LAUDATIO PRONUNCIADA PEL SR. ANTONIO GIL OLCINA AMB MOTIU DE LA INVESTIDURA DELS SR. JOSÉ MARÍA DE AZCÁRATE Y RISTOR COM A DOCTOR HONORIS CAUSA PER LA UNIVERSITAT D'ALACANT
        
16 de diciembre de 1991
   
Excmo. Sr. Rector Magnífico,
Excmos. e Ilmos. Sres.,
Sras. y Sres.:
   
En modo alguno pude imaginar, cuando, en mayo de 1971, me incorporé, como profesor agregado numerario, a la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Complutense, que veinte años después me cabría el alto e inmerecido honor de apadrinar en su investidura de Doctor Honoris Causa por la Universidad de Alicante a uno de los más destacados maestros de la extraordinaria pléyade que prestigiaba aquel Centro.
Tuve pronta noticia de la feliz y justísima iniciativa de los departamentos de Humanidades Contemporáneas y Geografía Humana, plenamente respaldada por la Facultad de Filosofía y Letras y la Escuela Universitaria de Profesorado, para conferir dicho grado al profesor Jose María de Azcárate; y, con ella, de otra sin fundamento y falta de ecuanimidad, que pretendía confiarme la laudatio del insigne historiador del arte.

Explicable y lógica habría resultado una cortés y cordial negativa, de mi parte, a asumir tan honroso cometido, ajeno como soy, en buena medida, a la disciplina que con tan notoria distinción y singular brillantez ha cultivado quien en esta ocasión es, por imperativo ritual, doctorando. Sin embargo, la decidida resistencia inicial, cuarteada, cuando quizás debió verse fortalecida, por el profundo respeto que siempre me han inspirado la trayectoria académica, la obra ingente y, sobre todo, la excelsa condición universitaria del profesor Azcárate, fue, a la postre, vencida por una argumentación de naturaleza institucional teñida de afecto. No faltaron, tampoco, alguna referencia esencial, sumamente tranquilizadora, y otras razones adicionales.

La primera, sin duda dirimente, consiste en que la laudatio, con ser parte obligada de la solemnidad académica, no parecía por ello, en este caso, menos innecesaria. Resultaba a todas luces evidente que la notoriedad de la labor investigadora del profesor Azcárate, su excepcional contribución a la historia del arte y una inmensa e impagable actividad docente suplirían, con absoluta ventaja, las deficiencias de la laudatio, y la insuficiencia de su padrino, que no ostenta otro título para el papel que desempeña en la ceremonia sino su condición de primer rector de esta Universidad. Junto a ello se situaban -es cierto- motivos añadidos. Uno radicaba en la propia naturaleza de la propuesta, jornada de pureza académica, sin otro origen ni finalidad que el más estricto reconocimiento universitario. Tampoco se halla ausente la nostalgia de quien se resiste, como geógrafo, a decir adiós a la formación histórica en planes de estudio que alejados de la raíz humanística, preñados de especialización insolidaria y desvirtuadora, atentan contra nuestra propia identidad. De ahí que encontrase tan oportuna la iniciativa del Departamento de Geografía Humana.

En el ápice de su carrera universitaria, el profesor Azcárate ha recibido en el transcurso de ella multitud de honores y distinciones, con seguridad menos de los que merece. Pero antes de aludir sumariamente a ellos, quisiera referirme, también de manera sucinta, a unos comienzos nada fáciles.


Aspiro a sintetizarlos en un solo hecho, que oí referir mucho antes de conocer personalmente al profesor Azcárate. Creo que trasciende, con mucho, la mera anécdota y refleja al hombre y su circunstancia. Don José María de Azcárate obtiene su primera cátedra universitaria, recién cumplidos treinta años, en 1949. Ha hecho hasta entonces compatibles el enorme esfuerzo que requieren la adquisición de una rigurosa formación científica y la labor investigadora, con su empleo en la delegación madrileña de la Constructora Naval de Cádiz. Solicita una semana de permiso, el tiempo justo para realizar el concurso-oposición; al cabo de la misma, quien vuelve, sencillamente, a despedirse de compañeros y jefes es el catedrático de Historia del Arte de la Universidad Compostelana, luego lo sería de Valladolid, antes de pertenecer a la Complutense de Madrid.

