ENTREVISTA AMB EL PROFESSOR RUSSELL P. SEBOLD
                   
María Rosa Mirasierras

Revista Campus

El hispanista Russell P. Sebold ha conseguido que el estudio de la Historia de la Literatura, tal como nosotros la concebíamos, haya entrado en crisis. Con sus investigaciones no sólo ha revolucionado la cronología del Romanticismo, cuya fecha de aparición data en la segunda mitad del siglo XVIII, sino que ha conseguido demostrar que el Neoclasicismo español no sólo tiene sus raíces en Francia. Es el Siglo de Oro y en nuestros propios clásicos, Garcilaso y Fray Luis de León, donde hay que volver la vista para encontrarnos con un nuevo concepto de lo neoclásico.

Pero además de estas aportaciones teóricas, el profesor Sebold ha conseguido algo tanto o más difícil, que sus alumnos de la Universidad de Pensilvania, (USA), queden fascinados con el movimiento romántico, tan desprestigiado no hace muchos años.

Algo fatigado con el ajetreo que ha supuesto su investidura como Doctor Honoris Causa por la Universidad de Alicante, con un dedo roto y enyesado por un mal paso en el aparcamiento, el profesor Sebold espera la hora del vuelo vía USA en el salón apacible y repleto de libros del profesor Guillermo Carnero, su anfitrión.

La amistad entre ambos ha fructificado en que los universitarios de Alicante –al igual que los de Pensilvania- estudien desde una nueva óptica la Literatura contemporánea, dentro de un enfoque global de lo que podría llamarse Historia de la Cultura en su más amplio sentido.

Porque los seguidores del profesor Sebold se benefician de la aportación que ha supuesto una nueva concepción metodológica en lo que concierne a la interpretación y periodización de la Literatura Española Contemporánea.

«A mí, de siempre, me ha interesado el aspecto estético de la Literatura y he enfocado mis investigaciones estudiando la mentalidad de la época, la filosofía, las artes plásticas, todo lo que me conduce a encontrar el espíritu de ese tiempo. Y prefiero, al estudiar las obras, guiarme por la propia autocrítica que se hicieron los autores y las semejanzas técnicas y estilísticas de las obras. En muchas piezas del último tercio del XVIII, aparecen cosas del XIX o último romanticismo. Esto me ha llevado a la conclusión de que todos los periodos literarios se entrecruzan. Puedes encontrar simultáneamente Barroco, Neoclasicismo y hay mucho Romanticismo al empezar el Realismo. Es decir, la comprensión histórica global de la literatura, algo que aprendí con Américo Castro, aunque en mis dos especialidades siempre he estado en desacuerdo con sus tesis».

Américo Castro me influyó en todo

Recordar a Américo Castro significa volver a la juventud del profesor, evocar esos primeros balbuceos en nuestra lengua, la posibilidad de leer en castellano y amar la creación literaria.

«Cuando era pequeño sentí vocación hacia la química, pero tuve la suerte de estudiar latín con quince años, y me gustó tanto cómo me lo enseñaba aquella profesora cubana, que la recuerdo siempre con un cuaderno en el bolsillo anotando frases en latín. Después visité Méjico y me interesé por el español, La profesora daba clases en esta lengua e insistía en que la hablásemos, y eso me fascinó. Así que también escribía frases en español en mi cuaderno, junto al latín. Definitivamente abandoné la química pensando que lo mejor era hacerme rico en Sudamérica, pero la primera clase de Comercio que dí resultó tan aburrida que comprendí que la Literatura era mi fin».

Y tuvo de nuevo la suerte de encontrar un magnífico profesor. Se doctoró en la Universidad de Princeton con Américo Castro, quien además de quitarle el acento mejicano le enseñó a reflexionar y ponerlo todo en tela de juicio.

«Si no se refiere usted a mis aportaciones sobre el XVIII y el Romanticismo, reconozco que Castro me influyó en todo. Recuerdo que en las vacaciones de Navidad tuve que acostarme tres días nada más llegar a casa, de lo duro de su disciplina. Su intención era destruir nuestra fe en todo lo que nos habían enseñado. Era muy enriquecedor, pero en mis dos propias especialidades estaba en desacuerdo con él, pues Castro pensaba que ni el Romanticismo ni el Neoclasicismo habían dado producciones artísticas. Él veía el estudio de estas épocas desde un punto de vista histórico y yo no comparto todas sus ideas sobre la Historia de España».

Los filósofos sensualistas se encuentran detrás del Romanticismo.

Recuerda el profesor que la primera clase en español que se dio en la Universidad de Pensilvania, donde él enseña en la actualidad, data de 1766 y comenta que en Estados Unidos no hay Universidad que no tenga departamento de español. En Pensilvania mil doscientos alumnos estudian nuestra lengua y los profesores son mitad norteamericanos y mitad españoles. La revista Anales de Literatura, editada en la Facultad de Filosofía y Letras de Alicante, es una de las más conocidas.«Se acentúa cada vez más el interés por la cultura española», dice el profesor y reconoce, casi con rubor, que su escritor preferido es Bécquer. «La verdad es que tengo muchos escritores preferidos, pero Bécquer y Espronceda son para mí los mejores. Me gusta mucho la novela Sancho Saldaña, de Espronceda, creo que es la mejor, muy superior a Walter Scott».

Desde Pensilvania, el doctor Sebold reivindica un nuevo concepto del clasicismo español y ya han sido reconocidas internacionalmente sus tesis sobre una nueva cronología del Romanticismo.

«Las ideas y técnicas de este estilo se formulan en el XVIII. En las librerías de viejo del Rastro y en la Cuesta Moyano, en Madrid, encuentras obras de menor relevancia del segundo romanticismo. Es falso que terminara con el Don Juan, de Zorrilla, pues la obra Baltasar, de Gertrudis de Avellaneda, es tan arrebatada como Don Juan. El Romanticismo podría prolongarse hasta 1880. Bécquer es un post-romántico y lo mismo se percibe en Piferrer».

Si le preguntas al profesor por los orígenes del Romanticismo te conduce a la lectura de su libro Trayectoria del Romanticismo, en el que estudia la influencia de los filósofos Locke y Condillac, ambos sensualistas.

«Surge en Inglaterra y luego en toda Europa a la vez por las mismas ideas filosóficas. El hombre se mueve en un panteísmo egocéntrico y el romántico siente un dolor especial por el que asocia sus penas a las del universo, de una forma puramente egoísta. Y eso le lleva a los grandes gestos emocionales. En 1794 Menéndez Valdés lo definió como Fastidio Universal, mientras que en Francia es el mal du siècle y en Alemania el Dolor cósmico».

Usted ha planteado un nuevo concepto de Neoclasicismo, español, y basado en nuestro XVI.

«Sí, no es cierto que el Neoclasicismo en España se basara en Francia, ni mucho menos. Garcilaso y Fray Luis de León son los dos puntos de mira de los escritores de la época y los elementos griegos y romanos se toman de autores españoles del XVI. En cuanto a las fechas, sin concretar, porque como ya he dicho todas las tendencias se prolongan, yo diría que empieza entre 1737 con Lizán y termina en los ensayos críticos de Alberto Lista en 1844. Esas corrientes influyen en Bécquer y dentro de esta larga tendencia que se une con él se encuadra el movimiento neoclásico».

Y Sebold se despide anunciando que sus teorías se verán reflejadas en breve en un nuevo libro que los estudiosos del tema esperan.
 

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Última actualització: 28-oct-1999 
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