REPORTAJE: Apuntes
Un plan de igualdad lingüística
La vía de normalización
del valenciano en las universidades está agotada - Un informe
traza una hoja de ruta para alcanzar el equilibrio en 2035
IGNACIO ZAFRA - Valencia - 25/06/2010
A los 26 años de la aprobación de la Llei d'Ús i
Ensenyament del Valencià, las políticas
lingüísticas de las universidades públicas, que son
una pieza clave en el proceso de normalización, muestran signos
de agotamiento y un balance irregular. Los grandes datos son conocidos:
menos de un 2% de los estudiantes cursan la carrera íntegramente
en valenciano, mientras que el 53% lo hace exclusivamente en
castellano. El 34,8% de los alumnos recibe la mitad o más de las
clases en la lengua propia en la Universitat de València, y el
32,6% en la Jaume I de Castellón que son, con mucha diferencia,
los centros que registran un porcentaje más elevado.
La información pertenece al informe Usos lingüístics
a les universitats públiques valencianes, elaborado por las
universidades y la Acadèmia Valenciana de la Llengua. La
fotografía más completa sobre la situación de la
lengua en los centros académicos, que tiene el valor
añadido de plantear una hoja de ruta para alcanzar el equilibrio.
El actual modelo es muy heterogéneo. Está condicionado
por el entorno territorial (y lingüístico) en el que se
mueve cada universidad, y por las políticas que han aplicado sus
dirigentes. También por las políticas (o su ausencia)
desarrolladas en el conjunto de la comunidad autónoma por la
Generalitat y el resto de Administraciones.
El informe, dirigido por los investigadores Artur Aparici y Rafael
Castelló, se centra en los dos casos que han demostrado
más éxito: la Universitat de València, que
optó por un sistema de línea en valenciano; y la Jaume I,
que se inclinó por dar libertad a la voluntad del profesor.
Aunque la primera ha dado unos resultados un poco mejores (en parte
porque los profesores de la línea sienten que cuentan con alguna
cobertura institucional), en su plasmación práctica, sin
embargo, "ambas políticas acaban descansando de hecho sobre la
iniciativa del profesorado", afirma el estudio.
El resultado: "Ni el alumnado valencianohablante tiene garantizado su
derecho a recibir docencia en valenciano, ni el profesorado dispuesto a
impartirla goza de las condiciones necesarias para hacerlo con
normalidad y con un nivel de esfuerzo equivalente al de quien la
imparte en castellano". Las encuestas (5.000 entre los tres estamentos
universitarios) indican que la existencia de clases en catalán
se debe, principalmente, a las "convicciones" de los profesores que las
dan, "en un contexto de débil reivindicación de su
derecho lingüístico por parte del alumnado
valencianohablante".
Se trata, concluye el informe, de una política "de base tan
débil o tan resistente como lo pueda ser la voluntad y la
adhesión identitaria de este colectivo de PDI (Personal Docente
e Investigador) que soporta el peso de la normalización docente
del valenciano. En cualquier caso, es difícilmente extensible a
una cantidad significativa y numerosa de PDI".
Los autores consideran que a la vía emprendida en los
años ochenta le queda muy poco recorrido y proponen por ello un
cambio de perspectiva, que supone reformular la política
lingüística normalizadora del valenciano ("en tanto que
lengua actualmente minorizada") en términos de política
de igualdad.
El informe recoge una cita del profesor de Psicología de la
Universitat de València Ferran Suay para dar a entender los
problemas de otros caminos hacia la normalización: "La
ignorancia, real o fingida es (paradójicamente) el argumento
más potente a favor del uso constante del castellano. Y solo los
hablantes de la lengua castellana pueden ignorar el idioma de los
valencianos, y no viceversa. 'Es que el castellano, ellos ya lo saben.
No les cuesta nada hablarlo, y en cambio yo tendría que aprender
el valenciano".
