
El trato que recibió España fue, en este sentido,
peor que el que recibió Italia, Alemania o Francia, cosa,
por lo demás, comprensible dados los antecedentes a los
que hemos hecho referencia anteriormente.
Otra faceta a destacar de la ayuda
es que generaba lo que se denominaban "fondos de contrapartida".
Estos fondos eran el valor en pesetas del importe en dólares
de la ayuda. El gobierno español tenía que poner
a disposición del gobierno de los EE.UU. una parte de los
fondos procedentes de la ayuda, en pesetas, para atender los gastos
del gobierno norteamericano en España, gastos entre los
cuales destacaban los relativos a la construcción de las
bases. Es decir, de modo más sencillo, parte de la ayuda
americana fue destinada a atender las necesidades militares y
económicas de los norteamericanos en nuestro país.
En lo que concierne a la ayuda propiamente dicha, el 60 por ciento
de los fondos de contrapartida correspondían al gobierno
norteamericano para financiar la construcción de las bases
militares. Otro 10 por ciento se asignaba también al gobierno
norteamericano para atender a sus gastos administrativos en España.
El 30 por ciento restante, finalmente, correspondía al
gobierno español, con carácter de donación,
para ser invertido en transportes, comunicaciones e industrias
defensivas con la aprobación de las autoridades norteamericanas.
A partir de 1958-59 la distribución de los fondos mejoró
sustancialmente en favor de España (hasta el 90 por ciento),
así como en la libertad concedida al gobierno para su utilización.
Los fondos de contrapartida generados
por la "Enmienda McCarran" se distribuyeron de la forma
siguiente: un 80 por ciento para el gobierno español y
un 20 por ciento para los norteamericanos. Sin embargo, a diferencia
de lo que sucedía con la ayuda, de la cantidad asignada
a España sólo era donación el 43,63 por ciento,
siendo el 36,36 por ciento restante un préstamo. En relación
a la Ley Pública 480 su distribución fue aproximadamente
igualitaria y la parte correspondiente a nuestro país tuvo,
también, carácter de préstamo.
Otro rasgo de la ayuda era su carácter
condicionado. No se trataba de fondos sobre los cuales el gobierno
español tuviera plena libertad para su utilización.
Parte de la ayuda, como la totalidad de las donaciones y buena
parte de los préstamos, se organizó fundamentalmente
en función de los propios intereses norteamericanos. Así
sucedió con las donaciones de productos alimenticios y
con los préstamos concedidos para la compra de productos
agrícolas, que permitieron dar salida a excedentes agrarios
norteamericanos, particularmente a excedentes de algodón.
Por lo demás, los programas concretos de importaciones
se gestionaron de manera poco transparente por lo que dieron lugar
a favoritismos y a la queja de las autoridades norteamericanas.
También estaba limitada la libertad
del gobierno español para emplear los fondos generados
por la ayuda. El gobierno tenía que consensuar con las
autoridades americanas el destino de los fondos y los programas
de inversión que se ejecutarían con los mismos.
Finalmente, hay que referirse a la
cuantía de la ayuda. Como ya he señalado, no disponemos
de unas cifras definitivas del volumen total de la ayuda americana.
Existen, incluso, discrepancias a la hora de clasificar como ayuda
oficial algunas donaciones que tuvieron carácter privado
como las de alimentos, por valor de 129,4 millones de dólares,
procedentes de organizaciones católicas norteamericanas
(National Catholic Welfare Conference), que se distribuyeron en
España por Cáritas. Al respecto, y haciendo un pequeño
paréntesis, recuerdo, perfectamente, como en el patio de
mi colegio madrileño, los marianistas, nos repartían,
en la hora del recreo, leche caliente y trozos de queso procedentes
de la ayuda americana. La leche la elaboraban con leche en polvo
y tenía un extraño sabor, pero en los fríos
inviernos del Madrid de los años cincuenta, se agradecía.
El queso venía en unas grandes latas cilíndricas
que llevaban el emblema de la ayuda: dos manos estrechándose
con el fondo de la bandera norteamericana. Era excelente, o al
menos a mí me lo parecía, y así ha quedado
gravado en mi memoria.
Volviendo al tema, señalaré
que, a pesar de las discrepancias en lo concerniente al volumen
total de la ayuda, podemos situarla en el entorno de los 1.500
millones de dólares entre 1953 y 1963. Los productos agrícolas,
las materias primas y la maquinaria constituyeron sus principales
renglones. Como producto individual cabe destacar el algodón,
no sólo por su importancia cuantitativa sino porque representaba
el éxito de las presiones de los cultivadores algodoneros
americanos favorables al entendimiento con Franco para resolver
sus problemas de excedentes. Representaba, igualmente, el final
de las pretensiones autárquicas en materia de producción
algodonera. ¿Era mucho o era poco? Sin duda es complejo responder
a esta pregunta. Depende con que lo comparemos. Era una ayuda
pequeña si la comparamos con la ayuda que recibió
Francia, Gran Bretaña, Alemania, Italia, Bélgica,
Holanda… procedente del Plan Marshall, que podemos estimar 2,5
veces mayor en promedio. Era también pequeña si
pensamos en las grandes necesidades de la economía española.
