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I.4
LECCIÓN INAUGURAL DEL CURSO ACADÉMICO 1999-2000
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«LA
REVOLUCIÓN AMBIENTAL PENDIENTE»
D.
RAMÓN MARTÍN MATEO
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Tras
el colapso del gran Imperio Babilónico,
no se siguieron construyendo barcos de guerra ni palacios,
por lo que pudo decirle:
"la
Tierra entera ahora descansa tranquila,
gritando de júbilo; hasta los cipreses se alegran
de su caída; y los cedros del Líbano dicen:
desde que ellos yacen, no sube el talador contra nosotros".
(Isaías 14, 7-8)
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Biblioteca
de lecciones inaugurales
Nada
hay ilimitado
Dos
parámetros fundamentales: Globalidad, Solidaridad
El
monopolio público de la tutela ambiental
La
salvación por el Derecho
Presupuestos
para la supervivencia
Notas
ENTREGA DE LA MEDALLA
DE ORO DE LA UNIVERSIDAD DE ALICANTE A D. RAMÓN MARTÍN
MATEO

NADA HAY ILIMITADO
Las relaciones entre
economía y protección del medio, que han tenido
anticipadores geniales, sólo recientemente merecieron un
tratamiento científico, todavía circunscrito, relacionando
las causas inmediatas del deterioro ambiental con la búsqueda
de beneficios, por parte de los expoliadores de los sistemas naturales.
Desde este enfoque
proponemos justificar someramente, que aunque el mercado puede
ayudar a resolver los problemas ambientales, que quizás
provoquen por cierto el final de la aventura del homo sapiens,
no hay otra salida que una adecuada regulación, impensable
si la mayoría de la sociedad no toma conciencia de su necesidad.
A) Presupuestos
dogmáticos
La idea de lo inagotable
o inconmensurable, se reconduce a un concepto abstracto, como
es en el otro extremo el de la nada, el cero, valores absolutos
que nos son de escasa utilidad a la hora de tomar decisiones sobre
magnitudes intermedias.
Es obvio que los recursos
del Cosmos se agotan progresivamente y mas evidente aún
que los de nuestro Planeta van disminuyendo (1),
y que mucho antes de su total exhaustividad, carecerán
de utilidad, biológica y económica a la vez (2).
Esta elemental
constatación ha sido escamoteada durante siglos por planteamientos
metafísicos que concebían un mundo antropocéntrico,
que asignaba al hombre origen divino y un apoderamiento de esta
índole para disfrutar de la naturaleza puesta a su disposición.
Dogmas de este tipo
que aparecen expresa e implícitamente en todas las religiones,
van a infiltrarse también en ideologías crudamente
materialistas, hoy felizmente sin predicamiento alguno. Paradójicamente
los mayores desmanes ambientales conocidos se produjeron en la
época de la economía socialista rígidamente
planificada.
B) La reacción
pragmática
Ya desde 1798 el
maltusianismo se planteo las relaciones entre crecimiento y disponibilidades
de recursos, bien que en el caso testigo de los alimentos, estas
hipótesis a medio plazo, no resultaron probadas, pero a
partir de entonces, la ciencia económica quedaba abierta
a esta problemática, recibida por los economistas clásicos
que hicieron hincapié rigurosamente en la limitación
de los recursos, abriendo paso a la teoría del crecimiento
estacionario (3), que sustenta el moderno
enfoque del desarrollo sostenible. Mas adelante, aun sin aludirse
directamente a la problemática aquí tratada, se
previó que la ciencia económica futura se situaría
detrás de otros valores jerárquicamente superiores
(4).
La tesis de los límites
del crecimiento (5) volvió en 1991
al primer plano de la atención científica económica,
con transcendencia a todos los medios intelectuales e incluso
al gran público, como consecuencia de los trabajos aportados
por el Club de Roma, una organización informal, hoy prácticamente
extinguida, que llamó la atención en los años
setenta sobre estas circunstancias, y el catastrófico deterioro
resultante de los recursos ambientales, lo que suscitó
reacciones airadas por parte de algunos economistas convencionales
(6), que coincidieron prácticamente
también con los obedientes a credos ultraterrenos, en la
asignación de ilimitadas potencialidades a al creatividad
humana.
Los precursores,
prácticamente contemporáneos de la inquietud ambiental,
no se equivocaron en el diagnóstico general, pero si en
las previsiones concretas, extraídas de ingenuos modelos
matemáticos alimentados de series de datos y de estimaciones
de información, soportados mas en la subjetividad que en
el rigor.
De hecho el sistema
económico mundial no solo no se ha derrumbado en las fechas
previstas, sino que ha crecido desde entonces espectacularmente,
proceso que puede durar algunas centurias mas o quizás
milenios, pero las bases del razonamiento lógico no se
han desmontado, si no cambian las reglas de juego económicas
el desenlace previsible será catastrófico. La solución
solo puede darse si el cambio se produce en dos dimensiones:
- Organización social
- Innovación científica
Ambas afectan intrínsecamente
al funcionamiento de la economía cuyo tratamiento teórico
propone, precisamente, de manera prioritaria, la racional asignación
de recursos escasos.
C)
Prospectiva
No parece que podamos
prosperar indefinidamente por la senda del desarrollismo irrestricto
(7). Los diversos subsistemas terráqueos
tienen límites cuya fijación precisa es ardua, problemática,
pero sobre los que, en grandes magnitudes, podemos coincidir.
Manejando la información
facilitada por la última edición, Diciembre de 1998
del Informe del Worldwatch Institute (8),
hemos considerado indicativas las siguientes cifras:
- Población
mundial.
Al cruzar el umbral
del siglo XXI la Humanidad agrupará unos 6000 millones
de individuos, cifra en si considerable pero que sobre todo
refleja un incremento claramente a corto plazo, exponencial,
que constata con los 100 millones de los comienzos de la era
cristiana, y arroja un crecimiento de cuatro veces el número
de habitantes de la Tierra en relación con los que existían
a finales del siglo XIX.
- Alimentación
Aunque el progreso
económico y el control químico de la fecundidad
femenina, han restringido la explosión demográfica,
el Planeta albergará sin duda 10.000 millones de terrícolas
en la próxima centuria, lo que no supondría mayor
problema si el resto de las circunstancias se mantuviesen constantes,
es decir, si la gran mayoría de los terrícolas
siguiesen alimentándose de vegetales y no diesen a los
animales domésticos estos recursos para ingerir posteriormente
sus carnes, lo que gráficamente supondría que
los chinos siguiesen con su escudilla de arroz y no lo substituyesen
por muslo de pollo y menos aun por hamburguesas de vaca. Por
supuesto habrían de continuar indefinidamente utilizando
la bicicleta y no el automóvil como medio personal de
transporte.
Con la tecnología
actualmente disponible no sería físicamente posible
este cambio de hábitos, que supondría en términos
equivalentes la carga que para el Planeta del equivalente a
400.000 millones de indios amazónicas con su actual régimen
de vida.
Las tierras arables,
rentablemente, están agotadas, su ampliación a
costa de reducir aun mas la cubierta vegetal proporcionada por
nuestra gran reserva filtrante, la selva tropical, incrementaría
fabulosamente en los problemas ambientales, desaparecería
la madera y las aguas subterráneas se contaminarían
mas aun por los fertilizantes lo que transcendería a
las superficiales y a los mares después.
La generalización
de la dieta norteamericana, lo que no tenemos derecho a prohibir,
supondría en el siglo XXI, según el Informe que
seguimos, dedicar a ello la cosecha de cuatro planetas (9).
Un alivio solamente podría venir de la eficacia aportada
por la biotecnología, pero seguramente el remedio sería
peor que la enfermedad, no en términos de salud precisamente,
sino de biodiversidad.