Jose María de Azcárate trabajó con ahinco e inteligencia, fue, más que alumno, discípulo del eximio arqueólogo e historiador del arte español Don Manuel Gómez-Moreno. Siempre que existe auténtico magisterio, el discípulo acaba por familiarizarse intensa y profundamente con una determinada temática. En las enseñanzas del eminente maestro granadino, que tanta atención prestó al arte medieval y al renacimiento español, habría que buscar, me atrevo a imaginar, las raíces profundas del frondoso árbol cuyas ramas doblan con copiosos y preciadísimos frutos las investigaciones del profesor Azcárate.

En su haber figura una ingente aportación científica, que incluye un centenar largo de artículos y no menos de veinte libros. Estas cifras, por sí solas, muy llamativas, cobran toda su significación si se añade que la calidad de la obra en su conjunto, lejos de ceder a la vastedad de la misma, la excede ampliamente en grandeza.

Especialista singularmente destacado en arte medieval castellano y escultura del renacimiento, donde sus trabajos le han deparado máximo prestigio y renombre internacional, no ha dejado por ello de ocuparse de otras cuestiones y temas muy varios, que evidencian la amplitud y riqueza de su saber.

Tal entidad posee su contribución a la historia del arte, que se impone la esquematización impresionista; baste recordar, entre su extensa bibliografía, que se le deben, íntegramente o con participación de primer orden, publicaciones de consulta y referencia obligadas como Monumentos españoles, "Escultura del siglo XVI" en Ars Hispaniae, Arquitectura gótica toledana del siglo XV, Inventario de la Provincia de Madrid, Guía del Museo de la Real Academia de San Fernando, Documentos de Arte en Castilla, Historia del Arte, Arte en Castilla La Nueva, Historia de la Arquitectura, El Arte gótico en España y el Pregótico hispánico, discurso este último leído en el acto de su recepción pública en la Real de Bellas Artes.

Asimismo, la enumeración de las distinciones y honores que, por motivos estrictamente académicos, han recaído en el profesor Azcárate, se haría interminable. Recordemos tan sólo que es miembro del Instituto de España en su calidad de Académico-Conservador de la Real de Bellas Artes de San Fernando; ha sido Decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Complutense de Madrid y lo es Honorario de la de Geografía e Historia de dicha Universidad, en la que ha desempeñado también el cargo de Vicerrector.

En posesión de condecoraciones españolas y extranjeras, ha recibido el Premio Nacional de Literatura, Medallas de Plata y Especial por los servicios rendidos a la Universidad Complutense y, este año, la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes.

Como ya adelanté, soy intencionadamente escueto en este capítulo desbordante de honores y distinciones, ya que correría grave riesgo, no sólo de herir la proverbial modestia del profesor Azcárate, sino de difuminar el talante y la personalidad de un gran maestro de la Universidad española, entregado íntegramente a una vocación para la que cualquier otra actividad profesional no pasa de mero complemento. A través de sus enseñanzas, multitud de universitarios han aprendido a ver arte, y manejo ahora ese infinitivo en su rica y honda acepción de leer, de descifrar la obra de arte como expresión del momento cultural en que fue concebida.

Según el propio Azcárate, "La obra de arte nos ofrece un testimonio de la tendencia natural del hombre hacia lo bello, relacionándose estrechamente con la cultura en que se inserta. El lenguaje formal de cada estilo y su proceso evolutivo, es el objeto fundamental de la atención en los estudios histórico-artísticos, como primer paso para adentrarnos en la comprensión de un período histórico, de una concepción del mundo, contribuyendo a la educación estética...". Ese es el mensaje que informa y fecunda la excepcional producción científica del profesor Azcárate y su singular labor docente.

Con la concesión de este doctorado honoris causa, a propuesta de quienes se beneficiaron de sus enseñanzas, la Universidad de Alicante quiere reconocer la deuda de gratitud que la comunidad universitaria española tiene contraída con el profesor Azcárate, por más de cuarenta años de alto e ininterrumpido magisterio.

Para finalizar, me viene a la memoria la ancestral fórmula con que una de las mas arraigadas y prestigiosas instituciones del antiguo reino de Valencia otorgaba sus mas preciados galardones, y que, en versión castellana, reza así: "Recordad que si mucho honor recibís, a más por ello os obligáis". Estimo, empero, que, para esta ocasión, bien pueden invertirse los términos, ya que, con la recepción del profesor Azcárate, obligada y enaltecida queda nuestra corporación universitaria.

Permítaseme, por último, como es uso y costumbre, la licencia de anticipar y desear al catedrático y académico José María de Azcárate la más cordial y gozosa de las bienvenidas al Claustro de esta Universidad de Alicante.
    

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Última actualització: 11-nov-1999 
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