La ciudad hispano-romana de Segobriga. Historia y arqueología
 Página de la dirección científica de las excavaciones arqueológicas en Segobriga
Juan Manuel Abascal - Martín Almagro-Gorbea - Rosario Cebrián


   Página personal de Juan Manuel Abascal          Contacto:   juan.abascal@ua.es

   Biblioteca digital de Segobriga
        Segobriga (Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes)
           Segobriga (Patrimonio Histórico de Castilla-La Mancha)
Guía de Segobriga
Vista general de Segobriga 


    Publicaciones                                          Serie Minor


1
J.M. Abascal - M. Almagro-Gorbea - R. Cebrián - I. Hortelano, Segobriga 2007. Resumen de las intervenciones arqueológicas. Cuenca 2008
2
M. TrunkLos capiteles del foro de Segobriga. Evaluación tipológica y estilística.  Cuenca 2008
3
R. Cebrián (ed.), Preactas de la VI Reunión de Escultura romana en Hispania. Cuenca 2008

4
J.M. Abascal - M. Almagro-Gorbea - R. Cebrián - I. Hortelano,  Segobriga 2008. Resumen de las intervenciones arqueológicas. Cuenca 2009

5
J. Ruiz de Arbulo - R. Cebrián - I. Hortelano, El circo romano de Segobriga (Saelices, Cuenca). Arquitectura, estratigrafía y función. Cuenca 2009

6
J.M. Abascal - A. Alberola - R. Cebrián - I. Hortelano,  Segobriga 2009. Resumen de las intervenciones arqueológicas. Cuenca 2010

   Serie Maior

J.M. Abascal - A. Alberola - R. Cebrián
Segobriga IV. Hallazgos monetarios
Madrid - Cuenca 2008
                                                                                                                                         

   Fuera de colección


J.M. Abascal - R. Cebrián - I. Hortelano - D. Sanfeliú - A. Alberola,
Museo Virtual de Segobriga. 5000 imágenes de piezas recuperadas en las excavaciones de la ciudad, Cuenca 2009. (CD)




La ciudad romana de Segobriga

    La nueva etapa de excavaciones en Segobriga, que se inició en 1995 con el proyecto de convertir el lugar en Parque Arqueológico, ha cumplido quince años en la campaña de 2010  (1). El trabajo, que comenzó en las termas monumentales flavias situadas en la parte superior del cerro de Cabeza del Griego, fue discurriendo progresivamente hacia el edificio flavio contiguo (2), alcanzando más tarde al espacio forense y sus aledaños, que hace algunos años fueron abiertos al público al tiempo que se daban a conocer los principales resultados de las excavaciones (3). Concluida esta etapa volvimos nuestros ojos a la parte baja del enclave, donde en el año 2004 comenzaron los trabajos en el circo de la ciudad y en 2006 se reexcavó la llamada tradicionalmente basílica visigoda de Segobriga (4), cercana al actual Centro de Interpretación del Parque Arqueológico (5). Lejos estábamos de imaginar que el estado de conservación de esta zona llana, sometida tradicionalmente al desgaste de la actividad agraria de siglos, fuera tan sorprendente como han revelado las excavaciones. Después de cinco campañas en el área del circo ahora sabemos, como ya se ha dicho en algunas ocasiones (6), que el edificio de espectáculos amortizó una gran necrópolis altoimperial con una extraordinaria riqueza epigráfica y que, a su vez, el espacio de ese edificio fue reocupado por sucesivas construcciones que alcanzan la época medieval, como se ha visto en la campaña de 2008.

    Aunque una gran parte de los resultados de estos años han sido dados a conocer ya, nos ha parecido oportuno realizar aquí un breve balance de nuestros conocimientos sobre la antigua ciudad romana tras esta etapa tan intensa de excavaciones y reordenar de esa manera una parte del caudal bibliográfico producido hasta la fecha por el equipo de excavación.

    En primer lugar hay que señalar que los hallazgos epigráficos de este período han dejado resuelta la vieja cuestión de la toponimia y de la ubicación de Segobriga, que tanto dio de sí en la literatura científica de los siglos XVIII y XIX. Cabeza del Griego fue el solar de la antigua Segobriga y hoy se puede mostrar con rotundidad por las evidencias epigráficas descubiertas en el foro, principalmente por el pedestal ecuestre dedicado a M. Porcius, secretario personal del emperador Augusto que recibió hacia 15-13 a.C. el homenaje de la ciudad y por el monumento dedicado por un magister Larum Augustorum Segobrigensium (7).