- Transporte
Pero lo verdaderamente
grave sería la generalización de las pautas USA
de utilización del automóvil lo que implicaría
una flota mundial de 5.000 millones de vehículos, a razón
de uno por cada dos habitantes. Solo los productores y empresarios
del petróleo ponen en duda la existencia actual del efecto
invernadero, derivado del incremento del CO2, sobre todo por
el uso de combustibles fósiles. Los 2.500 científicos
que integran el grupo de expertos sobre el clima de las Naciones
Unidas no lo dudan (10). Por cierto que
el pasado año 1998 ha podido ser el mas catastrófico
de los que se tiene memoria humana, recordemos la incidencia
incremental del denominado efecto "Corriente del Niño"
el desbordamiento en China del río Yangtse, el huracán
Mitch en Centro América, los grandes incendios forestales
en el Sudeste Asiático y en el área de las Amazonas,
y las excepcionalmente altas temperaturas que se han originado
en muchas áreas de la Tierra.
Pero probablemente
este insensato proceso se parará por otras razones, antes
de que se agote el último barril de petróleo,
y sin esperar al recambio por el gas natural, que durará
algo mas, los precios se dispararan y los mercados atenderán
con cuenta gotas la demanda.
Es fácil que
esta tensa situación propenda a saldarse, como se ha
venido haciendo mediante el uso de la fuerza por parte de las
potencias coloniales o sus equivalentes contemporáneos,
pero ahora las circunstancias han cambiado, recordemos que las
Naciones que hoy mas briosamente pugnan por la modernización
y que tienen el mayor número de efectivos humanos, disponen
de armamento nuclear y biológico y de dispositivos para
su transporte a larga distancia.
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DOS PARÁMETROS
FUNDAMENTALES: GLOBALIDAD, SOLIDARIDAD
La ciencia económica
moderna ya ha asumido el principio de la universalidad del marco
de las relaciones actuales, aunque está lejos aun de descubrir
las condiciones necesarias para su efectividad, ya que no se trata
de extrapolar las condiciones que regían para los mercaderes
venecianos y para los tenderos de las ciudades barrocas burguesas.
El riesgo nada artificial
por cierto del actual cuadro económico, es su defectuosa
mundialización, que se resiente por un lado del exceso
de nacionalismo proteccionista y por defecto de la ausencia total
de regulación de que se disfruta en los paraísos
fiscales, cuyas sedes mas significativas, no casualmente, se asientan
en las islas que servían de base a los filibusteros del
Caribe, también entonces protegidos por la Corona Británica.
A)
La interrelación
de los sistemas naturales
Los investigadores
de las Ciencias de la Naturaleza, han constatado, que efectivamente
la Tierra es un cuerpo astral con positivas características
para la aparición de la vida, y su posterior evolución,
lo que se debe en primer lugar a la favorable posición
de nuestro Planeta, en relación con el Sol su nutricia
fuente de energía, lo suficientemente próximo y
lejano a su envoltura gaseosa, lo que ha determinado, la biosfera,
que evidentemente es única, interrelacionada y olímpicamente
ajena a jurisdicciones nacionales y celosas soberanías.
La preservación
de las condiciones provitales de la biosfera, exigen actuar sobre
las fuentes locales, que pueden originar su alteración,
lo que nos obliga a considerar redes progresivamente complejas
de sistemas naturales entrerrelacionados, como pueden ser los
que supone el ciclo del agua global (11)
que incluye los cursos subterráneos y superficiales y sus
alteraciones, y su transcendencia para las aguas marinas costeras
y los grandes complejos oceánicos.
La situación
de los mares viene a su vez condicionada por actividades humanas
que aparentemente nada tienen que ver con ello: la agricultura,
la industria de la madera, o la conducción de automóviles,
ahora bien el calentamiento de las aguas marinas por estas causas
influye en la situación de los casquetes polares, en el
régimen de precipitaciones, si bien los mares pueden suponer
el único alivio válido para estas alteraciones antrópìcas,
diluyendo el carbono y trasladándolo vía cadena
trofica a las profundidades marinas.
Todo esto que aún
para los cultivadores de ciencias mas complejas, como son las
sociales, resulta evidente, no lo es para los dirigentes actuales
de la sociedad y aun en el supuesto que lo fuera tampoco influiría
en sus designios.
No obstante recordemos
que como consecuencia de los avances espectaculares de los conocimientos
en ciencias naturales, sabemos que la dinámica inerte de
la biosfera se complementa con la aportada por los sistemas animados,
produciéndose interacciones importantísimas que
se remontan a la propia creación de las condiciones actuales,
lo que fue debido prontamente a la aportación de oxígeno
por una nueva expansión de bacterias, que cambiaría
las condiciones anaeróbicas precedentes (12).
B) El imperativo
de la solidaridad
El correlato de
la globalidad deducida por las ciencias de la naturaleza para
el sistema Tierra, es el que se postula desde las ciencias sociales
en cuanto a la redistribuciones de los beneficios y carga que
el Planeta depara para sus habitantes, en lo que afecta a sus
actuales pobladores y sobre todo para las generaciones venideras.
La implacable lógica
de las cifras nos orienta sobre la inviabilidad del mantenimiento
de las actuales condiciones al menos en cuanto a la nivelación
de las que afectan a ciudadanos de distintas circunscripciones
políticas nacionales.
La consecuencia
no puede radicar en línea con el mas puro inhibicionismo,
en la confianza de que a la larga, milenios, por medio, quizás
espontáneamente converjan las actuales diferencias en renta
y bienestar. Los mas desafortunados ni querrán ni podrán
esperar. Dejados a su albur, contingentes no desdeñables
de grupos nacionales que hoy han acometido su desarrollo saldrán
adelante, pero esto puede que no sea asimilable por los sistemas
naturales básicos. Algo habrá que hacer aunque no
se sabe bien que y sobre todo cómo.
La solidaridad
es un condicionante derivado no ya sólo de elementales
consideraciones morales: los que tienen más deberían
repartir con los que tienen menos, sino de exigencias crudamente
materialistas si no conseguimos un desarrollo sostenible para
ciertos países menos prósperos en los que hoy se
albergan los grandes sumideros de gases invernadero, y las mas
importantes reservas de biodiversidad, el conjunto natural planetario
se resentirá.
Debe reconocerse
que todo esto no afectará de momento a los miembros de
las actuales generaciones. No hay previsibles guerras del agua
(13) y las del petróleo se harán
esperar, pero nuestros descendientes se verán en dificultades
progresivas para asimilar el legado ambiental y los riesgos sociales
que parece les trasmitiremos. Hay un gran reto en cuanto a la
respuesta social universal al desorden global introducido en los
sistemas naturales.
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EL MONOPOLIO PÚBLICO
DE LA TUTELA AMBIENTAL
A)
Introducción
Así como el
mantenimiento del orden público o paz convivencial, desde
la Revolución Francesa al menos, se ha reconocido como
competencia inexcusable del Estado, la conservación del
equilibrio ambiental es también una responsabilidad intrasmisible
de los poderes públicos.
Se supone que una
abrumadora mayoría de los sujetos no agreden en la calle
a sus conciudadanos ni tampoco deterioran conscientemente los
sistemas naturales, pero ello no afecta al ejercicio obligado
por el Estado de las potestades que le son inherentes para el
establecimiento de las reglas de juego pacificadoras que afectan
a las relaciones sociales básicas.
La preocupación
por el medio deberá situarse en el primer plano de las
inquietudes colectivas, lo que efectivamente se producirá
no mas allá de dos generaciones una vez lleguen al poder
los ciudadanos educados desde jóvenes en la conciencia
ambiental. Para entonces, el Derecho Ambiental predominará
incluso sobre la perspectiva individualista de los Derechos Humanos.
