Alicante, 14 de septiembre de 2004

XVIII CONGRESO NACIONAL DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE PEDIATRÍA EXTRAHOSPITALARIA Y ATENCIÓN PRIMARIA

Universidad de Alicante, del 16 al 19 de septiembre

DUÉRMETE NIÑO

A lo largo de las vacaciones la vida familiar se altera, se cambian las normas y rutinas y en muchas ocasiones nos dan “las tantas” en el chiringuito tomando horchata. Los niños viven este desbarajuste encantados, pero cuando se inicia el curso es muy difícil volver a encarrilar estos hábitos hacia la normalidad.

No siempre es ésta la causa de la aparición de los trastornos en el sueño que presentan los niños, pero sí una de ellas, como ejemplo de carencia de hábitos saludables y reglas del juego impuestas por los padres.

En el transcurso del Congreso Nacional de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria Y Atención Primaria, que tendrá lugar en la Universidad de Alicante del 16 al 19 de septiembre el doctor E. Estivill, autor del famoso libro “Duérmete Niño” y responsable de la Unidad del Sueño Estivill, del Instituto Universitario Dexeus de Barcelona, presentará una ponencia sobre alteraciones del sueño en asistencia primaria. En sus investigaciones ha detectado que esta patología afecta al 30 % de la población infantil y puede presentarse desde la lactancia hasta los 5 años. Los padres explican que el niño nunca ha dormido bien y que desde el primer día los despertares nocturnos han sido muy frecuentes. Hay ocasiones en que se estabilizan, pero reinciden, tras una enfermedad o cambio de hábitos o de localidad, ( por ejemplo unas vacaciones o pasar unos días en casa de los abuelos). Estos niños suelen interrumpir el sueño de 5 a 15 veces y les es imposible volver a conciliarlo de forma espontánea y sin ayuda. La frase “duérmete niño” no nos es ajena. Los trastornos del sueño son un motivo de preocupación, o incluso frustración, por parte de los padres, ya que muchas veces se sienten impotentes para afrontarlos y el papel de los pediatras es fundamental para aconsejar y asesorar. El doctor Estivill, comenta que además de los trastornos clásicos como son el sonambulismo y las pesadillas, el insomnio infantil por hábitos incorrectos puede tener difícil solución si no se consulta con el especialista.

Es importante la visita al médico por parte de ambos padres, ya que interactúan con el niño y es muy importante que el problema del sueño se enmarque dentro del ciclo de 24 horas , ya que es muy probable que las distintas actividades diurnas influyan de forma clara en el sueño. La patología mas frecuente es el insomnio infantil por hábitos incorrectos. Entre 6 meses y 5 años los niños que padecen estos trastornos presentan tanto dificultades para iniciar el sueño como alteraciones a lo largo del mismo, con despertares frecuentes en la noche. A veces las alteraciones son debidas a falta de rutinas o límites mal establecidos. En muchas ocasiones estos niños son totalmente normales, sin problemas psicológicos ni psiquiátricos, su única patología es que “ únicamente duermen mal”. Las familias que padecen esta situación saben de las exigencias de estos “noctámbulos tenaces”: piden que les canten, quieren agua, dormir con los padres, ver la tele.

El doctor Estivill sabe por experiencia que todo esto no conduce a ninguna solución y además la persistencia de esta alteración da lugar a un grave trastorno en la estructura del sueño. Son niños que no duermen las horas necesarias, no dejan actuar a la hormona del crecimiento que se segrega durante las primeras horas después de iniciado el sueño y causan graves problemas en la estructura familiar, porque crean conflictos y nervios.

Existen sincronizadores internos y externos, los primeros son poco modificables. Los externos son la luz solar, el ruido y el silencio, las horas de comer, acostarse y levantarse, los elementos externos asociados al sueño y sobre todo la actitud de los padres para enseñar un hábito correcto. El sincronizador externo mas modificable son las rutinas y hábitos de sueño.

Según el doctor, el niño aprende a asociar sincronizadores externos como son el ruido y la luz con vigilia y el silencio y la oscuridad con sueño. Un niño a los 6 o 7 meses debe ya tener bien establecido el ritmo de vigilia-sueño de 24 horas. Debe dormir durante la noche un promedio de 11 a 12 horas, iniciando su sueño entre las 20 y 21 horas y despertándose entre las 7 y las 9 de la mañana. Asimismo debe realizar tres siestas. Una después del desayuno, de una o dos horas, otra después de la comida del medio día, que puede ser de 2 a 3 horas y otra después de la merienda, de menor duración.

Ahora son los padres los que tienen que aprender a hacer dormir; es decir aprender a configurar hábitos mediante la repetida asociación de los mismos elementos externos y la actitud que transmiten los padres al enseñar el hábito. Por ejemplo, al comer lo asociamos con una serie de elementos como son el babero, la silla, un plato, una cuchara, un tenedor y repetimos esta asociación de elementos externos hasta que el niños adquiere seguridad y aprende a realizarla correctamente. Con el sueño se produce un mecanismo parecido, el niño debe aprender a iniciar el sueño solo, asociando el acto de dormir con unos elementos externos como son su cama, un osito de peluche, el chupete y los padres, cuya actitud debe infundir confianza y seguridad. Hay que comunicarles paz, tranquilidad, seguridad. Si se acostumbra a dormir al niño meciéndole en brazos, esto lo asociará con el sueño, y no su habitación y el entorno de ésta.

En definitiva, para dormir a un niño no debemos darle nada que después, una vez dormido, sea necesario retirar. El niño debe entrar en el sueño sin la presencia de sus padres, porque no deben asociar sueño con padres.

Para más información:

Dr. Antonio Redondo Romero. Presidente del Comité Organizador.

www.sepeap.es 
 

 
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