    Una segunda cuestión resuelta en esta etapa ha sido la de la fecha de promoción jurídica de la ciudad peregrina y su conversión en municipio latino. En el libro III de la Naturalis Historia, Plinio incluyó a Segobriga entre las ciudades peregrinas del conventus Carthaginiensis (8); su posterior existencia municipal hacía imaginar que se había beneficiado de una promoción augustea –como supuso en su día Alföldy (9)– pero carecíamos de una prueba concluyente de ello, prueba que apareció en un pedestal del foro con datación consular del año 15 a.C. en el que ya figura un decreto de los decuriones que administraban el nuevo municipio (10).

    Antes incluso de alcanzar ese rango, ya en los años centrales del siglo I a.C., la ciudad comenzó a acuñar sus propias monedas (11) y entre los años 50 y 27 a.C., los segobrigenses enviaron una legación a Roma con el fin de rendir homenaje a L. Livius Ocella, el abuelo del futuro emperador Galba, en su condición de quaestor provinciae Hispaniae citerioris y patrono de los segobrigenses (12); L. Livius Ocella sólo es el más antiguo de los patronos segobrigenses conocidos, en una lista que llega hasta el gobierno del emperador Claudio con la siguiente composición:

1. 50-27 a.C.: L. Livius L. f. Ocella.

2. ca. 15 a.C.: M. Porcius M. f. Pup., Caesaris Augusti scriba.

3. ca. 1 a.C. - 9 d.C.: C. Calvisius Sabinus, leg(atus) pro pr(aetore), cos 4 a.C.

4. ca. 27-48/49 d.C.: M. Licinius Crassus Frugi, cos 27 d.C.

    Al menos durante los reinados de Augusto y Tiberio, Segobriga tuvo patronos senatoriales que, en algún caso, estuvieron directamente ligados al monarca; esto explicaría también que en la titulatura de las acuñaciones tiberianas de la ciudad se haga referencia incluso a la aclamación imperial del emperador, un dato que sólo la cercanía a los círculos de la corte permitiría conocer con tanta exactitud.

    La construcción del foro poco antes del año 15 a.C. dotó a la ciudad de una infraestructura urbana, complementaria a otras situadas tras el teatro (13), acorde con la romanidad del nuevo núcleo y este lugar se convirtió en el escenario de las prácticas de autorepresentación mediante pedestales con estatua de sus élites. Durante más de dos siglos, al menos hasta la primera mitad del siglo III, en este lugar se fueron colocando decenas de esos pedestales dedicados a los miembros del orden decurional local, a algunos magistrados e incluso a algunos monarcas. En el pórtico meridional del foro, un altar consagrado a Augusto antes del año 14 d.C. pregonaba la lealtad de los segobrigenses al monarca que les había concedido su estatuto municipal. En el centro de la plaza, una inscripción con letras de bronce pagada por un tal [--- Proc]ulus Spantamicus –seguramente un indígena carente de ciudadanía– mostraba la existencia de un mecenazgo cívico que había de ser fundamental en el desarrollo urbano de la ciudad (14).

    Los numerosos hallazgos epigráficos (15) han elevado la serie segobrigense en estos años a algo más de 700 testimonios, una de las cifras más altas de las ciudades de Hispania y sólo superada por las tres capitales de las provincias romanas. Gracias a ello, han aumentado proporcionalmente los testimonios de magistrados urbanos –los IIIIviri segobrigenses– y los testimonios de sacerdotes del culto imperial local, que son ahora tres flamines y algunos seviri augustales, a los que hay que sumar los cinco flamines y flaminicae provinciales de la Hispania citerior que fueron originarios de Segobriga (16).

    En ese ámbito de la religión urbana disponemos ahora de un registro de testimonios muy elevado en el que se unen divinidades de carácter indígenas con otras puramente romanas, casi siempre presentes en altares de carácter doméstico o semi-doméstico (17). A ellos hay que unir un elevado número de pequeños altarcillos sin inscripción grabada que, probablemente, sólo tuvieron un texto pintado en su superficie y que hoy ha desaparecido. A este grupo de inscripciones votivas hay que unir el fantástico conjunto rupestre del lucus Dianae (18), una vieja cantera que al terminar su explotación fue reaprovechada como santuario rupestre a Diana y donde se combinan las inscripciones con las escenas en relieve, todo desgraciadamente muy mal conservado.

    La composición de la sociedad segobrigense de comienzos del Principado muestra una coexistencia de población indígena, inmigrantes de otras regiones e incluso orientales y ciudadanos romanos. Esta composición, que también se traslada a la religión, incluye un buen número de estructuras sociales indígenas, las llamadas organizaciones suprafamiliares.