Era pequeña si la comparamos con el volumen total de las
importaciones (tan sólo un 8 % de las correspondientes
a este período). Y era, definitivamente escasa, si pensamos
en las contrapartidas de carácter militar que llevaba aparejada.
Incluso, el propio gobierno español la consideró
reducida. Sin embargo, si recordamos la expresión de J.
Sardá podemos ver otra faceta de la ayuda: regó
España como la lluvia un campo sediento. En efecto, si
bien el montante total de la ayuda no fue elevado, en términos
comparativos, su importancia relativa, dada la situación
de la economía española, fue estimable.
Los Pactos, por otra parte, obligaban
al gobierno español a introducir medidas liberalizadoras
en la economía española. Se trataba, en resumen,
de desmontar el enorme aparato intervencionista que se había
construido durante los años cuarenta. En realidad, a partir
del cambio de gobierno de junio de 1951, la política económica
española había iniciado, bajo la influencia norteamericana,
un giro moderadamente liberalizador. La ayuda y los compromisos
de los Pactos tendrían que haber reforzado ese movimiento.
Sin embargo, lo cierto es que el proceso reformista careció
del impulso necesario. Las resistencias derivadas de los intereses
creados y los temores a los cambios frenaron el necesario proceso
de liberalización y de apertura. Buena parte de los organismos
económicos creados en la época autárquica,
como el Instituto Nacional de Industria o el Servicio Nacional
del Trigo, siguieron en pie, aunque es cierto que sufrieron leves
reformas. El sector exterior y la política cambiaria siguieron
sometidos a un rígido control. El sector bancario permaneció
inmutable y no se emprendió ninguna reforma seria en el
campo fiscal.
El movimiento liberalizador se agotó
pronto y sólo ante el inminente colapso de la economía
española se abordó, a instancias de los organismos
económicos internacionales, un nuevo y serio proyecto de
liberalización y apertura económica en 1959, que
conocemos como el "Plan de Estabilización", en
el que ya tuvieron un papel protagonista algunos destacados economistas
españoles.
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LA
VERTIENTE POLÍTICA DE LA AYUDA
Conviene,
en este momento, ampliar nuestro punto de mira sobre esta cuestión.
He venido hablando de la ayuda americana en un sentido bastante
estricto: préstamos, donaciones, fondos de contrapartida
para los gobiernos español y norteamericano. En realidad,
lo más importante del Pacto de Madrid no fue la ayuda económica.
Lo más importante del Pacto fue su componente político
y militar. Políticamente, el Pacto de Madrid suponía
la plena integración del Régimen franquista en la
comunidad internacional de la mano, nada menos, que de la primera
potencia mundial. Este reconocimiento político tuvo unos
efectos económicos difíciles de cuantificar y de
precisar pero, sin duda, extraordinarios. Suponía una garantía
de estabilidad y confianza que es la primera exigencia para el
normal desenvolvimiento de las inversiones y del crecimiento económico.
Suponía, de alguna forma, legitimar un régimen que
hasta ese momento había recibido la repulsa y la condena
de la comunidad internacional. El abrazo de Eisenhower a Franco
tenía, en sí mismo, un inmenso valor económico.
Por eso mismo la contrapartida que España tuvo que ofrecer
fue muy alta.
Cuando en los años setenta escribía
mi tesis doctoral, con el ímpetu propio de los años
jóvenes, afirmaba, al analizar las contrapartidas militares
de la ayuda, que Franco había vendido la soberanía
española por un plato de lentejas. Hoy, tal vez, no lo
expresaría con la misma vehemencia, pero sigo pensando
igual. Como contrapartida a la aceptación de su persona
y de su régimen, Franco tuvo que aceptar que los EE.UU.
construyeran una serie de bases militares, que implicaban, de
forma automática, dos potenciales y gravísimos peligros
para nuestro país. El primero, el peligro de un accidente
derivado de las armas nucleares que los norteamericanos transportaron
e instalaron en España, como ocurrió, sin consecuencias
demasiado graves, con el accidente de Palomares. El segundo peligro
fue que, para la URSS, España se convirtió en un
objetivo militar. En el caso de que hubiera estallado un conflicto
entre las dos superpotencias, como estuvo a punto de suceder,
España habría sufrido unas gravísimas consecuencias.
Aunque en los acuerdos se evitara, como es lógico, cualquier
referencia al "enemigo soviético", era evidente
el destinatario de los acuerdos. El propio Nikita Kruchev hacía
referencia, en 1963, al tremendo peligro en el que estaría
España, en el caso de una guerra nuclear, por la presencia
de bases norteamericanas.
Si consideramos esta faceta de los
pactos, creo que podemos estar de acuerdo en que la ayuda económica
que recibió España fue irrisoria comparada con lo
que se entregaba a cambio. La cuestión es que se carecía
de fuerza para exigir más. España tuvo que pagar
caro, en términos de una menor ayuda, la falta de legitimidad
política del régimen de Franco.
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ALGUNAS REFERENCIAS
BIBLIOGRÁFICAS
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Biblioteca
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