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El Presidente estrechó sus lazos con el comandante en jefe del Ejército en una reunión privada sostenida el 21 de mayo
Lagos-Izurieta: el vínculo que permitió el acuerdo de la mesa
Gracias a la relación del Mandatario con el jefe castrense, los uniformados aceptaron acelerar la mesa -donde se resguardaron sus exigencias históricas- porque quieren "replantear a la institución en la historia". Buscar a los desaparecidos sería un gesto en esta dirección.
Paola Saís y Andrea Insunza
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Según fuentes gubernamentales, el entendimiento entre ambas autoridades allanó el camino para que los uniformados aceptaran una hipótesis que desde el retorno del general (R) Augusto Pinochet se barajó en Palacio: la única forma de lograr que el caso Pinochet no continúe provocando turbulencias, es permitir que el senador vitalicio sea desaforado y, posteriormente, sometido a exámenes médicos que suspendan el proceso en su contra y aseguren que no retornará al Senado.
De lo contrario, explican, el ex comandante en jefe podría enfrentar otras peticiones de desafuero por cada una de las querellas presentadas en su contra.
Altas fuentes de Palacio explican que la entrega de una propuesta concreta sobre el tema de los derechos humanos favorecerá también a los militares, quienes en los contactos sostenidos con personeros del Ejecutivo reconocen que concluido el capítulo Pinochet, es necesario "replantear a la institución en la historia".
En la institución -aseguran en La Moneda- hay conciencia de que es necesario delinear un "Ejército post-Pinochet", y que "colaborar en la búsqueda del paradero de los cuerpos de detenidos desaparecidos" serviría a ese fin. Además, el acuerdo de la mesa le otorga al Ejército las garantías que ha pedido históricamente: proteger la identidad de quienes manejen antecedentes sobre los desaparecidos y no vincular institucionalmente a las Fuerzas Armadas.
Si bien hubo complicaciones iniciales -el 16 de mayo Lagos llamó la atención de los comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas y de Orden, quienes el día anterior sostuvieron un almuerzo público para mostrar su cohesión frente al caso Pinochet- la "nueva doctrina" que se decidió fijar desde La Moneda respecto del entendimiento con los uniformados, terminó por discutirse directamente con ellos.
El encuentro que fijó un antes y un después fue la reunión privada -de más de una hora- entre Lagos e Izurieta. Ambos conversaron en el avión que los trasladó a la conmemoración del 21 de mayo, en Iquique. Entonces el Presidente consensuó directamente con el Izurieta la forma en que se manejaría públicamente el caso Pinochet: la institución castrense podría entregar muestras de "malestar", con previo aviso al Gobierno, y mientras no se emitieran críticas políticas -sino gestos de dolor o preocupación- el Ejecutivo manifestaría su comprensión frente al "sentimiento" del Ejército.
Las relaciones se limaron al punto que cuando Izurieta le recomendó al ministro de Defensa subrogante, Claudio Huepe, que Lagos no asistiera a la celebración del Día de la Infantería en Arica, lejos de molestarse, el Presidente aceptó el planteamiento del jefe del Ejército. Por eso decidió no asistir a la ceremonia, donde Izurieta efectuó su discurso más conciliador, tocando tangencialmente el caso Pinochet y reforzando la voluntad de su institución de encontrar, a través de la mesa de diálogo, una solución para los temas que la mantenían "atada al pasado".
Por eso Lagos intervino directamente en la gestación del acuerdo. Lejos de enfrentarse a un riesgo, el Presidente pudo conversar directamente con los comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas y de Orden, en un almuerzo sostenido el martes pasado. El propio ministro secretario general de Gobierno, Claudio Huepe, admitió la existencia del encuentro. Y es que Lagos no sólo se reunió con los uniformados: también lo hizo con otros integrantes de la mesa, para monitorear personalmente el avance del acuerdo que conocerá esta noche y hará público mañana.
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