    Tras los primeros compases de la urbanización augustea, una parte sustancial del colectivo indígena pasó a ocuparse de tareas artesanales, como lo demuestra la serie de tégulas y ladrillos marcados que han sido recuperados en las excavaciones, que en todos los casos contienen onomástica indígena (19). Por extensión, debemos suponer que también la abundante serie de antefijas (20) debió salir de talleres sostenidos por estos mismos colectivos.

    Los centros de producción de este tipo de piezas debieron situarse fuera de la ciudad si tenemos en cuenta la necesaria presencia de hornos y lo que sobre su ubicación sabemos por la ley de Urso. No lejos debieron estar los talleres de bronces o terra sigillata, de la que Segobriga fue centro productor como muestran los fragmentos de moldes recuperados (21). Los talleres de otras actividades no tan molestas, como el trabajo de hueso o el grabado de entalles (22), pudieron estar situadas en pequeños talleres cercanos a los espacios públicos, aunque hoy no hay evidencia de ello.

    Dentro de la ciudad sigue sin haber evidencia de construcciones privadas contemporáneas del momento de apogeo del núcleo. La única vivienda documentada antes del siglo IV es la que se viene atribuyendo al procurador imperial C. Iulius Silvanus (23) en razón del hallazgo en sus inmediaciones de un altar dedicado por este personaje a Zeus Theos Megistos (24). La vivienda estuvo ricamente decorada pero nada en su proceso de excavación permite fecharla antes de finales del siglo II y, en todo caso, sería por ahora el único testimonio de arquitectura privada dentro del recinto.

    Los monumentos públicos situados fuera de la muralla de Segobriga y la propia fortificación han sido objeto de un buen número de estudios en las últimas décadas. Tras las excavaciones de 1999 sabemos que el teatro (25) fue construido cerca de una puerta oriental de acceso al núcleo urbano, reforzada con un torreón octogonal, que quedó materialmente oculta y sólo accesible por una via tecta que circulaba tras el graderío; esa obra concluyó a finales del gobierno de Vespasiano como prueban los hallazgos realizados durante las excavaciones de M. Almagro Basch y las inscripciones recuperadas. De aquí procede además un importante conjunto escultórico (26) que decoraba la escena y que fue reaprovechado en época tardía para formar parte de los muros de algunas construcciones que reocuparon el lugar. La misma cronología hay que asignar al anfiteatro, que se debe considerar parte de un mismo proyecto para dotar a la ciudad de edificios de espectáculos aprovechando la topografía del emplazamiento (27).

    La muralla hoy visible, que pasa tras el teatro y el anfiteatro y en la que se abre el acceso principal al centro urbano, fue realizada al propio tiempo que el foro, es decir, poco antes del año 15 a.C., pues comparte con este recinto el sistema de drenaje, que pasa bajo los cimientos de la puerta septentrional del perímetro (28). Al oriente se prolonga por detrás del teatro hacia la puerta oriental y torreón octogonal, continuando por unos centenares de metros alrededor del cerro de Cabeza del Griego hasta la vertical del cauce del Gigüela, en donde la difícil orografía hizo sustituir este elemento delimitador por la roca natural; en sentido contrario, desde la puerta norte la muralla bordea el cerro por una curva de nivel homogénea y en una zona de pendientes suaves, dejando al sur de la ciudad algunas poternas secundarias.

    Uno de los conjuntos más interesantes de los hallazgos en el casco urbano de Segobriga y en las necrópolis inmediatas es el escultórico. M. Almagro Basch, a quien Segobriga debe en gran medida lo que es hoy (29), dio a conocer un buen número de estas piezas (30), al que se han sumado en los últimos años los hallazgos en el foro y la basílica forense (31) y los vistosos hallazgos de las necrópolis romanas de la ciudad (32).

    Esas necrópolis vienen siendo excavadas desde hace varias décadas y su situación permite avanzar ya una organización del espacio funerario alrededor de la ciudad que dimos a conocer en el anterior informe de excavaciones (33). Por lo que se refiere a los espacios de comienzos del Principado, al recinto de incineración existente en la parte nororiental en época julio-claudia (34) se ha sumado en los últimos años la gran necrópolis septentrional ubicada bajo el circo, que se ha terminado de excavar en la campaña de 2008 y de la que procede una rica colección de estelas en la que destaca la de Iucunda con su texto métrico (35). Al oriente de este espacio existe una amplia necrópolis tardorromana (36) que antecede físicamente a la visigoda (37), separada del caso urbano por un conjunto de enterramientos de época islámica.