B)
Economía y Ecología
La causa de nuestras
actuales preocupaciones se origina claramente por la disociación
de dos enfoques que deberían ser coincidentes: el económico
y el ambiental (14).
Pese a que etimológicamente
estas dos expresiones quieren decir lo mismo, de acuerdo con sus
raíces griegas, en la práctica se ha tratado de
medrar empresarialmente, a costa del ambiente. Nadie salvo un
pirómano perturbado o equivalente, daña conscientemente
a la naturaleza sin pretender un lucro concreto, o al menos economizar
esfuerzos. Siguiendo el ejemplo del fuego forestal, recordemos
que la mayoría de los incendios en este medio se ocasionan
por excursionistas insensatos que desean calentarse o cocinar
su comida, pastores que persiguen mejores pastos, labradores,
urbanizadores o comerciantes de madera quemada.
Los mismos propósitos
transitan por los medios industriales donde se intenta obtener
beneficios adicionales abaratando los procesos productivos a costa
de bienes comunes, que se destruyen sin pagar por ello.
Se produce así
lo que los economistas determinan interiorización de externalidades
(15), de lo que es una típica manifestación
la contaminación de los sistemas naturales: agua, aire,
suelo, lo que se trata de corregir por el Derecho Ambiental (16)
preventivamente, mediante el establecimiento de limitaciones y
de cargas determinadas por la aplicación del principio
contaminador-pagador (17).De no funcionar
estos correctivos se deberán introducir mecanismos represores
como los inherentes a la sanción administrativa o penal
(18) de determinadas conductas, lo que se
completa con la recuperación del importe de los daños
producidos mediante el funcionamiento del instituto de la responsabilidad
objetiva (19).
Tanto la estrategia
represiva como la reparadora circulan por procedimientos netamente
jurídicos, en los que se enfrentan con dificultades, derivadas
de la falta de convergencia de las disciplinas contempladas en
la rúbrica del presente epígrafe. Los aplicadores
de las normas, jueces y administradores, necesitan que con una
cierta aproximación se evalúe el montante de los
daños y perjuicios, pero ni los expertos en ciencias de
la naturaleza son capaces de medir exactamente la importancia
de una agresión ambiental, ni los economistas están
en condiciones de trasladar esta estimación a unidades
monetarias (20).
El proceso valorativo
se complica más aún si se tiene en cuenta que las
mas importantes distorsiones del medio, afectarán sobre
todo a las generaciones venideras, que sufrirán seguramente
los efectos del efecto invernadero que estamos introduciendo
en la biosfera (21).
La corrección
de las conductas económicas de negativa trascendencia para
los sistemas naturales básicos, se enfrenta con otras dos
graves inconvenientes, la imposibilidad de suprimirse totalmente
la generación de residuos potencialmente contaminados y
el impulso social para el incremento de los desperdicios (22).
Desde el primer enfoque
las ciencias físicas nos recuerdan que la segunda ley de
la termodinámica inexorablemente establece que toda transformación
del estado de la materia genera calor, residuos en suma.
Por otra parte la civilización
del libre mercado, en la que, felizmente, estamos inmersos, requiere
de un continuo ejercicio de intercambios en virtud de los cuales
los demandantes deberán solicitar nuevos bienes para que
los oferentes puedan sacar pleno rendimiento de los dispositivos
productivos. Una sociedad austera que adquiriese los productos
de consumo escuetamente necesarios para satisfacer necesidades
básicas y contase con suministros de larga duración,
haría colapsar el sistema económico. Hábitos
monásticos generalizados reducirían drásticamente
la contaminación, pero inducirían una catástrofe
sin precedente en Occidente, que impediría además
el desarrollo de países de otras áreas del mundo,
carentes entonces de disponibilidades de capital y oportunidades
de mercado.
C)
Una propuesta de síntesis. El desarrollo sostenible
Los postulados de la
economía y de la ecología no son necesariamente
contrapuestos, cabe su integración armoniosa, con base
a lo que ha sido calificado como desarrollo sostenible, que reconoce
la necesidad de auspiciar el avance económico de los países
menos avanzados aprovechando los progresos tecnológicos
de las naciones industrializadas, siempre y cuando no se traspasen
determinados umbrales de calidad ambiental.
La sostenibilidad es
a la vez un presupuesto intrínseco para el desarrollo de
los países pobres ya que es impensable que puedan salir
de tal condición si deterioran sus recursos: agua, suelo,
bosques. La contaminación es en sí un despilfarro
y por tanto a medio y largo plazo resta riqueza. Estas consideraciones
son válidas también para las sociedades avanzadas,
que podrán crecer mas, económica y ecológicamente
a la vez, generando combustibles limpios y equipos descontaminadores,
e incrementando la productividad sobre la base de tecnologías
limpias.
Sus antecedente se
concretan con el denominado Informe Brutdtland, llamado
así por haber sido formulado precisamente por una Comisión
de Juristas presidida por la que luego sería Presidenta
de Noruega.
La Comunidad Económica
Europea ya había anticipado su preocupación por
el logro de esta simbiosis, por lo que se señalan en la
Declaración del Consejo de Europa de 1985 (23)las
relaciones recíprocamente beneficiosas entre economía
y ambiente en lo que se avanza con el Cuarto Programa de Acción
1987-1992 que ya recoge la proposición de la vinculación
de la dimensión ambiental con las políticas que
se proponen crear las condiciones necesarias para un crecimiento
económico sostenido. El Acta Unica incluye además
en el artículo 130.R.1 como objetivo de la acción
de la Comunidad, conservar, proteger y mejorar la calidad del
medio ambiente y la garantía de una utilización
prudente y racional de los recursos naturales.
El Tratado de la Unión
adiciona una significativa novedad al asignar a la Comunidad la
misión de promover "un crecimiento sostenible y no inflacionista
que respete el medio ambiente lo que refleja la opinión
de los jefes de Estado y/o de Gobierno que en reuniones precedentes
se habían pronunciado en el sentido de que "el crecimiento
sostenido debe ser uno de los objetivos de todas las políticas
comunitarias".
El denominado V Programa,
rubricado precisamente Hacia un desarrollo sostenible (24),
entiende por tal:
"Una política
y una estrategia de desarrollo económico y social continuo
que no vaya en detrimento del medio ambiente ni de los recursos
naturales de cuya calidad depende la continuidad de la actividad
y del desarrollo de los seres humanos." (25)
Como precedentes inmediatos
debe citarse la Carta Mundial de la Naturaleza adoptada en 1982
por la Asamblea General de las Naciones Unidas precedida por la
de Nairobi en mayo del mismo año y de las deliberaciones
de la Comisión Mundial de las Naciones Unidas (26)
sobre el Ambiente y Desarrollo durante el período 1984-1987,
que se plasmaron en el informe denominado Nuestro futuro común,
llamado Informe Brundtland, nombre de la presidenta de la Comisión.
Casi simultáneamente el PNUMA produjo, en 1987, el documento
denominado Perspectivas ambientales para el año 2000
y siguientes. Por iniciativa de ciertos gobiernos y fundaciones
se estableció en Ginebra en Centro para Nuestro Futuro
Común, que ayudó a la organización de la
Cumbre de Río y celebró en 1990 una importante reunión
en Vancouver, pero que parece haber perdido impulso.
Según la Comisión
Brundtland: "El desarrollo sostenible es el desarrollo que satisface
las necesidades de la generación presente sin comprometer
la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias
necesidades".
