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Después de unos días de tensión innecesaria, el Tribunal Supremo de Chile ha publicado la decisión tan esperada y deseada: el desafuero de Pinochet. El asunto termina como debió empezar: un pueblo, representado por sus jueces, puede acusar de los crímenes cometidos a un gran asesino, torturador, secuestrador. Se siente o no en el banquillo... Acaso no se necesitó la intervención de España, pero fue el mejor catalizador. La punición y el ejemplo son inevitables en aquellas Américas hoy y mañana. Chile va a poder, por fin, respirar hondo. Y con el deber cumplido. ¡Aleluya!
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