    El nombre de Cabeza del Griego que tiene el cerro en que se asienta Segobriga es uno de los topónimos más antiguos de esta zona de la provincia de Cuenca. Aparece por primera vez en el Tumbo de Castilla de la Orden de Santiago, donde una escritura pública de octubre de 1228 habla ya de "María Pérez, mujer que fue de Don Martín, de la Cabeza del Griego", que entregó a la Orden de Santiago el Molino de Medina y sus tierras adyacentes, figurando como testigo de la donación "todo el concejo de Cabeza del Griego" (38). Es decir, es esa fecha pasó a ser propiedad de los caballeros de Santiago no sólo el Cerro de Cabeza del Griego sino también todos los alrededores, formándose así la gran encomienda de Villalba que la Orden tenía cerca de su casa central de Uclés, donde se asentó en 1177.

    Siendo importante la antigüedad del topónimo Cabeza del Griego, lo verdaderamente llamativo del documento citado es que prueba que sobre el cerro hubo en la Edad Media una población nacida de la repoblación de estas tierras tras la ocupación árabe, con suficiente entidad como para tener su propio concejo u organismo de administración. Tuvo una pequeña iglesia, probablemente de estilo románico, cuyo emplazamiento no fue el de la actual ermita, sino una de las salas de las antiguas termas romanas, cuyo ábside semicircular servía bien para convertirlo en capilla con pocas modificaciones.

    Alrededor de esta iglesia se distribuyeron las tumbas de los habitantes de Cabeza del Griego, cuyo reducido número indica que el número de pobladores no era elevado. Estos enterramientos ocuparon el resto de las salas de las termas en que se encontraba la ermita, ya arruinadas en esa época y de las que sólo subsistían algunas de sus paredes, así como los espacios contiguos. La instalación de la iglesia sobre una habitación de las termas hizo que las paredes de esta sala resistieran mejor el paso del tiempo y que su ábside haya llegado hasta nosotros en aceptable estado.

    En las faldas del monte los nuevos habitantes de este pequeño pueblo construyeron viviendas y alquerías, de forma que en pocas décadas el solar de la antigua ciudad romana se vio ocupado de nuevo por agricultores que cultivaban las tierras circundantes y que encerraban en improvisados apriscos sus ganados. Sin saberlo, aquellas gentes habían dado de nuevo vida a una ciudad anterior que había sido un modelo urbano para toda la región en época romana. Ahora sus ganados reposaban sobre el antiguo foro, que aún tendría que esperar varios siglos a dos metros de profundidad para ser descubierto; las cocinas de sus viviendas calentaban un suelo bajo el que yacían las estatuas de emperadores romanos, en medio de una sala donde trece siglos antes se oía el bullicio de compradores y vendedores de los productos de las minas de Segobriga; incluso el viejo templo de época flavia tenía ahora sobre sí una desmadejada construcción.

    Cabeza del Griego, como pueblo, debió subsistir sólo un par de siglos. El 25 de agosto del año 1500, los visitadores de la Orden de Santiago llegados al lugar indicaron que aquí sólo quedaba un despoblado llamado "Cabeza Griega" y que lo único que subsistía en pie era la antigua iglesia medieval, "de cal y canto, antiquísima" (39), impresión que repiten en varias visitas posteriores y especialmente en la de 1515, cuando certifican que ya no queda ninguna construcción en pie excepto la vieja ermita medieval (40).

    Con estas evidencias en la mano hay que pensar que, al menos desde 1177, el Cerro de Cabeza del Griego estuviera ocupado por una aldea de repoblación que subsistió unos tres siglos. A esa idea apunta esa donación de 1228, en la que la zona aparece plenamente cultivada y asignada, mientras que el límite temporal lo sitúan sin dificultad los libros de visita de la Orden de Santiago al lugar. Si trasladamos esas evidencias documentadas al terreno, las excavaciones en Segobriga han puesto de manifiesto la ocupación prolongada del lugar en época islámica (41) y el mantenimiento de la misma en siglos posteriores, es decir, con una continuidad poblacional desigual que alcanza el final de la Edad Media.


