Alicante, 15 de julio de 2008

Identificados más de 200 compuestos potencialmente peligrosos

UN ESTUDIO DE LA UNIVERSIDAD DE ALICANTE DEMUESTRA LOS RIESGOS DE TOXICIDAD EN LA QUEMA INCONTROLADA DE PLÁSTICOS

El tratamiento de residuos es uno de los retos de la sociedad industrial y todos conocemos los riesgos que se producen en la quema de residuos sin control. Bajo esta premisa, el "Instituto Universitario de Procesos Químicos de la Universidad de Alicante" acaba de concluir una investigación en sus laboratorios que pone de manifiesto que, además del peligro de incendio, está el de nuestra salud. El estudio realizado por el doctor Ignacio Aracil aporta la identificación exhaustiva de más de 200 compuestos potencialmente tóxicos generados a partir de una incineración incontrolada de plásticos comunes y expone nuevos datos que pueden contribuir a reducir el impacto ambiental en la eliminación de estos materiales.

“Si bien es importante tener en cuenta que el trabajo se ha realizado a escala de laboratorio, nos ha servido para conocer mejor el comportamiento de algunos de los plásticos más importantes cuando se queman y nos abre la puerta para encontrar medidas correctoras”. El profesor del Departamento de Ingeniería Química acaba de presentar su tesis “_Formación de contaminantes y estudio cinético en la pirólisis y combustión de plásticos (PE, PVC y PCP)_”, como parte de los proyectos desarrollados por el grupo de Residuos, Pirólisis y Combustión que dirige Rafael Font. En la gestión de residuos es conocida la regla de las Tres Erres –reducir, reutilizar y recuperar-, y esto incluye lógicamente a uno de los materiales más abundantes en nuestro entorno: los plásticos, explica el investigador.

La investigación se ha realizado con tres de los plásticos más comunes como son el polietileno, el PVC y el neopreno (policloropreno). El primero lo podemos encontrar en artículos como las bolsas de plástico, envases para detergentes o champús; el PVC, en tuberías, recubrimiento de cables o marcos de ventanas y el neopreno, en mangueras o trajes de buceo. Además, los dos últimos tienen cloro en su composición y durante su tratamiento térmico se pueden formar dioxinas, uno de los grupos de compuestos más tóxicos.

El estudio se ha desarrollado bajo una premisa: “Ponernos en las peores condiciones posibles”. Así, cada uno de los plásticos se ha sometido a una serie de temperaturas entre 500 y 1000ºC tanto en ausencia como en presencia de oxígeno (pirólisis y combustión, respectivamente) y se ha observado que a temperaturas altas -1000ºC- y con suficiente cantidad de oxígeno apenas se generan compuestos tóxicos, explica Ignacio Aracil. Sin embargo, encontramos un panorama distinto cuando las concentraciones de oxígeno no son las correctas, ya que algunos compuestos – como el benceno, que es cancerígeno- se presentan en mayores cantidades.

En la combustión de residuos se genera principalmente dióxido de carbono y agua, pero también se emiten en pequeñas concentraciones gases ácidos, cenizas, metales pesados y compuestos orgánicos tóxicos en algunos casos. En las instalaciones de incineración actuales los sistemas de depuración de gases –con lavadores, filtros, etc.– han de asegurar que el nivel de emisiones a la atmósfera se encuentre por debajo de lo que marca la legislación.

El investigador alicantino ha apuntado que las pruebas del laboratorio pretendían simular unas condiciones poco eficientes de combustión. “Nuestro objetivo era contribuir a la detección del mayor número posible de compuestos emitidos en condiciones de una mala combustión, para de este modo caracterizar en profundidad qué sucede cuando una instalación no está funcionando correctamente”.

Aracil ha recalcado: “Las conclusiones obtenidas en el laboratorio no son necesariamente de aplicación industrial directa, porque en una instalación de incineración hay que considerar muchos otros factores como la mezcla o el grado de suciedad de los materiales, el contacto entre los compuestos y el aire, etc., pero nos aportan nuevas claves sobre lo que sucede cuando el proceso no se realiza de forma correcta”.

La incineración es uno de los sistemas de tratamiento de residuos sólidos urbanos e industriales más utilizados. Este método consiste en la quema o combustión de residuos de una forma controlada y eficaz, y ofrece ventajas como la posibilidad de un tratamiento conjunto de residuos muy variados, la reducción en volumen de los mismos y la recuperación de energía, si bien presenta problemas como la posible generación de compuestos tóxicos.

Hay que tener en cuenta que, en el tratamiento de residuos, el reciclado mecánico no siempre es la opción más ventajosa en términos medioambientales y económicos. Otros tratamientos como el aprovechamiento energético de los residuos o el reciclado químico pueden ser, en muchas ocasiones, incluso más beneficiosos. Un ejemplo del segundo caso sería la pirólisis: por ejemplo, a partir de bolsas de plástico de las utilizadas en un supermercado se puede obtener etileno y otros gases y líquidos al exponerlas a temperaturas altas en ausencia de oxígeno, y estos compuestos pueden servir posteriormente de base para la obtención de multitud de productos químicos.

En España, el Real Decreto 653/2003, de 30 de mayo, sobre incineración de residuos incorporó las directrices europeas (Directiva 2000/76/CE, de 4 de diciembre de 2000) que tienen como finalidad limitar al máximo los efectos ambientales de las actividades de incineración y coincineración de residuos.




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