8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer

Alicante, 29 de febrero de 2008

SE INAUGURA LA EXPOSICIÓN “ NO TIENE NOMBRE”

Con motivo de la celebración del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, la Universidad de Alicante presentará la Campaña LIC, "Lenguaje para la Igualdad en la Comunicación", diseñada por la prestigiosa artista Diana Raznovich y con textos de Elena Simón Rodríguez, lingüista y experta en igualdad de género.

En esta campaña, en la que el Centro de Estudios sobre la Mujer de la Universidad de Alicante está trabajando desde comienzos del presente curso académico 2007/08, se incide en la importancia del lenguaje como herramienta para la comunicación y transmisión de la cultura, favoreciendo el uso del lenguaje no sexista como instrumento fundamental para alcanzar una situación de igualdad real y efectiva entre mujeres y hombres, más acorde con la nueva realidad social y legal en la que nos encontramos.

La Campaña LIC, diseñada en clave de humor y dirigida no solo al alumnado sino también al personal administrativo y docente y a cualquier público en general, constará de diversos materiales de difusión, como carteles, marcadores de libros y carpetas informativas donde se sugiere la utilización de un lenguaje que visualice a las mujeres. A todos estos materiales, de un gran atractivo por su impacto visual y que suscitan una reflexión sobre las situaciones de desigualdad de género pasadas y actuales, se añade una exposición de 30 viñetas realizadas expresamente para la ocasión por Diana Raznovich. Dicha exposición titulada “¡No tiene nombre!”, se inaugurará en el acto de la presentación de la citada campaña.

La presentación de la Campaña LIC, /Lenguaje para //la Igualdad// en //la Comunicación/, y la inauguración de la exposición que la acompaña, tendrá lugar el día 3 de marzo a las 12:00 horas, en la Sala Aifos, Facultad de Filosofía y Letras, edificio 18, de la Universidad de Alicante.

UNA BREVE INFORMACIÓN SOBRE LA CAMPAÑA LIC

La mayoría de mujeres de los países democráticos, donde se les reconoce la ciudadanía, han variado enormemente sus vidas respecto a sus abuelas. Han pasado de la privación al reconocimiento de sus derechos. Y esto, que es uno de los mayores cambios, se ha producido casi sin sentir, como si fuera natural, como si ello no tuviera que comportar ningún otro cambio, como si no influyera en la vida social, silenciosamente.

Este silencio proviene en gran parte del lenguaje, que no se ha adaptado a estas novedades. El lenguaje varía constantemente, en cuanto varían las costumbres, las modas, los aparatos, los oficios, profesiones y actividades humanas, pues el lenguaje tiene que nombrar lo que existe y va existiendo, para que nuestra comunicación sea adecuada.

Las mujeres no pueden seguir sin ser nombradas, siendo despreciadas o utilizadas como insulto para los varones, silenciadas o sin lugar en este mundo. El lenguaje, el pensamiento y las emociones son indisociables y son estos precisamente los tres atributos que distinguen a los seres humanos de los animales.

Pero el lenguaje se adquiere en la más tierna infancia y cuesta de cambiar lo aprendido, esto es cierto. Lo mismo que nos cuesta cambiar los enseres cuando nos mudamos, aprender una jerga científica, técnicas innovadoras o códigos diferentes de comportamiento en otro grupo familiar o lugar distinto al nuestro, por ejemplo.

¿Quizás por ello nos oponemos tanto a adaptar nuestras palabras y formas de expresión a la realidad actual de Igualdad entre mujeres y hombres? Pues si es así es que deseamos permanecer usando una lengua que sirvió en tiempos de discriminación, apartamiento, prohibiciones, privaciones y negación de la ciudadanía, de la educación y de los cargos y oficios para las mujeres.

Las mujeres y lo femenino tienen que tener su espacio justo y equitativo en el lenguaje. Son la mitad del mundo, no un simple colectivo o grupo social. La mitad del mundo con todas sus diferencias y toda su diversidad. La mitad del mundo a las que el lenguaje, -casi todos los idiomas que conocemos- les causan agravios comparativos: no las nombran, las obligan a traducirse en lo masculino, desprecian su cuerpo sexuado y las funciones de la maternidad e insultan a los hombres con ello.

Bueno, pues en nuestras manos está comunicarnos con un lenguaje para la Igualdad que vaya definitivamente desterrando el sexismo, el machismo y la misoginia. Ah! Y sobre todo, el androcentrismo: “visión del mundo y de las relaciones sociales centrada en el punto de vista masculino”, según el D.R.A.E.

Así nos pondremos al día. No podemos seguir usando la lengua de manera desigual y discriminatoria cuando vivimos en una cultura que ha adoptado la Igualdad como principio y objetivo.





















 
















































 



































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