Notas

[1] Las excavaciones en Segobriga forman parte del programa financiado por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y el Servicio de Empleo de Castilla-La Mancha (SEPECAM) bajo la dirección de Juan Manuel Abascal, Martín Almagro-Gorbea y Rosario Cebrián. El progreso de los trabajos puede seguirse en las tres crónicas generales publicadas hasta la fecha: J.M. Abascal – M. Almagro-Gorbea – R. Cebrián, Madrider Mitteilungen 43, 2002, 123-161; eid., en Investigaciones arqueológicas en Castilla-La Mancha (1996-2002), Toledo 2004, 201-214; eid., en Arqueología de Castilla-La Mancha. Actas de las I Jornadas (Cuenca 13-17 de diciembre de 2005), Cuenca 2007, 385-397. Cf. además, de los mismos autores: Segobriga: caput Celtiberiae and Latin municipium, en L. Abad – S. Keay – S.F. Ramallo (eds.), Early Roman Towns in Hispania Tarraconensis (Journal of Roman Archaeology Supplementary Series, 62), Portsmouth, Rhode Island, 2006,  184-196; Ein augusteisches municipium und seine einheimische Elite: die Monumentalisierung Segobrigas, en S. Panzram (ed.), Städte im Wandel. Bauliche Inszenierung und literarische Stilisierung lokaler Eliten auf der Iberischen Halbinsel, Hamburgo 2007, 59-78. En último término: M. Trunk, Augustus aus der Sicht der Iberischen Halbinsel, en D. Kreikenbom – K.U. Mahler – P. Schollmeyer – Th.-M. Weber (eds.), Augustus. Der Blick von außen. Die Wahrnehmung des Kaisers in den Provinzen des Reiches und in den Nachbarstaaten. Akten der internationalen Tagung an der Johannes Gutenberg-Universität Mainz vom 12. bis 14. Oktober 2006, Wiesbaden, Harrassowitz Verlag, 2008, 121-140.

[2] R. Cebrián – D. Sanfeliú, Lucentum 19-20, 2000-2001 [2002],  209-213.

[3] J.M. AbascalR. Cebrián – M. Trunk, en S.F. Ramallo (ed.), La decoración arquitectónica en las ciudades romanas de Occidente. Actas del Congreso Internacional celebrado en Cartagena entre los días 8 y 10 de octubre de 2003, Murcia 2004, 219-256; J.M. Abascal – R. Cebrián – T. Moneo, Lucentum 17-18, 1998-1999 [2001], 183-193.

[4] H. Schlunk, Archivo Español de Arqueología 18, n.º 61, 1945, 305-319; S. Gutiérrez – J. Sarabia, en Escultura decorativa tardorromana y altomedieval en la Península Ibérica (Anejos de Archivo Español de Arqueología 41), Madrid, CSIC, 2006, 301-343.

[5] J.M. Abascal – M. Almagro-Gorbea – R. Cebrián, en L. Olmo (ed.), Recópolis y la ciudad en la época visigoda (Zona Arqueológica 9), Alcalá de Henares, Museo Arqueológico Regional, 2008, 220-241; M. Almagro Basch,  en Estudios en Homenaje a D. Claudio Sánchez Albornoz en sus 90 años (Anejos de Cuadernos de Historia de España), Buenos Aires 1983, vol. 1, 291-316; J.M. Abascal – R. Cebrián, en Antigüedad y Cristianismo 23. Homenaje a Antonino González Blanco, Murcia 2007, 283-294.

[6] J.M. Abascal – M. Almagro-Gorbea – R. Cebrián – I. Hortelano, Segobriga 2007. Resumen de las intervenciones arqueológicas, Cuenca 2008.

[7] Toda la discusión que durante décadas se alimentó sobre la ubicación de Segobriga está magníficamente tratada en M. Almagro Basch, Segobriga I. Los textos de la antigüedad sobre Segobriga y las discusiones acerca de la situación geográfica de aquella ciudad. Excavaciones Arqueológicas en España 123. Madrid 1983. Las evidencias epigráficas para la ubicación de Segobriga en Cabeza del Griego están recogidas en G. Alföldy – J.M. Abascal – R. Cebrián, en Zeitschrift für Payrologie und Epigraphik 143, 2003, 255-274 y en eid., en Zeitschrift für Payrologie und Epigraphik 144, 2003, 217-234.

[8] Plin., Nat. hist. 3,25; sobre la fecha de la fuente, vid. G Alföldy, Römisches Städtewesen auf der neukastilischen Hochebene. Ein Testfall für die Romanisierung. Heidelberg 1987, 16 con nota 7 e ibidem, 79 s., con más bibliografía.

[9] G Alföldy, Römisches Städtewesen...,  74-85.

[10] J.M. Abascal – R. Cebrián – M. Trunk, ... 2004, pág. 219; M. Trunk, Los capiteles del foro de Segobriga. Evaluación tipológica y estilística (Publicaciones del Parque Arqueológico de Segobriga. Serie minor 2), Cuenca 2008.

