Publicado en el Diario Chileno La Tercera el 13 de Junio de 2000

El Presidente estrechó sus lazos con el comandante en jefe del Ejército en una reunión privada sostenida el 21 de mayo
Lagos-Izurieta: el vínculo que permitió el acuerdo de la mesa

Gracias a la relación del Mandatario con el jefe castrense, los uniformados aceptaron acelerar la mesa -donde se resguardaron sus exigencias históricas- porque quieren "replantear a la institución en la historia". Buscar a los desaparecidos sería un gesto en esta dirección.

Paola Saís y Andrea Insunza

Aunque en un principio las relaciones cívicos-militares se tensionaron, el Mandatario estrechó sus vínculos con los uniformados: para consensuar el acuerdo de la mesa de diálogo se reunió directamente con los jefes castrenses y antes estableció el modo de enfrentar públicamente el caso Pinochet, directamente con el general Izurieta.

(Foto: COPESA)

El intenso lobby de Mario Fernández
El ministro de Defensa, Mario Fernández (DC) comenzó ayer a desplegar un intenso lobby político para obtener, ante la inminencia de un acuerdo de derechos humanos en la mesa de diálogo, el apoyo de las fuerzas políticas.

A las 12.15 horas se reunió, en la sede de la Concertación, con los presidentes de los partidos oficialistas: Ricardo Hormazábal (DC), Guido Guirardi (PPD), Ricardo Núñez (PS) y Anselmo Sule (PRSD). En la cita, que tuvo el carácter de reservada, el ministro dio cuenta de los lineamientos generales del documento que los integrantes de la instancia estaban a punto de rubricar.

La idea de Fernández, aseguran en Defensa, es contar con la venia de las colectividades antes de la aprobación del texto. De esta forma, se evitaría que los sectores más "díscolos" de la Concertación critiquen el acuerdo. Y también se obtendría el eventual apoyo legislativo para cuando el Congreso deba convertir en leyes ciertos puntos clave del documento, como la creación del secreto profesional para los uniformados o la figura de "ministros especiales" encargados de investigar los casos.

Pero la reunión con los presidentes de partido no fue concluyente. Tanto el PS, como el PPD, decidieron dicutir los contenidos del documento en sus respectivas comisiones políticas, que sesionaban ayer hasta el cierre de esta edición.

Pero Fernández no sólo mantuvo contactos con el oficialismo. Ayer conversó también, a través del teléfono, con el presidente de Renovación Nacional, Alberto Cardemil. Fuentes de ese partido aseguran que el ministro informó al diputado de que el acuerdo estaba próximo a firmarse, y que la intención del Gobierno era discutirlo con la oposición apenas se hiciera oficial.

En la Alianza por Chile ya conocen, de todas formas, los lineamientos generales del texto. Y aseguran que se asemejan mucho al proyecto de ley sobre derechos humanos que terminaron de redactar en la reunión que sostuvieron ayer en la sede de la UDI, y que mantendrán en reserva hasta compararlo con el informe de la mesa de diálogo.

Si hay un elemento clave que permitió la formulación de un acuerdo en la mesa de diálogo ha sido el estrecho vínculo que, tras sortear algunas dificultades, generaron el Presidente Ricardo Lagos y el comandante en jefe del Ejército, general Ricardo Izurieta.

Según fuentes gubernamentales, el entendimiento entre ambas autoridades allanó el camino para que los uniformados aceptaran una hipótesis que desde el retorno del general (R) Augusto Pinochet se barajó en Palacio: la única forma de lograr que el caso Pinochet no continúe provocando turbulencias, es permitir que el senador vitalicio sea desaforado y, posteriormente, sometido a exámenes médicos que suspendan el proceso en su contra y aseguren que no retornará al Senado.

De lo contrario, explican, el ex comandante en jefe podría enfrentar otras peticiones de desafuero por cada una de las querellas presentadas en su contra.

EL NUEVO EJÉRCITO

En La Moneda explican que la precipitación de un acuerdo tiene directa relación con el hecho de que, una vez resuelto el caso Pinochet en la Suprema, el senador vitalicio dejaría de ser un elemento perturbador en el escenario político. Y en ese contexto, en Palacio sostienen que los uniformados habrían aceptado llegar a un acuerdo en la mesa de diálogo, pues ellos también requieren hacer "su propia transición".

Altas fuentes de Palacio explican que la entrega de una propuesta concreta sobre el tema de los derechos humanos favorecerá también a los militares, quienes en los contactos sostenidos con personeros del Ejecutivo reconocen que concluido el capítulo Pinochet, es necesario "replantear a la institución en la historia".

En la institución -aseguran en La Moneda- hay conciencia de que es necesario delinear un "Ejército post-Pinochet", y que "colaborar en la búsqueda del paradero de los cuerpos de detenidos desaparecidos" serviría a ese fin. Además, el acuerdo de la mesa le otorga al Ejército las garantías que ha pedido históricamente: proteger la identidad de quienes manejen antecedentes sobre los desaparecidos y no vincular institucionalmente a las Fuerzas Armadas.

LA RELACIóN ENTRE LAGOS E IZURIETA

Pero para que el acuerdo de la mesa fuese posible hubo otro punto clave: la relación que el Presidente Lagos ha establecido con el general Izurieta.

Si bien hubo complicaciones iniciales -el 16 de mayo Lagos llamó la atención de los comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas y de Orden, quienes el día anterior sostuvieron un almuerzo público para mostrar su cohesión frente al caso Pinochet- la "nueva doctrina" que se decidió fijar desde La Moneda respecto del entendimiento con los uniformados, terminó por discutirse directamente con ellos.

El encuentro que fijó un antes y un después fue la reunión privada -de más de una hora- entre Lagos e Izurieta. Ambos conversaron en el avión que los trasladó a la conmemoración del 21 de mayo, en Iquique. Entonces el Presidente consensuó directamente con el Izurieta la forma en que se manejaría públicamente el caso Pinochet: la institución castrense podría entregar muestras de "malestar", con previo aviso al Gobierno, y mientras no se emitieran críticas políticas -sino gestos de dolor o preocupación- el Ejecutivo manifestaría su comprensión frente al "sentimiento" del Ejército.

Las relaciones se limaron al punto que cuando Izurieta le recomendó al ministro de Defensa subrogante, Claudio Huepe, que Lagos no asistiera a la celebración del Día de la Infantería en Arica, lejos de molestarse, el Presidente aceptó el planteamiento del jefe del Ejército. Por eso decidió no asistir a la ceremonia, donde Izurieta efectuó su discurso más conciliador, tocando tangencialmente el caso Pinochet y reforzando la voluntad de su institución de encontrar, a través de la mesa de diálogo, una solución para los temas que la mantenían "atada al pasado".

Por eso Lagos intervino directamente en la gestación del acuerdo. Lejos de enfrentarse a un riesgo, el Presidente pudo conversar directamente con los comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas y de Orden, en un almuerzo sostenido el martes pasado. El propio ministro secretario general de Gobierno, Claudio Huepe, admitió la existencia del encuentro. Y es que Lagos no sólo se reunió con los uniformados: también lo hizo con otros integrantes de la mesa, para monitorear personalmente el avance del acuerdo que conocerá esta noche y hará público mañana.


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