Los 20 de la Corte Suprema, quienes finalmente decidirán el desafuero de Pinochet
La cofradía impredecible

Los actuales 20 integrantes de la máxima corte del país se enfrentan a la causa judicial más trascendental de las últimas décadas. Cerrados,celosos de su independencia y dueños de códigos propios, forman un estamento compacto, aunque también ostentan grupos y liderazgos internos por los cuales se guían.

Andrea Lagos y Javier Ortega

En las cifras, los supremos ascendidos en democracia alcanzan a 17,versus los tres del régimen militar. Pese a esto, nadie asegura que un máximo tribunal designado mayoritariamente por la Concertación emita un dictamen en contra del senador vitalicio.

(Foto: COPESA)

Los líderes
Abogados penalistas, parlamentarios, funcionarios de tribunales y fuentes del oficialismo y la oposición coinciden en que cuatro magistrados de la Corte Suprema destacan por su trabajo legislativo y la influencia que ejercen sobre el resto del pleno: Hernán Alvarez, Mario Garrido, José Benquis y Marcos Libedinsky. Dada la complejidad del caso Pinochet, sus voces podrían inclinar la balanza.

* Hernán Alvarez (69): Además de ser el presidente de la Corte Suprema,su influencia se ha reforzado porque en ese cargo ha impulsado un nuevo marco ético para el Poder Judicial, lo que le ha dado mayor liderazgo del que tenía cuando ejercía la vocería oficiosa del pleno.

* Mario Garrido (73): Es uno de los que desde ya se menciona como sucesor de Alvarez en la presidencia, cargo que quedará vacante recién el 2002.

Es el juez mejor evaluado de la Corte y sus fallos sientan doctrina, por lo que es visto como una especie de gurú entre sus pares. De emitirse un fallo que zanje de una vez la disyuntiva entre la preeminencia de la Ley de Amnistía frente a los convenios internacionales, podría ser el hombre clave.

* José Benquis (70): Se hizo conocido por su investigación del caso Codelco. Es considerado "el analista" de los supremos, ya que además de la ley escrita toma en cuenta todas las implicancias de un caso. Según abogados penalistas, tiene tanto poder en la corte que es capaz de "dar vuelta" acuerdos del pleno.

* Marcos Libedinsky (67): Es un destacado académico y sus pares lo consideran uno de los miembros más inteligentes de la Corte Suprema.

También se alaba su autonomía frente a los demás ministros, la que ha manifestado en diversos votos de minoría.

la Suprema no se entra por mérito, sino por invitación", pregonó en una ocasión el magistrado Enrique Urrutia Manzano. En su calidad de presidente del máximo tribunal en 1973, resumió así el hermetismo de la instancia que hoy tiene en sus manos la suerte de Augusto Pinochet.

Después de que se confirme definitivamente el fallo de la Corte de Apelaciones de Santiago
-que desafuera al senador vitalicio-, serán los 20 integrantes de esta corte los que finalmente dirimirán la causa más trascendente de las últimas décadas.

Aunque el dictamen todavía está a nivel extraoficial, ya todos los ojos están sobre los supremos.

Esta veintena de magistrados tiene códigos y procedimientos propios,moldeados en una vida de carrera judicial y fundados en detalles como que, en su mayoría, provienen de hogares de clase media y que muchos de ellos fueron compañeros de estudios en la Universidad de Chile o en la Universidad Católica.

Deberían ser 21, pero la muerte de su ex presidente Roberto Dávila dejó uno de estos cupos pendientes. Tienen entre 67 y 74 años. Según funcionarios del Poder Judicial, su renta bruta es de 3 millones 460 mil pesos, lo que en promedio significa un ingreso líquido de 2,5 millones de pesos, cifra que el grueso incrementa con clases en Carabineros,Investigaciones y en universidades privadas o tradicionales.

Algunos habitan un edificio de Lyon con Providencia que pertenece al Poder Judicial. Otros viven en un conjunto de casas ubicado en Las Hualtatas con Tabancura. En este último lugar las calles llevan nombres como "Corte de Apelaciones" y otros referentes a la judicatura. No faltan, sin embargo, los "lobos esteparios" que prefieren otros barrios,ojalá tradicionales como Ñuñoa o Providencia.

Compactos, los supremos integran casi un estamento. Pero como son personas comunes también existen entre ellos distintas afinidades y liderazgos. En décadas pasadas, las dos corrientes predominantes al interior del tribunal las definían masones y católicos. Aún ambos grupos siguen manteniendo una considerable presencia. El magistrado Alberto Chaigneau es un reconocido católico que votó en contra de que se exhibiera la película "La última tentación de Cristo" y es contrario a la pena de muerte. Y al ministro José Benquis se le vincula a la masonería.

Es sabido que cuenta con buena llegada ante el ministro de Justicia, José Antonio Gómez, militante radical.

"ANTIGUOS" Y "NUEVOS"

Menos marcados por posturas confesionales que en otros tiempos, las vertientes que conviven hoy al interior de la Corte Suprema, y que se medirán en el caso Pinochet, están determinadas fundamentalmente por el gobierno que los designó.

Están los "antiguos" y los "nuevos". En su gran mayoría, los primeros fueron nombrados por el general (R) Pinochet y por Patricio Aylwin, quien no tuvo buenas relaciones con una corte heredada del régimen militar, lo que le dio escaso margen de maniobra para las designaciones posteriores.

A su vez, el promedio de los "nuevos" ingresó a la Suprema con Eduardo Frei, cuando las relaciones entre ambos poderes se recompusieron.