[11] P.P. Ripollès - J.M. Abascal, Las monedas de la ciudad romana de Segobriga (Saelices, Cuenca), Barcelona 1996. Cf. J.M. Abascal – A. Alberola – R. Cebrián, Segobriga IV. Hallazgos monetarios, Madrid - Cuenca, Real Academia de la Historia - Consorcio del Parque Arqueológico de Segobriga, 2008.

[12] Alföldy, CIL VI/8.3, 1446a, con pág. 4699.

[13] M. Almagro-Gorbea, en W. Trillmich - P. Zanker (eds.), Stadtbild und Ideologie. Die Monumentalisierung hispanischer Städte zwischen Republik und Kaiserzeit. Kolloquium in Madrid vom 19. bis 23. Oktober 1987. München 1990, 207-218

[14] J.M. Abascal – G. Alföldy – R. Cebrián, en Archivo Español de Arqueología 74, 2001, 117-130.

[15] A la colección magnífica publicada por M. Almagro Basch (Segobriga II. Inscripciones ibéricas, latinas paganas y latinas cristianas. Excavaciones Arqueológicas en España 127, Madrid 1984) y a las series ya citadas en las notas precedentes deben añadirse: J.M. Abascal, en Archivo Español de Arqueología 63, 1990,  264-275; J.M. Abascal, en Hispania Antiqua 16, 1992,  309-343; J.M. Abascal – R. Cebrián, en Saguntum 32, 2000, 199-214; eid., en Saguntum 34, 2002, 151-186; G. Alföldy – J.M. Abascal – R. Cebrián, en Soliferreum. Studia archaeologica et historica Emeterio Cuadrado Díaz ab amicis, collegis et discipulis dicata [Anales de Prehistoria y Arqueología 17-18, 2001-2002], Murcia 2003, 413-426; C. Fernández Martínez – J.M. Abascal – J. Gómez Pallarès – R. Cebrián, en Zeitschrift für Payrologie und Epigraphik 161, 2007, 47-60; J.M. Abascal – R. Cebrián, en Lucentum 26, 2007 [2008], 127-171.

[16] J.M. Abascal – M. Almagro-Gorbea – J.M. Noguera – R. Cebrián, en T. Nogales y J. González (eds.), Culto imperial. Política y poder. Actas del Actas del Congreso Internacional Culto Imperial: política y poder. Mérida, Museo Nacional de Arte Romano, 18-20 de mayo, 2006. Roma, L'Erma di Bretschneider, 2007, 685-704; M. Almagro-Gorbea – J.M. Abascal, en E. La Rocca - P. León - C. Parisi (eds.), Le due patrie acquisite. Studi di archeologia dedicati a Walter Trillmich. Bullettino della Commissione Archeologica Comunale di Roma. Supplementi, 18. Roma 2008, 15-25.

[17] M. Almagro Basch, en Homenaje a J. Álvarez y Sáez de Buruaga, Badajoz, 1982, 339‑350; J.M. Abascal, en Iberia 3, 2000 [2001], 25-34; M.ª C. Santapau, en Revista Murciana de Antropología 12. Número Monográfico. Actas del I Congreso sobre Etnoarqueología del vino, Bullas 4-6 de noviembre de 2004, Murcia 2005, 119-131.

[18] M. Almagro Basch, en Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos 79, 1976, 187-214; G. Alföldy, en Zeitchrift für Papyrologie und Epigraphik 58, 1985, 139-159; M. Almagro Gorbea, en A. Rodríguez Colmenero - L. Gasperini (eds.), Saxa Scripta (inscripciones en roca). Actas del Simposio Internacional Ibero-Itálico sobre epigrafía rupestre. Santiago de Compostela y Norte de Portugal, 29 de junio a 4 de julio de 1992. Anejos de Larouco 2, Coruña 1995, 61-96.

[19] J.M. Abascal – R. Cebrián – T. Riquelme, en Anales de Prehistoria y Arqueología [Murcia] 16, 2000 [2003], 187-197.

[20] J.M. Abascal – R.  Cebrián – T. Cano, en Anales de Prehistoria y Arqueología [Murcia] 16, 2000 [aparecido en 2003], 121-131.

[21] D. Sanfeliú – R. Cebrián, en Lucentum 25, 2006, 159-175. Cf. J. Sánchez-Lafuente, Terra sigillata de Segobriga y ciudades del entorno: Valeria, Complutum y Ercavica. Tesis Doctorales de la Universidad Complutense n.º 210/90, Madrid 1990

[22] R. Cebrián, en Archivo Español de Arqueología 79, 2006, 259-270.