D)
Los instrumentos del Mercado
El substratum autoritario
del Derecho Ambiental no empece el que sus objetivos puedan ser
también conseguidos, trasladando al mercado los costes
implicados en evitación de los daños o para la restauración
de los perjuicios.
A estos propósitos
responden las ecotasas (27) que recargan
los productos enajenados con gravámenes aplicables a la
descontaminación, caso por ejemplo de la facturación
de los gastos de recogida y tratamiento de los residuos urbanos,
o los ecotributos que inciden sobre determinados bienes desanimando
su utilización negligente, como sucede sobre todo en el
ámbito de la energía de origen termo-fósil,
pero también con otros combustibles, los nucleares, que
aunque no contaminan sistemáticamente la atmósfera,
aportan riesgos no desconocibles y costes elevados con ocasión
del desmantelamiento de las centrales una vez terminada su vida
productiva.
El mercado puede
también modularse económicamente como consecuencia
de la aplicación de técnicas clásicas del
Derecho Administrativo, aunque con modernas reformulaciones, lo
que implica de lleno al instituto de la concesión.
Modestos progresos
a escala nacional pueden ser obtenidos a través de la supuesta
comercialización de los permisos para contaminar, posibilidades
recogidas en la legislación norteamericana sobre contaminación
atmosférica, que parten del cálculo de un nivel
máximo de inmisión en un área determinada,
que da lugar a cuotas de emisión para las industrias ya
instaladas, que podrían ser enajenadas si por abandono
del negocio o por la introducción de tecnologías
mas limpias, la emisión permitida se rebajase.
Pero lo que tiene
mayor interés en relación con la mejora de las condiciones
ambientales vía mercado, es la obtención de ventajas
competitivas por los oferentes de bienes de productos que incorporan
progresos ambientales (28).
El primer enfoque
se relaciona con los distintivos que los Estados y la Unión
Europea, permiten incorporar a la presentación en el mercado
de determinados bienes del que es prototipo la Ecoetiqueta Comunitaria
(29), acreditativa de los positivos avances
ambientales introducidos con la fabricación de los productos
y los esperables en el período de su utilización.
Se confía en que los consumidores, ambientalmente motivados,
discriminen positivamente estos bienes adquiriéndolos preferentemente
en relación con otros alternativos pero de menor calidad.
Las auditorías
ambientales ponen de relieve también el nivel de sensibilización
de las empresas, acreditando no sólo que cumplen con las
exigencias legislativas sobre contaminación, sino también
que tienen adoptado un proyecto que encauza con ambición
de progreso positivo, actuaciones ambientalmente relevantes. Igualmente
se confía que los operadores económicos relacionados
con la empresa: clientes, suministradores, financiadores, aseguradores,
etc., tomen en cuenta este talante deparando a las empresas que
así se comportan un trato económicamente positivo.
Estas verificaciones,
por cierto, ofrecerán oportunidades de trabajo para los
juristas ya que se trata antes de nada de certificar que las empresas
auditadas están al corriente de sus obligaciones ambientales.
Desgraciadamente, el nivel de la concienciación de la sociedad
a este respecto es aún bajo, lo que trasciende lógicamente
a la escasa implantación de estos instrumentos (30).
E)
La calidad ambiental, una indeclinable
responsabilidad de los poderes públicos
Incluso en el ámbito
de los controles de mercado que hemos analizado en el apartado
anterior, la intervención administrativa constituye un
prius. La imposición de las tasas compensadoras para interiorizar
externalidades que afectan a los sistemas naturales, exigen el
ejercicio de claras prerrogativas públicas y lo mismo sucede
con la extensión de las características clásicas
del demanio a otros medios como el atmosférico que no estaban
incluídos formalmente en el repertorio de los bienes de
titularidad colectiva.
La teoría
del desarrollo sostenible parte también de estos presupuestos
en relación con los componentes biológicos del planeta.
Conforme a estas ponderaciones habríamos de deslindar los
excedentes de la biomasa que pueden ser retirados sin perjudicar
la capacidad reproductiva de los distintos sistemas, lo que es
válido también por ejemplo para la caza, la pesca,
la agricultura y la explotación forestal.
Técnicamente
este enfoque debería ser aplicado a todos los bienes naturales
no renovables, aunque sean inertes, si su agotamiento es previsible,
caso de los combustibles fósiles.
Esta estrategia,
permanente y supracoyuntural, tiene como presupuesto el hecho
indudable de que los bienes terráqueos globales no son
de una nación determinada, ni de una generación
concreta, sino de todos los habitantes actuales y potenciales
de Planeta (31).
La tutela ambiental
requiere pues del soporte inexcusable del ordenamiento jurídico,
aunque la adopción a estos efectos de un dispositivo exigente
y adecuado, presupondrá a su vez un soporte social (32)
cónsone, necesario además para que el cumplimiento
de la Ley sea la regla general y no la excepción. Progresivamente
los ciudadanos, como ha pasado en otros campos, irán acomodando
espontáneamente sus conductas a los requerimientos ambientales
con lo que las infracciones serán excepcionales y las sanciones
quedaran substancialmente subsumidas en el Código Penal,
cuyos rigores afectan a núcleos marginales de población.
Pero como ya advertimos
pasará mucho tiempo hasta que esto suceda y por lo demás,
el Derecho Ambiental habrá de expandir notablemente su
campo de aplicación, y arbitrar nuevos instrumentos de
intervención para hacer frente a la principal amenaza que
se cierne sobre la prolongación de la pervivencia de nuestra
especie: la conservación de las características
físico-químicas de la biosfera que nos han permitido
llegar hasta aquí trepando por las escalas evolutivas de
la biodiversidad (33).
Parece claro que
no funcionan para nosotros los códigos de comportamiento
instintivos que orientan correctamente otras relaciones con el
medio, los genes nos impulsan a cuidar de nuestros hijos pero
no de nuestros tataranietos. Nada nos impulsa innatamente a manejar
correctamente los artilugios tecnológicos que hemos ido
acumulando a partir del descubrimiento del fuego, cuyas virtualidades
contaminadoras por cierto, son análogas a las inherentes
a la mayoría de los dispositivos que manejamos para la
producción de energía.
Desterremos pues
como catastrófica cualquier doctrina que pretenda encontrar
también aquí la panacea en el expontaneismo individual,
y la liberalización de las conductas sociales. El juego
de la competencia, el mercado, el desmantelamiento de empresas
públicas ineficaces y otras muchas iniciativas que en estos
momentos se llevan a cabo, pueden ser bienvenidas en otros ámbitos,
en cuanto que propician el crecimiento económico y optimizan
los resultados del esfuerzo humano, pero sería insensato
traspasar la filosofía que anima estas reformas a la dinámica
de nuestras relaciones con el entorno natural por ejemplo que
los bosques de chimeneas, permitiendo sustituyan a las selvas
tropicales.
Es innecesario
recordar que la legislación ambiental, hoy generada en
sucesivos niveles de gobierno, constituye una respuesta tardía,
e insuficiente aún, a los desmanes producidos por el industrialismo
libérrimo. La ley de la selva, no es desde luego la ley
de la oferta y la demanda, como algunos iusnaturalistas ingenuos
creen intuir. El funcionamiento de los sistemas naturales es infinitamente
mas complejo y ordenado, y mucho menos imprevisible que los resultados
de la dinámica del mercado en estado puro, como acredita
el comportamiento de la plataforma mas caóticamente significativa
de nuestro tiempo: la Bolsa global.
Mientras a los
economistas liberales les bastaría teóricamente,
con un mínimo de reglas, los ambientalistas debemos que
tener una sólida ambición normativa. El ordenamiento
ambiental es por ello complejo y proteico y debe ser renovado
al compás de los sucesivos avances y modificaciones de
los conocimientos científicos.