Aunque la división no es exacta, a los primeros se les atribuye una reticencia a la reforma penal y una mayor cercanía con el régimen militar, cuyo último ministro de Justicia, Hugo Rosende, reemplazó a la mayoría de los ministros por hombres leales a Pinochet. Entre sus exponentes estarían Servando Jordán y Osvaldo Faúndez, ambos designados durante la era Pinochet. En contraste, los ministros "nuevos" tendrían más sintonía con la reforma y un perfil que en los pasillos de tribunales se define como más progresista.

Por esto, la parte querellante en el proceso contra el senador vitalicio espera que gran parte de los votos para desaforar a Pinochet provengan de sus filas.

A estas cuentas alegres, no obstante, se oponen varias excepciones. Pese a haber sido nombrado por Frei, Eleodoro Ortiz demostró en 1995 que esta bendición no implicaba estar "casado" con el oficialismo. Como ministro instructor del caso Soria, rechazó procesar a los oficiales de Ejército de la Brigada Mulchén acusados en el asesinato del diplomático español.

Otro caso es el del actual presidente de la Corte, Hernán Alvarez, quien a pesar de haber sido elegido por el régimen militar, ha cultivado buenos vínculos con el oficialismo.

En las cifras, los supremos ascendidos en democracia alcanzan a 17,versus los tres del régimen militar. Pese a esto, nadie asegura que un máximo tribunal designado mayoritariamente por la Concertación emita un dictamen en contra del senador vitalicio.

Los ministros son, por tradición, muy celosos de su independencia, lo que también puede traer sorpresas. Sobre todo, cuando se está cuestionando la objetividad de la judicatura como cuerpo. "Hoy son menos corporativos,pero ante un ataque reaccionan todos, cerrándose como una almeja", acota un penalista.

AMIGOS EN LA SALA

Según abogados y parlamentarios, los supremos tienden a establecer alianzas con los colegas con que comparten una de las cuatro salas del máximo tribunal. Esta cercanía también genera correlatos doctrinarios, ya que suele darse que los miembros de una misma sala voten de manera similar.

Así ocurrió cuando el pleno aprobó el desafuero del senador Francisco Javier Errázuriz. De todos los magistrados, sólo los cinco integrantes de la Primera Sala se pronunciaron en contra.

En el caso del desafuero de Pinochet, querellantes y defensores creen tener una sala a favor. Para los querellantes, la Segunda Sala parece la más afín. Presidida por el juez Luis Correa Bulo, ha sido el principal puntal de la tesis del ministro de fuero Juan Guzmán Tapia, quien sustancia las 109 querellas contra Pinochet: ha ordenando la reapertura de casos de desaparecidos antes olvidados por la Ley de Amnistía de 1978,señalando que el secuestro es un delito permanente hasta que no aparezcan las víctimas. También integran esta sala Alberto Chaigneau, Enrique Cury y José Luis Pérez, magistrados definidos como de línea pro concertacionista.

Otra sala "fuerte" para los querellantes sería la Cuarta, donde se encuentran José Benquis, Mario Garrido y Marcos Libedinsky. Según algunos analistas de la Concertación, estos tres jueces están entre los más proclives al oficialismo del pleno.

Para la defensa de Pinochet, en cambio, la Tercera Sala es la de mayor sintonía. La encabeza Osvaldo Faúndez, uno de los ministros menos proclive al oficialismo y el más crítico a la reforma procesal penal impulsada durante la administración Frei. La integran, entre otros,Ricardo Gálvez y Orlando Alvarez. Los últimos fueron, junto a Faúndez,los únicos que se opusieron al voto que relevó al juez Sergio Valenzuela Patiño en el caso Tucapel Jiménez, debido al estancamiento del proceso por la muerte del líder sindical.

Sumadas todas estas variantes, abogados y parlamentarios ubican en las cercanías de la derecha a cinco magistrados: Osvaldo Faúndez, Guillermo Navas, Jorge Rodríguez, Servando Jordán y Ricardo Gálvez. Por el lado concertacionista, los mismos análisis mencionan a nueve: José Benquis,Oscar Carrasco, Mario Garrido, Luis Correa Bulo, Marcos Libedinsky,Domingo Yurac, Enrique Tapia, Enrique Cury y Alberto Chaigneau.

EL PESO DE LA LEY

Estos cálculos, sin embargo, podrían sucumbir frente a factores más complejos. Para abogados y parlamentarios, jamás hay que olvidar que se trata de hombres que ya llegaron al pináculo de su carrera y que no se juegan ascenso alguno con sus fallos, como sucedía con los magistrados de la Corte de Apelaciones. Por lo tanto, se cree que esencialmente no se puede pronosticar con certeza su fallo.

Otra vieja tradición dentro de tribunales dice que mientras más se asciende en la judicatura, mayor peso cobra la ley escrita, lo que hace a los supremos más conservadores que rupturistas a la hora de pronunciarse.

A menudo los tribunales inferiores aplican fallos más audaces,conscientes de que no tienen la última palabra. Algunos abogados incluso opinan que es común que sentencien en un sentido cuando están en corte de apelaciones, y en otro cuando llegan al máximo tribunal.

Es cierto que la actual Corte Suprema es muy distinta a la de 1990. Pero existe coincidencia en que todavía es depositaria de las costumbres y estilos de sus predecesoras: cerrada y dueña de códigos propios. Pero,sobre todo, impredecible.

Los actuales supremos están frente a un caso sin precedentes, que deberán dirimir en medio de una atmósfera enrarecida por declaraciones políticas de todos los tonos.

Tomando en cuenta la fuerte señal mostrada por la Corte de Apelaciones al adelantar su dictamen, no es descartable una sorpresa. Con el rostro de Pinochet, una moneda está en el aire y los supremos tienen la palabra.


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