[23] J.M. Abascal – R. Cebrián, en Archivo Español de Arqueología 72, 1999,  299-301; R. Cebrián, en Lucentum 21-22, 2002-2003, 131-134; A. Fernández Díaz – R. Cebrián, en László Borhy (ed.), Plafonds et voûtes à l'époque antique. Actes du VIIIe. Colloque international de l'Association Internationale pour la peinture murale antique. Budapest-Veszprém, 15-19 mai 2001, Budapest 2004, 137-146.

[24] J.M. Abascal – G. Alföldy, en Archivo Español de Arqueología 71, n.º 177-178, 1998, 157-168.

[25] M. Almagro Basch – A. Almagro-Gorbea, en El teatro en la Hispania romana. Actas del Simposio, Mérida 13-15 de noviembre de 1980. Badajoz 1982, 25-38; M. Almagro Basch, en Archivo Español de Arqueología 56, 1983, 131-150; G. Sesé, El teatro romano de Segobriga, Madrid 1994 (Tesis Doctoral inédita); ead., en XIV Congreso internacional de Arqueología Clásica. La ciudad en el mundo romano, Tarragona 1994, vol. 2, 392-394; M. Trunk, en Madrider Mitteilungen 39, 1998, 151-175; J.M. Abascal – M. Almagro-Gorbea – R. Cebrián – D. Sanfeliu, en C. Márquez – A. Ventura (coords.), Jornadas sobre teatros romanos en Hispania. Actas del Congreso internacional celebrado en Córdoba los días 12 al 15 de noviembre de 2002. Córdoba, Seminario de Arqueología, 2006, 311-337.

[26] J.M.ª Blázquez, en Zephyrus 16, 1965, 119-126; M. Almagro Basch, en Homenaje al Prof. Jordá, Zephyrus 37-38, 1984-85 (1987), 323-329.

[27] A. Almagro-Gorbea – M. Almagro-Gorbea, en Bimilenario del anfiteatro romano de Mérida. Coloquio internacional El anfiteatro en la Hispania romana. Mérida 26 - 28 de noviembre 1992, Mérida 1995,  139 ss.; J. Sánchez - Lafuente, en Ibidem,  177-183.

[28] M. Almagro-Gorbea – A.J. Lorrio, Segobriga III. La muralla norte y la puerta principal, Cuenca 1989; J.M. Abascal – R. Cebrián, en A. Rodríguez Colmenero e I. Rodá, (eds.), Murallas de ciudades romanas del Occidente del Imperio. Lucus Augusti como paradigma, Lugo 2007,  527-546.

[29] Cf. M. Almagro Basch, en A. Beltrán (ed.), Arqueología de las ciudades modernas super­puestas a las antiguas. Zaragoza 1983, Madrid, Ministerio de Cultura, 1985,  17-33.

[30] M. Almagro Basch, en Trabajos de Prehistoria 40, 1983,  221‑244; C. Aranegui, en O. Cavalier (ed.), La tarasque de noves. Réflexions sur un motif iconographique et sa posterité. Actes de la table ronde organisée par le musée Calvet, Avignon, le 14 décembre 2001, Avignon 2003, 83-91.

[31] J.M. Noguera – J.M. Abascal – R. Cebrián, en J.M. Noguera – E. Conde (eds.), Escultura romana en Hispania 5, Murcia, Tabularium, 2008, 283-343.

[32] J.M. Noguera Celdrán – R. Cebrián, en R. Cebrián (ed.), VI Reunión sobre Escultura Romana en Hispania. Preactas, Cuenca 2008, 59-62. Cf. L. Baena del Alcázar, en Estudios dedicados a Alberto Balil in memoriam, Málaga 1993, 147-161.

[33] J.M. Abascal – M. Almagro-Gorbea – R. Cebrián – I. Hortelano, Segobriga 2007. Resumen de las intervenciones arqueológicas, Cuenca 2008.

[34] M. Almagro Basch, en Noticiario Arqueológico Hispánico 7, 1979, 211‑246.

[35] C. Fernández Martínez – J.M. Abascal – J. Gómez Pallarès – R. Cebrián, Mors mala soluit... y J.M. Abascal – M. Almagro-Gorbea – R. Cebrián – I. Hortelano, Segobriga 2007..., trabajos ya citados más arriba.

[36] J.M. Abascal – R. Cebrián – D. Ruiz – S. Pidal, en Sacralidad y Arqueología. Thilo Ulbert zum 65 Geburstag am 20 Juni 2004 gewidmet [Antigüedad y Cristianismo 21], Murcia 2004, 415-433.

[37] M. Almagro Basch, La necrópolis hispano-visigoda de Segobriga. Saelices (Cuenca). Excavaciones Arqueológicas en España 84, Madrid 1975.