¿Qué significaría un plan de igualdad de las dos
lenguas? Marcar como objetivo que dentro de 25 años se haya
alcanzado una universidad bilingüe, responden los autores. Una
universidad donde el 50% de la docencia se dé en valenciano,
"distribuida armoniosa y equitativamente por todas las áreas de
conocimiento de todas las titulaciones y posgrados, tanto en las
asignaturas obligatorias como en las optativas".
No se trata, prosiguen, de duplicar la docencia ni de hacer dos
líneas puras. Una posibilidad siempre difícil y
más en época de crisis. Sino de lo contrario: "Una
distribución docente en la que el valenciano esté
aleatoriamente distribuido en la mitad de las asignaturas que el
alumnado habría de cursar sin reparar en qué lengua se
imparte". Una ventaja de esa política consistiría en que
todos los estudiantes acabarían la carrera con un dominio
importante de las dos lenguas.
Para lograr que la mitad de las clases se desarrollen en catalán
en 2035 sería necesario mantener el perfil de las que ya
existen, y catalogar en valenciano más del 75% de las nuevas
plazas de profesores durante los próximos años. Implantar
el requisito lingüístico. Un paso que despierta recelos en
algunos sectores, pero que Artur Aparici recuerda que ya funciona en el
Personal de Administración y Servicios (PAS) de la Jaume I de
Castellón, lo que ha supuesto una mejora notable en su nivel de
competencia lingüística.
El porcentaje del 75% durante los primeros años está
calculado para el conjunto de las universidades públicas. En la
práctica, los centros donde la situación es menos
asimétrica necesitarían pisar menos el acelerador.
Para poner en marcha los planes de igualdad sería imprescindible
contar con el apoyo de los servicios lingüísticos que ya
existen en las universidades, reforzados con recursos humanos y
materiales. Ellos serían los encargados de atender las
dificultades que inicialmente presenten, por ejemplo, los estudiantes
llegados de otros lugares.
El informe advierte de que el resultado de los planes de igualdad
está condicionado por la evolución
sociolingüística general. Y que para asegurar su
éxito deberían ir acompañados de un plan similar
para todo el territorio o, al menos, para las Administraciones
públicas valencianas.
Con un castellanohablante basta
En las universidades públicas valencianas (igual que en muchas
otras parcelas de la sociedad) se produce un bilingüismo
asimétrico, afirma el profesor de la Jaume I Artur Aparici. Y
esa es una de las principales razones por las que el avance del
valenciano encuentra tantas dificultades para crecer en las facultades.
Ha habido avances importantes desde la llegada de la democracia, cuando
el uso del valenciano pasó a estar permitido en las clases.
Sobre todo en la Universitat de València y la Jaume I de
Castellón, los centros que reunían mejores condiciones de
partida: ubicación territorial, lugar de origen de profesores y
alumnos, conciencia de sus equipos directivos... El compromiso con la
lengua autóctona alcanza hoy, prácticamente, a los cinco
campus públicos. Después de recibir el informe, los
rectores pidieron que el estudio se repita cada cinco años para
poder evaluar la eficacia de las políticas.
El límite del camino seguido hasta la fecha lo marcan ahora el
compromiso personal de los profesores y el mismo modelo de
bilingüismo, que "produce sistemáticamente mayorías
intensivas del castellano y subordinaciones y ocultaciones del
valenciano". "La condición bilingüe de las personas
valencianohablantes", sigue el estudio, encargado por las universidades
y la Acadèmia Valenciana de la Llengua, "hace que un solo alumno
o alumna castellanohablante monolingüe (en tanto que usa la lengua
dominante) sea mayoritario (en el sentido intensivo del término)
en una clase donde predomina de largo el estudiantado que habla
valenciano. Por eso es necesaria una reglamentación
institucional de apoyo a la lengua subordinada, que además es la
lengua propia. Si se deja que el conflicto se resuelva en el libre
juego interindividual, siempre se usará el castellano".