Todas las disciplinas
que se estudian en las facultades de Derecho están aquí
implicados incluido el Derecho Romano de donde procede el mecanismo
de la emisión-inmisión, claves para comprender el
substratum básico, traslativo, de la problemática
ambiental, de aquí la necesidad de contar con principios
nerviadores de este complejo, que no sector, del Derecho.
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LA SALVACIÓN
POR EL DERECHO
Ni el azar ni la utilización
de los mecanismos ordinariamente operantes para racionalizar decisiones
relacionado con la satisfacción de las necesidades humanas,
suministran pautas satisfactorias para contrastar nuestras conductas
con los imperativos ambientales a medio o largo plazo.
Es pues la sociedad
organizada, la que a través de sus representantes legítimos
deberá introducir los mecanismos de corrección necesarios.
El derecho que no es una fuente inmanente de decisiones sino un
cauce de expresión de la voluntad general, constituye la
única alternativa disponible.
A)
La inviable liberalización de la utilización de
los bienes ambientales
Es impensable que los
elementos gaseosos de la biosfera puedan ser apropiados de forma
excluyente en magnitudes considerables y lo mismo puede decirse
del agua . El suelo tiene otras características y depende
a su vez de su interacción con los otros elementos. No
es lo mismo tratar la superficie de un bosque que la de un solar.
Precisamente todas
las disfunciones ambientales que se han venido considerando, incluidas
las que afectan a la biodiversidad, se han imputado al abuso y
apropiación individual de bienes por esencia comunes, con
ánimo de abaratar los productos.
El mercado no puede
automáticamente ordenar esta situación, porque lo
que allí se arbitra, cuando los bienes ambientales están
en juego, no son los intereses del vendedor y del comprador sino
los de todos los ciudadanos y no únicamente de los presentes,
sino también de los venideros, por lo que no habría
legitimidad democrática para aprobar leyes que dispongan
de recursos que no pertenecen a los representados en los Parlamentos.
Los recursos naturales
básicos son intrínsecamente "res extracomercium"
lo que transciende a sus aplicaciones ilegítimas. Esto
es indiscutible para la atmósfera, las aguas del mar y
las continentales en general, aunque algunas legislaciones permiten
la aplicación aquí de principios de apropiación
minera.
En España una
reciente legislación va a abrir una brecha sin precedentes
en este ámbito, al permitir enajenar en tiempos de sequía,
caudales concedidos por la Administración. Pero se trata
de algo excepcional que mas parece tributo a una moda, supuestamente
de origen californiano, que a una decisión de calado. Por
otra parte la experiencia ha demostrado que las consecuencias
del abandono de los poderes públicos de sus controles sobre
el agua, son funestas, caso de Chile, un país que ha adaptado
con radicalismo el credo liberal y se ha entregado a la empresa
que ha sido incapaz de abastecer cumplidamente de energía
eléctrica al país.
Estas reservas me parecen
meridianas para la atmósfera, el sistema mas frágil
en términos de ecología profunda y de problemática
recuperación, posible solo a muy largo plazo si resulta
dañada a escala terráquea, como está sucediendo
con la persistente contaminación por CO2 que induce el
denominado efecto invernadero. Aunque tuviésemos la tecnología
adecuada, la retirada del carbono sobrante en la estratosfera,
produciría energéticamente, posiblemente mas subproductos
que los obtenidos.
Intentar trasladar
la solución de este grave asunto al libre mercado parecería
cuando menos cómico, teniendo en cuenta que el defectuoso
funcionamiento de estos mecanismos, es lo que ha producido el
daño.
El abusivo consumo
de combustibles fósiles, especialmente de derivados del
petróleo, constituye la principal causa de la liberación
en la atmósfera del CO2. Recordemos que el precio de la
gasolina por ejemplo, antes de recargar los impuestos, esta formado
por la suma de los costos de extracción del crudo, refinado
del petróleo, distribución y transporte y beneficios
empresariales. La materia prima en si que ha costado a la naturaleza
millones de años elaborar, no puntúa, cuando lo
lógico, como sucede con otras mercancías, es como
mínimo imputar al precio el coste de reposición.
Estados Unidos se opuso
frontalmente en Río 92 al Convenio sobre el Clima. Posteriormente
a partir de Kioto a mayor "inri" del mercado
aceptó disminuir en un 8% su cuota de contaminación,
obviamente la mayor del mundo, pero hizo hincapié en la
compra de derechos de contaminar adjudicados a países subdesarrollados,
con lo que sus posibilidades mejorarían a la postre.
La única solución,
vía mercado, es la de imponer, autoritariamente, ecotasas
por barril, en lo que están las autoridades europeas, si
bien España se opone porque podría incrementarse
su rebrote inflacionario.
En cuanto al bosque,
efectivamente, en una plantación de chopos poco tiene que
hacer la Administración, salvo constatar que efectivamente
se trata de este tipo de árbol, otra cosa será el
que estemos en presencia de especies de larga duración,
como es el caso del milenario bosque austral chileno que las autoridades
de este país han entregado para su tala a rapaces empresas
madereras estadounidenses (34). Ciertamente
que en este y en muchos otros casos habría que indemnizar
al propietario privado si existiese o al Estado, supuesto del
bosque amazónico, pero esta es otra cuestión en
lo que tampoco tiene que ver el mercado.
La explotación
de los recursos naturales renovables, se hace ya espontáneamente,
por tanto de acuerdo con las pautas clásicas de la economía
estacionaria, hoy denominada sostenible, que consiste en retirar
solo los beneficios.
Así a ningún
pastor se le ocurriría sacrificar corderas o madres si
con ello se merma la capacidad reproductiva en función
de la estabilidad perseguida para el rebaño.
Pero si estas relaciones
se extrapolan a los bienes no apropiados las cosas cambian, no
es igual el buen pastor que el buen cazador o el buen pescador,
aquí hay una inmanente presión excesiva sobre los
animales o los arboles de propiedad común por parte de
quienes desean apropiarse de su contenido económico en
competencia con quienes pretenden hacer lo mismo, el final es
el esquilmamiento salvaje, que no la aséptica racionalidad
conciliadora de la oferta y la demanda.
La moderna versión
de la caza, pretende encomendar estas actividades a una empresa,
que cumpliría la función de gestionar recursos naturales
silvestres, enriquecidos quizás, además, mediante
la aportación de crías obtenidas e cautividad. Evidentemente
que a los explotadores no les interesa que sus beneficios disminuyan
y no permitirán que se esquilme sus efectivos. La Administración
podría entonces retirarse por el foro. Pero esto no es
así, deben por lo menos vigilarse los siguientes extremos.
- Control de depredadores: muchas
especies protegidas son eliminadas en fincas de caza para
evitar su incidencia en las reservas.
- Suelta de animales de granja:
deterioran genéticamente las especies autóctonas.
- Mallas de cercas: muchos animales
salvajes mueren al cruzarlas. Los animales que viven en su
interior se ven perjudicada su salud.
- Plumbismo: contaminación
producido por perdigones de plomo.
- Métodos no selectivos:
redes tupidas para pájaros.
Mucho se ha especulado
sobre las virtudes del turismo fotográfico de Kenia en
relación con la venta de licencias de caza de elefantes
de sus vecinos. Pero lo que realmente ha salvado al elefante africano
en trance de extinción, son los imperativos del Convenio
CITES sobre especies amenazadas que prohibió precisamente
el tráfico mundial de estas especies, lo que se controla
en frontera.
En definitiva el
mercado puede y debe ser un dispositivo adecuado para la aplicación
del derecho ambiental e incluso en el futuro constituir un filtro
clave para depurar el mal uso de los bienes naturales, en cuanto
podemos esperar que, al reflexionar sobre la ética ambiental,
compradores suficientemente concienciados, expulsen de su recinto
a productores peligrosos para el entorno.
