Alicante, 14 de marzo de 2002 

EL MUSEO DE LA UNIVERSIDAD DE ALICANTE INAUGURA MAÑANA , DIA 15, LA EXPOSICIÓN  ‘CORREDORES DE LUZ’ DE MAYTE VIETA 

La Sala 365 del Museo de la Universidad de Alicante (MUA) albergará del 15 de marzo al 12 de mayo de 2002 la muestra Corredores de Luz de la artista catalana Mayte Vieta (Blanes, 1971). La exposición integra diez instalaciones: Silencio (1999-2000), Vértigo (2002), A ciegas (2001-2002), El cuerpo enjaulado (2000), Tarde de encuentro (2002), Corredores de luz (2002), Latente (2001), El columpio (2000), Los miradores. A través de las paredes (1992) y Animales del tiempo (2002). La muestra, comisariada por los Técnicos de Arte del MUA José Luis Martínez Meseguer y Aramis López, se podrá visitar de lunes a viernes de 10.00 a 20.00 horas y los sábados de 10.00 a 14.00 horas. 

Corredores de luz engloba en un único espacio gran parte del trabajo conceptual que ha realizado Mayte Vieta a lo largo de su trayectoria profesional. Las instalaciones que ofrece la muestra son una interesante combinación de fotografía y piezas escultóricas de intenso simbolismo, que transmiten mensajes íntimos de gran fuerza emocional. En lo estrictamente fotográfico existe una tendencia a fusionar imágenes y a buscar el movimiento a través de la luz, creando imágenes tridimensionales con la intención de introducir al que mira. “Pienso que mis esculturas y fotografías dialogan en el espacio expositivo, se entremezclan apoyándose unas a otras para crear una atmósfera”, afirma Vieta. 

La mirada tiene un gran peso en la obra de esta artista. Son frecuentes las lentes, los miradores, los espejos y las superficies reflectantes, pues “los espejos provocan el movimiento, deforman, alteran el espacio embriagando al espectador con su propio reflejo”. Y en este juego entre realidad y ficción, la luz tiene un papel relevante, ya que “dibuja todo lo que nos rodea, crea vida. Por eso la gran mayoría de mis fotografías están retroiluminadas con luz natural o artificial”. 

La soledad, el mar, el cuerpo Corredores de luz se abre al espectador con la instalación Silencio, una serie fotográfica donde el cuerpo desnudo de la artista flota bajo el mar, en un equilibrio espacial donde los puntos cardinales no existen, donde se ha perdido toda referencia. Estas fotografías se realizaron con luz natural bajo el mar, y el deseo de Vieta consistió en que la luz fuese tan cambiante como el tiempo, y que las fotografías, una vez expuestas, mutasen con las diversas iluminaciones a lo largo del día. En Silencio, el cuerpo desnudo ha sido despojado, es frágil, ambiguo y transmite el miedo al propio dolor, el miedo a amar o ser amado. 

En Vértigo, instalación realizada ex profeso para el MUA, Mayte Vieta muestra en una visión frontal fotografías desdobladas, en un intento por desorientar y hacer desaparecer la contemplación convencional de la fotografía, duplicando el cuerpo que parece bailar en un fondo ondulante, en una eterna caída. A diferencia de Silencio, la mujer que aparece en las imágenes “es más dramática”, y por eso está vestida, “porque la quería mostrar atrapada, chocando contra ella misma, contra su doble”. 

Tanto en estas instalaciones como en las fotografías Tarde de encuentro, Latente, Mar de hielo, Mar de estacas y El mar pletórico de estrellas, el océano es una constante en el trabajo de Vieta. Para ella, recuerdos, experiencias, sentimientos derivan y se entremezclan con su paisaje cotidiano, formando un todo indivisible. 

A ciegas es una mirada melancólica donde un onírico campo de margaritas y el cuerpo desnudo de una mujer evocan la fugacidad de la vida y la soledad. 

El cuerpo enjaulado 

En Tarde de encuentro se percibe un canto a la esperanza, un resurgir espiritual directo y contemplativo, que ha superado la melancolía transmutándose en una mirada madura. Son paisajes marinos, a la manera de Friedrich: el océano en calma es iluminado por una luz mística, crepuscular, de misteriosa belleza. 

Proyectando un sueño 

En Corredores de luz, instalación que da título a la muestra, Mayte Vieta captura en sus fotografías la atmósfera con el viento y los colores del paisaje. El otoño, el crepúsculo y los rojos del atardecer configuran composiciones pictóricas, intemporales, retazos de paisajes descontextualizados que pueden pertenecer a lugares radicados en cualquier parte. 

En Latente, Mayte Vieta continúa capturando fragmentos de paisajes, a la manera de los paisajes del alma de Valle-Inclán. En esta ocasión, un mar de hielo es metáfora del infinito y del eterno círculo de la vida: el hielo, tan frágil y duro como la existencia, que se deshace y vuelve a resurgir en una cadena sin término. 

El Columpio es una instalación que habla de la niñez perdida. Se exhiben los columpios originales con los que jugaban Mayte Vieta y sus dos hermanas. En ellos se puede observar la incidencia del paso del tiempo que se refleja en el deterioro del asiento de madera. Una raíz de bronce ubicada en el columpio evoca la decadencia del cuerpo que, paulatinamente,  va envejeciendo y retorciéndose. 

La presencia del instante 

La instalación Los miradores. A través de las paredes, está conformada por una habitación hermética de hierro en la que se han habilitado cuatro lentes a través de las que se pueden contemplar imágenes claustrofóbicas. 

La parte final de la muestra viene constituida por la instalación Animales del tiempo, donde un árbol seco colgado boca abajo del techo es hogar para 200 gorriones de resina paralizados en su vuelo, que también están distribuidos por el espacio circundante. Para conseguir una intensa  dramatización se ha incluido una secuencia sonora circular que integra el trino de los pájaros, el inicio y apogeo de una tormenta y, de nuevo, el canto de las aves, simbolizando el ciclo de calma y angustia del desarrollo existencial. Para Mayte Vieta esta instalación es una alegoría “del ser humano como esclavo del tiempo”. 

 
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