Alicante, 9 de noviembre de 2005

AFIRMAN DOS PROFESORES DE LA UA : "FALTA FORMACIÓN PARA UN USO SEGURO Y EFICAZ DE LA PLANTAS MEDICINALES"

La sociedad está redescubriendo las plantas medicinales. Tanto por una tendencia hacia la vuelta a lo natural como por sus virtudes contra algunas patologías, se trata de un tipo de consumo en auge. Sin embargo, no sólo el propio usuario de estos remedios, sino quienes las recomiendan o despachan desconocen a veces con precisión sus características y propiedades.

Dos profesores de la Universidad de Alicante, Josep Bernabeu, catedrático de Historia de la Ciencia, y Segundo Ríos, profesor de Botánica y secretario del Instituto de Investigación sobre la Biodiversidad CIBIO, destacan lo necesaria que conocer sus efectos y principios activos para un uso seguro y eficaz, es decir, tener una formación en fitoterapia. Herbolarios, parafarmacias y tiendas de dietética debe saber bien qué es lo que venden. Natural no es sinónimo de inocuo.

"Asistimos a una demanda creciente por parte de la población de plantas medicinales, entre otras cosas por la existencia de una apuesta creciente de la sociedad por lo natural. Las virtudes de las plantas medicinales tienen frecuentemente una corroboración científica y producen una actividad fisiológica real, pero en otros casos eso no es así, no tienen propiedades terapéuticas reales", destaca. Factores mágicos y religiosos rodeaban el uso de estas plantas y quien las dispensaba se ganaban la confianza del paciente con sus rituales; por ello, el conocimiento de la etnobotánica y la fitoterapia debe apoyarse tanto en la botánica como en la historia, la farmacologia y la patología.

"La sociedad, a lo largo de mileninos, ya ha hecho una selección del material vegetal útil. Ha practicado su uso, a veces de forma peligrosa porque algunos son venenos potenciales. Son estas plantas precisamente las que prefiere la industria farmacéutica moderna —destaca Segundo Ríos—. Las plantas de efecto suave, como el romero o el tomillo, tienen una actividad mucho más lenta".

En la provincia de Alicante hay una tradición importante en el uso de este tipo de plantas, algunas tan populares como el cantueso, el timó real o la pebrella, "pero por la mundialización del mercado se recurre a veces innecesariamente a productos fitoterapéuticos de otros paíises. Los propios establecimientos lo fomentan buscando un mayor margen comercial", señala Josep Bernabeu, y añade Segundo Ríos que "el exostismo mueve al consumidor. Así escoge con frecuencia el boldo chino en vez del romero mediterráneo, a pesar de que son similares; en cambio, los consumidores en China pagan por usar romero. Incluso los vendedores se les ponen nombres raros a plantas de siempre para que se vendan mejor. Y también las multinacionales apuestan por las especies tropicales",

"Dentro de cada expecie hay variaciones en su evolución —afirma—- Se producen quimiotipos, es decir, plantas de morfología igual pero con principios activos distintos. Estas variaciones suelen ser poco conocidas, pero es necesario que sean identificadas a la hora de cultivarlas y hacer de ellas un recurso sostenible. Hay que evitar, por ejemplo, que pase lo ocurrido con el ginseng, que ha desaparecido de China."

"Por la nuevas corrientes culturales —dice Josep Bernabéu— muchos médicos se plantean el uso de este recurso terapéutico. Son alternativas menos costosas pero aportan las mismas soluciones (por ejemplo, los derivados de la soja en ginecología como opción a las hormonas). La medicina lo plantea como una alternativa real para combatir el abuso en el consumo de medicamentos". En este sentido advierte de que los profesionales de la salud frecuentemente creen que son los únicos que están en el mercado y que un paciente consume sólo los remedios que les prescribe, pero a veces recurre a distintas asistencias. Además. muchas veces el paciente piensa que un planta medicinal, al ser natural, es compatible con todo lo que le receta el médico. "Las drogas naturales de los vegetales — añade segundo Ríos— tienen también sus efectos, y aunque su rango terapéutico sea distinto pueden interferir en algunos tratamientos, incluso ser peligrosas. También pueden producirse fraudes en la identificación de la droga. Cuando la farmacia derivó hacia la síntesis química las facultades universitarias perdieron la enseñanza de la botánica. Y la sustitución de una planta por otra puede ser peligrosa. Por ejemplo, la prohibición comercial fuera de las farmacias del anís estrellado radica en que se puede confundir con la la bariana, que es muy parecida para los no expertos, pero tiene efectos tóxicos. Asimismo, a veces un mismo nombre popular designa a plantas distintas en según las zonas, como ocurre con el árnica".

"No hay un control adecuado por parte de la administración —indica Josep Bernabeu— Cualquier persona puede montar una tienda de medicina alternativa y expender plantas medicinales a las que no se exige un registro sanitario. En otros países hay un control mucho más riguroso sobre el etiquetaje, mientras que bajo la etiqueta bio aquí se vende cualquier cosa. Existe un vacío legal muy preocupant".


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