B) Las bases del
ordenamiento ambiental necesario
El Derecho como
tal ha existido desde que nuestros antepasados dejaron de regirse
sólo por el instinto y establecieron unas reglas consuetudinarias
que ordenaban mínimamente las relaciones con el grupo.
Hay que esperar a los atenienses para que se formalizase el proceso
mas eficaz de toma de decisiones, la democracia, al cristianismo,
para la proscripción de la esclavitud y a los romanos para
la invención de la Ley, pero fue la Revolución Francesa
la que cristalizó el predicamiento universal de los tres
grandes principios éticos que rigen ahora la convivencia
en los medios occidentales:
- Libertad
- Igualdad
- Fraternidad
No se trata por
cierto de arrumbar nada de esto, sino de dar a este ideario estructural
un substratum adicional, derivado de nuestra emergente sensibilidad
sobre la simbiosis de nuestra especie con el entorno en que habita,
lo que por cierto, exige un esfuerzo de adaptación que
violenta nuestra tradicional compresión de los sistemas
jurídicos.
En primer lugar
las bases del Derecho que venimos aplicando, son morales, individualistas,
y se plasman en los Derechos Fundamentales, cuyo máximo
respeto se prescribe desde las Constituciones democráticas,
Pero el nuevo enfoque, adiciona, que no substituye, imperativos
derivados de las Ciencias naturales: la física, la química
y derivadamente, la biología. Los juristas se mueven aquí
a desgana, no les es fácil asimilar lo que de ellos finalmente
se espera.
En segundo lugar,
el Derecho con el que estamos familiarizados es de ámbito
nacional, emana de organizaciones peculiares con límites
físicos rígidos que trazan las fronteras del territorio
en el que se ejerce la soberanía. Pero los sistemas ambientales
tienden a ser indefectiblemente globales, y por supuesto ignoran
olímpicamente la geografía política interior,
Pese a la importancia de las expresadas circunstancias que ponen
en entredicho los dispositivos legales tradicionales, el mas novedoso
rasgo del Derecho Ambiental, es el cambio de sujeto, los ordenamientos
contemporáneos giran en torno al individuo físico,
titular de derechos, al que se garantiza constitucionalmente el
disfrute de los inherentes a su condición de persona socialmente
contratante. Pero los protagonistas del Derecho Ambiental aún
no han nacido y puede ser que no tengan probabilidad de hacerlo
nunca si alteramos substancialmente la biósfera (35).
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PRESUPUESTOS
PARA LA SUPERVIVENCIA
Muchos de los preceptos
contenidos en los códigos penales occidentales, tienen
una explicación y apoyo, mas o menos profundo en la biología
o en la sociobiología, cual es el caso del homicidio por
ejemplo, o el hurto incluso. Lo mismo podemos decir del Código
Civil y las relaciones familiares. Pero todos estos fundamentos
desaparecen cuando los individuos se sitúan fuera del grupo
y sobre todo si se introduce el factor tiempo.
Algunos animales
no dudan en arriesgar mediante la sobrecaza del pastoreo esquilmado
sus propias reservas alimenticias, y desde luego el temor por
lo que pueda pasar a sus descendientes, no tiene ninguna apoyatura,
en sus registros genéticos, pero solo los castores y las
"langostas" pueden cambiar rápidamente el paisaje.
En el genoma humano,
hay sin duda enérgicas indicaciones para la efectividad
solidaria de alcance familiar y tribal, lo que no se extiende,
estimo, a grupos mas extensos, y quiebra totalmente en relación
con los descendientes de mas de dos generaciones de distancia.
Por ello es preciso
que este vacío se cubra artificialmente con apoyo en una
ética que tenga presente el cambio de las circunstancias
sobrevenidas como consecuencia de la modificación del escenario
que va desde el grupo de primates de la sabana africana a la comunidad
cibernética global, que se delinea en estos momentos.
De acuerdo con
la tesis aquí sustentada para que el hombre pueda garantizar
su pervivencia futura debe dotarse de un cuerpo normativo, que
recoja los dictados de las Ciencias de la Naturaleza, para una
prudente utilización económica de la Biosfera. Para
ello se necesitará contar además con el apoyo de
la Ética y de la Física.
A)
La Ética como prius del Derecho Ambiental
El Derecho en si
es un instrumento, un vehículo, para la efectividad de
los propósitos pretendidos, esto es así para los
grandes monumentos jurídicos desde las Tablas de la Ley
al Código de Napoleón.
Una buena norma técnicamente
puede ser rechazable por otros motivos que guardan relación
con los principios generales de convivencia asumidos por colectividades
mas amplias, con lo que entramos en los dominios de la moral colectiva
de la ética, a nuestros propósitos, porque estos
conceptos exigirían de mas rigurosas precisiones de acuerdo
con los dictados de los especialistas en la materia.
Para que pueda
adoptarse un Derecho Ambiental adecuado es presupuesto indispensable
que haya sido asumido previamente por la comunidad implicada una
Ética ecológica concorde (36),
lo que implica ya desde luego el valor de la solidaridad interplanetaria,
pero sobre todo intertemporal.
Este es el escollo
mas difícil de superar ya que si en las tradiciones, ideologías
y religiones occidentales hay bases suficientes para soportar
una ampliación de las motivaciones solidarias a escala
intercomunitaria, no puede decirse lo mismo de las vinculaciones
intergeneracionales, lo que solo remotamente podrían basarse
en las concepciones platónicas de la metempsicosis, en
los que el alma circulaba sucesivamente por diversos seres incluidos
los de animales.
Mas alcance, permanencia,
y sistematización tienen los dogmas brahamánicos
sobre el "samsara" o transmigración por diversos
cuerpos, lo que por cierto inspira el respeto por todas las formas
de vida animal.
Menos apoyos ofrece
la religión judeo-cristiana, para extraer consecuencias
que impliquen el cuidado de la Tierra su transmisión en
adecuadas condiciones, a los futuros habitantes. Recordemos que
la según la Biblia el hombre había sido criado a
imagen de Dios y se le exhorta a que se enseñoree de la
Tierra dominando los peces del mar y las aves del cielo y todos
los animales que en ella se mueven.
Pero una consideración
de la especie humana y no de un mero agregado de sujetos, que
incluye también su dinámica temporal. La armonía
del hombre con la naturaleza es patrimonio de las grandes religiones,
caso desde luego de la cristiana.
En todo caso lo que
se precisan no son dogmas metafísicos, sino convicciones
de base tangible que impliquen la pervivencia del hombre sobre
la Tierra, respetando las condiciones que la hacen habitable para
nuestra especie.
Una nueva cultura,
similar a la que alumbró el gran movimiento de los Derechos
Humanos, habría de crearse y difundirse por líderes
intelectuales de la Humanidad, y difundirse por los medios de
comunicación ordinarios, lo que también esta funcionando
sobre todo por los canales de los sistemas educativos, de donde
saldrán adecuadamente formados los futuros votantes de
las normas ambientales precisas, que tendrán presente las
generaciones venideras.
B)
El imperio de la Ley
En un contexto democrático
la Ley, viejo y eficaz invento de los romanos, supone la expresión
de la voluntad general libremente expresada por los miembros de
una determinada comunidad política (37).
Es de esperar, que
la progresiva penetración de las circunstancias de nuestra
coexistencia planetaria, y la introducción vía ética
colectiva, de la preocupación por la suerte de los futuros
habitantes del Planeta, influya en la adopción de un ordenamiento
ambiental razonable, que tenga como coordenadas no solo el espacio
global sino también el tiempo, sin horizonte definido,
incluyendo por tanto entre los sujetos tutelados por las leyes
a los futuros terráqueos.