[38] El documento está trascrito ya en J.A. Fernández, Ms. RAH-9-5597, Apéndice 1, de 1790, y F. Fita, El fuero de Uclés, Boletín de la Real Academia de la Historia 14, 1889, pág. 354, que lo toma de Fernández como había hecho Cornide y de quien dependen las ediciones posteriores. La transcripción original realizada por Fernández en el archivo del Monasterio de Uclés en 1789 dice:

    "De las tierras que dio la mulier de D°. martin de la cabeça.

    Conoçida cosa sea à todos los omes que esta Carta vieren, tambien à los presentes, como à los que son por venir, qüemo yo dona Maria perez, mugier que fue de Dº. martin de la Cabeça del Griego, et mios fijos, et fijos de Dº. martin, mio marido, damos à la orden de la cavalleria de sanctiago las tierras por anima de Dº. martin, et por las nuestras. Estas las tierras son en Xufela, ò el molino de medina: el una faça iaze en medio de la orden; et el otra tierra iaze con lo de la orden contral molino de la vega. Et este dado, que nos damos por anima de Dº. martin è por las nuestras, damoslo de buen cuer é de limpia voluntad, é sin otro entredicho ninguno. Si por aventura alguno de nos, ò de los nuestros, ome ò mugier, est nuestro dado lealmiente fecho quisiere contradezir ò desminguar en alguna cosa, nol' pueda aprovescer é sea maledito é descomulgado, é dentro en infierno con satàn é con abiròn sea soterrado, et en somo à la podestad del Rey peche mil Mor(abetinos) en coto.

    Facta carta in mense octobris Sub Era MªCCªLXªVIª. Regnante rege Ferrando cum uxore sua regina Dona B(eatrice) in castella et in toledo, et in omni regno suo. Arçobispo in toledo don Roy Xemenez. Maestre de la orden de la cavalleria de sanctiago don P(edro) gonzalez: Comendador mayor en uclès Don P(edro) alvarez: Soz-comendador don Pelay yenneguez. De la collation de sanctiago Juez don velasco: Dessa misma collation, Alcalde Don Felizes: iurado, Dº. Perez: De la collation de sancta Maria Alcalde Dº. martin el axea: Iurado don yennego: De la collation de sant andres Alcalde don gil adalil: iurado don Assensio: De la collation de sancta trinidat, Alcalde Salvador fi de don berenguiel: iurado Pascual D(omig)o.: De la collation de sant P(edr)o, Alcalde don Ferrando del ama; iurado J. perez fi de P(edr)o D(oming)o el coxo: De la collation de sant nicholas, Alcalde, Lobo: Jurado don cebrian: Escribano Johanes S(---)o Sayon, bartholome el coxo.

Test(igos) de fratres, don diago Gon(çale)z, don P(edr)o mercader é todo el conceio de la cabeça del griego."

[39] El texto está incluido como Apéndice 1 en la memoria redactada en 1790 por Juan Antonio Fernández sobre los descubrimientos realizados en la basílica visigoda en 1789 (Ms. RAH-9-5597, Apéndice 2) y trascrito también en el borrador previo de RAH-8109-4b. Visitas generales de la Orden de Santiago, año 1500 (Libro 9 del año 1499), pág. 187:

"En par de este molino (es el molino de Sò la Cabeza) està un Lugar despoblado, que se llama la Cabeza Griega, en donde està una Ermita de cal è canto antiquisima, è por estar cerrada, no entraron dentro; è parece por de fuera como està cahido un pedazo del hastial, è descubierto, que se mandò deparàr, è techar bien, è trastejar"

[40] Visitas generales de la Orden de Santiago, año 1515. Libro 21, pág. 435:

"Los dichos Visitadores visitaron una hermita de San Bartholomè, que es en un cerro alto que se dice la Cabeza del Griego, en la qual de tiempo antiguo estaba una poblacion grande toda destrozada, sin haber edificio ninguno; è en somo del dicho cerro està una hermita de San Bartholomè, la qual hallaron mui maltratada, y en ella algunas imagines viejas mui antiguas: es hecha la dicha hermita de canterìa antigua, y està en la dehesa de Villalba; y por la visitacion pasada paresce que los Visitadores pasados ovieron informacion à cuyo cargo era el reparo de la dicha hermita, è hallaron que Vuestra Alteza lleva los reditos, è rentas de la dicha dehesa, è que les parescìa que Vuestra Alteza debia mandàr reparàr la dicha hermita."

[41] Una valoración detallada de esa ocupación, realizada por R. Cebrián y D. Sanfeliu, ha aparecido recientememte en la revista Lucentum.