MANUEL RIVAS
La castración
MANUEL RIVAS
03/07/2010
No han conseguido la cabeza en bandeja del catalán. Eliminar
su condición de lengua vehicular en la enseñanza. No nos engañemos. Esa
era la pretensión central de quienes presentaron recurso de castración
al Estatut, después de haber sido aprobado en el Parlamento catalán,
reformado y votado en el Congreso de los Diputados y refrendado por los
ciudadanos. Y eso sí que sería, en imagen del celebrado Amin Maalouf en Identidades
asesinas, la peor manera de herir a una pantera, de humillar al
otro. Mientras se exprime con ardor sectario la sentencia del TC, yo me
he ido contentando después de conocer otro veredicto de altísimo
tribunal, el Supremo de EE UU, que por un solo voto de diferencia ha
ratificado el derecho a poder comprar y portar armas sin restricciones,
imponiendo además esa "libertad" a las ciudades que se habían declarado
espacios libres de armas. Qué maravilla el poder regalar a tu amor, el
día de Acción de Gracias, un fusil ametrallador comprado en la tienda de
la esquina. Eso sí que es una identidad y lo demás son pamplinas. Y ya
que andamos por coordenadas Far West, me gustaría difundir una
noticia que reafirma el nivel de excelencia en que vive Galicia, una vez
restablecida la milenaria normalidad conservadora. Resulta que el
actual Gobierno ha decidido la destrucción de 192.000 libros de texto
escolares (entregados gratuitamente por el malvado bipartito, que
presidía el temible Touriño), después de haber aprobado un nuevo
decreto lingüístico que establece la prohibición de enseñar en gallego,
en cualquier nivel, las materias troncales de matemáticas, física y
química y tecnología. Imagínense en qué perplejidad filológica me
encuentro cuando, en democracia, y desde la propia autonomía, te imponen
que la lengua en que tu madre hacía las cuentas para pagar la luz y
sacar adelante una familia no sirve para sumar en la escuela. Como
proclamó don Manuel en La Habana, ¡manda carallo!