C) El necesario
reajuste de la economía de mercado. El caso del cambio
climático
El nuevo enfoque
aquí propugnado, exige una reconsideración adecuada
de los mecanismos, hoy predominantes del juego de la oferta y
la demanda, lo que afecta tanto a los teóricos como a los
protagonistas de la economía.
Desde la primera
perspectiva, se ha observado por un conocido economista contemporáneo
que: "Un país podría agotar sus recursos minerales,
talar sus bosques, erosionar sus suelos, contaminar sus acuíferos
y matar sus animales y sus peces hasta que se extingan, pero su
PIB no se verá afectado" (38).
También ha destacado gráficamente F.CAIRNCROSS que:
"Resulta fácil ponerle precio a un árbol si
se considera únicamente como madera. Pero este precio de
ninguna manera reflejará su valor como mecanismo de prevención
de la erosión del suelo, o como lugar de pájaros
e insectos o como almacén de un dióxido de carbono
que de otro modo podría añadirse a los gases responsables
del efecto invernadero en la atmósfera" (39).
No cabe ninguna duda
de que la mayor amenaza que gravita sobre la Tierra es el incremento
de los gases efecto invernadero. Pues bien, hasta la fecha no
se han adoptado previsiones de efecto tangible para la limitación
de las emisiones alcanzadas en 1990, lo que el Protocolo de Kioto
de 1987, transformó en el compromiso para la reducción
de la media de las emisiones de los gases invernadero en el periodo
2008-2012 en un 5,2% de las emisiones de 1990, lo que supondrá
un 8% de reducción para la UR, 7% EEUU, 6% Japón.
Pero ni siquiera en estos modestos propósitos se ha prosperado,
la Cumbre de Buenos Aires de 1998 supuso un rotundo fracaso, aplazándose
hasta el año 2000 la introducción de los mecanismos
reductores.
Los países
de mayor consumo, y Estados Unidos sobre todo, tratan de eludir
sus compromisos mediante toda clase de artilugios, compra de permisos
para contaminar de países en desarrollo, cálculo
de emisiones netas, restando absorciones enfoque de cesta "de
gases" calculando emisiones conjuntas, adquisición
de certificados de reducción de emisiones, mediante inversiones
en forestación-sumideros realizadas en otros países,
caso de Costa Rica como mas significativo, etc.
Debe advertirse que
con todo ello lo único que se pretende es escamotear el
problema, trasladándolo de un punto a otro. No es posible
encontrar una solución vía incremento de fotosíntesis,
no hay espacio suficiente e el Planeta para ello. La única
solución, salvo la que contemplamos a continuación
que es problemática, pasa por la reducción de las
emisiones, incorporando al precio de los actuales combustibles
sus auténticos costos ambientales.
Estados Unidos, o
si se quiere las multinacionales de este país, lo que en
nuestro caso es lo mismo, no quieren saber nada de la solución
apuntada: General Motors, Exxon, Chase Manhattan, firmaron, según
Amigos de la Tierra, con ocasión de la Cumbre de Buenos
Aires, una carta dirigida al representante de EEUU en esta reunión,
expresando su temor de que los productores, acostumbrados a utilizar
sin preocupaciones ahorrativas, energía barata, salgan
perjudicados de las limitaciones de emisiones impuestas en comparación
con los europeos, familiarizados con el ahorro y la economía
energética.
Escuelas de pensamiento
económico moderno, como la que representa a la Sociedad
Internacional de Economía Ecológica, SIEC y el Instituto
Beiger de Economía Ecológica auspiciado por la Red
Académica sueca de las Ciencias, han explorado técnicas
para valorar las aportaciones de los servicios prestados por los
distintos ecosistemas naturales y la valoración de los
costos ambientales.
Particularmente significativa
es a nuestros efectos la propuesta por parte de miembros destacados
de SIEC de incluir los derechos de las generaciones futuras a
un medio limpio, en el capítulo de los costos ambientales.
D) La física
Tanto las normas emanadas
de las organizaciones políticas del mas alto nivel, como
el tratamiento que los economistas aconsejan para la adecuada
valoración de los bienes ambientales, se enfrentan con
una ley de otra índole pero de la vigencia indiscutible,
que explica la originación de todos los problemas ecológicos,
me refiero por supuesto a la segunda ley de la termodinámica,
que indiscutiblemente señala que todo cambio produce calor,
entropía, residuos en suma.
Si continuamos presionando
sobre los recursos naturales, especialmente los que integran la
biosfera, ignoramos como podemos parar el proceso, el resultado
final será inevitablemente desastroso para nosotros: se
ha dicho que la Tierra sobrevivirá al cambio climático
pero el hombre probablemente no.
La única solución
accesible desde la perspectiva de la física, pasa a mi
juicio por la energía nuclear, pero no la que origina energía
a partir de la fisión, lo que posiblemente adicionaría
un remedio peor que la enfermedad, sino de la fusión nuclear,
implantando auténticos reactores solares prácticamente
no generadores de residuos. Desgraciadamente las investigaciones
no van por buen camino, el balance energético no termina
de cuadrar, las aportaciones necesarias son superiores a las obtenidas,
el nivel de temperatura logrado, no es suficiente para que, como
en el sol, las reacciones se autoperpetuen.
Se detecta por
tanto un cierto pesimismo en los medios científicos que
quizás perciben que la política, acostumbrada a
logros a corto plazo, transmisibles al electorado, pueden terminar
retirando los fondos.
Pero aunque finalmente
el problema energético se solucione científicamente,
y los economistas consiguiesen que una botella de gasolina valga
mas que una de agua, todo sería inútil si éticamente
no se llegase a desencadenar la "Gran Revolución"
solidaria todavía pendiente.
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NOTAS
1) Me remito
a mi monografía, R.MARTÍN MATEO, El hombre una
especie en peligro, Campomanes, Madrid, 1993.
2) El incremento progresivo de la contaminación, acortará
los tiempos útiles para el posible remedio ya que como
ponen de relieve A.V.KNEESE, y CL.SCHULTZE, Pollution Prizes
and Public Policy, The Brookings Institution, Washington,
1975, pp.19 "la descontaminación de altos niveles
de contaminación está afectada por costos marginales
crecientes".
3) Promovida en su versión moderna por J.STUART MILL en
1857, con arreglo a la cual este estadio se produciría
al final de la etapa progresiva, como consecuencia de la limitación
de la riqueza y población, por lo que todo progreso en
estos términos nos acercaría a él. Me remito
L.M.JIMENEZ HERRERO, Desarrollo sostenible y Economía
Ecológica, Síntesis, Madrid, 1996, p. 51.
4) En este sentido J.M.KEYNES, Essays in Persuation, New
York, 1933.
5) Vid. D.MEADOWS y otros Los límites del crecimiento,
trad. esp.Fondo de Cultura Económica, México, 1972.
Posteriormente D.MEADOWS y otros Mas allá de los límites
del crecimiento, trad.esp. "El País", 1992.
6) PAVIT, «Malthus
and others Economists», en, Thinking about Future. A
critique of the limits of Growth, Chatto and winds, London,
1974 pp.137 y ss.
7) El crecimiento material que acertadamente define J.M.NAREDO,
La economía y su Medio Ambiente, ECONOMIAZ, n.17/1990,
pp. 13 y ss, no será soportable por la especie humana a
largo plazo, como acertadamente recuerda J.M.MENE HERRERO, o el
economista español con mayor rigor ambiental, op.cit.pp.
471.
8)Vid L.R.BROWN, C.FLAVIN, Una nueva economía para un
nuevo siglo, Massachusetts, Diciembre, 1998.
9) State of the World 1998, p.45.
10) Vid. Convencion Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio
Climático. Segunda Convención Nacional de España,
Ministerio del Ambiente, Madrid, 1998.
11) Vid.R.LLAMAS. La inserción de las Aguas Subterráneas
en los sistemas de gestión integrada, 1998.
12) Según LYNN MARGULLIS el incremento de la proporción
de oxígeno del aire hasta llegar a la proporción
actual, por obra de la aparición de nuevos microorganismos
hizo que la vida prosperase al adquirir bases aerobias pero supuso
la desaparición de las precedentes especies. Vid. J. ERICKSON,
La extinción de las especies, Mc Graw Hill, Madrid,
1992.
13) R.MARTÍN MATEO, Aportaciones legislativas a la resolución
de conflictos hídricos, en 4ª Conferencia Internacional
de Iberdrola sobre "Resolución de Conflictos Hídricos",
Valencia, 10-11Dic. 1998.
14) Según L.M.JIMENEZ HERREROS, HAEKEL definió la
ecología por primera vez en 1869 como "Economía
de la Naturaleza".
15) Se han identificado con nitidez las causas económicas
de la contaminación, debidas a la propensión de
los empresarios a disminuir los costes, introduciendo, sin pagar
precio alguno, bienes comunes en procesos productivos, aire, agua,
suelo, etc. Vid. A.V. KNEESE, C.L.SCHULTZE, Polution Prices
and Public Policy, 1975, cit. p. 5. En esta línea posteriormente
B.COMMONER, El círculo que se cierra, Plaza y Janes,
Barcelona 1978, G.HARDIN, The Tragedy of the Commons en
H. DALY y otros, Walning the Earth, MIT Press Cambridge
1993. K.BOULDING, Análisis Económico, Alianza,
Madrid, 1972.
16) Me remito a mi trabajo, R.MARTIN MATEO, Tratado de Derecho
Ambiental, voI. I, Trivium, Madrid, 1991, p. 111 y ss.
17) Vid. A.YABAR Editora Fiscalidad Ambiental, CEDECS,
Barcelona, 1998. Ver L. KRÄMER, «The Polluter Pays
Principle in the Community Law. The Interpretation of article
130 R of the ICC Treatry», in Focus on european Environmental
Law, Swet and Maxwell, Londres, 1992, p. 256 y ss. Y A.VERCHER,
«Algunas consideraciones sobre la recepción del principio
"el que contamina paga"», en El sistema legal
español para la protección del medio ambiente,
LL n. 4455/12, enero 1988.
18) L.RODRÍGUEZ
RAMOS, «Protección penal del ambiente», en
Comentarios a la legislación penal, Ed.Edersa, Madrid,
1992, y F.MORALES PRATS, «La estructura del delito de contaminación
ambiental. Dos cuestiones básicas: Ley Penal en blanco
y concepto de peligro», J.M.Valle, coordinador, La protección
jurídica del medio ambiente, ed. Aranzadi, Pamplona,
1997, p. 225 y ss.
19) Ver J.PÉREZ DE GREGORIO, «La responsabilidad
civil por daños al medio ambiente», en LL n. 3400/1993
y G.DÍEZ PICAZO, «¿Es oportuno elaborar una
ley de responsabilidad civil medioambiental?», en LL n.
4472/1998.
20) F.CARNCROSS,
Las cuentas de la Tierra: economía, verde y rentabilidad
medioambiental, Ed.Acento, Madrid, 1993; J.L.JIMENEZ HERRERO,
Desarrollo sostenible y economía ecológica,
Ed.Síntesis, Madrid, 1996.
21) Ver United Nations, Kyoto Protocol to the United Nations
Framework, Convention on Climate Change. FCCC/CP 1997/L7/Adde
10 diciembre 1997. Lo que ha impulsado a la UE a endurecer la
legislación anticontaminadora de la atmósfera, Directiva
n. 96/62 del Consejo de 27 de septiembre de 1996 relativa a la
evaluación y gestión de la calidad de la atmósfera.
22) Lo que afecta particularmente a los residuos sólidos
urbanos, me remito a mi obra con J. ROSA, Nuevo ordenamiento
de la basura, Trivium, 1998.
23) Boletín Oficial de las Comunidades Europeas, 1985,
pp.11 y ss.
24) Comisión de las Comunidades Europeas, 1992, vol.II,
COM (92) final.
25) V Programa, párrafo 5, p.4.
26) Resolución 37/7 de 29 de octubre de 1982.
27) J.ROSEMBUJ, Los tributos y la protección del medio
ambiente, Ed.Marcial Pons, Madrid, 1995.
28) Me remito a mi obra Nuevos instrumentos para la tutela
ambiental, Ed.Trivium, Ed.Madrid, 1994.
29) En estos momentos en España sólo una empresa
semipública, AENOR, trabaja en este campo, habiendo acreditado
a cincuenta y siete empresas como homologables de acuerdo con
la Norma ISO 14001, veinte productos están en condiciones
de exhibir la marca AENOR Medio Ambiente, información que
tomo de "Econoticias", 15/2/98.
30) Como puede deducirse del "Decimotercer Informe anual
sobre control de la aplicación del Derecho Comunitario",
Bruselas, 29/5/96 COM (96) 600 final.
31) Me remito a mi ensayo, El hombre: una especie en peligro,
Campomanes, Madrid, 1993.
32) Vid. L.K.CALDWELL, Ecología, ciencia y política
medioambiental, trad.esp McGraw Hill, Madrid, 1993.
33) Vid. C.de KLEMM, C.SHINE, Biological Diversity. Conservation
and the Law, IUCN, Gland, 1993, Una aplicación práctica
en MINISTERIO DEL MEDIO AMBIENTE, SECRETARIA GENERAL DE MEDIO
AMBIENTE. D.G.DE CONSERVACION DE LA NATURALEZA, Estrategia
española para la conservación y uso sostenible de
la diversidad biológica, Madrid, 1989.
34) Vid. A.HOFFMAN, La tragedia del Bosque Chileno, Ocho
Libros, Santiago de Chile 1998.
35) Me remito al Vol.III de mi Tratado de Derecho Ambiental,
Trivium, Madrid, 1997, p.255 y ss.
36) Vid. J.L.SERRANO,
Ecología y Derecho. Principios de Derecho Ambiental
y Ecología Jurídica, Granada, Comares 1993,
J.BALLESTEROS, Ecologismo personalista, Tecnos, Madrid,
1995 y F.SOSA Etica Ecologica, Universidad Libertarias,
Madrid, 1990.
37) T.REID, «El legado de Roma», en "National
Geographic", Vol.1-2 Noviembre 1997, p.46 y ss.
38) R.REPETTO, Vid. de este autor The Forest for the Tree.
Government, Politics and Forest Resources, World Resources
Institute, Washington, 1985.
39) F.CAIRNCROSS,
Las Cuentas de la Tierra, trad.esp. Acento Editorial, Madrid,
1993, pp.11. Sobre el tema de la valoración monetaria de
los efectos ambientales, F.AGUILERA, KLINT.V.ALCANTARA en los
mismos eds.De la economía ambiental a la economía
ecológica, Economía Crítica, Madrid,
1994, pp. 21 y ss.Vid. también sobre la necesidad de una
Contabilidad Nacional Sostenible, M.MIGOLA, «Evaluar el
Medio Ambiente. Implantación de objetivos de calidad»,
en J.GRAW y J.ENRIC, Política ambiental y desarrollo
sostenible, Instituto de Ecología de Mercado, "Papeles
del Instituto" n. 10/1999, p. 58 y ss.
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Biblioteca
de lecciones inaugurales
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